Julián Alfonso Cabrera un CEO de mucho renombre, a pesar de estar casado con Karina Montalvo, llevaba una doble vida. ¿Podrá este CEO ocultar la verdad por nucho tiempo?
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Dilan, el rival de Julián
En la torre Cabrera se celebraba una cena en honor al CEO, ya que su proyecto había sido un éxito rotundo, esto significaba unas grandes entradas de dinero. El CEO era el orgullo de todos ahí. Además, de ser un excelente diseñador, era un hombre querido por todos.
Dilan, su rival en proyectos, entró de pronto en el salón.
Veo que te ha salido bien tu proyecto, incluso ganaste sobre el mío.
¿Qué quieres, Dilan?
Vengo a felicitarte, solo eso.
Está bien, muchas gracias. Siéntate, en un momento te sirven de cenar.
Dilan se sentó, en su rostro no había emoción alguna. Él era un hombre muy dado a ocultar sus sentimientos, pero no era un secreto para nadie que él siempre quería sobresalir por sobre todas las cosas.
Él soñaba con casarse con Karina, pero para su desgracia ella solo tenía ojos para Julián Alfonso. Cuando se enteró de su boda sintió un profundo deseo de competir por ver quién era el mejor.
Lo que pasó después no era de su agrado. Julián, sin proponérselo resultaba ser mejor que Dilan en todos aspectos, cosa que lo molestaba sobremanera. Sin embargo, él sabía ocultar muy bien su malhumor, en el fondo estaba urdiendo un plan para hacer caer al CEO que todos querían.
Mientras tanto, seguiría compitiendo con él. No que sus proyectos no funcionaran, sino que los que hacía Julián eran de mucha más calidad.
Dilan permanecía callado, solo él sabía lo que se tenía entre manos.
"Ya verás lo que te tengo preparado, Julián", se dijo Dilan para sí mismo.
La cena transcurrió en completa calma, Dilan se disculpó y salió de ahí.
Fue directamente a la oficina de Ángela.
Hola, necesito hablar contigo.
Dilan, ¿qué haces aquí?, sabes bien que yo soy la asistente de Julián.
Ya lo sé, necesito pedirte un favor.
Depende, no haré nada para perjudicar a Julián.
Solo quiero saber de qué pie cojea. Creo que he visto algo raro en él. No estoy muy seguro, pero la forma de comportarse no es la de un hombre que sabe lo que quiere.
No sé qué me quiere dar a entender, dijo Ángela, tratando de disimular su nerviosismo.
Ángela, yo sé que tú lo conoces bien, hay algo en él que me da la impresión de que oculta algo muy importante. Tú debes de saberlo.
Lo siento, no puedo ayudarte. Julián es como una ostra, guarda muy bien sus emociones y sentimientos.
Dilan ya no dijo más y salió.
Pero él no estaba dispuesto a quedarse cruzado de brazos. Estaba dispuesto a llegar a la verdad, costara lo que costara, y caiga quien caiga.
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El proyecto de Julián se iba haciendo poco a poco, todo eran movimientos de trabajadores. El edificio era ya un hecho que se vería terminado a largo plazo.
Toda la semana, Julián se portó como el esposo amante, al pendiente de su esposa e hijos. Así que aprovechó un rato libre para llevar a su familia al cine y después a cenar. Los niños estaban felices, al fin su padre se acordaba de ellos.
Karina estaba estupefacta, jamás imaginó que su esposo tuviera un acto de amor hacia ellos. Pero fuera de todo eso, estaba feliz por la actitud de Julián.
Esa noche disfrutaron como nunca. Mario y Sergio eran los más felices. A Adela le habían dado el día libre, con la condición de que se presentara a primera hora del día siguiente.
Julián disimuló muy bien su desamor hacia Karina, el cual se había ido en cuanto conoció a William.
Con él descubrió sus preferencias sexuales, claro, sin salir del clóset.
Llegaron a su casa ya muy entrada la noche.
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Varios días después...
Amor, quiero que vayamos con unos proveedores, hoy a las cinco, dijo Karina entrando de repente a la oficina de Julián.
Pero amor, hoy es viernes, tengo la junta con los accionistas.
Pues cancela, son más importantes los proveedores.
Julián vio su reloj, eran las cuatro y treinta. Sabía que William lo estaría esperando.
Le mandó un mensaje sin que Karina se diera cuenta.
Lo siento, no podré ir hoy, tengo una junta muy importante, te amo.
Karina pasó por Julián justo cuando acababa de enviar el mensaje.
¿Qué haces?
Solo checo mi correo.
Vamos, los proveedores ya nos están esperando.
Julián y Karina salieron abrazados de la oficina de él.
Acto que no pasó desapercibido para Dilan, quien hizo una llamada misteriosa.
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William se disponía a preparar todo para la llegada de su amor cuando recibió el mensaje.
Después de leerlo aventó el celular muy enojado.
"¿Qué es lo que está pasando contigo, Alfonso?", se preguntó.
William ya no sabía qué hacer, tomó una botella de whisky y se sirvió una copa.
Uno copa tras otra, William se tomó toda la botella. No supo en qué momento había pasado eso, solo sentía la necesidad de escapar de ese mundo de mentiras.
Sabía que Alfonso no llegaría esa noche. Estaba tan borracho que no se dio cuenta a qué horas terminó tumbado en la cama.
Y ahí quedó, dormido, con la ropa puesta y los zapatos también.
Parecía un títere, un hombre sin ambiciones ni ilusiones.
Al día siguiente, muy temprano, William se levantó con un dolor de cabeza terrible.
Buscó en su botiquín una aspirina, luego se dio un baño muy relajante.
Como a eso de las 10 de la mañana llegó Alfonso.
William lo recibió no muy contento.
Perdóname, amor, tuve un contratiempo.
Sí, me lo dijiste en tu mensaje. ¿Ahora resulta que tienes juntas también los viernes? Acuérdate que esos son mis días.
Lo sé, amor, no es nada personal. Sabes que soy un hombre muy ocupado.
Está bien, no vamos a discutir por eso. Lo importante es que ya estás aquí.
Alfonso trató de hacerlo sentir importante y empezó a besarlo con mucha pasión.
William quiso resistirse, pero no pudo con el encanto de Alfonso. Al poco rato, sucumbió a sus encantos.