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PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

PACTO DE SANGRE Y CENIZAS

Status: En proceso
Genre:Omegaverse / Mafia / Traiciones y engaños
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Andy GZ

En un mundo donde la superficie de la civilización es solo una máscara para las guerras de castas entre Alfas, Betas y Omegas, la ciudad de Chicago se convirtió en el tablero de ajedrez más sangriento del siglo XXI. La obra narra la colisión de dos linajes destinados a destruirse: la Bratva Volkov, liderada por el implacable y territorial Valerius, y la dinastía Moretti, cuyo último heredero, Dante, fue entrenado como un arma de precisión conocida como "El Fénix".

Lo que comenzó como un matrimonio forzado para evitar una guerra total, se transformó en una devoción absoluta que desafió las leyes de la mafia. A través de traiciones familiares, conspiraciones científicas de la Red Zero y el acecho de padres que veían en sus hijos simples herramientas de poder, Valerius y Dante forjaron un vínculo inquebrantable que mezcló el aroma del roble quemado con vainilla negra

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Capítulo 19: Danza de Fuego y Sombras

La zona industrial de Calumet, al sur de Chicago, era un cementerio de fábricas de acero oxidadas y almacenes que parecían cáscaras vacías bajo la lluvia ácida. Sin embargo, el Almacén 47 era diferente. Bajo su apariencia decrépita, la Red Zero había instalado una central de suministros logísticos: munición de alto calibre, drones de vigilancia y, lo más importante, los servidores que coordinaban los ataques contra los muelles.

Valerius y Dante observaban el objetivo desde la azotea de un edificio adyacente. El viento soplaba con fuerza, agitando el cabello de ambos. A través del enlace, Valerius podía sentir la concentración absoluta de Dante, una línea recta de acero que atravesaba su mente.

—Los sensores de calor cubren todo el perímetro exterior —susurró Dante, ajustándose la máscara táctica de fibra de carbono. Su aroma a vainilla negra estaba comprimido, oculto bajo supresores químicos para la misión, pero Valerius aún podía sentirlo en la base de su lengua—. Pero hay un punto ciego en los conductos de refrigeración del ala norte. Si logro entrar ahí, puedo desactivar la red eléctrica desde dentro.

Valerius apretó el agarre de su fusil de francotirador pesado. El aroma a roble quemado del Alfa emanaba una vibración de protección feroz. —Tienes exactamente cinco minutos desde que pongas un pie dentro, Dante. En cuanto las luces parpadeen, yo entraré por la puerta principal con el equipo de apoyo de la Bratva. Voy a convertir el frente en un infierno para que nadie se fije en lo que ocurre en las sombras.

Dante se giró hacia él, sus ojos miel brillando con una chispa de adrenalina. —No te mueras por hacerte el héroe, ruso. Recuerda que ahora compartimos el sistema nervioso. Si recibes un balazo, yo también lo sentiré.

Valerius estiró la mano y apretó la nuca de Dante, justo sobre la marca, en un gesto que era mitad caricia y mitad reclamo posesivo. —Entonces asegúrate de ser rápido. No quiero que nada interrumpa nuestra cena de celebración.

Dante se desvaneció en la oscuridad con una agilidad que desafiaba la gravedad, descendiendo por el cable de rápel hacia el ala norte. Valerius lo siguió con la mira telescópica, conteniendo la respiración hasta que vio al Omega desaparecer por el conducto. "Es mío", pensó el Alfa, y ese pensamiento era el combustible que alimentaba su puntería.

Dentro del almacén, Dante era una sombra entre las sombras. Se movía por las vigas del techo mientras bajo él, mercenarios de la Red Zero con uniformes tácticos grises patrullaban con ametralladoras ligeras. Dante sentía la presencia de Valerius en su mente como un faro; el calor del Alfa le daba una confianza que nunca había tenido operando solo. Ya no era un soldado abandonado; era parte de una unidad letal.

Llegó al panel central. Sus manos, enguantadas, trabajaron con la rapidez de un cirujano. Cortó los cables de respaldo y puenteó el sistema de emergencia.

Tres... dos... uno...

La oscuridad total envolvió el almacén. Un segundo después, una explosión ensordecedora sacudió la entrada principal. Valerius había lanzado el primer proyectil térmico. El caos estalló.

—¡Fuego a discreción! —se escuchó el rugido de Valerius desde el exterior, seguido por el tableteo incesante de las AK-12 de la Bratva.

Dante saltó desde las vigas, cayendo sobre dos guardias que intentaban encender las linternas tácticas. Su daga de obsidiana se movió en un arco perfecto, cortando gargantas antes de que pudieran gritar. Se movía con una fluidez aterradora, aprovechando la confusión del ataque frontal de Valerius. El Alfa estaba cumpliendo su promesa: estaba atrayendo toda la furia del enemigo hacia él.

A través del vínculo, Dante sintió un pinchazo agudo en su costado. Se detuvo, jadeando. —¡Valerius! —gritó por el comunicador interno—. ¡Te han dado!

—¡Es solo un rozón, Moretti! ¡Sigue moviéndote! —la voz de Valerius llegó cargada de una agresividad salvaje. El Alfa estaba disfrutando de la masacre.

Dante llegó a la zona de suministros especiales. Allí, encontró algo que no estaba en los planos: cajas con el sello de los Moretti. Vincenzo estaba enviando armas directamente a la Red Zero. Su propio padre estaba financiando a los asesinos de su familia solo para mantener el poder. La rabia de Dante estalló, y a través del enlace, Valerius sintió ese odio líquido.

—¡Quémalo todo, Dante! —le ordenó Valerius desde el otro lado de la pared de fuego—. ¡No dejes ni un rastro de su traición!

Dante colocó las cargas de C4 en los pilares estructurales y en las cajas de su padre. Salió corriendo hacia la zona de extracción justo cuando los hombres de la Bratva tomaban el control del ala este. En el centro del almacén, rodeado de fuego y cadáveres, estaba Valerius. Su camisa estaba desgarrada y tenía un rastro de sangre en la mejilla, pero sus ojos grises brillaban con un triunfo absoluto al ver a Dante sano y salvo.

Se encontraron en medio del infierno. Valerius rodeó la cintura de Dante con un brazo ensangrentado y lo atrajo hacia él en un beso rápido y violento que sabía a pólvora y victoria.

—Buen trabajo, mi Omega —susurró Valerius contra sus labios mientras el edificio empezaba a colapsar tras ellos.

—Vámonos de aquí, ruso —respondió Dante, devolviéndole el abrazo—. Esto es solo el principio. Acabo de ver las pruebas: mi padre es el siguiente en la lista.

Salieron del almacén justo antes de que la explosión final iluminara el cielo de Chicago como un sol artificial. La Red Zero había perdido su base, y la alianza Volkov-Moretti acababa de demostrar que, cuando el acero y el fuego se unen, no hay lugar donde esconderse.

1
YRUM
excelente 👍🏻
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