Una hermosa joven caminaba con lagrimas en sus ojos por las oscuras y humedas calles de la cuidad, confundida por el hecho de que todo el mundo la odiaba,incluso sus padres que llegaron hasta el punto de venderla.
Ahora le pertenesia al mafioso mas poderoso de Nueva York, preguntandose si este seria el hombre que la sacaba de un infierno o era el quien la hiba a meter en otro
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XXIII
Aun estando en pánico se preguntaba por qué esto estaba entre las cosas de Brisa, necesitabas respuestas pero como las hallaría, recuerdo de la última vez que lo portaba en su cuello como su más grande tesoro fue en LONDRES, abrió sus ojos después de lo recordado.
Lo perdió en el colegio al que iba, recuerdos de la historia de Brisa se hicieron presentes, no no no, eran las palabras que salían de su boca, aquella niña que el años atrás había defendido no podría ser Brisa, porque si fuera así entonces ella era su…. Primer amor.
Siendo aún niño observaba con sumo cuidado a una niña en especial, cabellos negros, lacios y muy largos, rojos labios y ojos grises, pequeñas pecas en sus mejillas que le daban un toque adorable, esa era la niña que se había llevado la atención del pequeño Stevens, no había día en el que él no admirara su belleza, sin embargo ella siempre estaba sola, cuantas veces se quiso acercar, sacarle una sonrisa y bromear y ser amigos, pero era tan tímido que no podía, veía como mucho la molestabas, sin embargo él se encargaba de encararlos después, todo cambio cuando ese mismo año su madre murió, dándole lo más preciado que ella tuvo, su hermoso collar, él lo cuidaría como si fuera su gran tesoro, sin imaginar que aquella tarde lo perdería.
Después de días volvió a la escuela, en recreo se sentó como siempre el aquella banca, esperando a una niña en particular, pero esta vez aquel niño pelinegro ya no tenía la más mínima intención de hacer reír a la pequeña, estaba bastante dolido por la muerte de su madre, observo como la tiraron al suelo y fue lo que le hizo ponerse de pie, empujar a aquel niño que la estaba molestando y ahuyentarlo, miro de reojo a la hermosa niña y sintió una verdadera paz, tenía muchas ganas de decirle lo enamorado que estaba, pero no era el momento y tampoco quería que ella se acercara a él por el simple hecho que la defendió, así que solo siguió su camino, sin imaginar que aquel collar ya no lo poseía.
-Brisa, siempre fuiste tú, malditamente tu- se dijo mientras apretaba el collar.
Cuanto se había odiado y culpado por haber perdido tan valioso obsequio, no estaba tranquilo pensando en que manos lo podrían tener, pero no le molesto para nada que estuviera en manos de Brisa.
Lo observo mejor y este estaba como nuevo, no tenía ningún rasguño, seco sus lágrimas, lo puso en la caja y se lo llevo a su cuarto, en el cual se acostó y se dispuso a dormir, todo este año había sido agotador, su humor había incrementado a ser más intimidante, los trabajos referentes a la mafia eran cada vez un poco más, y eso en ocasiones cansaba más que los trabajos de la empresa, al parecer ninguno de sus enemigos o aliados sabia de Brisa, algo muy bueno.
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Brisa en estos momentos se encontraba muy muy infeliz, se encontraba debajo de la mesita mientras miraba a la nada, las ganas de llorar ya no llegaban a sus ojos y sus sentimientos cada vez eran más neutros, claro estaba que había creado una marcara segura de sí misma, fría y reservada, pero al entrar a su cuarto era una chica sin nada que observar o admirar, ninguna razón por vivir, ya no aguantaba las burlas de los empleados, los insultos de sus compañeros en la universidad, las faltas de respeto de sus maestros, aunque ella los encaraba con frialdad, esta era la segunda vez que Rick la cambiaba de universidad, ella si le decía que esta era peor, sería injusto causarle más problemas, en cuanto al personal de la mansión ella ya se había acostumbrado, aunque en ocasiones Brisa les daba una mirada penetrante causando que las empleadas le digan a su tío que ella era grosera a lo que Brisa no se quedaba callada, pero de nada servía pelear por cosas inútiles, su tío la defendía y en ocasiones corría a algunos del personal lo que los demás la miraban con mala cara, para ahorrarse eso, jamás le volvió a dar problemas a su tío, sin embargo el quedarse callada ante los insultos ya no estaba en sus planes.
Recordó la fecha de su cumpleaños, ese día hubiera sido el peor si no fuera por Rick que la saco a pasear, ese día lloro y rio como una niña, llena de energía y felicidad, pero tuvo que acabar y regresar a la realidad.
Recordaba que ayer fue el cumpleaños de Stevans, esa fecha lo recordaba tan bien, un año llevaba aquí un año entre un tanto de llantos y más sufrimiento, se odiaba porque aún pasado este tiempo Stevans seguía tan presente en su corazón como el primer día que vino.
Aunque lo negara lo extrañaba, jamás había imaginado amar a alguien como lo amaba a él, porque todo esto era tan difícil, sin tan solo él no le hubiera engañado, este año paso demasiado rápido y aun se preguntaba si Stevans la haría volver, tan solo nombrar ese nombre Damián, le causaba tanto miedo, simplemente un temblor en todo su cuerpo.
Como las pesadillas que tiene cada día, unas seguidas y otras veces no tan diarias, pero siempre que quiere saber que pasa lo único que siempre logra saber es NADA, todo es tan borroso, siempre grita el nombre de su padre, lo que está segura es de que un hombre le quiere hacer daño, o quizás ya le hizo, quiere descubrirlo pero mientras más recuerda más borroso se vuelve, es como cuando te sumerges para encontrar algo en el agua, mientras más cerca estas más mareada te sientes, mientras piensas que ya llegas más profundo es, haciéndolo imposible de llegar.
Un golpe el saco de sus pensamientos, miro que estaba entre la oscuridad, como si formara parte de ello, se fue rápidamente a su baño y se lavó el rostro, se secó y abrió la puerta.
-Tío Rick- sonrió, a pesar de tener una falsa personalidad, la que mostraba ahora era ella misma, como bien dijo Brisa, seria ella misma con quien se lo merecía y este hombre se merecía hasta el cielo.
-Pequeña tienes que regresar a Nueva York- el hombre se veían tan desesperado, que su mirada solo resaltaba algo, PELIGRO.
-Es por mí- dijo mirándolo con preocupación.
-No mi niña, ellos vienes por mí, son enemigos míos, no tienes nada que ver, tienes que irte, corres peligro estando conmigo.
-NO ,no tío yo quiero estar contigo, ssi te pasa algo yo..
-No pasara nada, ya he estado en estas situaciones, pero contigo sería un riesgo.
-Yo se usar arma y pelear, no tienes que preocuparte por mi.
-Brisa escúchame es por tu bien.
-MI BIEN ES AQUÍ CONTIGO, NO CON ESE HOMBRE!!
De pronto sintió sus mejillas mojadas, estaba llorando por enojo y frustración, claro que aquí era un infierno pero amenos tenía a su tío, ese hombre que en las pocas horas que estaba en la casa, la hacía reír, no quería volver con el dueño de todas sus desgracias.
-Brisa por favor- suplico.
-El ni siquiera quiere que vuelva, sino ha llamado por mi e..
-El llama todos los días preguntando por ti, como estas, si estás bien de salud, si comes a tus horas, si estudias, por tus calificaciones, si tienes ropa, si te sientes bien y sobre todo si aún lo odias.
Brisa solos estaba impactada, todo este tiempo pensando que él se había olvidado de ella.
-Si no te lo dije fue porque sabía que no lo querías saber, que te molestarías, pero ahora tienes que volver.
-Él sabe sobre esto- pregunto aun en desacuerdo, no quería volver a ver esos ojos azules, no cuando empezaba a olvidarlos poco a poco.
-Sí y espera por ti.