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Mi Suggar Es Un Mafioso

Mi Suggar Es Un Mafioso

Status: Terminada
Genre:Diferencia de edad / Amor prohibido / Posesivo / Mafia / Romance / Completas
Popularitas:4.1M
Nilai: 5
nombre de autor: Celina González ♥️

En las calles vibrantes, pero peligrosas de Medellín, Zaira, una joven brillante y luchadora de 25 años, está a tres semestres de alcanzar su sueño de graduarse. Sin embargo, la pobreza amenaza con arrebatarle su futuro. En un intento desesperado, accede a acompañar a su mejor amiga a un club exclusivo, sin imaginar que sería una trampa.

Allí, en medio de luces tenues y promesas vacías, se cruza con Leonardo Santos, un hombre de 49 años, magnate de negocios oscuros, atormentado por el asesinato de su esposa e hijo. Una noche de pasión los une irremediablemente, arrastrándola a un mundo donde el amor es un riesgo y cada caricia puede costar la vida.

Mientras Zaira lucha entre su moral, su deseo y el peligro que representa Leonardo, enemigos del pasado resurgen, dispuestos a acabar con ella para herir al implacable mafioso.
Traiciones, secretos, alianzas prohibidas y un amor que desafía la muerte.

NovelToon tiene autorización de Celina González ♥️ para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 28

El amanecer se abrió paso lentamente entre las cortinas color marfil de la habitación. La luz dorada se coló como dedos tibios acariciando el rostro de Zaira, que se removió entre las sábanas con cierta pesadez. No había dormido del todo bien. Aún sentía el eco de esa voz retumbando en su pecho. Las palabras de Leonardo, aunque lejanas, le dejaban una vibración persistente bajo la piel.

Entre sueños, su mente había recreado su figura, la manera en que la miraba como si el mundo entero no existiera, el roce de su barba mal afeitada sobre su clavícula y ese aroma a madera, cuero y algo más... algo que no podía describir, pero que la hacía perderse.

Abrió los ojos lentamente, sintiendo cómo el día empezaba a pesar sobre sus párpados. Se incorporó con desgano y lo primero que hizo fue alcanzar el celular. Allí seguía, la notificación del audio. Inalterada. Inesperada. Irresuelta.

Su dedo rozó la pantalla, como si con ese simple contacto pudiera borrar el mar de emociones que aquello le provocaba. Pero no. La realidad seguía ahí. Como un nudo en la garganta que se negaba a disolverse.

Suspiró. Se levantó en silencio, como si el aire mismo pesara. El frío de la mañana le rozó los pies al salir de la cama. Caminó hacia el baño y abrió la ducha. El agua caliente cayó como una cascada reconfortante sobre su cuerpo, cubriéndola de vapor y dándole un instante de alivio. Cerró los ojos bajo la regadera y apoyó la frente contra los azulejos. Intentó no pensar en él. En sus manos. En sus silencios.

Se vistió con calma. Jeans entallados que abrazaban sus caderas, un suéter blanco de cuello alto que contrastaba con su melena oscura y su inseparable chaqueta de cuero negra. Su rostro reflejaba serenidad, pero sus ojos... sus ojos hablaban de guerra interna.

Al salir de su cuarto, el olor a pan caliente y café recién hecho la envolvió como un abrazo.

—Siéntate, mi amor, come —dijo su madre con una ternura que calentaba el alma.

—Gracias, mamá. Te amo —murmuró Zaira, acercándose a la mesa con una sonrisa cansada.

—Gracias a ti, mi niña, por estar a mi lado —le respondió su madre, besándola con suavidad en la cabeza.

Era un gesto simple, pero para Zaira significaba todo. Esa complicidad, ese refugio silencioso que solo las madres saben dar. Desayunó en silencio, masticando con calma aunque la ansiedad le roía por dentro. Pronto, ya con el bolso al hombro, se despidió con un beso rápido. El reloj no perdonaba.

El frío matinal la envolvió apenas cruzó el umbral de su casa. Un viento cortante le enrojeció las mejillas y le alborotó el cabello. El cielo estaba despejado, pintado de un azul claro que anticipaba un día agitado. A su alrededor, la ciudad comenzaba a vibrar: motores rugiendo, bocinas impacientes, pasos apresurados, y el inconfundible aroma a pan tostado que salía de una cafetería en la esquina.

Con los auriculares puestos sin música, Zaira caminó hasta la estación del metro. No quería que nadie le hablara. No quería cruzar miradas. En su mochila llevaba los libros, el termo de café y un corazón lleno de preguntas, contradicciones y heridas que aún no cicatrizaban.

En otro punto de la ciudad, el edificio principal de Santos Group bullía con su habitual energía. Ascensores subían y bajaban, empleados caminaban a paso firme, el sonido de tacones y zapatos de cuero retumbaba en los pasillos de mármol. Teléfonos sonaban. Puertas se abrían y cerraban. Todo parecía orquestado en una rutina implacable.

En la cima de aquel mundo, Leonardo estaba solo.

Sentado detrás del escritorio de nogal oscuro, su mirada no estaba en los papeles ni en la pantalla del portátil. Estaba en su celular. En la pantalla que no cambiaba. En el silencio que Zaira le había dejado como respuesta.

Su mandíbula se tensó. Sus dedos tamborileaban contra la madera con impaciencia.

“Mierda”, murmuró.

Se puso de pie de golpe y se sirvió un café negro. El líquido oscuro caía lentamente en la taza de porcelana. Dio un sorbo. El amargor fue bienvenido. Como si le ayudara a mantenerse despierto en medio de la tormenta emocional que intentaba disimular.

—¿Algo no va bien? —preguntó Marcelo al entrar sin avisar.

Leonardo apenas alzó la vista. Sus ojos estaban ensombrecidos.

—Todo bien. ¿Qué tenemos hoy?

—Revisión de contratos con los árabes a las diez, junta con aduanas al mediodía, videollamada con Suiza a las tres.

Leonardo asintió, dejando el teléfono como si quemara.

—¿Algún movimiento extraño?

—Solo lo de anoche… Pero el tipo no ha vuelto a aparecer.

Leonardo frunció el ceño, caminó hacia el ventanal y apoyó una mano contra el cristal. La ciudad se extendía imponente frente a él, pero en su mente solo estaba ella. Su boca, su voz desafiante, la forma en que lo desafiaba sin siquiera alzar la voz.

Zaira no era como las otras. No lo llamaba. No lo necesitaba. Y eso lo irritaba. Lo descolocaba. Pero también... lo fascinaba.

Reprodujo el audio otra vez. Su propia voz, tan segura, tan calculada, le sonó hueca ahora. Quiso borrar ese mensaje. Quiso, por una vez, haber sido honesto.

Pero él no tenía el lujo de ser honesto. No con ella. No aún. No si eso implicaba ponerla en riesgo.

Sacudió la cabeza. Se obligó a regresar a la realidad.

En la universidad, Zaira caminaba por los pasillos como una sombra. Sus pensamientos se atropellaban entre clases, apuntes y profesores. Pero cada vez que tenía un respiro, su mente volvía a él. A sus ojos. A su maldita voz.

—¿Qué pasa contigo hoy? —preguntó Tatiana, sentándose a su lado y mordiéndose una galleta.

—Nada. Dormí poco.

Tatiana la observó unos segundos y luego bajó la voz.

—Sé que no me tienes tanta confianza, pero… ¿se trata de Leonardo Santos?

Zaira frunció los labios. Esbozó una sonrisa que no le llegó a los ojos.

—Es solo una historia que no va a ningún lado.

—Tú nunca has sido buena mintiendo, Zai. Te brillan los ojos cuando lo mencionas.

Ella desvió la mirada. Los pasillos estaban llenos de estudiantes, de risas, de ruido. Pero dentro de ella, todo era silencio.

—Estoy molesta con él. Y no sé por qué quiero tanto de él… si acepté solo acostarme con él por dinero.

Tatiana se inclinó con una mirada sabia.

—No es así. Si no te gustara, no lo hubieras aceptado. Esa es la diferencia entre tú y yo. Yo soy ambiciosa sin importar nada. Tú eres inteligente.

Zaira soltó una risa seca. Le temblaban las manos y no sabía si era por rabia, miedo o deseo.

—Igual… Solo me busca cuando quiere tener… Ya sabes.

—Y tú lo disfrutas, Zaira. Esa es la verdadera diferencia.

Ella apretó los labios.

—No lo veré este fin de semana.

Tatiana ladeó la cabeza, divertida.

—Eso dices tú… Pero tú no sabes qué quiere él.

Mientras tanto, en la cima del mundo, Leonardo ya estaba en plena junta con inversores internacionales. Su mente se dividía entre cifras, contratos y una chica que le había puesto límites por primera vez.

Marcelo se acercó al final del día.

—Jefe, tiene una videollamada urgente.

Leonardo maldijo por lo bajo. Cerró el portafolio de documentos, apagó la pantalla del celular y asintió.

—Está bien. Luego iré por ella. Que disfrute este silencio mientras pueda.

Porque sabía algo con absoluta certeza.

El fin de semana llegaría. Y con él, la noche en que ella recordaría que no se juega con fuego… sin quemarse.

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Miriam Torres
hermosa historia de amor y unión 👏🏻👏🏻👏🏻
Imacairy Lopez
Hermosa historia, me encanta❤️
Maigualida Saavedra
/Drool/
Cuty Pasetti
muy bien capitulo 🇦🇷
Cuty Pasetti: me gusta
total 2 replies
Leticia Baeza Vazquez
esa murió x ambiciosa y x fácil
Leticia Baeza Vazquez
para empezar fue una estúpida imprudente y pues la ambiciosa obtuvo lo q quería y el karma es malo espero y la escritora haga q la estúpida ya madure
Leticia Baeza Vazquez
esta protagonista si q es buen pendeja y estúpida , ley la gordita del mafioso y nada q ver con esta gran estúpida q Atodo le tiene miedo q no mame la 🍷 gordita aprendió a luchar y a disparar y está pendeja x favor escritora q asco
Leticia Baeza Vazquez
hay x favor tiene 25 años no es una maldita niña osea q ponga los putos pues en la tierra
Leticia Baeza Vazquez
osea esa pregunta estúpida nunca te as subido a uno cuando ella y contrabajo usa pecero osea no mames escritora con esa pregunta idiota
Flor Perez
yo en lo personal no me gustan las novelas de mafias por algunas que he leído sin embargo esta me tiene atrapada ,simplemente me a gustado muchísimo
Belkis Sioli
deja de llorar, es lo único que sabes hacer???😞😞😞😕😕
Belkis Sioli
más sensata la madre que ella. 😞😞😞👀👀
Belkis Sioli
querida, es lo mejor que te puede pasar, ser la mujer de un mafioso 😅😅😅
Belkis Sioli
porqué la narradora se extiende tanto en cosas que no aportan nada a la historia ??? aburre!!!!
Belkis Sioli
Marcelo y Tatiana quizás!!!🤔🤔🤔🤔
Belkis Sioli
la perdonó porque le salió bien, si era al revés que hubiese hecho???
Belkis Sioli
que cosa cuando se meten en vida ajena.
Belkis Sioli
alejate de esa mina, es muy venenosa 🤔🤔🤔😐😐😐
Belkis Sioli
se supone que se iba por dos días, ya pasaron esos dos días y se queda dos días más????
Belkis Sioli
ni vos te crees eso.😅😅
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