NovelToon NovelToon
Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Status: Terminada
Genre:Amor prohibido / Traiciones y engaños / Amor-odio / Completas
Popularitas:3.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Guadalupe Garza

Trilogía: Corazón De Acero

Libro 1: Un Corazón De Acero: El Precio De Amar

Ella es la Teniente Morgan de la Fuerza Especial de Élite Militar (F.E.E.M.), una mujer de hierro acostumbrada a tener el control. Durante años, ha construido una relación estable y segura con su novio, el capitán Cross, el hombre que representa su futuro y su puerto seguro.

Pero tras dos semanas de ausencia de ella por un luto familiar, todo cambia al volver a la base. Allí es recibida por la imponente presencia del nuevo coronel: un hombre magnético que se convierte en su tentación más oscura, un pecado inconfesable y, probablemente, su mayor error.

El verdadero peligro se revela cuando descubre la verdad: ambos hombres comparten la misma sangre.

Ahora, atrapada en un triángulo de lealtad y deseo, su mente jura que su corazón le pertenece al capitán, pero su cuerpo arde por el coronel.

Cuando el deber militar choca contra una pasión prohibida entre hermanos, el peligro aumenta.

¿Qué podría salir mal?

NovelToon tiene autorización de Guadalupe Garza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: La deidad del infierno

Salvatore Varone.

Hay mujeres que nacen para rogar por clemencia y hay otras que parecen esculpidas por el mismo Lucifer para coronarse sobre las cenizas del mundo. Amira Jones pertenecía, sin lugar a dudas, a esa segunda especie.

Durante toda la maldita comida en el restaurante, mis ojos no pudieron apartarse de ella ni un solo segundo. Era un espectáculo magnético y siniestro. Su piel pálida, suave como la seda más fina, contrastaba de forma violenta con el vestido negro que se ceñía a su cuerpo con una precisión matemática, remarcando cada curva peligrosa de sus caderas, su cintura breve y el erguido porte de sus hombros. Su cabello castaño oscuro caía por su espalda en una cascada de ondas perfectas, brillante, tentador, exigiendo ser enredado entre mis dedos para obligarla a inclinar la cabeza hacia atrás. Pero eran sus ojos... esa maldita mirada de un celeste tan frío, impasible y cristalino, lo que me helaba la sangre y me encendía las entrañas al mismo tiempo. Lucía como un ángel caído, una deidad infernal vestida de luto que caminaba entre los mortales fingiendo una fragilidad aristocrática que no se creía ni ella misma. Tenía un aura helada, distante, casi peligrosa; una combinación mortal de gracia real y una frialdad contenida que la hacía verse absurdamente preciosa, inalcanzable y perfecta.

En cuanto la cena llegó a su fin y los acuerdos de caballeros quedaron sellados sobre la mesa con la bomba de que nos casaríamos en un mes, mi madre y mi hermano Enzo se opusieron rotundamente a que mi presunta prometida pasara la noche en un hotel cualquiera de la ciudad.

—Es una Jones, Salvatore. Una mujer de sangre noble y en luto no tiene por qué quedarse en una habitación pública como si fuera una turista de poca monta —había sentenciado mi padre con la autoridad de un Don.

No discutí.

Subimos a mi auto y fuimos directamente al hotel donde ella se hospedaba para recoger sus maletas. La acompañé hasta la recepción, observando la frialdad ejecutiva con la que ordenaba a los empleados que empaquetaran sus pertenencias... Minutos después, estábamos de vuelta en la Villa Varone, nuestra fortaleza privada en las colinas de Calabria. La instale personalmente en la suite de invitados del ala este, una habitación amplia, de techos altos, chimenea de mármol y cortinajes oscuros.

—Esta será tu habitación mientras organizamos todo, Amira —le dije, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados sobre el pecho, examinando la forma en que sus ojos celestes evaluaban el espacio.

—Es bastante aceptable, Salvatore —respondió ella, quitsndose el abrigo camel con una lentitud exasperante que me hizo apretar la mandíbula—. Aunque espero que tus sirvientes no me molesten por las mañanas. Me gusta el silencio.

—En esta casa nadie respira si yo no lo autorizo —le contesté con una sonrisa torcida y arrogante—. Duerme bien, mia futura sposa. (Mi Futura Esposa)

Deje a la inglesa instalada y me dirigí a paso firme hacia mi despacho privado, ubicado en la planta alta del ala norte de la propiedad. Quería beber un trago de whisky escocés, revisar los últimos informes de los cargamentos que entraban por el puerto de Gioia Tauro y quitarme de la cabeza la imagen de sus labios pintados probando el vino. Pero apenas empujé la puerta de caoba de mi oficina, la paz se fue directo al infierno.

Allegra Davies me estaba esperando dentro, caminando de un lado a otro como un animal rabioso sobre la alfombra persa.

—¿Se puede saber qué clase de broma de mal gusto es esta, Salvatore? —estalló ella en cuanto cerré la puerta tras de mí, con la voz chillona e impregnada de una histeria insoportable.

Me acerqué a mi escritorio de madera maciza, ignorandola por completo mientras me servia tres dedos de whisky en un vaso de cristal cortado. Beber un sorbo lento, sintiendo el ardor del alcohol en la garganta, antes de dignarme a mirarla.

—No recuerdo haberme tomado la molestia de concederte una audiencia a estas horas de la noche, Allegra —solté con una frialdad abrasadora, cruzando las piernas mientras me apoyaba contra el borde del escritorio—. Sal de mi despacho. Ahora.

—¡No me voy a ir a ninguna parte! —chilló, dando un paso hacia mí con la cara desfigurada por la rabia—. ¡Esa zorra... esa fulana que trajiste a la mesa! ¡¿De dónde mierda la sacaste?! ¡Dijiste frente a tus padres y los míos que el contrato de matrimonio entre nuestras familias estaba en negociación! ¡Yo soy la que debe ser la señora Varone! ¡Yo soy la única que tiene la sangre y el apellido para ser la Matriarca de esta familia!

Solté una carcajada seca, cruenta y cargada de un absoluto desprecio que hizo que se congelara en su sitio.

—No digas tantas estupideces juntas, Allegra. Me da dolor de cabeza escucharte —le espete, mirándola con el ceño fruncido y una repulsión abierta—. ¿Tú, la Matriarca de la 'Ndrangheta? No me hagas reír. Lo nuestro no fue más que un jodido desliz de unas cuantas noches cuando estaba borracho y aburrido. Si mis padres o los tuyos se hicieron ilusiones estúpidas con un matrimonio por conveniencia, ese es su puto problema, no el mío. Jamás me casaría contigo. No tienes la clase, ni el calibre, ni la maldita postura para llevar el apellido Varone sobre los hombros.

—¡Es una recién llegada! ¡Una aparecida que ni siquiera es de Italia! —soltó ella al borde del llanto, con las lágrimas arruinandole el maquillaje, un espectaculo patético que no me provocó ni una pizca de compasión—. ¡¿Cómo es posible que esa zorra inglesa sí tenga la altura y yo no?! ¡Es solo una prostituta de la realeza que vino a abrirse de piernas para quedarse con tu dinero!

En un milisegundo, el aire del despacho se volvió venenoso.

Ni siquiera la vi venir. En un movimiento violento, crucé la distancia que nos separaba, le agarré la garganta con la mano derecha y la estampé con un golpe seco contra la pared de madera. La presión de mis dedos sobre su tráquea le cortó el aire al instante. Allegra abrió los ojos de par en par, ahogándose, arañándome las muñecas con sus uñas bien manicuradas mientras sus pies apenas rozaban el suelo.

Me incliné sobre su oído. No le grite... Le hable en un susurro grave, rasposo y tan cargado de una promesa de muerte que infundía un terror mil veces mayor que cualquier rugido.

—Escúchame muy bien, pedazo de basura... —le siseé a milímetros de su rostro, apretando el agarre hasta ver sus pupilas dilatarse por el pánico—. Vuelves a insultar a Amira, vuelves a usar esa boca de mierda para referirte a mi prometida con una sola palabra despectiva, y te te juro por la memoria de mis antepasados que te cortare la lengua con mis propias manos y se la echaré de comer a los perros del granjo. ¿Me entendiste?

Allegra asintió desesperada, derramando lágrimas de puro terror. La solté de golpe. Cayó de rodillas sobre la alfombra, tosiendo violentamente y llevandose las manos al cuello rojo.

—Fuera de mi vista antes de que pierda la poca paciencia que me queda —le ordene, dándole la espalda para regresar a mi vaso de whisky.

Salió tropezando y llorando del despacho, cerrando la puerta tras de sí.

Me quedé solo durante dos horas, sumergido en los balances financieros de la 'Ndrangheta, revisando las rutas de contrabando y las nóminas de los políticos que teníamos comprados en Roma. Sin embargo, mi concentración estaba completamente podrida. Cada cinco minutos, la imagen de la mirada celeste de Amira Jones se cruzaba por mi mente como una sombra persistente.

Cerca de las dos de la mañana, la puerta de la oficina volvió a abrirse. Esta vez no golpearon. Mi padre, el Don, entro a pasos lentos, seguido por mi hermano Enzo, quien traía una botella de vino en la mano y esa eterna sonrisa burlona dibujada en los labios.

—Pensé que a esta hora estarias celebrando la llegada de tu prometida en la cama, hermano —solto Enzo, dejándose caer en uno de los sillones de cuero frente al escritorio.

—Cierra la boca, Enzo —le advertí sin levantar la vista de mis papeles —O te juro que te envío a patrullar los muelles de Gioia Tauro durante todo el maldito invierno.

Mi padre se acercl con porte firme, apoyando los puños sobre el escritorio de caoba y mirándome con sus ojos oscuros y calculadores.

—Déjate de rodeos, Salvatore. Queremos respuestas —sentenció el patriarca con voz profunda— nos lanzas la bomba de que estás comprometido con una aristócrata inglesa en medio de un restaurante público, sin habérnoslo mencionado jamás. ¿Por qué mierda nos mantuviste a oscuras sobre la existencia de esa mujer?

Deje el bolígrafo sobre la mesa y me eche hacia atrás en mi sillón de piel, encarando a los dos hombres más poderosos de mi sangre.

—Porque quería estar jodidamente seguro de que ella era la indicada antes de traerla a este nido de víboras —mentí con una frialdad implacable, sosteniendoles la mirada sin pestañear—. La familia Jones es un linaje poderoso y antiguo en Londres. Amira ha estado pasando por un proceso de luto pesado tras la muerte de sus padres. No iba a exponerla a los chismes de la prensa ni a las presiones de la mafia hasta que ella estuviera lista para asumir el compromiso

Enzo soltó un silbido bajo, sirviéndose un poco de vino en una copa.

—Pues déjame decirte, Salvatore... la mujer es una absoluta obra de arte —comentó mi hermano con un destello de admiración sincera—. Es condenadamente hermosa, tiene una elegancia que da miedo y se ve que tiene más cerebro y agallas que cualquier mujer que haya pisado esta villa. No parece el tipo de chica que se deja pisotear por nadie.

Al escuchar a Enzo referirse a ella de esa manera, un ardor negro, violento e irracional me recorrio las entrañas. Se me tensó la mandíbula y le clavé una mirada tan cargada de odio que la sonrisa de mi hermano se congeló a mitad de camino.

—No necesito que me recuerdes lo que ya sé perfectamente, Enzo —le espete con una voz de ultratumba—. Vuelves a mirarla o a hablar de ella con ese tono, y se me va a olvidar que eres mi hermano.

Por dentro, una pregunta maldita me martillaba el cerebro...

¿Por qué carajos me importaba tanto?

Mierda, Amira Jones era una desconocida con la que me acababa de cruzar hacía unas cuantas horas por culpa de un vaso de café derramado. Toda esta farsa del matrimonio era una simple pantalla para sacarme de encima la boda estúpida con Allegra y calmar las exigencias de mi familia. Debería darme exactamente igual si mi hermano la encontraba hermosa o si Allegra la insultaba. Sin embargo, la sola idea de que alguien más posara sus ojos sobre ella o intentara menspreciarla me provocaba una furia posesiva, enfermiza y salvaje que jamás había experimentado por ninguna otra criatura.

Mi padre observó la interacción en silencio, con una sonrisa calculadora dibujándose en su rostro arrugado por los años de guerra.

—Veo que al menos esa mujer ha logrado encenderte la sangre, Salvatore... y eso me gusta —dijo el Don, señalándome con el dedo—. Pero espero que sepas comportarte como el caballero y el capo que eduqué. Deja de una buena vez a tus amantes de turno, limpia tu vida de escándalos y dedícate exclusivamente a tu futura esposa. Una mujer de esa categoría exige respeto absoluto.

—Lo mismo digo, hermanito —añadió Enzo con tono divertido, levantando las manos en señal de paz mientras se ponía de pie—. Asegúrate de atender bien a la futura Matriarca. Se nota a leguas que no es una mujer fácil de domar.

—Lárguense los dos de mi despacho. Ahora mismo —ordené, cansado de la conversación.

Mi padre y mi hermano salieron del despacho entre risas bajas, dejándome nuevamente sumido en la penumbra de la habitación.

Me quedé allí sentado hasta casi las cuatro de la mañana, bebiendo en silencio, apurando las últimas gotas de la botella mientras la casa entera caía en un sopor sepulcral. Finalmente, apagué la lámpara del escritorio, salí al pasillo desierto de la planta alta y caminé con pasos lentos y pesados en dirección a mi recámara.

Al pasar por el pasillo del ala este, me detuve inevitablemente frente a la puerta de la suite de invitados.

La luz de la luna llena se filtraba a través de los ventanales del corredor, iluminando las sombras de la madera. Apoyé la mano sobre la puerta cerrada, escuchando únicamente el silencio profundo que reinaba dentro. En mi mente, la imagen de Amira volvió a proyectarse con una claridad desgarradora, recortada contra la penumbra, con ese vestido negro que parecía cosido a su piel, la cascada de su cabello castaño, esos ojos celestes de frialdad absoluta y esa boca provocativa que aceptó casarse conmigo en un mes sin parpadear.

Era una deidad infernal. Un ángel caído, hermoso, distante y peligroso, que emanaba una perfección destructiva. Una mujer que no pertenecía al cielo, sino al mismísimo abismo que yo gobernaba.

Apreté el puño contra la madera de la puerta, sintiendo una corriente eléctrica recorriéndome la columna. Aún no lograba comprender por qué demonios una extraña había logrado desarmar mi autocontrol en menos de doce horas, ni por qué la necesidad de marcarla se me había metido tan profundo en los huesos. Pero una cosa tenía clara, tan clara como que por mis venas corría la sangre de la 'Ndrangheta, Amira Jones no iba a ser solo una prometida de mentira. Iba a ser mi esposa. Iba a ser la Matriarca de mi imperio. No sabía qué clase de juego oscuro estaba jugando ella, pero la quería conmigo, atrapada en mi jaula de oro, y no pensaba dejarla ir jamás.

Victoria Morgan/Amira Jones

1
Isa
sabía que no podía morir tan fácil jajajaja me asusté pero tú siempre asombrandonos con tus ideas gracias Dios te bendiga
Guadalupe Garza: Lo siento por el susto.... y gracias a ti por el apoyo hermosa 🥹🫂💚
total 1 replies
Isa
no vale no me gustó ese final 😞😞😞 bueno esperare la segunda temporada
Guadalupe Garza: Prometo recompensarlo🙏
total 1 replies
Isa
no puede ser tanto que lucho para morir así que chimbo vale
Isa
tienes toda la razón de verdad que para ustedes los autores es un esfuerzo gigantesco darnos estás historias gracias de corazón Dios te bendiga por tu talento y tú dedicación
Guadalupe Garza: Muchísimas gracias hermosa, por ser una de mis lectoras más fieles 🙏🥹🥰🫂 te amo un montón ❤️‍🩹
total 1 replies
Isa
te admiro victoria de verdad que amas tu trabajo
Isa
gracias por tu esfuerzo 👏🥰
Guadalupe Garza: Gracias hermosa 💚🙏🥹🫂
total 1 replies
Isa
tanto teatro que no venga el con sus celos a dañar el operativo
Isa
Dios ya se acerca el momento que nervios de lo que pueda pasar
Isa
jajajaja los celos te carcomen coronel
Isa
ten cuidado victoria no lo subestimes
Isa
este nuevo personaje parece que va ser decisivo en la vida de victoria.
Isa
ahora sí viene lo bueno o mejor dicho lo más bueno jajajaja
Isa
bueno ahí la tienes solo para ti así que aprovecha
Isa
que envidia pero de la buena claro 🤭
Isa
yo creo que ninguno la merece pero bueno en el corazón no se manda ni te enamores de Alex solo gozatelo chica
Isa
hay Dios estos dos se van a quemar de lo caliente que están
Isa
bien hablado Megan ese hombre es un estupido narcisista
Isa
que pasa no puedes ser que esté así para mí que hay un traidor entre su gente
Isa
más nervios ya no tengo uñas, que está pasando
Isa
que pasara hay no que nervios
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play