Elena nunca imaginó que su libertad tendría un precio tan alto. Con su madre al borde de la muerte y las deudas asfixiándola, se ve obligada a aceptar la propuesta del hombre más poderoso y enigmático de la ciudad: Ernesto Blackwood.
El trato es sencillo: un año de matrimonio falso, una firma en un papel y ninguna pregunta. Ernesto necesita una esposa para cumplir con un legado familiar, y Elena necesita el dinero para salvar lo único que ama. Sin embargo, tras las puertas de la imponente mansión Blackwood, ella descubrirá que Ernesto es un hombre de secretos oscuros y una presencia letal.
Ahora, Elena se enfrenta a un desafío que no estaba en el contrato: sobrevivir a la intensidad de un hombre que no acepta un "no" por respuesta. En este juego de poder, ella aprenderá que no hay nada más letal que el peligro de amarlo.
NovelToon tiene autorización de Arianna Rose para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
El peso del pasado
El coche que "El Arquitecto" nos había proporcionado era un sedán viejo y abollado, lo suficientemente común como para desaparecer entre el tráfico de la madrugada. Mientras dejábamos atrás los muelles y nos adentrábamos en las carreteras secundarias que llevaban al campo, el silencio se volvió pesado. Ernesto conducía con la vista fija en el asfalto, pero sus manos apretaban el volante con una tensión que delataba que su mente estaba a kilómetros de distancia, en un pasado que aún le quemaba.
—Elena —dijo finalmente, su voz rompiendo la quietud como un trueno lejano—, antes de que lleguemos a esa casa, hay algo que debes saber. Algo que Alexander Rossi no sabía y que tu padre nunca tuvo el valor de decirte.
Me giré en el asiento, observando su perfil duro recortado por las primeras luces del alba.
—Me has dicho que mi tía es el monstruo, Ernesto. ¿Qué más puede haber? —pregunté, sintiendo un nudo en el estómago.
—La rivalidad entre los Blackwood y los Noir no empezó por dinero —comenzó él, soltando un suspiro cargado de años de amargura—. Empezó por un secreto de sangre. Mi abuelo no odiaba a tu familia por sus negocios; los odiaba porque tu madre, antes de casarse con tu padre, fue el único amor de mi propio padre.
Me quedé sin aliento. La historia de mi familia se retorcía de nuevo frente a mis ojos.
—Mi padre y tu madre querían escapar juntos —continuó Ernesto, sin mirarme—. Pero el Consejo, liderado en aquel entonces por mi abuelo y tu tía Isabel, los separó. Obligaron a tu madre a casarse con un hombre que ellos pudieran controlar: tu padre. Y mi padre fue enviado al extranjero, castigado por intentar romper las reglas de las dinastías.
—¿Estás diciendo que... nosotros...? —Las palabras se me atascaron en la garganta.
—No, no somos familia, Elena. Pero nuestras vidas fueron diseñadas por el mismo arquitecto del odio. Mi abuelo despreciaba a tu padre porque lo veía como el hombre que le robó la felicidad a su hijo. Y cuando tu padre se metió en problemas, mi abuelo no solo lo dejó caer por dinero; lo hizo por venganza. Quería borrar cualquier rastro del amor que tu madre sintió alguna vez.
Sentí que las lágrimas picaban en mis ojos. Todo el dolor, todas las deudas y la soledad de mi infancia habían sido el resultado de un capricho de poder y un despecho ancestral.
—Por eso aceptaste el contrato —susurré, comprendiendo finalmente la pieza que faltaba—. No fue solo por los Rossi. Fue por tu padre.
—Fue por ambos —admitió Ernesto, deteniendo el coche a un lado del camino polvoriento. Se giró hacia mí y me tomó de las manos—. Mi padre murió pidiéndome que enmendara el error de los Blackwood. Él nunca pudo salvar a tu madre, pero yo juré que te salvaría a ti. El problema es que no contaba con una cosa.
—¿Con qué?
—Con que terminaría amándote de una forma que hace que el imperio Blackwood parezca insignificante. El peligro de amarte, Elena, es que ahora mi vida no vale nada si no estás tú para compartirla. Si caemos en "El Olivar", quiero que sepas que eres la única verdad que he tenido en toda mi existencia de mentiras.
Me incliné sobre la consola del coche y lo besé con una urgencia que sabía a despedida y a promesa. En medio de aquella carretera desierta, rodeados de secretos y fantasmas, el contrato de matrimonio se disolvió por completo. Ya no había deudas pendientes, solo dos personas unidas por una tragedia compartida y un amor que desafiaba a la muerte.
—Entonces terminemos con esto —dije, apartándome y mirando hacia la colina donde se vislumbraba la silueta de la vieja casona de "El Olivar"—. Por tu padre, por mi madre y por nosotros.
Ernesto asintió, puso el coche en marcha y nos dirigimos hacia la boca del lobo. El sol terminaba de salir, iluminando la mansión que guardaba las pruebas necesarias para hundir a Isabel Noir para siempre. Sabíamos que ella nos estaría esperando, pero ya no teníamos miedo. Teníamos la verdad.