Me llamo Araceli Durango, y toda mi vida me han señalado como la mala del cuento.
La manipuladora.
La egoísta.
La que destruye todo lo que toca.
Y quizá tengan razón.
No nací siendo un monstruo…
Pero cuando te enseñan desde pequeña que el mundo solo respeta a los fuertes, aprendes rápido a ocultar tus heridas detrás de una sonrisa afilada. A empujar primero antes de que te empujen. A tomar lo que quieres, incluso cuando no deberías.
Durante años construí mi reputación:
la mujer que nadie podía engañar, la que siempre ganaba, la que controlaba cada pieza del tablero.
Todo iba bien… hasta que Yubitza Sandoval regresó a mi vida.
La chica que una vez llamé amiga.
La única que vio mi vulnerabilidad.
La que, sin saberlo, presenció el día en que dejé de ser víctima y me convertí en la villana que todos temen.
Ahora, Yubitza aparece con una sonrisa que me hiere más que cualquier golpe del pasado, dispuesta a demostrar que no soy tan invencible como aparento. Su regreso reabre las puertas
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La firma del compromiso
Dejé atrás los recuerdos como quien cierra una puerta que nunca estuvo del todo abierta, no porque dolieran menos, sino porque ya no me servían. Un mes pasó rápido, demasiado rápido, un mes en el que mi madre y la de Elías se fundieron en una sola criatura obsesionada con el brillo, el poder y la imagen. Dos mujeres distintas, un mismo objetivo, convertir nuestro compromiso en el evento del año.
Todo debía ser perfecto.
Todo debía verse perfecto.
La casa Durango se transformó en un desfile constante de diseñadores, organizadores, floristas y periodistas que fingían discreción mientras memorizaban cada gesto. Mi madre flotaba entre ellos como una reina satisfecha, dando órdenes con una sonrisa ensayada. La madre de Elías la imitaba, compitiendo en elegancia y control, como si esta unión fuera una guerra ganada.
Yo observaba.
Siempre observo.
Elías apenas hablaba, cumplía, asentía, sonreía cuando se lo pedían, su mirada había cambiado en ese mes, estaba cansada, fragmentada. A ratos parecía aceptar su destino; en otros, lo veía luchar contra una duda que no lograba nombrar. La amnesia era una aliada silenciosa, yo me encargué de que lo fuera.
—Recuerda que lo hacemos por todos —le decía cuando flaqueaba—. Por nuestras familias.—
Nunca mencioné el amor, no hacía falta.
La noche del compromiso llegó envuelta en luces cálidas y promesas huecas, el salón principal del hotel más exclusivo de la ciudad rebosaba de nombres importantes, trajes a medida y copas de cristal. Las dos familias más adineradas e influyentes reunidas bajo un mismo techo, el murmullo era constante, expectante.
Yo estaba lista.
El vestido vino tinto abrazaba mi cuerpo con precisión quirúrgica, elegante, sobrio, letal, el color no fue casual, profundo, intenso, imposible de ignorar. Mi cabello caía en ondas suaves sobre mis hombros, el maquillaje resaltaba lo justo. Para todos, yo estaba radiante, la novia perfecta, la futura señora Montenegro.
Bajé las escaleras del brazo de mi padre, ese hombre dulce, ese hombre débil.
Sus manos temblaban apenas, emocionadas, para él, yo seguía siendo su niña, la que protegía con silencios, la que entregaba ahora a un apellido aún más poderoso, sentí su orgullo como un peso en el pecho, no culpa, peso.
Los flashes explotaron, los periodistas se acercaron como aves de rapiña educadas, mi sonrisa fue impecable, cada paso medido, cada gesto calculado.
Vi a Elías esperándome al final de la escalera, hermoso, correcto, roto.
Nuestros ojos se encontraron, por un segundo vi en los suyos algo parecido al miedo, no al compromiso, sino a mí. A lo que no terminaba de comprender, me gustó, no con crueldad gratuita, sino con la satisfacción de quien sabe que tiene el control.
La ceremonia fue breve, palabras solemnes sobre honor, unión, futuro, un escribano elegante colocó los documentos sobre la mesa central, la firma del compromiso era simbólica, pero todos sabían lo que representaba, una alianza irrevocable.
Elías firmó primero.
Su mano dudó apenas antes de tocar el papel, lo observé con atención, pensé en decir algo, en tranquilizarlo, pero me contuve, no necesitaba consuelo, necesitaba cerrar el círculo.
Firmé después.
Araceli Durango.
Con trazo firme.
Los aplausos estallaron, copas en alto, sonrisas orgullosas, mi madre lloraba de emoción, la madre de Elías ya planeaba la boda del año, los periodistas pedían declaraciones, todo iba según lo previsto.
O eso creían.
Pedí el micrófono.
El murmullo disminuyó de inmediato, nadie esperaba que hablara, las mujeres de mi familia me miraron sorprendidas; los hombres, atentos, Elías giró hacia mí con el ceño fruncido.
—Quiero agradecerles a todos por acompañarnos esta noche —dije con voz suave—. Para nuestras familias, para Elías y para mí, este compromiso significa mucho.—
Pausa, respiré, dejé que el silencio hiciera su trabajo.
—Y hay algo más que debemos compartir.—
Sentí las miradas clavarse en mi piel, los flashes se intensificaron, Elías me miró, confundido.
—Estamos esperando un hijo.— dije con una gran sonrisa.
El tiempo se detuvo.
Mi madre soltó un jadeo ahogado, la madre de Elías llevó una mano a su boca, los periodistas enloquecieron, murmullos, exclamaciones, preguntas atropelladas, el salón estalló en un caos contenido.
Elías se quedó inmóvil.
Su rostro palideció, me miró como si intentara recordar algo que no estaba allí, abrí los ojos apenas más, dejando que la emoción fingida asomara.
—Es pronto —continué—, pero queríamos ser honestos. Somos una familia.—
Tomé su mano, estaba fría, no la retiró.
Los aplausos regresaron, más fuertes, felicitaciones, abrazos, bendiciones, mi madre lloraba abiertamente ahora, radiante. La madre de Elías sonreía con orgullo triunfal, el honor estaba asegurado, la unión, sellada.
Elías seguía en silencio.
Cuando nos apartamos del gentío, lo sentí temblar.
—Araceli… —susurró—. Yo no…—
Lo interrumpí con una sonrisa dulce, inclinándome para que solo él me escuchara.
—Tranquilo —dije—. Respira. Todo está bien.—
—¿Embarazada? —balbuceó—. Yo no recuerdo…—
—No tienes que recordar —respondí—. Solo estar.—
Sus ojos se llenaron de algo peligroso, duda, miedo, resignación y también algo más… dependencia, en ese instante supe que había ganado.
La sorpresa fue mi as bajo la manga, el movimiento final que nadie vio venir, no solo aseguraba el matrimonio; anulaba cualquier posibilidad de escape. ¿Qué hombre de su posición abandonaría a una mujer embarazada? ¿Qué familia permitiría semejante escándalo?
Ninguna.
Esa noche fui felicitada como heroína, como futura madre, como la mujer que consolidó el poder de dos imperios. Nadie vio la estrategia, nadie sospechó la verdad.
Y yo… yo sonreí.
Mientras los flashes me cegaban y las manos me estrechaban con admiración, sentí algo parecido a la calma, no felicidad, calma, la tranquilidad de saber que cada pieza estaba donde debía.
Elías Montenegro ya no tenía dudas.
Tenía obligaciones.
Y yo, finalmente, tenía lo que siempre quise,
el control absoluto de mi destino.
La villana no nació esa noche.
Pero firmó su reinado.
además de que fortuna habla si ella no tiene dendo caerse muerta será la fortuna de La familia de Elias y eso dudo que los padres del permitan eso y menos la acepten a ella y a esa niña ya que para ellos su único nieto es Máximo y su único heredero y ellos no creo que caigan en la manipulación de una niña en cambio Elias yo creo que si ya que su hijo no la ve como padre más bien como un extraño así que este si caerá en la trampa de Yubitza
lastima que esta mujer use asu hija y le enseño de pequeña a manipular solo la usa como una herramienta para subir de estrato y habría camino
a diferencia de Aracelis ella no utiliza a su hijo ni lo obliga a estar con su padre ella solo deja que su hijo sea feliz y tenga una vida normal como un niño mientras ella lo protege y además no solo tiene a la mamá si a los abuelos maternos y paternos que lo quieren y a un padrino que lo quiere lo protege y es capaz de hacer cualquier cosa por el incluso destruir a quellos qué quieran acelerar daño o a destruir su paz
así que Yubitza no la tendrá fácil y espero que Aracelis no caiga en su trampa y mas bien le haga creer a la Yubitza que sus planes están saliendo bien y ojalá ella descubra que en su casa hay una espía una traicionera que se vendio
que no es la persona que el cree solo espero Araceli no caiga en sus juegos si ella no necesito a Elías en el momento que debía ser no lo necesitará ahora
solo espero sea correspondido por Araceli
que se vaya con su gran amor y será la peor Araceli ahora tiene algo que proteger y no dejar que sea Tratado como a ella la trataron