Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 5: El Reino Humano Empieza a Depender de Nosotros
Tres semanas después del primer acuerdo comercial, el Reino Demoníaco ya no parecía el mismo lugar.
Antes, el castillo estaba lleno de soldados afilando espadas.
Ahora estaba lleno de demonios… discutiendo contratos.
Carretas cargadas con cristales mágicos salían diariamente del reino demoníaco hacia el mundo humano. Los caminos estaban tan ocupados que incluso algunos generales se quejaban.
—Esto es indignante —gruñó uno de ellos—. Antes marchábamos a la guerra por estos caminos.
Otro demonio levantó una caja llena de cristales.
—Ahora marchamos con mercancía.
—Eso es peor.
—La princesa dice que es más rentable.
—No entiendo qué significa rentable.
—Yo tampoco.
Pero nadie discutía demasiado.
Porque por primera vez en siglos, el Reino Demoníaco tenía algo que nunca había tenido antes.
Abundancia.
Las bodegas estaban llenas de comida comprada a comerciantes humanos. Los artesanos demonios trabajaban sin descanso creando nuevas herramientas mágicas.
Y todo eso gracias a una sola cosa.
Dinero.
Yo estaba revisando varios pergaminos cuando uno de los administradores demoníacos apareció corriendo.
—¡Princesa!
—¿Qué ocurre ahora?
—¡Los pedidos humanos volvieron a duplicarse!
Levanté una ceja.
—¿Otra vez?
—Sí.
—Perfecto.
El demonio parecía preocupado.
—Pero eso significa que pronto no podremos producir suficiente.
Sonreí.
—Entonces haremos lo que hacen todos los negocios exitosos.
—¿Qué cosa?
—Expandir producción.
El demonio parpadeó.
—¿Expandir?
—Más talleres.
—¿Más trabajadores?
—Exacto.
—Pero… no tenemos suficientes demonios.
Ah.
Ese era un problema real.
Pensé unos segundos.
Luego dije algo que hizo que el administrador casi dejara caer los pergaminos.
—Contrataremos humanos.
Silencio absoluto.
—¿Humanos?
—Sí.
—¿Para trabajar en el Reino Demoníaco?
—Claro.
—Eso nunca ha pasado.
—Entonces será la primera vez.
El demonio me miró como si acabara de proponer algo completamente absurdo.
—Los demonios no contratan humanos.
—Los demonios tampoco vendían productos antes.
—…
—Todo cambia.
Justo en ese momento la puerta se abrió.
Mi padre entró.
—Hija.
—¿Sí?
—El príncipe humano está aquí otra vez.
Suspiré.
—¿Otra vez?
—Está empezando a venir demasiado seguido.
—Es un cliente.
—Es un humano.
—Papá…
—No me gusta.
No tuve tiempo de responder porque un guardia anunció desde la puerta.
—El príncipe humano solicita audiencia.
Mi padre murmuró algo sobre “invasión preventiva”.
Minutos después el príncipe estaba otra vez en la sala de reuniones.
Pero esta vez parecía… diferente.
Más relajado.
Casi cómodo.
Eso era peligroso.
Porque significaba que ya no veía el castillo demoníaco como territorio enemigo.
—Princesa —saludó con calma.
—Príncipe.
Mi padre estaba sentado detrás de mí observándolo como si estuviera evaluando qué tan lejos podía lanzarlo por una ventana.
El príncipe colocó un nuevo documento sobre la mesa.
—Los cristales se están usando en toda la capital humana.
Tomé el pergamino.
Era un informe.
Sonreí.
—Eso fue rápido.
—Más rápido de lo que esperábamos.
—¿Problemas?
—Uno.
Levanté la mirada.
—Los nobles quieren controlar el comercio.
Ah.
Eso era inevitable.
—¿Y los comerciantes?
—Quieren libertad de distribución.
—¿El ejército?
—Quiere asegurar el suministro.
Asentí.
—Perfecto.
El príncipe frunció ligeramente el ceño.
—¿Perfecto?
—Sí.
—No parece perfecto.
—Significa que todos dependen de nosotros.
El príncipe guardó silencio un momento.
Luego dijo algo que me sorprendió.
—Usted planeó esto desde el principio.
Sonreí.
—Tal vez.
El príncipe se inclinó ligeramente hacia adelante.
—Princesa.
—¿Sí?
—Empiezo a pensar que su plan es mucho más grande que vender cristales.
—¿Ah, sí?
—Sí.
Mi padre gruñó.
—No me gusta esta conversación.
El príncipe ignoró completamente eso.
—Si los humanos dependen de productos demoníacos…
—Sí.
—Entonces el Reino Demoníaco tendrá influencia en toda nuestra economía.
—Exacto.
El príncipe soltó una pequeña risa.
—Eso es increíblemente peligroso.
—Lo sé.
—Y brillante.
Mi padre golpeó la mesa.
—¡NO ME GUSTA CUANDO LA ELOGIAN!
El príncipe lo miró con calma.
—Solo estoy siendo honesto.
—Honestidad humana es sospechosa.
—Papá…
Suspiré.
La reunión continuó revisando contratos y cantidades de producción.
Pero había algo más en el aire.
Algo nuevo.
Cuando finalmente terminamos, el príncipe se levantó.
Pero antes de irse se detuvo frente a mí.
—Princesa.
—¿Sí?
—¿Puedo hacerle una pregunta personal?
Mi padre se levantó inmediatamente.
—NO.
—Papá.
—No me gusta cómo suena eso.
El príncipe parecía divertirse demasiado con esto.
—Solo curiosidad.
Suspiré.
—Adelante.
El príncipe me miró directamente.
—Si su objetivo es conquistar el mundo con comercio…
—Sí.
—¿Qué hará cuando lo logre?
Silencio.
Pensé unos segundos.
Luego respondí con honestidad.
—Probablemente abrir más negocios.
El príncipe se quedó mirándome.
Luego soltó una carcajada.
Mi padre se levantó de golpe.
—¡BASTA!
El príncipe se calmó rápidamente.
—Disculpe.
Pero todavía estaba sonriendo.
—Princesa… usted es fascinante.
Mi padre estaba a un segundo de declarar guerra.
—Reunión terminada —gruñó.
El príncipe se inclinó ligeramente antes de salir.
Pero antes de cruzar la puerta dijo algo más.
—Volveré pronto.
Mi padre se giró lentamente hacia mí.
—Hija.
—¿Sí?
—Ese humano viene demasiado seguido.
—Es negocio.
—Eso espero.
Suspiré.
El plan estaba funcionando.
El Reino Demoníaco era más rico que nunca.
El Reino Humano dependía cada vez más de nuestros productos.
Y la guerra que debía destruir este reino…
Estaba desapareciendo lentamente.
Pero había algo que todavía no controlaba.
El príncipe humano.
Y la forma en que parecía disfrutar demasiado de todo esto.
Lo que no sabía…
Era que muy pronto aparecería un problema mucho mayor.
Porque en el mundo humano, algunos nobles ya empezaban a darse cuenta de algo.
El Reino Demoníaco no estaba preparando una guerra.
Estaba preparando algo peor.
Dominio económico.
Y cuando lo entendieran completamente…
Tal vez ya sería demasiado tarde.
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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