Jinxiao Gu y Lin Hao, mejores amigos y esclavos corporativos, deciden renunciar a todo tras un escándalo en su empresa. Buscando escapar de la realidad, se refugian en una novela absurda… pero un accidente termina con sus vidas.
Al despertar, descubren que han transmigrado dentro de esa historia.
Ahora, son suegro y yerno.
Atrapados en una trama llena de rivalidad, tragedia y un destino fatal que ambos conocen, deberán encontrar la manera de cambiar el rumbo de la historia… antes de repetir el mismo final.
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DEMOSTRANDO SU VALOR
Una cena tranquila era exactamente lo que ambos matrimonios necesitaban.
Después de tantos acontecimientos, discusiones, descubrimientos y cambios inesperados, incluso la señora Yan y Nana He parecían más relajadas al verlos reunidos en la misma mesa.
Sin embargo, aquella noche los planes eran diferentes.
A petición de ambos omegas, la cena no sería en el comedor.
—Por favor —dijo Lin, juntando las manos frente a su pecho mientras observaba a Liang con ojos suplicantes.
—No pongas esa cara.
—¿Cuál cara?
—Esa cara.
—¿La cara de omega inocente?
—Exactamente esa.
—Entonces funciona.
Liang soltó un largo suspiro.
—Solo será esta noche.
—¡Sí!
Lin celebró como un niño pequeño.
En cambio, Jinxiao no rogó. Simplemente siguió a su amigo llevando algunos platos y bebidas hacia la sala.
Quian observó la escena.
—¿Y ahora qué están planeando?
—Ni idea —respondió Jinxiao con tranquilidad—. Pero si Lin está involucrado, seguro es algo problemático.
—O divertido.
—Eso también.
Al final, ambos alfas terminaron siguiéndolos.
La gran mesa del centro fue cubierta con aperitivos, bebidas, postres y algunos platillos ligeros.
—Esto parece una pijamada —comentó Liang.
—Porque lo es.
—Tenemos más de veinte años.
—La edad es un concepto.
—No, Lin, la edad es una edad.
Jinxiao soltó una carcajada.
Incluso Quian sonrió.
Cuando la película comenzó, todos se acomodaron en el enorme sofá.
Al principio intentaron mantener cierta distancia.
Cinco minutos después, Lin ya estaba apoyado contra el hombro de Liang.
Diez minutos más tarde, Jinxiao había terminado acomodado contra el pecho de Quian.
Y ninguno de los dos alfas se quejó.
De hecho, parecían bastante cómodos.
La película continuó.
Las luces permanecieron apagadas.
El sonido suave llenaba la habitación.
Hasta que...
—¿Ya se durmió? —susurró Liang.
Quian miró hacia abajo.
Jinxiao estaba completamente dormido.
—El mío también.
Lin tenía la cabeza apoyada contra el pecho del alfa y respiraba de forma tranquila.
Ambos omegas habían caído rendidos antes de que la película llegara siquiera a la mitad.
Era una costumbre que compartían desde su vida anterior.
Dormían temprano.
Se despertaban temprano.
Y aquello parecía no haber cambiado.
—Ni siquiera terminó su cena —comentó Quian mirando el plato de Jinxiao.
—Lin compensó eso por los dos.
—¿Cuántas veces repitió?
—Tres.
—Impresionante.
—Nana He casi lloraba de felicidad.
Los dos alfas se quedaron observándolos durante unos segundos.
Resultaba extraño.
Antes apenas podían acercarse a ellos.
Ahora confiaban lo suficiente para quedarse dormidos entre sus brazos.
El televisor fue apagado.
Los sirvientes recogieron discretamente la sala.
Y ellos se encargaron de llevar a ambos omegas a sus respectivas habitaciones.
A la mañana siguiente la rutina volvió a repetirse.
Jinxiao despertó primero.
Con cuidado salió de la cama para no despertar a Quian.
Preparó un traje que, según él, le quedaría perfecto.
—Hoy tendrás que impresionar a mucha gente —murmuró mientras acomodaba la corbata.
Después entró al baño.
Utilizó algunas de las prendas que Lin había comprado el día anterior.
Cuando se observó frente al espejo, se quedó inmóvil.
—Este cuerpo tiene más cintura de la que imaginaba.
Negó con la cabeza y terminó de arreglarse.
Minutos después regresó junto a la cama.
—Quian.
Nada.
—Quian.
El alfa abrió un ojo.
—Hora de levantarse.
Quian se incorporó lentamente.
Y entonces lo vio.
Por unos segundos olvidó completamente cómo respirar.
—¿Qué ocurre?
—Nada.
—Quian.
—Nada.
—Me estás mirando raro.
—No te estoy mirando raro.
—Sí lo haces.
—Solo estaba pensando.
—¿En qué?
—Nada importante.
Cuando Jinxiao se dio la vuelta, Quian observó discretamente la figura del omega.
—Definitivamente nada importante —murmuró.
—¿Qué dijiste?
—Que ya voy.
Entró rápidamente al baño antes de ser descubierto.
En otra habitación también comenzaba la actividad.
El sonido de la regadera podía escucharse desde el pasillo.
Cuando Quian salió de su habitación creyó que era Liang.
Sin embargo, se sorprendió al encontrar a Lin perfectamente arreglado.
—Suegro, buenos días.
—Buenos días... ¿qué haces vestido así?
Lin sonrió.
—Yo también iré a trabajar.
—¿Perdón?
—Marketing publicitario.
—¿Liang aceptó?
—Después de tres horas de negociación.
—Fueron quince minutos.
—Detalles.
Quian soltó una carcajada.
—Entonces buena suerte.
—Gracias.
Cuando Liang finalmente apareció en el comedor, los omegas ya estaban terminando de desayunar.
—Ya te levantaste, anciano.
—Lin...
—¿Sí?
—Voy a prohibirte usar esa palabra.
—No puedes.
—Puedo intentarlo.
—Anciano.
—Lin.
—Anciano.
—Lin Hao.
—Anciano.
Jinxiao tuvo que cubrirse la boca para no reírse.
—Ya basta.
—Lo dejaría si te acomodaras bien la corbata.
Lin hizo una señal con la mano.
—Ven.
Liang obedeció.
Un doblez.
Un giro.
Otro doblez.
Y finalmente la corbata quedó perfecta.
—Listo.
—Gracias.
—Ahora apresúrate.
—¿Por qué?
—Porque llegaremos tarde por tu culpa.
—Ni siquiera son las ocho.
—Anciano.
—Voy a ignorarte.
—Claro que sí.
La sonrisa burlona de Lin provocó que Liang se quedara observándolo más de la cuenta.
Quian carraspeó.
El momento terminó inmediatamente.
Por otro lado, Jinxiao también corrigió discretamente el cuello de la camisa de Quian.
—Tienes una agenda complicada hoy.
—Lo sé.
—Entonces compórtate.
—Intentaré hacerlo.
—No, hazlo.
—Sí, señor.
Poco después ambos matrimonios salieron de la mansión.
Cada pareja tomó un vehículo diferente.
—Veamos qué puedes hacer, niño —provocó Liang.
—Quedarás con el ojo cuadrado, anciano.
—Voy a arrepentirme de haberte dejado trabajar.
—Demasiado tarde.
Mientras tanto, en el otro automóvil reinaba el silencio.
Hasta que Quian habló.
—Buena suerte hoy.
Jinxiao sonrió.
—Lo mismo digo.
Desde el momento en que entraron al edificio, los empleados corrieron hacia ellos.
—Señor, necesitamos esta firma.
—Joven señor, la valla publicitaria sigue retrasada.
—Presidente Wu...
Antes de que los alfas pudieran responder, ambos omegas intervinieron.
—Los documentos por firmar llévenlos a mi escritorio —ordenó Jinxiao—. Los revisaré antes de entregárselos al presidente.
—Contacten nuevamente al propietario del espacio publicitario —indicó Lin—. Si se niegan a cumplir el contrato, notifíquenle que actuaremos por la vía legal.
—Sí, señor.
—Entendido.
Los empleados obedecieron de inmediato.
Quian se quedó sorprendido.
—Es la primera vez que subo al ascensor sin firmar veinte documentos.
—Ese es precisamente el problema —lo regañó Jinxiao—. Firmas sin revisar.
—No siempre.
—La mayoría de las veces.
—Tal vez.
—Definitivamente.
Liang observó la escena.
—Jamás pensé ver a mi padre siendo regañado por un omega.
El resto del día transcurrió con una eficiencia impresionante.
Jinxiao revisó contratos, reorganizó agendas y corrigió errores.
Lin revolucionó el departamento de marketing con nuevas propuestas para redes sociales.
—Lo fresco atrae nuevos clientes —explicó durante una reunión.
—¿Y cómo sabes eso?
—Porque yo soy cliente.
Nadie supo cómo responder.
Pero la propuesta funcionó.
Antes de terminar la jornada, ambos habían solucionado varios problemas importantes de la empresa.
Incluso les dieron a los alfas algo que no habían tenido en años.
Una hora libre para almorzar.
Cuando la jornada concluyó, muchos empleados ya los miraban con admiración.
Las críticas y rumores desaparecieron.
Los resultados hablaban por sí solos.
Esa noche regresaron agotados a la mansión.
—Creo que no siento las piernas —murmuró Lin.
—Eso es porque corriste por toda la empresa.
—Estaba motivado.
—Parecías una ardilla hiperactiva.
—Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo tomaré como uno.
Las risas apenas comenzaban cuando una noticia apareció en todas las pantallas.
El ambiente se volvió silencioso.
Todos dirigieron la mirada hacia el televisor.
La imagen mostraba a un hombre mayor de expresión seria.
Y las palabras que pronunció dejaron a todos sin habla.
—Si mi nieto lo desea, podemos encontrarnos cualquier día. Quiero que quede claro que, bajo mi nombre, él obtendrá parte de mi herencia.
Lin se quedó inmóvil.
Sus manos temblaron ligeramente.
—¿Abuelo...?
Después de tantos años de espera para el antiguo Lin.
Después de tanto tiempo.
El abuelo de Lin finalmente había aparecido.
Y esta vez parecía dispuesto a recuperar a su nieto, sin importar lo que tuviera que enfrentar.
La cena quedó olvidada.
Porque todos sabían que aquella declaración cambiaría muchas cosas.
Y que la tranquilidad que habían conseguido no duraría demasiado.
Resumen simple, si los despide, les tiene que pagar igual☺️
llámenme si necesitan abogada/Kiss/
motivos muy buenos🥲