Una vez más Thiago (Rayo) tendrá que enfrentar a sus amigos, pero está vez su estrategia será otra,.
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En boca de todos.
En medio de la oscuridad, Aurora reconoció su perfume. Despertó con la sensación de un beso de Alberto sobre sus labios. Sus mejillas ardían, y por un instante, su corazón se negó a obedecer a la razón.
—Alberto… —quiso decir algo.
—No digas nada, quiero estar contigo esta noche —susurró él con esa voz profunda que hacía temblar todo en ella.
Aurora intentó esquivarlo.
—No deberías estar aquí… —dijo con un hilo de voz.
—¿Por qué no? ¿Acaso ya no me quieres? —rozó con sus dedos sus mejillas, lo hizo con delicadeza.
—Porque tú no…
—Olvida esas ideas que te creas en la cabeza —la besó una vez más, y la cordura quedó de lado.
Ninguno tenía el efecto de la droga; esa noche, los dos estaban completamente conscientes, era su primera vez sin culpar a otros por ese encuentro, se entregaron hasta caer rendidos. Ambos lo deseaban.
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A la mañana siguiente, en el convento, Gertrudis llegó con un periódico y lo dejó sobre la mesa.
—Fui temprano a la tienda, traje una torta. Pamela está de cumpleaños.
Mariana se alegró, pero su felicidad se desvaneció en cuanto vio el encabezado de la portada:
“Nicole Beach vuelve a conquistar el mundo de la moda. Junto a su equipo acapararon todas las miradas.”
En la fotografía aparecían todas las modelos.
—Es ella… es Aurora —susurró.
Por supuesto que la recordaba, sabía quién era. Los recuerdos la golpearon de inmediato: más de una vez llegaron juntas a la universidad; aquella chica solía ser reservada, se sentaba en el jardín a repasar sus clases. Alberto siempre la buscaba con la mirada, y hasta en una ocasión le regaló un chocolate. Siempre pensó que por su actitud y vestimenta no sería una rival para ella.
Creo que al final se ganó su corazón… pensó con un nudo en el pecho. Alberto la trajo consigo y ahora trabaja con la señora Beach. Su corazón se encogió de tristeza. Debe buscar su felicidad, se dijo al dejar el periódico. pero ella ya había decidido su destino o eso era lo que pensaba.
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Mientras tanto, Alberto abrió los ojos y miró a la chica que dormía a su lado.
—Buenos días, brujita.
Su tono era tranquilo, y aquella palabra tenía un significado especial para él: lo había pensado la noche anterior, los encantos de Aurora lo habían embrujado.
Ella apenas despertaba y no escuchó bien. Él miró su reloj; aún era temprano y probablemente todos dormían. Un sentimiento extraño lo embargó, una mezcla de necesidad y presentimiento. Volvió a hacerla suya una vez más, y con cada movimiento se aferraba más a ella. ¿Era un presagio? ¿O miedo a que todo acabara?
—Pase lo que pase, recuerda que te amo —dijo Aurora con sinceridad. Nunca le había mentido.
Sin embargo, la buena acción de Nicole y Victoria había tenido un costo: su éxito en el evento los había condenado.
Esa mañana, los medios matutinos tenían de qué hablar: los mejores y peores vestidos, los diseñadores, las figuras destacadas. Nadie se escapaba de los comentarios.
Una imagen llamó la atención de los presentadores.
—Esta chica la vimos junto a la diseñadora y empresaria Nicole Cedeño —comentó Mario Picado, figura de la farándula.
—No sería raro que también termine como Catalina —añadió otra presentadora—. Recordemos que ella fue modelo antes de convertirse en la esposa de Diego Beach.
El debate se encendió, aunque con cuidado: nadie quería arriesgarse a hablar mal de los Beach. Todos sabían que, si lo hacían, Rayo sería el primero en brincar.
—Seamos sinceros, es una chica muy hermosa y joven, podría complementar muy bien con el joven heredero, Alberto Beach.
Las imágenes de Alberto eran escasas. Después de lo ocurrido con el Cuervo, Rayo había decidido no mostrar públicamente a su hijo, lo hizo hasta que cumplió los doce años, cuando alguien insinuó que el heredero había muerto. Desde entonces, ningún paparazzi podía acercársele.
Por esa razón, Antuan, Antonella, Zoe y Ximena tampoco asistieron al evento. Rayo cuidaba de todos sus nietos con el mismo recelo con el que protegía a Alberto y a Santi.
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Muy lejos del canal, Pedro entrecerró los ojos.
—Vaya manera de comenzar un sábado… Ese bastardo está en boca de todos. Y Aurora… puff, de ti me encargaré personalmente.
Recordó que una vez Alberto le confesó que no toleraba las traiciones ni los engaños. También recordó haber visto a Aurora en la celebración, aunque no se quedó mucho tiempo. Sus hombres le habían confirmado que fue ella quien lo ayudó.
—Si Alberto te trajo, es por algo, muñequita. Pero esto no te durará mucho… Él no puede ser feliz.
Escupió con rabia:
—Todo el mundo le lame los pies solo porque es el retoño de Rayo. Bola de aduladores… bla, bla… Él solo fanfarronea en su casa.
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Otro que veía el programa desde su avión era Roldán. El hombre tragó grueso al escuchar a los presentadores.
—Ella no puede enamorarse de ese chico… no de él —sentenció con firmeza—. Los Beach han traído demasiados problemas. Mi apellido es de lino fino… un Boss con un Beach, eso jamás.
Olvidaba que su hija Gala había decidido modelar para Casa Moda. También algo que oculta de su pasado.
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Esa mañana, Thiago despertó temprano. Al llegar al jardín, las mujeres ya tenían todo preparado.
—¡Wow… qué bien que te reciban así!
Nicole rodeó el asiento del CEO y le acarició el pecho con ternura.
—Buenos días, mi amor. Cata y Emily se esforzaron en hacer un desayuno especial para todos. Los niños están por bajar, y tus hijos andan por ahí.
Rayo miró a las dos chicas y sonrió.
—Muchas gracias, todo se ve exquisito.