Cuando El Reino Colmillo y Sombra Era una de las Poderosas y temidas por su generaciones de Reyes Alfas , con la espera de un nuevo Rey, todo dio un gran giro al tener una Niña Alfa llamada Ema.
Su Poder estaba en juego como su corona, no la creían apta, su vida fue criticada y usada para benéfio de muchos enemigos al ser una niña dulce y vulnerable.
La tomaron de menos, cuando su tortura escalo hasta una noche donde su mejor amiga la mató en un intento de celos por un el amor del Alfa Lucas quien era el más poderosos y deseadas por todas. La manada fue tomada y traicionadan por su tio lleno de odio y envidia hacia el Rey, tomo el control, llevando a su hijo ser el nuevo Rey Alfa, dando una muerte terrorífica a su hermano y su familia
Pero la muerte es algo misteriosa, pues en el cuerpo de Ema recae el alma de una joven totalmente diferente al resto, una máquina mortal llamada Cecilia.
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La noche transcurría tranquila; el murmullo de los invitados en el salón resonaba por todo el recinto cuando Adrián se levantó para dirigir unas palabras de felicitación a los ganadores, deseándoles suerte en la final del día siguiente. Todos aplaudieron y la música empezó a sonar.
En ese instante, una mujer de cabello corto entró con paso seguro, mirando fijo a Adrián. Sus caderas movían con elegancia al andar, y llevaba una copa de vino en la mano. Su belleza era imponente, con ojos amarillos y penetrantes. Adrián frunció el ceño al verla.
Los jóvenes empezaron a bailar; Ema la miró de reojo.
–¿Qué haces aquí, Renata? —preguntó Adrián.
–Cariño… ¿Acaso no puedo ver a mi futuro marido? —sonrió ladina.
Ema bailaba con los chicos cuando notó que todos miraban hacia el mismo punto. Se dio vuelta y vio cómo la mujer le daba un beso a Adrián, quien sonrió tomándola de la cintura. Sintió una punzada directa en el corazón.
«Ema, es el vínculo… Respira»
«Maldito vínculo»
...
Adrián se levantó molesto y se acercó a Renata:
–Tú y yo no somos esposos. Eso lo dejaste claro cuando te fuiste con otro —sujetó su cintura con una sonrisa de mala gana.
–Es mejor que sonrías, cariño —lo besó ante la mirada de todos—. Sabes que ese tratado no se cumplirá si te niegas —sonrió ladina.
Adrián vio cómo Ema lo miraba; sintió una punzada en el pecho al ver que el brillo que alguna vez tuvo en sus ojos por él se había apagado de golpe, como si su vínculo se hubiera destrozado en ese instante.
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Lucas la dio vuelta y la abrazó:
–No mires. No dejes que te afecte —dijo en su oído, mirando con odio a Adrián, quien frunció el ceño al verlos.
–No te preocupes; no dejaré que me afecte —dijo sonriendo.
Los demás los miraron de reojo y se retiraron a otro lado de la pista. Patrick estaba con Megan cuando vio lo sucedido.
–Idiota… Ojalá la rechace de verdad —balbuceó Megan para sí misma.
Patrick la escuchó perfectamente y suspiró pesadamente: nada bueno saldría de esta situación.
...
Después de varias cervezas, Ema reía sin parar; bailaron sin sentarse ni un momento, y Lucas la sacaba a bailar una y otra vez. Se divirtieron muchísimo. Megan se escapó con Patrick a mitad de la fiesta; esta vez Lorenzo la vio y se lo contó a los demás, que se rieron a carcajadas.
Pero Paolo y Silvia tampoco estaban presentes, y Lucas no quería escuchar sus burlas, solo negaba lo que decían.
–¡Miren! —dice Lorenzo apuntando a Arturo, quien estaba con una rubia que lo miraba como si fuera su próxima comida.
–¡Se lo está por comer vivo! —dice Ema riendo.
–Sí… Está muy ebrio para darse cuenta —Lorenzo le saca un video desde donde estaban—. Mañana ni se acordará de nada.
La música cambió a una melodía más lenta. Lorenzo le dio un codazo a Lucas para que la invitara a bailar. Ema miraba a las parejas con calma.
–¿Bailas conmigo? —preguntó Lucas.
Ema sonrió; Lorenzo tenía una sonrisa de oreja a oreja al verlos.
Ema tomó su mano y ambos fueron al centro de la pista. Lucas colocó su mano en su cintura suavemente mientras sonreía.
–Deja de sonreír tanto; te quedarás con la cara tiesa.
–Vale la pena si es por ti —la acerció más a él—. Estás hermosa, Ema…
–Obvio, alfita… —contestó, haciendo reír a Lucas.
...
Adrián estaba con Renata en la mesa; la mujer quería agarrarlo del brazo, pero Aron le gruñó desde dentro:
«Me da asco esa mujer. No sé qué pensabas cuando firmaste ese acuerdo»
–Era necesario; no iba a permitir una guerra. No teníamos suficientes guerreros en ese entonces.
«Pero ahora sí los tenemos, y puedes cancelarlo. No pienso estar un solo momento más cerca de ella. Mi mujer es Ema»
–Deja de gritarme, Aron. Voy a cancelar ese acuerdo mañana a primera hora. No empieces.
«Tarado. No pienso perder a Ema. Usa tus agallas y arregla esto; si no, olvídate de mí. Hablo en serio, Adrián»
Adrián estaba furioso: todo le salía mal, y sabía que Aron se descontrolaría si no solucionaba las cosas con Ema. Además, se acercaba la luna de sangre y nada le aseguraba que su vínculo pudiera fortalecerse.
Adrián no pudo seguir mirando y se retiró del salón, dejando a Renata sola —ni siquiera su madre la soportaba.
...
Después de la fiesta, Lucas tuvo que llevar a Lorenzo a cuestas mientras Ema lo ayudaba por detrás para que no cayera. Había tomado demasiado y, sin darse cuenta, se había dormido en una silla.
Lo dejaron en su habitación y luego Lucas acompañó a Ema a la suya.
–Mañana no se acordará de nada —rió entrando.
–Eso es por burlarse de su hermano —se fue al baño para cambiarse.
–¿Quieres helado? —preguntó Lucas.
–Ya sabes que sí —contestó Ema.
Lucas se fue a cambiar antes de servirlo; cuando volvió, Ema ya estaba sentada esperándolo.
«¿Por qué no fuiste mía desde un principio?»
«Es hermosa… Espero que rechace al idiota del Rey» —dijo su lobo.
–¿La pasaste bien? —se sentó muy cerca de ella.
–Sí… Estoy muy bien —come su helado—. ¿Y tú?
–Cuando estoy contigo, la paso más que bien —acaricia su mejilla.
–No te hagas esto, Lucas… —agarra su mano suavemente—. Terminaremos heridos los dos…
Lucas se acercó más a Ema; sentía una sensación de cosquillas en su interior y no podía entender cómo ella lograba ponérselo así. La quería para sí mismo; todo de ella lo volvía loco.
–No puedo evitarlo… No me importa —sostiene su rostro, acariciando sus mejillas con la punta de su nariz.
Ema cerró los ojos; sentía cosas hermosas por él, pero él no era su pareja destinada, y no quería romperle el corazón. Lo había llegado a querer poco a poco, y perderlo sería lo peor que le pudiera pasar.
–Lucas… —jadeó al sentir su respiración caliente en sus labios.
Lucas se mordió el labio para contener las ganas de besarla, la levantó y la colocó sobre sus piernas abrazándola. Su rostro se posó en su cuello y no podía soltarla; todo de ella lo deseaba.
–Ema… Aunque no estemos juntos, nunca te apartes de mí… —dijo en su oído.
–No me iré de tu lado —contestó Ema en su oído.
Lucas sonrió con la cara roja y, en un arranque de deseo, mordió su cuello dejando un chupón.
Ema jadeó y sintió escalofríos al sentir que le dejó un beso después.
–No te rías… No la cures, ¿vale?
–Está bien —le dejó un beso suave en el cuello de Lucas, haciéndole lo mismo.
–Ahora no pienso soltarte —la abrazó más fuerte. Ema sonrió.
Después de un rato, Lucas sintió que el cuerpo de Ema se relajaba dormido. La llevó a su cama y se acostó a su lado, quedándose dormido sin antes mirar la marca que le había hecho. Sonrió satisfecho: no era una marca de vínculo, pero sí se notaba claramente. Durmió abrazando sus manos, esperando ansioso el día siguiente.
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