En un mundo donde las sombras danzan al ritmo de secretos y los corazones se entrelazan en un juego peligroso, Rachel se encuentra atrapada entre el pasado y el presente. La muerte de Henry desencadenó una serie de eventos que cambiarán para siempre la vida de todos los involucrados. Evand, ahora distante y misterioso, guarda secretos que amenazan con destruirlo todo.
Los padres de Rachel, atrapados en su ambición, podrían encontrar la redención o la perdición. Y Marisol, con su corazón roto y una venganza ardiente, está dispuesta a hacer pagar a Evand por su abandono. ¿Quién sobrevivirá a esta tormenta de pasiones y traiciones?.
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Castiel Me utilizó Evand - Yo no Jugué con Lissa
_Entre nosotros nunca va a haber nada_\, pronunció Rachel con una calma inesperada\, sus palabras llenas de determinación.
_Eso es correcto_\, afirmó alguien más\, con un tono que respaldaba la declaración de Rachel.
_Nunca digas nunca\, Rachel_\, intervino Castiel\, esbozando una sonrisa que guardaba un aire de misterio. Sus palabras parecían insinuar posibilidades que estaban más allá de lo que Rachel quería admitir.
_Como bien dice el refrán\, del odio al amor hay solo un paso_\, comentó Lissa\, su mirada perdida en el horizonte\, como si estuviese contemplando no solo el paisaje\, sino también las complejidades de las relaciones.
_Ajá\, claro\, como tú digas_\, respondió Rachel\, mostrando su incredulidad al girar los ojos\, como si esa idea de transición tan drástica le pareciera improbable.
_Nos vemos luego_\, dijo Rachel\, decidiendo poner fin a la conversación antes de que tomara un rumbo inesperado.
_¿A dónde vas?_\, inquirió Lissa\, llena de curiosidad\, tratando de entender los motivos detrás de la repentina partida de su amiga.
Voy a ver a Martha respondió Castiel con naturalidad, aunque su voz denotaba cierta incomodidad.
¿A Martha? replicó Lissa, dejando entrever un evidente rastro de celos en su tono . ¿Y eso para qué? preguntó, esforzándose por mantener la calma a pesar de la confusión que le provocaba la situación.
Castiel, titubeante, murmuró: _ Pues...
¿Pues...? repitió Lissa, su voz cargada de expectativa, esperando ansiosamente que él siguiera explicando.
Luego te cuento, ¿vale? respondió Castiel, tratando de eludir la pregunta mientras se dirigía hacia la puerta.
¡¿Qué luego, ni qué luego?! ¡Quiero que me lo digas ahora! le gritó Lissa, levantando la voz en un arranque de frustración.
Pero ya era demasiado tarde: Castiel había cruzado el umbral de la casa, ignorando por completo el reclamo de Lissa.
_Demasiado tarde_\, comentó Evand con una sonrisa burlona\, disfrutando del momento.
_Celosa_\, le respondió Rachel\, con un tono de reproche en su voz.
_Tranquila, seguro que solo quieren hablar, dijo Evand, intentando calmar la situación.
_Sí\, claro\, ¡hablar!_ replicó Lissa\, cruzándose de brazos en un gesto de descontento. _Si fuera con cualquier otra persona\, no pasaría nada\, pero como es con Martha\, ¿cómo esperas que no me ponga así?
_¿Y por qué razón estás celosa de Martha?_ inquirió Rachel\, levantando una ceja en señal de sorpresa.
_No estoy celosa de ella\,_ replicó Lissa\, con un tono defensivo.
_Claro que sí\,_ afirmó Rachel\, sin dejarse convencer por sus palabras.
_Es más que obvio\,_ insistió Rachel\, dejando caer su mirada con determinación.
_¡Que no estoy celosa de Martha! ¡Joder!_ gritó Lissa\, exasperada\, mientras la paciencia se le escapaba. Su frustración era palpable\, y la tensión llenaba el aire entre ellas.
Hey, cálmate, no es para tanto respondiendo con un tono de calma que contrastaba con la tensión del momento.
¿Acaso no se dan cuenta? A Martha le gusta Castiel, y estoy casi segura de que lo invitó a su casa para declarársele exclamó Lissa, con una mezcla de preocupación e indignación en su voz.
¿Y eso qué tiene de malo? preguntó Rachel, con curiosidad y un ligero aire de incredulidad.
¿Qué, qué tiene de malo? Lissa lo dijo con seriedad, mirando a sus amigos con una expresión grave _. Pues muchas cosas.
Tranquila, no es nada del otro mundo intentaron calmarla, tratando de restarle importancia a la situación.
¿Sabían que a Castiel le gustaba Martha, o aún le sigue gustando? dijo Lissa, mirando a cada uno de ellos con intensidad, como si buscara respuestas en sus rostros.
Tranquila, Castiel no sería capaz de eso intervino Evand, refiriéndose a la idea de que Castiel pudiera corresponder a los sentimientos de Martha de manera tan directa.
3 horas después
Era ya muy tarde y Castiel no había vuelto todavía. Lissa se mostraba cada vez más ansiosa, su mente se llenaba de inquietud y pensamientos oscuros. ¿Acaso algo había sucedido? ¿Estaría en problemas?
La inquietud comenzó a tomar forma en su mente. ¿Podría ser que... le hubieran quitado a su novio? La idea la dejó helada y un escalofrío recorrió su espalda.
Finalmente, no pudo aguantar más la angustia y, con una mezcla de preocupación y determinación, decidió tomar su teléfono móvil. Con manos temblorosas y el corazón acelerado, comenzó a redactar un mensaje para Castiel, esperando que le respondiera pronto y le aclarara sus dudas.
...
En La Noche
En ese instante, Lissa dejó caer su teléfono móvil al suelo con un movimiento brusco y se arrojó al lado de él, sumida en un llanto desgarrador que llenaba el aire de tristeza.
Solo me usó para divertirse sollozó entre lágrimas, su voz quebrada reflejando una profunda herida emocional.
¿Qué te sucede, Lissa? preguntó Evand al descender por las escaleras, sintiendo una creciente preocupación al observar la escena.
Evand dirigió su mirada hacia el lugar donde se encontraba Lissa y la vio, cubierta de sollozos, su rostro desgastado por la angustia.
Me utilizó repitió ella, su voz temblorosa llena de desilusión.
¿Quién te usó? preguntó Evand, lleno de confusión y un profundo deseo de entender la situación.
Evand concentró su atención en Lissa, y ella levantó la vista, encontrándose con su mirada. Sus ojos reflejaban una mezcla de dolor y vulnerabilidad, buscando respuestas en la confusión que rodeaba sus palabras.
Castiel me utilizó, Evand sollozó Lissa, con la voz entrecortada por el llanto_. Me pidió que fuera su novia solo para darle celos a Martha.
¿Cómo es eso posible? preguntó Evand, sorprendido.
_ Sí, me confesó que solo estaba conmigo para tratar de olvidar a Martha. ¿Puedes creerlo? ¡Hoy mismo me pidió que fuera su novia y, apenas unas horas después, tomó la decisión de dejarme!
_ ¿Te dejó?
_ Sí, exactamente. Y ahora resulta que es oficialmente el novio de Martha.
Evand se inclinó hacia Lissa, acercándose más a ella. La abrazó con fuerza, intentando transmitirle algo de consuelo mientras ella continuaba llorando sin parar.
_ Tranquila, tranquila, Lissa. Te prometo que hablaré con él.
Lissa, en un giro repentino de emociones, miró a Evand con una mezcla de confusión y enojo. Luego, se alejó bruscamente, elevando la voz en un grito desgarrador:
¿Hablar? ¿De qué sirve hablar? gritó, mientras las lágrimas caían por su rostro _. ¡No entiendes que jugó conmigo, me utilizó! Me siento como un objeto, como si solo hubiera sido un medio para sus fines, y eso no se lo perdonaré. ¡Lo odio!
Lissa, llena de rabia y dolor, se levantó de golpe del suelo y salió corriendo de la casa, dejando atrás el eco de sus palabras.
Al escuchar los gritos desgarradores de Lissa, Rachel y Melissa emergieron apresuradamente de sus habitaciones y bajaron a la sala, preocupadas por lo que estaba ocurriendo.
¿Qué le pasó a Lissa? preguntó Rachel, su rostro reflejando confusión y angustia.
_ Dice que Castiel estuvo jugando con sus sentimientos únicamente para provocar celos en Martha. En este instante, acaba de terminar con ella.
_ ¿Terminó con ella?
¿Y él dónde está? preguntó Melissa, visiblemente molesta.
_ No está presente, solo le mandó un mensaje por chat.
_ Entonces, ese cobarde prefirió escribirle en lugar de enfrentar la situación cara a cara.
Rachel, al ver el celular de Lissa en el suelo, lo recogió, lo desbloqueó y leyó el mensaje que Castiel había enviado.
¡Eres un sinvergüenza, Castiel! exclamó Melissa, estallando en indignación.
Al leer esas palabras, Melissa y Rachel decidieron salir de la casa y se encaminaron hacia la residencia de Martha.
Una vez que llegaron a su destino, Rachel comenzó a golpear la puerta con fuerza, pero no obtenía respuesta. Volvió a golpear de nuevo, y finalmente, Castiel abrió la puerta.
Rachel, Melissa, ¿qué hacen aquí? preguntó Castiel, sorprendido al verlas. Sin embargo, no obtuvo respuesta, ya que Melissa, impulsada por el enojo, le propinó una fuerte bofetada en la cara, recordándole lo que le había hecho a su hermana.
¿Qué te pasa? inquirió Castiel, claramente enfadado por la inesperada agresión.
¿Qué me está pasando? exclamó ella, apretándolo con fuerza por la camisa, la intensidad de su mirada destilaba frustración y desesperación _. Eres un cobarde.
¿Pero de qué estás hablando? replicó él, con una evidente confusión reflejada en su rostro, sin entender del todo la situación que los rodeaba.
No te hagas el tonto. ¿Por qué le hiciste esto a Lissa? ¿Por qué jugaste con ella? preguntó, visiblemente enojada.
¿De qué estás hablando? Yo no jugué con Lissa respondió Castiel, tratando de defenderse, pero con una expresión que delataba su desconcierto.
Mira, Castiel, no quiero seguir hablando de esto porque si lo hago, no sé qué podría pasar. Pero te advierto, si le llega a ocurrir algo a mi hermana, no te lo perdonaré, ¿me oíste? dijo Melissa, con un tono firme y amenazante.
Tras lanzar esa advertencia, Melissa se dio la vuelta y se marchó, dejando a Castiel sumido en una profunda confusión.
Al día siguiente
La mañana ya había llegado, iluminando el cuarto con los primeros rayos del sol. Rachel y Evand se encontraban en medio de un ajetreado proceso de empacar sus pertenencias en las maletas, organizando cuidadosamente cada objeto que llevaban. Sin embargo, Lissa aún no había llegado a casa, lo que alarmaba a Melissa, quien no tenía la más mínima idea de su paradero ni con quién podría estar.
Bueno, ya es hora de que nos vayamos suspiró Rachel, mirando la hora que se deslizaba rápidamente en el reloj.
¿Tan pronto? preguntó Melissa, un tanto sorprendida por la premura de la situación.
Sí, es necesario asintió Evand, mientras cerraba una de las maletas.
¿Y cuándo piensan regresar? insistió Melissa, deseando saber más sobre sus planes.
Vamos a volver en 15 días explicó Evand con confianza _. Bueno, en realidad, se suponía que debíamos regresar en un máximo de 30 días, pero hemos decidido posponerlo un poco.
Melissa, sintiéndose un poco triste por la inminente despedida, les ofreció con un gesto de amabilidad:
_ ¿Quieren que los acompañe al aeropuerto?
No respondió Evand con firmeza _. Debes quedarte aquí por si Lissa vuelve a casa, así podrás avisarnos.
Está bien, les deseo lo mejor contestó ella con una sonrisa.
En ese momento, Melissa se acercó a Rachel y a Evand, rodeándolos con los brazos en un cálido abrazo.
Cuídense mucho les pidió con sinceridad.
Igualmente replicó Rachel con una sonrisa _. Ah, y si Castiel regresa, por favor dile que necesito hablar con él sobre algunas cosas.
Tras pronunciar esas palabras, Rachel y Evand se despidieron y salieron de la casa para tomar un taxi que los llevaría a su destino.
Varias horas después
Ya se encontraban a bordo del avión. Evand escuchaba música a través de sus auriculares, concentrado en la pantalla de su celular, mientras que Rachel estaba sumida en la lectura de un libro que había traído consigo.
Estoy aburrida se quejó Rachel, rompiendo el silencio que los rodeaba.
Al escuchar esto, Evand simplemente la miró de reojo, sin mostrar demasiado interés en su queja. Entonces, Rachel, sintiendo la necesidad de hacer algo para pasar el tiempo, tomó su propio celular, lo encendió y decidió escribirle un mensaje a Melissa para ver si podía entretenerse con alguna conversación.
Mensaje


Después de eso, Rachel decidió apagar su celular y se recostó cómodamente en el asiento, cerrando los ojos para relajarse un poco.
—¿Ya te dormiste? —interrogó Evand con un tono de voz curioso.
No, ¿por qué lo preguntas? respondió ella, ligeramente sorprendida por la pregunta.
Estoy completamente aburrido se quejó Evand, expresando su frustración de manera clara.
¿Y qué se supone que quieres que haga yo? replicó Rachel, sintiéndose un tanto incomprendida ante el reclamo de su prometido.