El día que cumplió dieciocho años debía ser una celebración.
Pero terminó siendo una sentencia.
Heredero de un apellido poderoso, su vida cambia cuando su padre —un CEO en decadencia— le revela la verdad: para salvar la empresa, ya ha sido prometido en matrimonio como moneda de cambio a la mafia más influyente del país. Un trato frío, cruel… y sin salida.
Lo que nadie esperaba era que el hombre que tomaría su mano no fuera el viejo y despiadado jefe de la mafia, sino su hijo: el verdadero heredero del imperio criminal. Un alfa temido, criado entre violencia y poder, que nunca quiso ese matrimonio tanto como él.
Ambos son alfas. Ambos se desprecian desde el primer encuentro.
Y ambos están atrapados en un vínculo que ninguno eligió.
Entre choques de orgullo, silencios cargados de odio y un destino que insiste en unirlos, descubrirán que el omegaverse no siempre sigue las reglas… y que incluso dos alfas pueden desafiar lo imposible.
Porque en un mundo donde el poder lo decide todo, amar p
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No volverá a pasar
Jean
A la mañana siguiente desperté lentamente, envuelto en un silencio extraño.
El lado de la cama donde Demon había estado ya estaba frío… vacío… como si nunca hubiera estado allí. Mi cuerpo estaba limpio, cambiado, sin rastros visibles de la noche que habíamos compartido… pero la sensación seguía en mi piel, en mi pecho… en mi mente.
Se fue otra vez sin decir nada…
Suspiré, mirando el techo unos segundos, intentando ordenar mis pensamientos. No sabía exactamente cómo debía sentirme. Confundido… nervioso… vulnerable… y, para mi frustración, también… extrañamente feliz.
Un suave golpe en la puerta me sacó de mis pensamientos.
—Señorito, le traje algo de comida —dijo una voz femenina, dulce y tímida desde el otro lado.
—Pasa… —respondí, incorporándome un poco en la cama.
La puerta se abrió con cuidado y una chica joven entró con una bandeja entre las manos. La observé con atención. Su rostro era amable, pero había cansancio en sus ojos… uno que no debería existir a su edad.
Es demasiado joven para trabajar aquí…
—¿Eres nueva aquí? —pregunté con curiosidad.
La joven dejó la bandeja sobre la mesita cercana a la cama antes de responder.
—No, señorito… Mi madre trabajaba aquí, pero se enfermó… así que empecé a trabajar yo para pagar sus medicamentos.
Sus palabras hicieron que algo se apretara en mi pecho.
—¿Y tus estudios?… Perdón… ¿Puedo preguntar tu edad?
No sabía por qué me importaba tanto… tal vez porque su historia golpeaba demasiado cerca de la mía.
—Tengo diecisiete años… Debería empezar la facultad… pero ese sueño se acabó.
Su respuesta me arrancó una pequeña risa amarga.
—Somos dos… —murmuré, bajando la mirada.
Mi facultad… mis planes… todo desapareció el día que me obligaron a ese altar…
La chica me observó con curiosidad.
—¿Puedo preguntar su edad, señorito?
—Dieciocho… Y solo llámame Jean.
Ella negó suavemente con la cabeza.
—No podría… Y usted no debería preocuparse por mi vida. Soy solo su empleada.
Sus palabras me molestaron más de lo que esperaba.
—Eres una empleada… pero también eres una persona —aclaré, mirándola con seriedad—. Y puedes llamarme Jean… al menos cuando no haya nadie alrededor. No me gusta que me digan señorito.
Le dediqué una pequeña sonrisa intentando tranquilizarla. Ella dudó unos segundos… pero terminó asintiendo levemente.
—Gracias… ¿Necesita algo más?
—Solo una cosa… ¿Sabes dónde está Demon?
Al mencionar su nombre, sentí mi corazón latir un poco más rápido sin poder evitarlo.
—Sí… Tenía trabajo. Dijo que volvería pronto… seguramente no quiso despertarlo. Ahora sí me retiro.
Salió de la habitación con una sonrisa educada.
Cuando la puerta se cerró, el silencio volvió a envolverme.
Miré la bandeja de comida.
No tenía hambre.
¿Por qué se fue sin decir nada otra vez…?
Esa pregunta giraba en mi mente con una mezcla incómoda de molestia… y decepción.
Me levanté finalmente, ignorando el leve dolor residual en mi tobillo, y decidí salir de la habitación. No quería quedarme pensando… porque cada pensamiento terminaba llevándome a él… y a lo que había pasado entre nosotros.
Bajé por los enormes pasillos de la mansión, observando los detalles dorados, las pinturas, los ventanales gigantes. Todo era lujoso… impresionante… y aun así, a veces se sentía como una jaula elegante.
Seguí caminando sin rumbo hasta que encontré la zona de entrenamiento.
Mis labios se curvaron apenas al verla.
—Perfecto… —susurré para mí mismo.
Mis ojos se posaron en un arco apoyado en la pared. Mi arma favorita. La tomé con familiaridad, sintiendo cómo algo dentro de mí se relajaba al sostenerla.
Papá me enseñó a usar armas… Lo único útil que me dejó…
Tomé posición frente al blanco y lancé la primera flecha.
Centro.
La segunda.
Centro otra vez.
Seguí disparando una tras otra, dejando que cada lanzamiento liberara un poco del caos dentro de mi cabeza… mi frustración… mis dudas… el recuerdo de Demon… su mirada… su toque…
Mi respiración se volvió más firme, más controlada, mientras cada flecha encontraba su objetivo con precisión.
—Señorito… el jefe lo espera en su oficina —anunció uno de los hombres de Demon desde la entrada.
No giré inmediatamente.
—¿Por qué razón? —pregunté, tensando otra flecha.
—No nos dijo eso.
Solté la cuerda.
La flecha se clavó exactamente donde quería.
—Iré enseguida… —respondí, bajando el arco.
Mientras observaba el blanco lleno de impactos perfectos, una sensación extraña recorrió mi pecho.
¿Para qué me querrá ver…?
¿Será por… lo de anoche…?
Tragué saliva, sintiendo una mezcla de nervios… expectativa… y un miedo que no quería admitir.
Dejé el arco en su lugar y caminé hacia la salida, preparándome para enfrentar lo que fuera que Demon tuviera para decirme.
Jean
Entré a su oficina sin tocar la puerta.
El sonido seco al abrirla rompió el silencio del lugar. Demon ni siquiera se sobresaltó. Estaba sentado detrás de su escritorio, revisando unos documentos como si hubiera esperado mi llegada… o como si nada pudiera sorprenderlo.
—Deberías tocar antes de entrar —dijo con un tono frío… demasiado frío… uno que me erizó la piel al instante.
La molestia me atravesó el pecho.
—No en mi propia casa —respondí, usando sus propias palabras en su contra.
Sus ojos se alzaron lentamente hacia mí. Esa mirada penetrante, oscura, que parecía atravesarme por completo, me hizo contener la respiración por un segundo… pero no retrocedí.
No voy a bajar la mirada… no esta vez.
El silencio se volvió pesado entre nosotros.
—Siéntate —ordenó señalando la silla frente a su escritorio.
Su voz sonaba distante… profesional… casi indiferente.
Ese tono me molestó más de lo que esperaba.
—No es necesario —respondí con firmeza, cruzando los brazos sobre mi pecho.
Por un segundo, creí ver un destello extraño en sus ojos… algo que desapareció tan rápido que dudé haberlo visto.
Demon dejó los papeles sobre el escritorio con una lentitud calculada, como si eligiera cada movimiento con cuidado.
—Sobre anoche… —comenzó.
Sentí cómo mi corazón golpeaba contra mis costillas.
—…no debe volver a pasar.
Las palabras cayeron como un golpe directo en el pecho.
El aire se volvió pesado… difícil de respirar.
Ah… claro…
Una sonrisa se formó en mis labios… triste… forzada… pero no pensaba mostrar cuánto dolía.
—Está bien —respondí.
Mi voz sonó tranquila… demasiado tranquila… incluso para mí.
Sentí el ardor detrás de mis ojos, pero me negué a dejar que las lágrimas salieran.
No voy a rogarle… no otra vez…
Me giré sin decir nada más y caminé hacia la puerta. La abrí con brusquedad y la cerré con fuerza al salir, sin importarme quién pudiera escuchar.
Demon
Observó la puerta cerrarse de golpe.
El sonido resonó en toda la oficina… y dentro de su pecho.
Sus dedos se tensaron sobre el escritorio.
Maldita sea…
Había visto esa sonrisa.
Esa sonrisa rota que Jean intentó ocultar.
Sabía exactamente lo que había provocado… y aun así, no podía permitirse retroceder.
Si vuelvo a cruzar esa línea… no voy a poder protegerlo.
Cerró los ojos por un instante, respirando profundamente mientras el recuerdo de la noche anterior invadía su mente… el calor del cuerpo de Jean… su voz suplicando… su vulnerabilidad.
Su mandíbula se tensó.
Es demasiado joven… demasiado inestable… y yo soy lo peor que puede tener cerca ahora mismo.
Sabía que Jean no entendía el peligro real que lo rodeaba… ni lo que significaba para sus enemigos.
Y eso lo volvía… su punto más débil.
—…Maldición —murmuró para sí mismo.
Pero no lo siguió.
Porque sabía que si lo hacía… probablemente destruiría el poco autocontrol que aún le quedaba.
Jean
Caminé por los pasillos sin mirar a nadie. Mi respiración era irregular, mis manos temblaban levemente… y el nudo en mi garganta se volvía cada vez más insoportable.
No debe volver a pasar…
Las palabras se repetían en mi cabeza una y otra vez.
—Idiota… —susurré para mí mismo, sin saber si hablaba de él… o de mí.
Subí al primer piso que encontré y abrí la puerta de una habitación cualquiera. Entré y la cerré con llave de inmediato, apoyando mi espalda contra la madera.
El silencio me envolvió.
Y entonces lo sentí.
Una oleada de feromonas escapó de mi cuerpo sin control.
Una era intensa… dominante… cargada de enojo… casi agresiva.
La otra era dulce… vulnerable… rota… impregnada de tristeza.
—¿Qué… me pasa…? —murmuré, llevándome una mano al pecho mientras mi respiración se volvía más pesada.
El aroma era tan fuerte que me mareaba… me ahogaba… incluso a mí.
Sentía el calor subir por mi cuerpo mientras mis emociones se mezclaban en un caos imposible de controlar.
Lo odio…
El pensamiento apareció primero.
…pero duele demasiado que me rechace…
Mis piernas cedieron y terminé deslizándome hasta quedar sentado en el suelo, abrazando mis rodillas.
Las feromonas seguían expandiéndose por la habitación, cargadas de confusión… rabia… y una tristeza que ni siquiera quería reconocer.
—No soy débil… —susurré, apretando los dientes mientras algunas lágrimas finalmente escapaban.
Pero mi propio aroma traicionaba cada emoción que intentaba ocultar.
Y en el fondo… una parte de mí… solo quería que él estuviera allí.
eso duele mas que mil palabras demon sabiendo que Jean es tan inestable inexperto a como debe actuar y sentirse verse descontrolado por algo que no sabe manejar y dices una cosa asi no es justo idiota /Scare//Scare//Scare//Scare//Scare/
jean tu significa de ancla para ti estabilidad lealtad compromiso verdadero te brinda seguridad apoyo firmeza te mantiene en tierra y tranquilo en medio de la tormenta emocional o en dificultades de la vida todo eso es para ti demon tu ancla la persona favorita en tu mundo /Scream//Scream/
pero por el otro lado jean también razón el decide sin tomarlo en cuenta ambos son culpables por no comunicarse y ser sinceros con el uno con el otro/Shy//Shy//Shy//Shy/
por que el creyó que lo habia arruinado sin ni siquiera tener algo /Sly//Sly//Sly//Sly//Sly/
y poder pensar con claridad y ordenar bien tus dudas y temores aunque
implique que demon se enoje por lo que acabas de hacer /Grievance//Whimper//Grievance//Whimper//Whimper//Grievance/
oh que sera!!!!! lo que le estara pasando /Doge//Doge//Doge//Doge/
o un enigma!❤!/Scream//Panic//Scream/
por jean tiene 18 no es como un adolescente destrozado emocionalmente no tiene experiencia en relaciónes con un padre que lo uso para su propia salvación /Scream//Scream//Scream//Scream/