Lara Lance una joven de 16 años, decide abrazar su destino e irse a estudiar su último año de secuencia en Londres, ya que se le ha informado que está comprometida con el hijo de los Ross, Ricardo Ross, decidida deja Brighton y se va a Londres con su tío, lo que ella no esperaba era que su prometido, parecía no conocer de su compromiso y que además tenía novia.
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Capitulo 2: Ricardo Ross
Había pasado una semana, y yo estaba desde hacía dos días instalada en casa de mi tío. Ya había hecho todos los trámites de mi inscripción al colegio; mi primo se llevaba bien conmigo y le prometí ayudarlo a terminar bien el último año de preparatoria.
—Lara, tengo que hablar algo contigo, ven al estudio —me dijo mi tío después que terminamos de cenar.
Alexis me hizo una señal, pasó el dedo anular por su cuello y serio, quería decir que estoy muerta. Me reí por lo comido que era; mi tío lo rio con cara seria, igual como mi padre me mira a mí cuando hago algo que no le gusta.
Después que termine de cenar, fui al despacho a hablar con el tío; él estaba leyendo. Yo entré y me senté en la silla frente a él, hasta que él terminara.
—Ese chico Ross no es fácil de tratar, es muy inteligente, pero al mismo tiempo arrogante y presumido; si le dices quién eres, es posible que su padre le haya dicho que te trate bien, por lo que no podrás ver su verdadera naturaleza. Entonces tu padre y yo hemos decidido ocultar tu identidad.
«Esto parece el guion de una mala telenovela, “LA HEREDERA OCULTA”; es una trama algo inútil, porque según describen al padre y al hijo, no son buenas personas. ¿Cómo me iba a interesar una mala persona? Sin embargo, mi padre y mi tío tienen más experiencia en la vida; por alguna razón ellos decidieron esto»
—Está bien, tío, entonces, ¿qué va a pasar si alguien se entera de que vivo aquí?
—No te preocupes, debes decir que eres sobrina de la madre de Alexis; como nadie sabe quién es, nadie va a poder probar que no estás diciendo la verdad. Otra cosa, no uses tu apellido, usa el de tu madre, y habla con Alexis para que no meta la pata.
Después de que terminamos de hablar, salí del despacho de mi tío y fui corriendo a hablar con Alexis. Subí las escaleras, y cuando estaba frente a su puerta, la toqué locamente.
—¡Puedes pasar!
—Gracias, primo —le dije al abrir la puerta.
Estaba acostado en su cama, mirando hacia el techo; parecía pensativo. Yo me senté a su lado y comencé a hablar.
—¿El tío te dijo por qué de repente vine a estudiar aquí?
—Mi padre es poco comunicativo conmigo; supongo que es porque él quiere que seas su hija y te robó del tío. Como siempre habla de lo lista que eres, que ya estás en último año y apenas cumpliste los 16 años, mientras que yo voy camino a los 19 años y estamos en el mismo grado.
«Había un poco de amargura en sus palabras; se sentía mal por no cumplir las expectativas del tío. Supongo que el tío le exige demasiado; sin embargo, es normal que a los 18 esté en último año; la que no es normal soy yo, yo voy dos años adelantada a mi tiempo»
—No seas tonto, es una razón incluso más dramática, y necesito tu ayuda en eso.
Se sentó en la cama, pegó su espalda a la pared y me miró con atención.
—Al parecer, nuestro abuelo hizo con un amigo un contrato de compromiso matrimonial; en la generación de nuestros padres no se pudo cumplir porque tanto el amigo del abuelo como el abuelo solo tuvieron hijos varones, pero en nuestra generación yo soy la receptora de ese acuerdo de parte de nuestra familia y de la otra familia; creo que se llama el chico Ricardo Ross.
—¡Ricardo Ross!
Nuestra amena conversación se cortó de una vez; Alexis puso cara de asco y comenzó a decir.
—Ese tipo, qué mala suerte tienes, no te preocupes, yo te salvaré, podemos huir de la familia, yo te cuido.
Inevitablemente, me reí a carcajadas; Alexis lo decía con tal seriedad, como si ese Ricardo fuera un monstruo que se comería mi carne y trituraría mis huesos, que más que miedo me daba risa.
—No tenemos que huir, solo me tienes que ayudar, quiero saber qué clase de persona es, ya que tarde o temprano me tengo que casar, pero él no puede saber que yo soy su prometida, así que vamos a decir que soy tu prima por parte de madre y usaré el apellido Wilson de mi madre.
—No te preocupes, yo te protejo, déjalo todo en mis manos.
Después de que hablamos, me fui a mi habitación. Al día siguiente era mi primer día de clases en el nuevo colegio. Ya en mi habitación, me di un baño, arreglé el uniforme, la mochila, los libros, y me acosté a dormir; al otro día asistiría al prestigioso Westminster School.
Estaba acostumbrada a levantarme temprano; ya a las seis de la mañana estaba en pie, y a las seis y media me había bañado, vestido y peinado, tomé mis cosas y bajé al primer piso; ya la señora que trabaja en casa de mi tío estaba haciendo el desayuno.
Mientras ella estaba ocupada, preparé mi jugo de naranja, un sándwich de atún y queso en pan integral, un poco de fruta y lo empaqué en mi lonchera.
—Señorita, se lleva el almuerzo, ¿por qué?
—No me gustan las cafeterías escolares, muchas personas acumuladas; más tarde preparé una lista de almuerzos más elaborados para que me ayude a dejarlos hechos.
—Por supuesto.
Hice un sándwich de jamón y queso y otro de vegetales y queso para Alexis; también tomé otra manzana. A las siete el tío bajó listo y se sentó a desayunar; yo subí a buscar a Alexis, toqué la puerta, se había bañado y se estaba cambiando cuando me abrió; estaba todo desalineado. Lo miré de arriba abajo, le acomodé la camisa, la corbata como iba, le hice cambiar los tenis por otros que se le veían mejor y le peiné el pelo a la mala.
Cuando bajamos eran las siete quince, el tío estaba en la puerta, miró a Alexis y sonrió; parece que era la primera vez que se arreglaba bien. Tomé mi mochila y la lonchera, salí detrás del tío con Alexis de un brazo y su mochila en la mano que llevaba la lonchera.
En el auto, íbamos en silencio. A las siete y cuarenta y cinco llegamos; le tiré la mochila a Alexis encima cuando salimos del auto, y lo agarré de un brazo para que me guiara al salón de clase. Inesperadamente, iba tan rápido que tropecé con un chico y casi me caigo; por suerte, Alexis me atrapó.
—Vaya, vaya, Lance, conseguirte una novia por fin; pensé que morirías virgen.
Estaba frente a mí alto, de pelo negro, ojos color azul oscuros, sonrisa y expresión burlona, pero voz muy masculina; esta persona resalta sobre los demás.