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Manual Para No Arruinar Tu Vida (Pero Ya Es Tarde)

Manual Para No Arruinar Tu Vida (Pero Ya Es Tarde)

Status: En proceso
Genre:Romance / Comedia
Popularitas:65
Nilai: 5
nombre de autor: Jan Vilar

A los quince años, Daniel escribió un cuaderno con reglas para tener éxito antes de los veinticinco. Ocho años después lo encuentra por accidente… y descubre que no cumplió ninguna.

Con su vida estancada, sin dinero y con más dudas que certezas, decide intentar seguir esas reglas aunque ya sea tarde. Entre intentos fallidos, situaciones absurdas, amistades caóticas y un romance inesperado, Daniel descubrirá que crecer no es tan ordenado como imaginaba… y que equivocarse también puede ser parte del camino.

NovelToon tiene autorización de Jan Vilar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 21 — Llegar a tiempo también es una decisión

Daniel no solía correr.

Pero ese día…

Corría.

Subió las escaleras de la universidad casi sin aire, esquivando gente, mochilas y uno que otro “¡cuidado!” que apenas escuchó.

No iba tarde.

Iba decidido.

Cuando llegó al salón, se detuvo un segundo en la puerta.

Respiró hondo.

Y entró.

Valeria estaba frente al proyector, explicando algo con seguridad. David estaba sentado, tomando notas y ajustando detalles en la laptop.

Ambos se giraron al verlo.

—Wow —dijo Valeria—. Llegaste antes de lo esperado.

Daniel levantó un poco la mano.

—Plot twist.

David miró el reloj.

—Aún faltan 20 minutos para lo que acordamos.

—Sí —dijo Daniel—. Por eso vine.

Silencio corto.

Valeria sonrió.

—Ok… me gusta esto.

Daniel dejó su mochila y se acercó.

—¿En qué van?

David giró la pantalla.

—Estamos ajustando la simulación inicial.

Daniel observó.

Unos segundos.

Luego señaló.

—Esto… está bien en teoría.

David lo miró.

—Pero…

Daniel sonrió un poco.

—Pero en la práctica la gente no va a reaccionar así.

Valeria cruzó los brazos, interesada.

—Explícate.

Daniel tomó una silla y se sentó frente a ellos.

—Si lo presentamos así, se siente correcto… pero no real.

David entrecerró los ojos.

—Entonces, ¿qué propones?

Daniel pensó.

Y esta vez…

No dudó tanto.

—Hagamos que falle primero.

Silencio.

Valeria inclinó la cabeza.

—¿Que falle?

—Sí —dijo Daniel—. Mostramos un intento que no funciona… y luego explicamos por qué.

David lo miró fijamente.

—Eso… —pausa— …haría que la gente entienda mejor.

Valeria sonrió.

—Y lo hace más interesante.

Daniel asintió.

—Exacto.

David cerró un momento la laptop… y luego la volvió a abrir.

—Ok.

Daniel lo miró, sorprendido.

—¿Ok?

—Probamos tu idea.

Valeria levantó las cejas.

—Esto sí es nuevo.

Daniel soltó una pequeña risa.

—No te acostumbres.

Los tres se acomodaron.

Y empezaron.

Pero esta vez…

No era solo trabajo.

Era colaboración real.

Horas después, el salón estaba casi vacío.

Habían practicado.

Corregido.

Fallado.

Repetido.

Y mejorado.

Valeria se dejó caer en la silla.

—Ok… eso estuvo bien.

David asintió.

—Mucho mejor que antes.

Daniel se estiró un poco.

—No estuvo mal.

Valeria lo miró.

—¿“No estuvo mal”?

—Ok, estuvo muy bien.

—Mejor.

Se rieron.

Y por un momento…

Todo estaba en equilibrio.

Pero entonces, Valeria dijo algo sin pensarlo demasiado:

—Si seguimos así, seguro ganamos.

Silencio.

Pequeño.

Pero suficiente.

David sonrió ligeramente.

—Ese es el plan.

Daniel también sonrió.

Pero algo dentro de él…

Se movió.

Porque ahora no era solo mejorar.

No era solo crecer.

Era ganar.

Y ganar…

Siempre cambia las cosas.

Más tarde, salieron del salón juntos.

La tarde estaba cayendo.

—Tengo que irme —dijo David—. Nos vemos mañana.

—Sí —respondió Valeria.

Daniel solo asintió.

David se fue.

Y quedaron los dos.

Caminando.

Sin prisa.

—Oye —dijo Valeria.

—¿Qué?

—Hoy estuviste diferente.

Daniel la miró.

—¿Bien o mal?

Valeria sonrió.

—Bien.

Daniel bajó la mirada un segundo.

—Estoy intentando no arruinarlo.

Valeria soltó una pequeña risa.

—Vas bien.

Silencio cómodo.

Luego ella añadió:

—Y gracias.

Daniel la miró.

—¿Por qué?

—Por no rendirte.

Daniel pensó en la regla.

En el cuaderno.

En todo.

—No lo iba a hacer.

Valeria lo miró unos segundos más.

Como si quisiera decir algo más.

Pero no lo hizo.

—Nos vemos mañana, Daniel.

—Nos vemos.

Ella se fue.

Y Daniel se quedó ahí.

Otra vez.

Pero esta vez no se sentía perdido.

Esa noche, en su apartamento, abrió el cuaderno.

Pasó páginas.

Y escribió algo nuevo.

No una regla vieja.

Una nueva.

Regla #11:

Llegar tarde también es una forma de rendirse.

Se quedó mirando la frase.

Y por primera vez…

Sentía que no solo estaba siguiendo el manual.

Estaba empezando a escribir el suyo.

Porque esta vez…

No llegó tarde.

Y eso…

Lo cambiaba todo.

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