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ENAMORADO DEL AMANTE.

ENAMORADO DEL AMANTE.

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Matrimonio arreglado / Triángulo amoroso / Completas
Popularitas:6.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Bai Qi

Me contrato para traducir el corazón de su amante.

Terminé enamorándome de él.

Azren solo quería ayudar a Caeleen Valkrum —dios del baloncesto, multimillonario, el hombre más guapo que había visto nunca— a entender al hombre que le rompió el alma.

Pero cada palabra que analizaba, cada secreto que descifraba sobre Darius, lo acercaba más al abismo de caer por Caeleen.

Cuando sus familias pactan su matrimonio, Azren acepta convertirse en el esposo legal del hombre que ama en secreto. Una alianza sellada con papeles, con anillos, con un "sí, quiero" que Caeleen pronunció mirando a otro.

Porque prefiere quemarse en su tormenta a no tener nada de él.

Aunque sabe que, cuando el fuego se apague...

Caeleen seguirá amando a otro.

Y él habrá perdido todo.

NovelToon tiene autorización de Bai Qi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL AMANECER DE LA GUERRA FRÍA.

La noche después de que Caeleen se fuera fue la más larga de la vida de Azren. No lloró. No rompió cosas. Se quedó de pie en medio de su sala, el sabor a Caeleen aún en sus labios, el frío de la ventana abierta en su nuca. No fue tristeza lo que llenó el vacío. Fue una certeza gélida y afilada.

Darius no había ganado. Había demostrado una ley física del corazón de Caeleen: ante su llamada, todo lo demás se desvanecía. Y Azren, al sentir ese desvanecimiento en sus propios huesos, supo que no podía competir con una ley de la naturaleza. Pero podía dejar de ser su sujeto de estudio.

Al amanecer, con los ojos ardiendo por la falta de sueño, tomó su teléfono. No para escribir a Caeleen. Su dedo se detuvo sobre el nombre que había guardado semanas atrás, tras la conversación en el café: León Rivas. Lo había buscado después, por esa extraña necesidad de ponerle rostro al "dique". Un perfil profesional, un número de oficina. Dudó. ¿Qué derecho tenía? ¿Qué iba a decir? "¿Su esposo volvió a fingir una crisis? ¿Es un hábito?"

Envió el mensaje igual. Corto, incómodo, cargado de una culpa que no sabía si le correspondía:

"Sé que no es mi lugar preguntar. Pero… ¿él está bien? Anoche, Caeleen tuvo que irse."

La respuesta no llegó en minutos. Llegó tras una hora, como si León hubiera sopesado cada palabra.

"Está en casa. Físicamente, bien. Emocionalmente… es nuestro paisaje habitual, señor Liáng. Una tormenta que pasa, deja daños, y vuelve a amainar hasta la próxima. Gracias por preguntar."

Azren leyó el mensaje una y otra vez. "Nuestro paisaje habitual." No había rabia en las palabras, sólo una fatiga infinita, domesticada. No era un informante. Era un cronista de su propio naufragio. Y le estaba dando, cortésmente, una bitácora.

"Lo siento", tecleó Azren, y las dos palabras le parecieron ridículamente pequeñas para el océano de dolor que intuía.

"Usted también es parte del clima ahora", llegó la respuesta final. "Cuídese."

Esa última frase no sonaba a amenaza. Sonaba a advertencia de un viejo marinero a uno nuevo. El día pasó en un silencio espeso. Azren enseñó, corrigió, sonrió a sus alumnos. Por la tarde, fue a la clínica de Leo. No necesitaba nada. Necesitaba el ruido de otra vida.

—Tienes cara de funeral —gruñó Leo sin mirarlo, ordenando unos apósitos—. ¿Murió el ídolo o sólo tu dignidad?

—Algo intermedio —murmuró Azren, dejándose caer en una silla—. Me besó. De verdad, creo. Luego sonó el teléfono. Y se fue.

Leo dejó lo que hacía y se quedó mirándolo. —El rubio.

—Sí.

—Y tú aquí, vivo. Es más de lo que esperaba. ¿Y ahora? ¿Sigues cavando tu propia tumba con la lengua o sales de ahí?

Azren miró por la ventana, a las canchas vacías. —No sé salir. Pero sé que no quiero quedarme en el fondo. —Respiró hondo—. No quiero ser el refugio al que corre cuando el otro lo deja helado. Ni el cuchillo que usa para herirlo. Quiero ser… una puerta que se cierra si no entran con las manos limpias.

Leo silbó, bajito. —Poético. Y completamente demencial. ¿Y cómo se hace eso?

—Dejando de esperar a que llamen a la puerta —dijo Azren, y se levantó. Por primera vez en días, no se sentía pesado. Se sentía vacío, pero de un vacío ligero, listo para ser llenado con algo que no fuera su nombre.

Su plan no fue una estrategia militar. Fue un retiro silencioso hacia sus propias fronteras.

Cuando el mensaje de Caeleen llegó ("Ayer se complicó. Podemos vernos esta noche"), Azren sintió un pinchazo en el pecho. Pero no fue anhelo. Fue la memoria de una quemadura. Respondió minutos después, con una calma que le sorprendió a sí mismo:

"Esta noche no puedo. Tal vez en unos días."

No hubo explicaciones. No hubo reproche. Sólo un hecho, suave como un muro de algodón. La respuesta de Caeleen fue rápida, un "¿Estás bien?" que parecía buscar una grieta.

Azren miró la pantalla. ¿Estoy bien? No lo sabía. Pero sabía que ya no quería que Caeleen fuera la medida de su bienestar.

"Sí. Espero que las cosas con Darius se hayan calmado. Buenas noches."

Fue el último movimiento de caballero. Un reconocimiento del verdadero frente de batalla, y un paso atrás de él.

Los días siguientes los llenó de cosas que no tenían sombra de ámbar o de oro. Preparó una charla para sus alumnos sobre poemas de amor que no terminaban en tragedia. Salió a tomar un café con un viejo compañero de la facultad y hablaron de ediciones críticas, no de heridas. Una tarde, se paró frente a una librería y se dejó tentar por una portada absurda y colorida. Se tomó una foto sonriendo, no para una audiencia, sino para sí mismo. Para recordarse que esa sonrisa aún existía.

La prueba de fuego llegó el fin de semana, en la inauguración de una galería en el distrito financiero. Una invitación de cartulina gruesa había llegado días antes a su antiguo domicilio familiar; sus padres, siempre pendientes de mantener las apariencias en los círculos correctos, se la habían reenviado sin comentarios. Sabía que Darius estaría allí, como artista destacado. Sabía, por una corazonada gélida, que Caeleen también. Fue igual.

No fue a provocar. Fue a certificar su propia existencia en ese ecosistema que antes lo devoraba y al que, por nacimiento, todavía pertenecía —aunque él hubiera elegido sentarse en la última fila.

Vio a Darius desde lejos. Parecía esculpido en cera, bello. Azren no se acercó. Lo observó un momento, y en lugar de celos, sintió una lástima profunda y tranquila. Por él, por Caeleen, por León. Por la jaula dorada que los tres compartían.

Cuando Caeleen entró, el aire cambió. Su mirada encontró a Darius primero, con esa intensidad famélica. Luego, barriendo la sala, se topó con Azren.

Azren no sostuvo la mirada. No la desafió. Simplemente la aceptó y la dejó pasar, como se deja pasar un rayo de sol por una ventana, sin pretender atraparlo. Estaba conversando con el galerista, y su risa, esa noche, era real. Era la risa de un hombre interesado en arte, no en dramas.

Vio, desde el rabillo del ojo, cómo Caeleen se quedaba inmóvil un segundo, desorientado. Darius estaba allí, en su órbita de necesidad. Pero Azren… Azren estaba en su propia órbita, girando en una armonía silenciosa que no incluía a Caeleen.

No hubo un gran enfrentamiento. No hubo palabras. Al terminar su conversación, Azren se dirigió a la salida. Al pasar junto a Caeleen, por única vez, sus ojos se encontraron.

Azren no sonrió. No frunció el ceño. Sólo inclinó ligeramente la cabeza, un asentimiento de reconocimiento entre dos extraños que comparten un secreto incómodo. Luego, siguió caminando y salió a la noche fresca.

No había ganado. Había dejado de perder.

No había cambiado las reglas del juego entre Caeleen y Darius. Había descubierto algo más simple y más radical: podía bajarse del tablero. Y desde la butaca del teatro, el drama, por primera vez, le pareció lejano, trágico y ajeno.

La guerra no había terminado. Pero él ya no era un soldado.

Era un espectador con el corazón bien guardado. Y esa, tal vez, era la única victoria posible.

1
;; Aracnea ♡
Me enganché desde el principio. La historia de Azren y Caeleen me tuvo completamente atrapada, pero salí agotada de tanto drama. Azren me sacaba de quicio con lo sumiso que era, dejando que le pasaran por encima una y otra vez. Caeleen es de esos personajes que amas y odias al mismo tiempo: un imbécil con momentos de brillo. Darius me caía fatal al principio, pero terminé entendiéndolo e incluso sintiendo pena por él. Y León... pobre León, el único cuerdo de toda esta historia, merecía mucho más. 10/10
Fany Torres
excelente trabajo bellísima historia me encantó felicito al autor gracias por compartir su talento con nosotros siga así
Thalia
Me encantó, me llegue a enamorar de los personajes, de la trama, de todo. Recomendada 😭
Santy
Me gustó mucho. Disfrute la historia, los altos y bajos de emociones que me generó la trama. Recomendadisima!! /Heart/
Santy
El final que merecían 👏🥰..
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