María, enamorada del príncipe de sus sueños como toda doncella, todo a su alrededor caera cuando descubra que no todo lo que creía, era real, y la desilusión la lleva a tomar una decisión, un sacrificio que cambiará su vida y la de todos los reinos.
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CAPÍTULO 24
María se sentía mucho mejor, aunque se sentía débil, quiso girarse, pero en ese momento sintió un peso que le evitaba moverse, abre sus ojos de golpe y lo primero que mira es el pecho desnudo de Aquiles, unos hermosos y perfectos pectorales.
Ella se quedó admirándolo por un momento, levanta su mano izquierda y lo tocó era firme, suave, aunque tenía unas cicatrices que no lo hacían ver mal, era mucho más interesante; muerde su labio inferior y al tocarlo sintió un hormigueo en su estómago, lo estaba disfrutando, pero en ese momento siente que su trasero es presionado.
Ese agarre le provocó una sensación extraña, una electricidad que recorrió todo su cuerpo, eso le alteró de una manera que se levanta rápidamente aventando su enorme brazo y musculoso, al mismo tiempo que gritaba. – maldito, como te atreves, aléjate de mí, ¿Qué haces en mi cama? ….
¡aaaaaaaaaaaaaaah!
¡Aléjate, aléjate, pervertido!
Mientras gritaba, se sentó en sus piernas sobre la cama y en ese momento se da cuenta que solo traía puesta una camisa, pero lo peor es que se dio cuenta que era de él, eso solo hizo que gritara con mas fuerza, hasta que lo mira que se mueve un poco en ese momento ella le da una patada con todas sus fuerzas en su cadera y espalda, eso lo hizo caerse de la cama.
Lo mira ponerse de pie y se podía ver lo molesto que estaba, pero ella no pensaba dejarse intimidar estaba molesta porque él había dormido a su lado, algo que se suponía solo hacían los casados o las mujeres que eran desvividas; para María en la educación que tuvo, a lo más que sabía era que solo podía dormir con un hombre cuando estuviera casada y eso era perder su virtud.
María estaba que lloraba de coraje, no podía creer que ese hombre le quitara lo más preciado que tenía que ser para su hombre amado; se pone de pie encima de la cama, haciéndola quedar un poco más alta que él, levanta su mano y le da una bofetada al mismo tiempo que le grita. - ¿Cómo pudiste hacerme esto? Maldito, sinvergüenza, si me dejaste embarazada ¿Qué vas a hacer?
Yo no creo que quieras cumplirme, me has dejado marcada para toda mi vida, nunca podré casarme y estoy segura de que no vas a querer a un hijo entre los dos; maldito, te odio, te odio.
Aquiles no se esperaba esas palabras, se sorprendió con lo que le estaba diciendo, no entendía de donde había sacado ese razonamiento y molesto la toma del brazo, al mismo tiempo que le dice. – no vuelvas a golpearme, porque la próxima vez no respondo y si estas embarazada ese hijo no puede ser mío, no te hice nada.
Mujer tonta, que no ves que estabas enferma, ¿Cómo puedes creer que te pude hacer mía en el estado que estabas? Ni que fuera un animal, eso se lo dejo a tu Carlos.
María soltó unas lágrimas de coraje y enfurecida le dice. – Carlos nunca hubiera dormido en la misma cama que yo sin estar casados, sabe respetar, no te compares con él.
Eres de lo peor, ¿ya pensaste en qué harás si me dejaste embarazada? Desgraciaste mi vida, lárgate no quiero verte más, mejor hubiera muerto en lugar de perder mi virtud por tu culpa.
Aquiles la miraba a los ojos y ver sus lágrimas solo lo molestó, pero más odiaba que pusiera a Carlos sobre él; enfurecido la avienta haciéndola caer a la cama, no se golpeó y en ese momento le dice. – Qué mujer más ridícula y tonta, pero está bien no pienso sacarte de tu duda, mereces ser engañada.
Si quedas embarazada tendrás que quedarte a mi a lado, hasta que nazca mi bebé y de ahí te regreso con tu gente, porque alguien como tú no puede educar un hijo mío, son mala influencia.
María lleva sus manos a su abdomen, como si de esa forma protegiera a su hijo, solo se decía a sí misma que tenía que ser fuerte y escapar porque si realmente estaba embarazada no pensaba renunciar a su bebé, lo miraba con odio, con desprecio; ella no pensaba quedarse callada y estaba por contestarle cuando escuchan la voz de Jack decir. – Aquiles no seas tan duro con ella y de esa forma no la vas a hacer que se quede a tu lado, así la vas a alejar más de ti.
Señorita María me alegra que estés mejor, nos diste un buen susto, sobre todo a mi amigo Aquiles y no tiene que preocuparse de nada, usted no puede estar embarazada, eso no puede pasar con solo dormir juntos.
Yo podría explicarle como se hace un bebé, pero las señoritas como usted no deben saberlo según las reglas de la sociedad; solo quiero que esté tranquila y que no piense mal de mi amigo, no ha pasado…
Aquiles molesto dice interrumpiendo a Jack. – Ya deja de hablar, esta mujer es una tonta y una mal pensada, es más fácil para ella pensar en lo peor, que en otra cosa.
Déjala con su ignorancia, si cree que está embarazada de mi hijo que así sea, quien sabe a la mejor lo pienso mejor y le haga su sueño realidad; no crees que sería bueno demostrarle a esta jovencita lo que es disfrutar de un buen hombre, una vez que me pruebe no va a querer dejarme salir de la cama, ya lo verás.
María los escuchaba con atención, tratando de saber la verdad.