NovelToon NovelToon
Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Lo Que El Poder No Pudo Comprar

Status: En proceso
Genre:Romance / Mafia / Posesivo
Popularitas:1.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Darling.LADK

En una gala impecable, donde todo está cuidadosamente controlado, Amalia Vélez observa en silencio desde el anonimato, como siempre: presente, pero invisible.

Todo transcurre según lo planeado... hasta que él aparece.

Vladímir Alekséi Morán.

Su presencia no altera el ambiente de forma evidente, pero sí lo tensiona. Es un hombre que no necesita moverse ni hablar para dominar el espacio. Y cuando sus miradas se cruzan, no hay sorpresa ni curiosidad... sino reconocimiento.

Un instante silencioso, cargado de peligro.

Ella se aparta primero, como dicta su mundo. Pero sabe que él no es un hombre cualquiera... y que esa noche no terminará igual.

Desde la perspectiva de Vlad, ella no debería ser distinta al resto. Una mujer más, elegante pero irrelevante. Sin embargo, algo en ella no encaja: no busca atención, no reacciona, no quiere nada de él.

Y eso la vuelve imposible de ignorar.

NovelToon tiene autorización de Darling.LADK para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

21_Equilibrio

El silencio en el departamento no era casual.

Era cierre.

Iván seguía ahí.

Frente a Amalia.

Pero ya no como antes.

Había algo distinto.

Más claro.

Más definido.

Más... consciente.

Amalia lo observó unos segundos más.

Como si evaluara el resultado de todo lo dicho.

Como si midiera si realmente había entendido.

Y entonces-

asintió.

Leve.

Pero suficiente.

-Tienes una semana.

Iván alzó una ceja.

-¿Tan generosa?

-Precisa.

Pausa.

-Ni más.

-Ni menos.

Silencio.

-Desaparece.

Eso-

no era una sugerencia.

Era una orden.

Iván exhaló por la nariz.

-Siempre tan amable.

Amalia no sonrió.

Pero casi.

-Funciona.

Pausa.

Sus ojos se fijaron en él una vez más.

-Cuando regreses...

Pausa.

-no quiero dudas.

-No quiero distracciones.

-No quiero errores.

Cada palabra-

más firme que la anterior.

Iván asintió lentamente.

-No los tendrás.

Y esta vez-

no era solo lealtad.

Era decisión.

Amalia caminó hacia la mesa.

Tomó su teléfono.

Como si ya hubiera pasado página.

Pero no del todo.

-Y Iván...

Él se detuvo antes de salir.

-¿Sí?

Amalia no se giró.

Pero habló.

-No vuelvas a cargar con cosas que no te corresponden.

Silencio.

Esa frase-

no era profesional.

Era personal.

Iván la sostuvo.

-Entendido.

Y entonces-

salió.

La puerta se cerró.

Suave.

Definitiva.

Amalia se quedó sola.

Pero no quieta.

Nunca lo estaba.

Caminó lentamente hacia el ventanal.

La ciudad seguía viva.

Indiferente.

Ajena.

Como siempre.

Pero su mente...

no estaba ahí.

No del todo.

Porque había algo más.

Alguien más.

Y no tardó en aparecer.

Su teléfono vibró.

Otra vez.

Pantalla encendida.

Número desconocido.

Pero esta vez-

no necesitó pensar.

Respondió.

-¿No te cansas de aparecer sin invitación?

Silencio.

Y luego-

esa voz.

Grave.

Controlada.

Peligrosamente familiar.

-Podría decir lo mismo.

Amalia sonrió apenas.

-Vladímir.

Pausa.

-Llegaste tarde.

Del otro lado-

una leve exhalación.

-Llegué cuando debía.

Silencio.

Corto.

Pero cargado.

-¿Estás bien?

No era una formalidad.

Era real.

Amalia lo notó.

Claro que lo notó.

-Siempre.

Respuesta inmediata.

Segura.

Pero él no insistió.

No hacía falta.

-El que intentó jugar hoy...

Pausa.

-ya no es un problema.

Amalia miró la ciudad.

-Lo sé.

Silencio.

-Predecible.

-Insuficiente -añadió él.

Ambos entendieron.

Ambos coincidieron.

Y eso-

no era casualidad.

Pausa.

Más larga esta vez.

-Te fuiste -dijo Vlad.

No como reclamo.

Como observación.

Amalia inclinó levemente la cabeza.

-¿Esperabas que me quedara?

-Esperaba... -empezó él-

pero no terminó.

No lo necesitaba.

Amalia sonrió.

-Entonces no esperes.

Silencio.

-Muévete.

Eso-

fue un desafío.

Directo.

Vlad lo tomó como tal.

-Siempre lo hago.

Pausa.

Su voz bajó apenas.

-La próxima vez no te dejaré ir.

El aire cambió.

Otra vez.

Amalia cerró los ojos un segundo.

Leve.

Controlado.

Y luego-

respondió.

-Entonces la próxima vez...

Pausa.

Sus labios se curvaron.

-llega antes.

Silencio.

Y en ese intercambio-

no hubo despedida.

Solo intención.

La llamada terminó.

Amalia bajó el teléfono.

Sus ojos se afilaron apenas.

Pero no por tensión.

Por interés.

Porque esto-

ya no era casual.

Ya no era coincidencia.

Era elección.

De ambos.

A kilómetros-

Vlad observaba la ciudad desde su oficina.

El teléfono aún en su mano.

Una leve sonrisa apareció.

Oscura.

Controlada.

-Interesante... -murmuró.

Pero no por el juego.

No por el poder.

Por ella.

Y en ese instante-

el equilibrio cambió.

Otra vez.

Pero esta vez-

no era por un enemigo.

Era por algo más peligroso.

Algo que ninguno de los dos

pensaba detener.

Morán Tecnologi no dormía.

Pero Vladímir Alekséi Morán sí sabía cuándo detenerse.

O al menos...

cuándo cambiar de escenario.

Su oficina estaba en silencio.

Pantallas apagadas.

Ciudad encendida frente a él.

Pero su mente-

no estaba en números.

Ni en sistemas.

Ni en amenazas.

Estaba en ella.

Amalia.

Su nombre aún le resultaba... reciente.

Interesante.

Peligroso.

Y eso-

lo mantenía alerta.

-Sigues con esa cara -dijo una voz desde la puerta.

Vlad no se giró.

-Entra, Serguéi.

Serguéi Morozov apoyó el hombro en el marco de la puerta.

Observándolo con esa familiaridad que pocos podían permitirse.

-Esa mirada solo aparece cuando algo te interesa demasiado... o cuando algo te molesta.

Pausa.

-¿Cuál es?

Vlad esbozó una leve sonrisa.

-Ambas.

Serguéi soltó una risa corta.

-Eso sí es nuevo.

Silencio.

Caminó hasta servirse una copa.

-Vamos a salir.

Vlad no respondió.

-No.

Directo.

Sin rodeos.

Serguéi alzó una ceja.

-¿"No"? ¿Así de simple?

-No tengo tiempo.

-Claro que tienes -replicó-

-solo no quieres usarlo.

Pausa.

Se giró hacia él.

-Vamos a uno de mis clubes.

-No.

Otra vez.

Serguéi suspiró exageradamente.

-Necesitas despejarte.

-No lo necesito.

-Yo sí.

Silencio.

Eso llamó su atención.

Vlad giró apenas el rostro.

-¿Qué pasó?

Serguéi levantó la copa.

-Me dejaron.

Pausa.

-Oficialmente.

Vlad lo observó.

Un segundo.

Dos.

-¿Y eso me afecta...?

Serguéi lo interrumpió.

-Indirectamente.

Pausa.

-Porque no pienso ir solo.

Silencio.

Y luego-

una leve exhalación.

Casi imperceptible.

-Una hora -dijo Vlad.

Serguéi sonrió de inmediato.

-Sabía que eras un buen amigo.

-No lo soy.

-Hoy sí.

-

El club estaba lleno.

Luces bajas.

Música controlada.

Ambiente selecto.

Nada improvisado.

Nada vulgar.

Exactamente el tipo de lugar que Serguéi sabía que Vlad toleraría.

Ambos entraron sin detenerse.

Sin esperar.

Sin preguntar.

Porque no lo necesitaban.

Las miradas se giraron.

Como siempre.

Pero Vlad no las notó.

No le interesaban.

Se sentaron en una zona privada.

-¿Ves? -dijo Serguéi-

-no era tan difícil.

Vlad no respondió.

Observaba.

Analizaba.

Como siempre.

Pero no buscaba nada en particular.

O eso creía.

Hasta que-

la vio.

No fue inmediato.

No fue obvio.

Fue un instante.

Una figura.

En movimiento.

Elegante.

Discreta.

Pero imposible de ignorar.

Sus ojos se detuvieron.

Sin permiso.

Sin decisión.

Simplemente ocurrió.

Serguéi lo notó.

Claro que lo notó.

-Ahí está -murmuró.

Interesado.

-La razón.

Vlad no respondió.

No de inmediato.

Sus ojos no se apartaban.

-No es una razón -dijo finalmente.

Pausa.

Su voz baja.

Más profunda.

-Es un problema.

Serguéi sonrió.

-Los mejores siempre lo son.

Silencio.

Porque esa figura-

no era desconocida.

No del todo.

No para él.

Y eso-

cambió todo el ambiente.

Porque en ese instante-

Vladímir Alekséi Morán

ya no estaba en un club.

Estaba-

otra vez-

dentro de su juego.

Y esta vez...

no pensaba esperar.

No era una ilusión.

No era alguien parecido.

Era ella.

Amalia.

De pie, elegante, imposible de ignorar... incluso cuando no lo intentaba.

Vlad no se movió.

Pero todo en él-

se tensó.

Porque no era coincidencia.

No podía serlo.

Horas antes-

Elena no era una mujer que pidiera compañía.

Mucho menos para algo así.

Pero esa noche-

había llamado.

Y Amalia entendió el tono antes de escuchar las palabras.

No preguntó demasiado.

Solo lo necesario.

Y fue suficiente.

-Lo encontré con ella -dijo Elena.

Seca.

Fría.

Controlada.

Pero no rota.

Nunca rota.

-¿Quieres que lo solucione? -preguntó Amalia.

Directa.

Elena negó.

-No.

Pausa.

-Quiero olvidar.

Eso-

sí la sorprendió.

Pero no lo mostró.

-Entonces vamos a salir.

Amalia no iba a usar vestido.

Nunca era su estilo.

Pero Elena no aceptó un no.

-Esta noche no vienes como siempre -dijo-

-vienes conmigo.

Y así-

terminaron en una tienda.

Rápido.

Eficiente.

Pero preciso.

El vestido negro fue elección de Elena.

Ajustado.

Elegante.

Con un escote discreto...

pero peligrosamente bien colocado.

Caía por debajo de sus caderas.

Marcando.

Sugiriendo.

Sin perder clase.

Amalia lo miró.

-No.

Elena la miró de vuelta.

-Sí.

Y no hubo discusión.

Ahora-

en el club-

Amalia llevaba ese vestido.

Y aunque no le gustaba del todo...

lo dominaba.

Como todo.

A su lado-

Elena.

Alta.

Morena.

Con un vestido rojo que no pedía atención...

la exigía.

Ambas caminaban como si el lugar les perteneciera.

Porque en cierta forma-

así era.

Desde la zona privada-

Vlad no apartaba la mirada.

No podía.

No quería.

Serguéi siguió la dirección.

Y sonrió.

-Vaya...

Pausa.

-Ahora entiendo por qué aceptaste venir.

Vlad no respondió.

Sus ojos estaban fijos en Amalia.

Y ella-

lo sabía.

Lo sintió.

Como siempre.

Esa presencia.

Esa intensidad.

Ese peso.

Y entonces-

sonrió.

Leve.

Peligrosa.

Pero no se giró.

No le dio el gusto.

No todavía.

-

Un camarero pasó.

Bandeja en mano.

Amalia tomó un trago.

Sin preguntar.

Sin dudar.

Lo llevó a sus labios-

y lo bebió completo.

Sin apartar la mirada del frente.

Elena la imitó.

-Eso estuvo mejor -murmuró.

Y sin esperar-

la tomó del brazo.

-Ven.

-

La pista de baile estaba viva.

Luces bajas.

Ritmo envolvente.

Cuerpos en movimiento.

Pero cuando ellas entraron-

algo cambió.

No fue inmediato.

Pero fue inevitable.

Porque no bailaban para llamar la atención.

Bailaban porque podían.

Porque querían.

Porque controlaban cada movimiento.

Elena-

intensa.

Libre.

Casi desafiante.

Amalia-

precisa.

Fluida.

Elegante.

Pero con una sensualidad que no pedía permiso.

Simplemente ocurría.

Serguéi silbó bajo.

-Definitivamente valió la pena.

Sus ojos ya no estaban en Vlad.

Estaban en Elena.

-Esa de rojo...

Pausa.

-es peligrosa.

Vlad no respondió.

No le importaba.

Porque Amalia-

no bailaba para todos.

Bailaba...

como si supiera exactamente quién la estaba mirando.

Y eso-

lo tensó más.

Más de lo que debería.

Porque cada movimiento-

cada giro-

cada pausa-

no era casual.

Era mensaje.

Era provocación.

Era juego.

Y Vladímir Alekséi Morán-

no apartó la mirada.

Ni un solo segundo.

Porque ahora sí lo tenía claro.

No era coincidencia.

No era destino.

Era elección.

Y ella-

había decidido aparecer.

Otra vez.

Frente a él.

Y esta vez-

él no pensaba quedarse sentado.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play