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Amor A Destiempo

Amor A Destiempo

Status: En proceso
Genre:Reencarnación / Época / Posesivo
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Ariane Blackrose

México, 1910.
Amalia De la Vega siempre creyó conocer el rumbo de su vida. Hija de una poderosa familia hacendada, creció entre privilegios, comodidades y un futuro que otros parecían haber decidido por ella.
Hasta que la Revolución llegó a su puerta.
Secuestrada para obligar a su padre a negociar, Amalia termina en manos de un grupo revolucionario liderado por un hombre al que todos llaman Sombra: frío, reservado y peligroso, con demasiados secretos detrás de sus ojos ámbar.
Ella debería odiarlo.
Él jamás debió acercarse demasiado.
Pero entre enfrentamientos, silencios y una atracción que ninguno estaba dispuesto a reconocer, algo comienza a cambiar.
Cuando Amalia finalmente recupera su libertad, descubre que otra prisión la espera: un matrimonio arreglado con Gustavo Conde, un hombre relacionado con un pasado que Sombra se niega a revelar.
Separados por dos mundos, mentiras y una guerra que amenaza con destruirlo todo, Amalia descubrirá que quizá nunca conoció realmente al hombre del

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capitulo 23 : Clases de Etiqueta

Cuando Joel estuvo lo bastante recuperado para trabajar varias horas seguidas, reunió a Rafael y Mariel.

Sobre la mesa había documentos, mapas y nombres.

—No podemos volver a operar de la misma manera.

Rafael miró el mapa.

—Por los federales.

—Por ellos. Y por otros.

No dijo Gustavo.

No hacía falta todavía.

—Hay lugares a los que necesitamos entrar —continuó Joel— donde Sombra no puede aparecer.

Mariel cruzó los brazos.

—¿Qué clase de lugares?

—Los que frecuentan los hombres que toman decisiones mientras otros hacen la guerra por ellos.

Rafael comenzó a comprender.

—¿Y cómo piensas entrar?

Joel lo miró.

—Por la puerta.

Rafael soltó una carcajada.

Joel no.

—Hablas en serio.

—Sí.

—¿Y nosotros?

—También.

Mariel miró su falda sencilla.

Después a Rafael.

—Esto va a ser divertido.

—No —dijo Joel—. Va a ser doloroso.

Rafael frunció el ceño.

—¿Qué estás diciendo?

Joel se recostó en la silla.

—Que tendrán que aprender modales.

Rafael miró a Mariel.

Mariel miró a Rafael.

—Prefiero que me disparen otra vez.

Joel asintió.

—Eso puede arreglarse.

La señora Mercedes Villaseñor llegó cuatro días después.

Viuda.

Cincuenta y tantos años.

Espalda recta.

Cabello oscuro con algunas hebras plateadas.

Había conocido a la familia Medina durante años y había educado a jóvenes de familias acomodadas en Hermosillo antes de retirarse.

A Rafael le desagradó desde el primer minuto.

A Mercedes también le desagradó Rafael.

La relación fue perfecta.

—Señor Santos, espalda recta.

Rafael se enderezó.

—Más.

—Si me enderezo más voy a dejar de respirar.

—Sería un progreso.

Mariel se tapó la boca.

Joel observaba desde una silla.

Mercedes colocó tres tenedores frente a Rafael.

Él los contempló.

—¿Por qué necesito tres?

—Cada uno tiene una función.

—Mis manos también y solo tengo dos.

Mariel soltó una carcajada.

Mercedes cerró los ojos.

Joel bajó la cabeza.

Rafael lo señaló.

—Te estás riendo.

Joel recuperó inmediatamente su expresión fría.

—No.

—Te vi.

—Entonces necesitas anteojos.

—¡Estabas sonriendo!

—Señor Santos —interrumpió Mercedes—, el tenedor.

—¿Cuál?

—Precisamente por eso estamos aquí.

Mariel aprendía rápido.

Observaba.

Imitaba.

Recordaba.

En menos de dos semanas podía entrar en una habitación, saludar y sentarse con una elegancia que sorprendía incluso a Rafael.

El problema aparecía cuando hablaba demasiado.

—Una dama nunca utiliza esa expresión —la corrigió Mercedes una tarde.

Mariel pestañeó.

—¿Cuál?

Mercedes repitió en voz baja lo que acababa de decir.

—Ah.

—No debe decirlo.

—Entonces las damas se pierden de muchas conversaciones interesantes.

Joel se cubrió los ojos.

—Mariel.

—¿Qué?

—Ayuda un poco.

—Estoy aprendiendo.

—Aparentemente no la parte de callarte.

—Mira quién habla.

Rafael levantó una mano.

—Yo estoy con mi mujer.

Mercedes lo miró.

—Esposa.

Rafael parpadeó.

—¿Qué?

—En sociedad se referirá a ella como su esposa.

Rafael miró a Mariel.

—Mi esposa.

Mariel sonrió.

—Suena bien.

—No te acostumbres.

Ella le dio un golpe en el brazo.

Mercedes cerró los ojos.

—Tenemos mucho trabajo.

El baile fue peor.

—Uno, dos, tres —marcó Mercedes.

Rafael avanzó.

Mariel retrocedió.

Rafael le pisó el pie.

—¡Rafael!

—¡Tú te atravesaste!

—¡Estoy frente a ti!

—Precisamente.

—Otra vez —ordenó Mercedes.

—No.

—Otra vez.

—Prefiero los tenedores.

Joel estaba sentado junto a una columna, ya capaz de caminar sin ayuda aunque todavía se cansaba más de lo que admitía.

Rafael volvió a pisar a Mariel.

Joel sonrió.

Esta vez demasiado.

Rafael lo vio.

—¡Ajá!

Joel borró la expresión.

—¿Qué?

—Te estabas riendo.

—No.

—¡Mariel!

—Lo vi.

Joel se puso serio.

—Ambos están imaginando cosas.

En ese momento apareció doña Jacinta con una bandeja.

—Joel, mi niño, te traje...

—No.

Todos quedaron en silencio.

Doña Jacinta frunció el ceño.

—Ni siquiera sabes qué traje.

—No importa.

Rafael se mordió el labio.

Doña Jacinta dejó la bandeja.

—Sigues igual que cuando tenías ocho años.

Joel cerró los ojos.

—No.

—Una vez se subió al caballo de su padre para presumir que podía montarlo sin ayuda.

Rafael dejó de respirar.

Mariel abrió los ojos.

—Doña Jacinta...

—Se cayó en el abrevadero.

Rafael explotó en carcajadas.

—¡No!

—Tenía ocho años —gruñó Joel.

—Nueve —corrigió ella.

—Eso ocurrió hace veinte años.

—Y todavía te enojas igual.

Rafael se apoyó contra una silla.

—Necesito escuchar más.

—No necesitas nada.

—Yo sí —dijo Mariel.

—Tú tampoco.

Doña Jacinta sonrió.

—También robaba dulces de la cocina.

Joel se levantó.

—Terminamos por hoy.

—¡Siéntate! —ordenaron Mercedes y doña Jacinta al mismo tiempo.

Joel se detuvo.

Rafael casi cayó de la silla de tanto reír.

Las semanas hicieron lo que las primeras lecciones parecían incapaces de lograr.

Mariel mejoró muchísimo.

Aprendió a moverse entre conversaciones sin perder su personalidad. Supo qué decir, cuándo callar y, sobre todo, cómo decir una insolencia de manera tan elegante que la persona tardara varios segundos en comprenderla.

Rafael fue más difícil.

Pero aprendió.

Dejó de pelear con los cubiertos.

Aprendió a bailar sin mutilar los pies de Mariel.

Descubrió que podía observar una habitación desde detrás de una copa con la misma eficacia con que antes lo hacía desde debajo de un sombrero.

Y aquello resultó útil.

Porque Joel no pretendía convertirlos en personas diferentes.

Pretendía enseñarles a pasar inadvertidos entre personas que jamás mirarían dos veces a un matrimonio hacendado correctamente vestido.

Una tarde, Mercedes hizo entrar a Rafael y Mariel juntos.

Joel estaba junto al escritorio.

Se volvió.

Y por primera vez comprendió que funcionaría.

Rafael llevaba un traje bien cortado. La cicatriz de la mandíbula seguía allí, imposible de ocultar, pero ahora parecía simplemente una marca en el rostro de un hombre de posición.

Mariel vestía con elegancia sobria.

Tomó el brazo de Rafael.

—¿Y?

Joel los examinó.

—Aceptables.

Mariel abrió la boca.

—Después de semanas de tortura, ¿aceptables?

—Es un elogio —dijo Rafael—. De él probablemente significa que estamos hermosos.

—No exageres.

Rafael sonrió.

—Joel.

—No empieces.

Aquella noche, Joel permaneció solo en el corredor principal de la hacienda.

Ya caminaba sin dificultad.

Las heridas habían cerrado.

La cruz negra volvía a colgar de su oreja.

Sobre la mesa, dentro del despacho, estaban los documentos de una nueva vida que en realidad no era completamente nueva.

Ese era el detalle que Rafael todavía no terminaba de comprender.

Sombra podía desaparecer.

Joel Medina no necesitaba ser inventado.

Había existido primero.

La hacienda.

El apellido.

La educación que Joel nunca mostraba en el campamento.

Su conocimiento de negocios, de familias, de hombres poderosos.

Todo había estado allí mucho antes del sombrero negro.

Los pasos de Rafael sonaron detrás.

—¿Cuándo nos vamos?

Joel no se volvió.

—Pronto.

—¿Ciudad de México?

Silencio.

—Sí.

Rafael se apoyó en una columna.

—Nunca pensé que terminaría entrando a una fiesta para hacer tu trabajo.

—Tampoco yo.

—Prefería cuando disparábamos.

—Yo también.

Rafael sonrió.

Luego se puso serio.

—¿Esto tiene que ver con Conde?

Joel volvió lentamente la cabeza.

Los ojos ámbar se endurecieron.

—Entre otras cosas.

Rafael comprendió que no obtendría más.

Todavía no.

—Está bien.

Comenzó a alejarse.

—Rafael.

Se detuvo.

—En Ciudad de México no puedes llamarme Sombra.

Rafael giró.

Durante un instante no dijo nada.

Después apareció aquella sonrisa insoportable.

—¿Entonces Joel?

Joel lo miró.

—Lárgate.

—Buenas noches, Joel.

—Rafael.

—Don Joel Medina.

—Voy a matarte.

Rafael se alejó riendo.

Desde alguna habitación cercana apareció la voz de doña Jacinta:

—¡Déjalo en paz, Joel!

Él cerró los ojos.

—Esta es mi casa —murmuró.

—¡Te escuché!

Joel levantó la mirada al techo.

Por primera vez en mucho tiempo, una sonrisa genuina apareció en su rostro.

Duró poco.

Después volvió a mirar hacia el despacho.

Hacia los documentos.

Hacia el camino que comenzaba a dibujarse frente a ellos.

Meses más tarde, en un salón de Ciudad de México, nadie vería a tres revolucionarios intentando fingir que pertenecían a la alta sociedad.

Verían al matrimonio Santos, relacionado con una respetable familia hacendada de Sonora.

Verían a una mujer elegante llamada Mariel.

A un hombre de cicatriz en la mandíbula llamado Rafael.

Y verían a Joel Medina.

No a Sombra.

Lo que nadie en aquella fiesta sabría era que la transformación no había comenzado con un traje.

Había comenzado allí, en Sonora, cuando un hombre al que todos creían muerto regresó malherido a una casa donde todavía existían personas capaces de recordar quién había sido antes de convertirse en Sombra.

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Carolina A²V
sino lo haces a tiempo te la robas 🤭🤭🤭
Carolina A²V
casi te gana el subconsciente 😊🤭
Carolina A²V
no rubia 🤭
Carolina A²V
otra vez podría ☝🏼
Carolina A²V
se ha dicho suponen
Carolina A²V
Lo sabemos 🫤
Carolina A²V
que fastidio con ese hombre 🫤😒
Carolina A²V
exacto 🤭🤭🤭
Carolina A²V
déjalo así por ahora 🤔
Carolina A²V
no alcanza la vida 🤔
Carolina A²V
se ven lindos
Carolina A²V
no te lo dirá pero sabes que si lo es 🤔😊🤭
Carolina A²V
mentiroso 😊
Carolina A²V
La estabas espiando 😊🤭
Carolina A²V
ayyy Joel por favor a quien quieres engañar 🤔🤨
Carolina A²V
pero ese idiota te gusta 😊🤭🤭
Carolina A²V
te tardaste 😁😂🤣
Carolina A²V
que paso Sombra se te pegaron los zapatos 😂🤣🤣
Carolina A²V
estás celoso 😊😁
Carolina A²V
apareció Sombra 😊😁
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