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Destinada a Cinco Bestias

Destinada a Cinco Bestias

Status: En proceso
Genre:Romance / Poli amor / Mujer despreciada / Bestia / Harén Inverso
Popularitas:24.8k
Nilai: 5
nombre de autor: elmira brazil

Aitana nació como la omega más débil de su manada. Sin garras, sin colmillos y sin una marca digna de respeto, fue humillada por todos, incluso por su propia sangre.
Pero la noche en que la venden como si no valiera nada, la Diosa Luna despierta en ella un poder que llevaba mil años dormido.
Aitana no es una omega cualquiera.
Es la Luna Sagrada, la Elegida destinada a cambiar el mundo de los cambiantes. Y su destino no pertenece a un solo hombre, sino a cinco bestias de clanes distintos: Leandro, la serpiente dorada que la protegería con su vida; Mateo, el curandero lince que sana sus heridas; Quirón, el halcón orgulloso que arde como un fénix; Iván, el tigre blanco que desafía todo por ella; y Nereón, el sireno que guarda secretos bajo el mar.
Mientras antiguos enemigos codician su sangre y los clanes se preparan para la guerra, Aitana deberá construir una nueva manada desde las cenizas, proteger a las hembras olvidadas y demostrar que la omega que todos rechazaron puede convertirse en la fuerza más poderosa del mundo.
Cinco vínculos. Cinco destinos. Una sola Luna.

NovelToon tiene autorización de elmira brazil para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21

Capítulo 21: Ella exigió justicia para todas las hembras

Aitana no volvió a dormir después del sueño.

Leandro tampoco.

La choza quedó en silencio hasta que el cielo empezó a aclarar. Él se sentó con la espalda contra la pared, Aitana recostada entre sus brazos, una mano de él sobre su vientre y la otra sobre la marca de su cuello. Cada vez que ella respiraba demasiado rápido, Leandro la atraía un poco más cerca, como si pudiera sujetarla al mundo con el cuerpo.

—Fue Mateo —dijo por fin.

La frase no salió como acusación. Salió como una piedra que alguien deja caer en agua profunda para escuchar si toca fondo.

Aitana cerró los ojos.

—Vi una luz verde.

—Como sus ojos.

—Sí.

El brazo de Leandro se tensó. No la soltó.

—¿La Diosa dijo que debía ser él?

—Dijo que la primera marca no basta. Que cuando llegue la señal, si no acepto un segundo guardián, mi poder llamará a quienes quieran devorarlo.

Leandro guardó silencio tanto tiempo que Aitana tuvo miedo de mirarlo.

Cuando lo hizo, no encontró furia. Encontró algo peor: esfuerzo.

—Quiero odiar eso —confesó él.

—Lo sé.

—Quiero decirte que la Diosa puede buscar otra forma.

—Lo sé.

—Pero si la señal llega y el segundo es Mateo, no voy a poner mi miedo por encima de tu vida.

Aitana sintió que algo dentro de su pecho cedía.

—Leandro...

Él apoyó la frente contra la suya.

—Solo prométeme que no vas a correr hacia un destino sin mirarme primero.

—Te voy a mirar.

—Aunque te duela.

—Sobre todo entonces.

El sol encontró la entrada de la choza cuando Paloma llegó sin pedir permiso, con una bandeja de tortillas y cara de haber dormido menos que ellos.

—Traigo comida y una mentira: todo está bajo control.

Leandro soltó un suspiro.

—Paloma.

—No me mires así. Si todo estuviera bajo control, Abuela Remedios no estaría golpeando mesas desde antes del amanecer.

Aitana se incorporó.

—¿Qué pasó?

Paloma dejó la bandeja.

—Flor despertó llorando. Tilo tiene fiebre otra vez. Y Bruna anda diciendo que la zona de sanación no puede llenarse de hembras sin clan porque traerán mala suerte.

La marca de Aitana ardió.

No por la Diosa.

Por rabia.

La rabia tuvo una raíz clara.

Aitana se vio a sí misma antes de la ceremonia: sentada en la orilla de una choza que no era hogar, esperando a que alguien decidiera si ese día merecía comida, sombra o silencio. La palabra "desechada" había pesado sobre ella mucho antes de que la Luna la tocara. No necesitaba conocer toda la historia de Flor para reconocer el olor de esa jaula.

Si permitía que Bruna cerrara la zona de sanación con la excusa de la prudencia, esa jaula solo cambiaría de forma.

—¿Tilo puede moverse? —preguntó.

—No mucho —dijo Paloma—. Mateo está con él. Flor no deja que ningún hombre se acerque, salvo Mateo, y eso solo porque le avisa hasta cuando va a respirar.

Leandro empezó a buscar sus sandalias.

—Voy contigo.

—Ibas a decir que debía quedarme en cama.

—Lo pensé.

—Muy fuerte.

—Y decidí no decirlo.

Paloma levantó una ceja.

—Crecimiento personal. Me conmueve.

Leandro la ignoró, pero la mano con la que ayudó a Aitana a levantarse fue lenta, cuidadosa. No la empujó. No la cargó. La sostuvo como si estuviera aprendiendo una nueva forma de proteger.

En la zona de sanación, Flor estaba sentada en una manta, con Tilo dormido a su lado. Dos mujeres de la manada miraban desde lejos, dudando si acercarse. Bruna hablaba con ellas en voz baja. Al ver a Aitana, sonrió.

—Luna Sagrada. Deberías descansar.

—Deberías callarte si no estás ayudando.

El patio quedó quieto.

Paloma, detrás de ella, murmuró:

—Buenos días también.

Bruna bajó las pestañas.

—Solo advertía que no conocemos las costumbres de esa hembra. Podría traer deudas, enfermedades, enemigos. La sanación no puede ser igual para todos.

Flor bajó la cabeza.

Aitana cruzó el patio despacio. Leandro iba a un paso de ella, pero no delante. Eso importaba.

—¿Y para quién debe ser igual, Bruna?

—Para quienes pertenecen a la manada.

—Flor fue encontrada herida en nuestro bosque.

—Eso no la vuelve nuestra.

Aitana sintió el sueño de la noche anterior moverse bajo su piel: hambre, comercio de cuerpos, soledad como grieta.

—No. La vuelve alguien que necesita ayuda.

Bruna apretó los labios.

—La medicina tiene límites.

—Los tiene. Por eso no quiero desperdiciarla en orgullo.

Abuela Remedios salió de la choza con un cuenco humeante. Tenía ojeras profundas, pero los ojos afilados.

—Sigue, niña.

Aitana la miró.

La anciana no estaba burlándose. Estaba esperando.

Aitana respiró hondo y se volvió hacia las mujeres del patio.

—Si la zona de sanación solo atiende a las hembras que tienen rango, esposo fuerte o familia útil, entonces no es sanación. Es comercio. Flor no tenía a nadie cuando la encontramos. Tilo tampoco. Si mañana una de ustedes cae enferma y su esposo decide que no vale la pena gastar hierbas, ¿también aceptarán que las dejemos afuera?

Una mujer mayor se llevó la mano a la garganta.

Otra apartó la mirada.

Bruna quiso hablar, pero Aitana no la dejó.

—La Luna no me nombró para elegir quién merece respirar. Y yo no prometí anoche curar solo a quienes me respeten bonito. Prometí no negar auxilio por rango, especie, marca o deuda.

Flor levantó la cabeza.

Sus ojos estaban rojos.

—Yo no puedo pagar.

Aitana se agachó frente a ella con cuidado.

—No te pregunté eso.

Flor se mordió el labio hasta hacerlo temblar.

—Nunca preguntan eso al principio.

Mateo, que acababa de llegar con vendas limpias, se quedó inmóvil al oírla. Leandro miró hacia los árboles, como si necesitara contener algo violento.

Aitana no tocó a Flor. Le ofreció la mano abierta, sobre su propia rodilla.

—Aquí sí.

Flor tardó. Luego apoyó apenas dos dedos sobre la palma de Aitana, como si probara si la promesa quemaba.

No quemó.

Abuela Remedios dejó el cuenco junto a Tilo y miró a Bruna.

—Anota esto en tu memoria, ya que tanto dices haber visto mis métodos. Una curandera que pregunta primero por el pago no cura. Cobra por mirar morir.

Bruna palideció.

—Yo nunca...

—Sí —la cortó la anciana—. Muchas veces. Solo que antes nadie tenía fuerza para decirlo frente al patio.

El silencio cambió. Ya no protegía a Bruna.

Aitana se levantó.

—Desde hoy, cualquier hembra herida entra aquí. Con clan o sin clan. Con esposo o sin él. Omega, beta, marcada, no marcada. Si alguien quiere discutirlo, que lo haga conmigo.

Leandro dio un paso, colocándose a su lado.

—Y conmigo.

Mateo avanzó después.

—Y conmigo.

Paloma alzó la mano.

—Y conmigo, aunque yo no cure nada y solo sepa golpear donde duele.

Algunas mujeres soltaron una risa nerviosa. Otras empezaron a acercarse a Flor. Una le llevó agua. Otra acomodó mejor la manta de Tilo.

La primera en sentarse junto a Flor fue una mujer de cabello gris que Aitana había visto moliendo maíz en las cocinas. No habló. Solo dejó un cuenco de caldo tibio a distancia prudente y empujó una cuchara limpia sobre la manta.

Flor miró el cuenco como si esperara que desapareciera.

—Es de hueso hervido —dijo la mujer—. No tiene nada raro.

—¿Por qué? —preguntó Flor, con voz ronca.

La mujer se encogió de hombros.

—Porque mi hija también fue omega. Y nadie dijo esas palabras por ella.

El patio volvió a quedarse callado.

Esta vez, el silencio no protegió a Bruna. Protegió a una memoria.

Bruna retrocedió un paso.

Abuela Remedios miraba a Aitana como si la viera desde muy lejos.

Sus dedos temblaron alrededor del bastón.

—Abuela —dijo Aitana—. ¿Está bien?

La anciana abrió la boca, pero no salió la reprimenda de siempre. Sus ojos turbios se llenaron de lágrimas.

—Estos años... —susurró, con la voz quebrada—. Por fin alguien dijo esas palabras.

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Maria Diosdado Velázquez
esto es lo que a mí no me gusta, porque después se pierde la novela y no se sabe en qué termina, 😞😞 repruebo esto de no poner toda la novela entera, si usted escritora pudiera no hacer eso se lo agradecería
La novela está buenísima, pero no la pone completa y eso le resta puntos
Maria Diosdado Velázquez
no, no se abren las fotos🤔🤔🤔🤔🤔
Mary Salazar
me encanta 👏👏👏🤣🤣🤣👌👌😂😂
Mary Salazar
Woow 👏👏👏
Mary Salazar
OMG 😱😱😱😭😭😭
🏳️‍🌈ZOE GIANNI 🇮🇹🇦🇷
no puedo ver las imágenes, no soy solo yo no??
Elizabeth Vargas: yo tampoco puedo 😭
total 1 replies
Mary Salazar
Woow 👏👏👏👏👏👏 fantástico
Mary Salazar
guacala 😂😂😂🤣🤣🤣👌👌👌
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