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Sangre Prometida

Sangre Prometida

Status: En proceso
Genre:Síndrome de Estocolmo / Venganza / Mafia
Popularitas:5.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Carola Reyes

Bruno Caruso, un hombre fuerte, calculador y la cabecilla de un imperio levantado a base de sangre. Es el rey indiscutible de la mafia siciliana: no perdona, no olvida… y sobre todo, convierte la traición en castigo.

Xenia, sin quererlo, se convierte en la pieza central de su furia. Y en la oscuridad de su mundo, él decide cuánto debe pagar… pero entre amenazas, secretos y silencios que queman, ¿ambos podrian descubrir que la oscuridad también sabe atraerte?

NovelToon tiene autorización de Carola Reyes para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 22

 Pov. Bruno

Mi vista estaba fija en el salón, pero mis pensamientos estaban destinados a mis padres. Esta noche no están aquí por razones obvias. No les gusta nada que me vaya a casar con Xenia, pero saben que tampoco pueden oponerse porque ya habíamos hablado de eso.

Me sacan de mis pensamientos palabras dirigidas hacía mi.

—Los envíos pueden moverse antes del viernes —decía Moretti, sosteniendo su copa con dedos gruesos y anillos ostentosos— Pero necesito tu confirmación Caruso.

—La tendrás mañana —respondí sin apartar la vista del salón.

Música baja. Conversaciones estratégicas. Risas medidas.

Todo en orden.

Hasta que Rinaldi, siempre demasiado curioso, inclinó la cabeza hacia mí.

—Por cierto, ¿dónde está tu futura esposa, Caruso? —preguntó con una sonrisa amplia— Quiero saludarla. No tuve la oportunidad de hacerlo.

Una pregunta simple. Inofensiva para cualquiera.

Mi pulso no cambió. Pero mi mirada sí.

Giré apenas el rostro hacia el punto donde la había dejado segundos antes.

Vacío.

No reaccioné de inmediato. Bebí un sorbo lento. Dejé que el silencio trabajara por mí.

—Debe estar por aquí —respondí con naturalidad— Después de todo, son muchas personas desconocidas para ella.

Rinaldi rio.

—Por supuesto. Debe estar abrumada. Normal.

Asentí.

Continué la conversación como si nada. Hablé de números. De rutas. De porcentajes.

Mientras tanto, mis ojos recorrían cada rincón del salón.

No estaba en la barra. No estaba junto a las mujeres del ala izquierda. No estaba cerca de la orquesta.

Interesante.

Entonces los vi.

Dos de mis guardias avanzando hacia mí con una discreción estudiada

—Permítanme un momento —dije finalmente, apoyando la copa en una bandeja que pasaba.

Me incliné levemente hacia ellos, como si solo intercambiáramos un comentario trivial.

Uno se acercó lo suficiente para que solo yo escuchara.

—Señor… la señorita ya no está en el salón.

Mi expresión no cambió.

—Continúa.

—No está en los baños. No está en la terraza. El vehículo… tampoco está.

Silencio.

El murmullo del salón seguía detrás de mí. Risas. Cristales chocando.

—¿Hace cuánto? —pregunté en tono bajo.

—Aproximadamente 20 minutos.

20 minutos.

Asentí una sola vez.

Saqué el celular del bolsillo interno del saco y abrí la aplicación.

Un punto rojo avanzaba sobre el mapa.

Carretera norte.

Seguí el movimiento unos segundos.

Y entonces lo vi. Se aproximaba a una estación de policía.

Sonreí. No amplia. No exagerada. Solo lo suficiente.

Guardé el teléfono. Luego miré al guardia principal.

—Llama a la estación de policía norte.

Se apartó unos pasos y marcó. Esperó. Cuando respondieron dijo mi nombre y luego me extendió el teléfono.

Lo llevé al oído.

Hablé sin esperar un "hola". Le dije todo lo que tenían que hacer, cada detalle. Todo con precaución, con cautela. Nada podía salir mal.

Colgué sin esperar respuesta.

Luego de eso personalmente llamé al hotel King. Dándoles, igualmente, indicaciones al personal. A mí personal, porque si, el hotel King es de mi propiedad.

Después de todo eso, regresé al grupo como si nada hubiera ocurrido.

Rinaldi me observó.

—¿Todo bien?

Lo miré directamente.

—Como siempre.

Moretti retomó el tema del puerto. Yo respondí con precisión. Con calma.

Por dentro, ya estaba varios pasos adelante.

Minutos después, mi teléfono vibró:

Está con ellos.

Sonreí sutilmente.

Aparté mi mirada del teléfono y me concentré en la conversación trivial que estaban teniendo los señores que me acompañaban.

Más tarde, recibí otro mensaje:

En camino al hotel

Perfecto.

—Bueno, fue un placer, pero me tengo que retirar, compermiso.

Nadie cuestionó. Sabían que no les convenía hacerlo.

Afuera, la yipeta ya me esperaba. Dos de mis hombres en los asientos delanteros.

Subí sin decir palabra.

—Al hotel King.

El trayecto fue silencioso.

Cuando llegamos, todo estaba perfectamente preparado para mi llegada.

Miré a una de las chicas del servicio que esperaba nerviosa cerca del ascensor.

—Ven conmigo.

Subimos.

Pasillo silencioso. Iluminación tenue.

Me detuve frente a su habitación.

—Toca —le indiqué— Y sonríe.

La joven dudó un segundo, luego obedeció.

Sonrida impecable y luego tres golpes suaves, pero firmes.

Se colocó frente a la puerta, exactamente como le señalé.

Sentí pasos acercarse y lo confirmé al mirar debajo de la puerta. Se veía su silueta.

Después. Escuché las cerraduras quitarse. Iba a abrir.

Rápidamente, le hice una ceña a la chica para que se fuera y así lo hizo.

Me coloqué enfrente de la puerta y cuando esta se abrió, Xenia apareció. Y entonces nuestros ojos se encontraron.

Permanecí allí. Frente a ella. Sin prisa.

En un acto desesperado vi como intento cerrar la puerta con todas sus fuerzas, pero fue inútil.

—Es hora de volver a tu prisión, Xenia— Sonreí apenas.

Vi una lágrima rodar por su mejilla.

No se movió. No gritó. Solo me miró como si todavía estuviera intentando entender cómo era posible que yo estuviera aquí.

Entré.

Cerré la puerta con suavidad, sin apartar la vista de ella.

—¿De verdad creíste que ibas a escapar? —pregunté con voz baja.

Retrocedió un paso.

—Yo… yo fui a la policía.

Sonreí apenas.

—Lo sé.

Su respiración se quebró.

Me acerqué lentamente. Sin tocarla. Sin apurar el paso. Dejando que cada centímetro de distancia se sintiera como una sentencia.

—Siempre voy un paso delante de ti, Xenia. Siempre.

Negó con la cabeza, confundida.

—No… ellos dijeron que me ayudarían…

—Y lo hicieron —interrumpí con calma— Hicieron exactamente lo que yo les indiqué.

El color abandonó su rostro.

—La estación norte… —continué— El oficial que te habló. El vehículo que te trajo. Este hotel —hice una pausa breve —Todo es mío.

Su espalda chocó contra la pared.

—No… —susurró.

—No escapaste —dije inclinándome levemente hacia ella— Solo seguiste el camino que yo tracé para ti.

Su mirada cambió. Ya no era solo miedo. Era comprensión. Y esa comprensión dolía más que cualquier golpe.

—Eres cruel.

La observé en silencio unos segundos.

—No —la corregí con suavidad— Soy previsor.

—La próxima vez que quieras huir, recuerda esto: no importa hacia dónde corras. No importa a quién le supliques. No importa cuánto llores —Di un paso atrás, dejando espacio— Siempre estaré un paso adelante.

El silencio que siguió fue más pesado que cualquier amenaza.

—Mañana volveremos a la mansión. Y fingiremos que nada ocurrió— Añadí en un tono casi amable.

Vi como más lágrimas se escapaban de sus ojos, pero poco me interesó.

—Una última cosa, no vuelvas a hacerme perder el tiempo, Xenia. Esta vez es historia, pero si hay una próxima vez experimentarás mi furia.

Pasé por su lado y me dirigí al baño. Dejándola sola, y con la certeza de que el mundo entero era solo una extensión de mi voluntad.

....

El agua fría había logrado lo que siempre lograba: ordenar mi mente.

Cuando salí, solo llevaba puesto mi bóxer. La ropa con la cual había llegado es bastante incómoda para dormir. Y si algo tengo es que me gusta dormir cómodo.

Mis ojos se dirigieron a ella. De pie junto al borde de la cama, en el lado izquierdo, justo frente a la puerta del baño.

Tenía la cabeza agachada. Estaba Inmóvil. Tensa.

De pronto, su rostro se alsó y nuestros ojos conectaron. Solo hasta que sus ojos bajaron. Lentamente. Demasiado lento.

Se detuvieron en mi pecho, luego bajaron a mis hombros, después descendieron apenas a mi abdomen… y entonces reaccionó.

Apartó la mirada como si quemara.

Un leve rubor tiñó sus mejillas.

Sonreí.

—Pensé que te iba a encontrar llorando —comenté mientras me secaba el cabello con otra toalla— No imaginé que también estabas… curiosa.

—No estaba mirando —respondió demasiado rápido.

La contradicción era adorable.

Adorable... ¿Desde cuándo uso esa palabra?

Di un paso hacia ella, pero retrocedió de inmediato.

Otro paso.

—Tranquila —murmuré— No voy a hacerte nada.

Retrocedió otra vez.

Su talón chocó con la esquina de la mesa que estaba justo debajo de la cama, enfrente.

Vi el momento exacto en que perdió el equilibrio. Instintivamente, extendí el brazo para sujetarla.

La alcancé, pero su peso me desestabilizó y caímos.

El golpe fue amortiguado por el colchón.

Quedé encima de ella. Mi mano aún firme en su cintura.

El mundo quedó en silencio.

Su respiración estaba agitada. La mía… también.

Nuestros rostros a centímetros.

Podía sentir el calor de su piel contra la mía. Sus ojos eran más claros de cerca. Más grandes. Más… vulnerables.

Tiene rasgos lindos.

La línea de su mandíbula es delicada. Sus labios se ven demasiado suaves...

¿En qué demonios estoy pensando?

No debería estar notando la forma en que su cabello cae sobre la almohada. No debería estar preguntándome cómo se vería si no me mirara con miedo.

Apreté ligeramente la mandíbula.

—Deja de temblar —murmuré con rabia hacia mí mismo.

—No estoy temblando.

Mentía.

Deslicé mi mirada por su rostro una vez más.

—Tienes rasgos peligrosamente lindos —dije sin pensar.

Silencio.

Sus labios se entreabrieron apenas... Demonios.

Me incorporé de inmediato, alejándome como si el contacto quemara.

Pasé una mano por mi cabello húmedo.

—A dormir — Dije sin más y me dirigí al lado derecho de la cama.

La vi ponerse de pie y caminar hacia el lado de la cama izquierdo para dormir.

No dijo absolutamente nada. Solo se acostó, dándome la espalda.

Me acosté y apagué las luces.

...

Un fuerte gruñido me hizo abrir los ojos en medio de la oscuridad. Prendí las luces.

Sin dirigirle una sola palabra, tomé el teléfono que reposaba en la mesita junto a la cama y marqué a recepción.

—Buenas noches, señor Caruso. ¿En qué podemos asistirle? —respondió una voz masculina al otro lado.

—Envíen el servicio de comida a mi habitación —ordené con tono seco.

—Enseguida, señor Caruso. No tardarán en subir.

—Gracias.

Colgué sin añadir nada más.

Me incorporé en la cama y dejé escapar un suspiro cargado de fastidio.

—Cuando traigan la comida tendrás una hora y media para comer —dije con frialdad— Después dormiremos. No me agrada trasnocharme si no es estrictamente necesario.

Ella se movió con rapidez, girándose hasta quedar al lado de mí.

—Entiendo… y gracias.

La miré sin suavizar el gesto.

—No me agradezcas.

1
Judith Arvallo
prefiero no leerla tardes mucho para actualizar
Laura Puente
Hola !!
Esto está increíble !!
Laura Puente
changos ...este no se mide con nada /Whimper/
Laura Puente
cielos ... que orror 😭
Laura Puente
cómo hay personas que disfrutan viendo el sufrimiento de las personas 🤬
Anonymous
Siii es poco respeto para las lectora gracias!!
Gloria Claveria Romero
cada cuanto actualizA
Liseth paola Mosquera mejia
que sucede con la continuidad
Anonymous
Nunca pusieron la denuncia los familiares de su desaparición , demasiado para mi gusto
Maru
Ya antes había estado desnuda cuando la golpearon salvajemente con el látigo
Maru
Bien! Lo dice el movimiento #metoo el silencio 😶🤫 te hace cómplice y permite que esos hombres infames sigan cometiendo esas bajezas.
Maru
Horrible 😔 los sucesos de ella pero capté cierto descuido en lo que respecta a su seguridad: sin mal no recuerdo dijo supermodelo y no tiene guardaespaldas?:Los traumas que arrastra desde la niñez por su padrastro y ahora profesional e independiente no busca ayuda y protección? Sabiendo que ese hombre que no va a desistir
Maru
🤔💭De verdad que sí! Pasear por la playa bajo el cielo nocturno consciente de que no había nadie alrededor y a ella se le ocurre pasear
Maru
Saludos! 🙋🏼‍♂️Solo espero NO! incluyan la violación pretendiendo normalizarla y revestirla de romanticismo, que ese trauma tenga a juro tenga que ser el estandarte para que la protagonista avance.
Tania
Amiga basta ya me aburrió lo sumisa y tonta que es … ni hablar se queda muda todo el tiempo
Teresa Gámez
hay Dios que pasará la llevarán para casa de su familia o para la casa de Bruno? no te espera nada bueno Xenia 🤔🤔
Judith Arvallo: más capitulos por favor 🫢
total 2 replies
Teresa Gámez
a bruno lo veo mal ,se va a enamorar de Xenia y le va a dolor mucho por tana maldad que le hizo ☺️☺️
Elilu 🇲🇽
pobre Xenia mientras más leo más rabia me da su situación
Teresa Gámez
que pare el mafioso investiga tiene su gente que mueven todo porque no han inventado bien , para que agarre al padrastro de ella y le den hasta en la cédula 🤭🤭
Eli
hay no , tanto dinero el mafioso más poderoso y no investiga para que sepa la verdad
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