Dentro de nosotros hay una batalla entre dos fuerzas. Unos le llaman el bien contra el mal. Otros en cambio le llaman destino. Pero para Saulo Di Ángelo de Abner esa eterna contienda estaba en las páginas gastadas de un antiguo libro. De pronto sentía el peso de todos sus ancestros a sus espaldas. Pedían sin voz que escuchará y estuviera quieto porque era el resultado del amor de miles antes que él.
¿Podrá cambiar lo que está escrito? ¿Quién triunfará en su alma? El bien, el mal... Acompañame en esta nueva obra y descubrirás si el destino puede torcerse.
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Los puntos sobre las íes
Después de la cena de esa noche, Sami se quedó hablando con Roli unos instantes y cuando volvió a prestar atención ya Caden no estaba por todo aquello. Esa noche se hizo el propósito de advertirle y aclarar un par de cosas entre ellos de una vez y para siempre. Eso tendría que ser mañana mismo porque después él y su familia se irían con la Duquesa Amarilis Costa Rivera a pasar las fiestas navideñas y celebrar su cumpleaños. Su padre había sido invitado por el antiguo Duque su amigo personal y socio comercial. Además ese año Rafael el actual Duque no estaría presente porque se encontraba en Abner cerrando unas importantísimas negociaciones. Con estas cosas en mente Sami durmió como un bendito, pero con los primeros rayos del sol se preparó para ir al campo de entrenamiento. Pensaba saldar un par de cuentas pendientes y poner los puntos sobre las íes.
Se pasó la mañana y Caden nunca vino. ¿Cómo podía ser tan bueno con la espada si casi nunca practicaba? Caden era un enigma en muchos sentidos. Se fue a bañar y cambiar para el almuerzo y sorpresa otra vez ese loco se saltó el horario. ¿Pero qué rayos hacía? ¿Dónde se metía a estas horas? ¿No es que fuera tan flojo que estuviera todavía en la cama? Salió de su monólogo interno cuando escuchó que Rei hacía la pregunta que él no se atrevía.
- ¿Clara y Caden por qué no ha venido a almorzar? No le he visto desde anoche.
- Está en la villa.- respondió Clara sin mucho interés y siguió hablando de otras cosas.
Apenas terminaron de comer Sami se excusó. Dijo que quería pasear a caballo para digerir el almuerzo. En realidad lo que quería era encontrar al chico. Le quedaba solo esa tarde para cantarle las cuarenta. Afortunadamente se iría en la madrugada del Ducado Flamme, por eso se apresuraba. Quería tener unas excelentes navidades y un magnífico cumpleaños, pero con tanto que decir por dentro seguro se le estropeaban. Cabalgó por veinte minutos y enseguida vio la villa. Preguntó a los plebeyos dónde podía encontrar al joven Duque y estos le dijeron que seguro estaba en casa de Mai.
Dio con la casa de la Señora Mai. Cuando tocó a su puerta conocía la historia completa de la misma. Los plebeyos eran muy comunicativos. Esta mujer había sido la nana de Caden. El chico la había querido siempre y ahora que estaba vieja y casi ciega venía a ayudarla personalmente y la colmaba de atenciones y regalos. Le abrió una niña de nueve años. Sami explicó que necesitaba hablar con Caden y la chiquilla le indicó el camino dando saltos felices delante. La casa quedaba en el límite de un frondoso bosque. La niña tomó un sendero y lo llevó directo a un claro. Allí estaba Caden con la espada desnuda, sudorosa y brillante. Su camisa estaba enrollada a la cintura y en sus manos sostenía un hacha con la que partía leña. A juzgar por la pila debía haber estado haciendo eso desde temprano.
La chiquilla se adelantó con confianza y lo llamó. Él se viró con una sonrisa deslumbrante que rivalizaba con los rayos del sol, pero la misma murió en sus labios al reconocerlo.
- Mía. ¿Le pasa algo a Nana Mei? - preguntó preocupado.
- No. Abuela está durmiendo. Además ya deberías dejar eso. Ven a la casa a almorzar es muy tarde y la comida se enfría. Ah y este amigo tuyo quiere hablar contigo. Puedes invitarlo también. Hay suficiente comida. - Caden cariñoso palmeó la cabecita de la niña y le dijo.
- Adelántate Mía. Solo voy al río a enjuagarme. Ya te alcanzo. - ambos esperaron a que la niña desapareciera y Caden preguntó.
- ¿Para qué me buscabas?
- Primero ponte algo encima. Además apestas.- la reacción de Caden fue tan cómica que Sami tuvo que hacer un esfuerzo enorme para no echarse a reír allí mismo. El chico primero se sonrojó hasta la raíz del pelo y después se cruzó los brazos en el pecho como hacen las mujeres cuando protegen sus senos. Mira que era raro. Se giró de espaldas e inmediatamente se colocó la camisa y no se volvió hasta que estuvo abotonada hasta el cuello. Con la prisa se abotonó mal. Había corrido un botón y las puntas no calzaban.
- Dime. Ya oíste. Me esperan para almorzar.
- He venido a advertirte que no vuelvas a cruzarte en mi camino nunca más y a poner los puntos sobre la íes entre nosotros.
- Esta bien. Aunque nunca ha habido un "nosotros". Sí eso es todo con permiso Lord Del Alba.- se giró iba a refrescarse en el río y sacarse el sudor. No quería entrar tan sucio a casa de Nana Mei, pero de un jalón cayó en el piso y desde el suelo vio como Sami se le paró en frente recortado en el horizonte con una cara de enojo 😡.
- No juegues conmigo Caden Flamme te lo advierto.
- ¿Qué te pasa? ¿Quién está jugando contigo? Ya me dijiste lo que venías a decir. Así que puedes irte. No hay necesidad de ser tan brusco. ¿Qué te he hecho yo? Tienes que verte eso. Si vas a ser el señor de un territorio deberías trabajar en controlar tu ira.
- Quiero oírte decir que juras que nunca, jamás volverás a cruzarte en mi camino.
- Sí, sí lo juro.- decía con tono de cansancio y fastidio, mientras se levantaba y sacudía el trasero sin mirar tan siquiera al otro. Lo más impredecible del mundo es el corazón humano. Sami al ver el poco caso que le hacía. Sintió sus palabras como una burla y arrastró contra un árbol y lo acorraló. Caden sentía en su espalda la molestia de un brote del tronco y por delante Sami agarraba su camisa a la altura del cuello, pero no sintió miedo sino enojo. ¿Este era el hombre del que se enamoró todas esas vidas y por el que incluso sacrificó una de ellas? Debió padecer demencia.
- ¿Pero es que eres estúpido o qué te pasa? ¿Por qué me agredes? Ya te prometí lo que querías. Te lo repito formalmente. "Yo Caden Flamme heredero legítimo de Ducado Flamme juro por mi honor ahora y para siempre que nunca, jamás en lo que me resta de vida voy a buscar a Samuel Del Alba". Satisfecho.
- ¿Lo dices en serio? - dijo Sami aflojando repentinamente el agarre.
- Muy en serio. Ahora quien actúa de forma equivocada eres tú. Suéltame.
- Jamás me he equivocado en nada.- replicó Sami.
- Tal vez en nacer. - contestó Caden mirándolo fijamente a los ojos. Te repito. Suéltame. Sabe Lord Del Alba que es lo que aprendí en esta vida. Que no puedes volver atrás y cambiar el principio, pero puedes comenzar donde estás y cambiar el final. Ahora de verdad Suéltame o se te pegará mi mal olor.
Sami finalmente lo soltó. Estaba incrédulo. ¿De verdad todo había terminado? ¿Caden realmente se rindió con él? Sus ojos no parecían mentir. En ellos había resolución y algo más. ¿Tristeza? No. No era eso. ¿Cansancio? Sí, en los ojos de Caden había un profundo cansancio. Era como si todo le diera igual. Como si la vida hubiera perdido su color. Sami había visto esa mirada en una muchacha de su marquesado antes de quitarse la vida. Su esposo la había dejado por otra. Se asustó. ¿Caden estaría pensando en quitarse la vida por él? ¿Había sido muy brusco? La culpa le atenazó el corazón.
- Oye Caden aunque yo no pueda corresponder a tus sentimientos la vida tiene muchas cosas que ofrecerte. Volverás a enamorarte de nuevo y verás cosas muy bonitas.- Caden sonrió con tristeza y respondió.
- Las cosas bonitas en este mundo nunca han tenido que ver conmigo. - le dio la espalda y se fue camino del río. Atrás quedaba Sami Era mejor así. En su vida como modelo ella nunca tuvo un verdadero amor. Fue deseada por muchos, pero amada no y después como Caden mejor ni pensaba en eso. No sabía por qué había terminado así y aquí. Ya había aprendido a ser hombre. Bueno más o menos, pero... ¿Qué era lo que tenía que resolver? No lo sabía. Aunque de algo si estaba seguro no le tocaba vivir un apasionado romance. Eso descartado. Estaba tan profundamente inmerso en los pensamientos que se olvidó que Sami estaba por allí.
Se quitó la ropa y se sumergió en el agua. ¡Ah! Esto se sentía refrescante. Después del trabajo duro de partir leña para Mai. Se mantuvo sumergido sintiendo como su cuerpo se renovaba, pero de pronto fue bruscamente sacado y arrastrado hasta la orilla. Con el susto había perdido la concentración y el agua invadió sus fosas nasales y la boca. Esto le provocó arcadas y tos. Sentía que alguien le palmeaba la espalda mientras expulsaba el agua. Finalmente respiró con alivio. ¿Qué había sucedido? Confundido se giró. Allí estaba Sami totalmente empapado. Mirándolo con acusación.
- ¿Es que estás loco Caden? - le gritó furioso. Caden no entendía nada. ¿Y ahora por qué se enojaba este?
- ¿Oye qué te pasa? Casi haces que me ahogue. Sé que me odias. Lo entiendo, pero esto ya es pasarte como dos pueblos. ¿Es que intentas asesinarme? - apenas Caden dijo estas palabras cayó en la cuenta de que esto podía ser muy cierto. Asustado se arrastró hacia atrás, buscando escapar de Sami. No quería morir. Puede que en otras vidas lo deseara, pero no ahora. Esta podía ser su última vida y no quería morir así y menos a manos del hombre que amaba. Logró pararse y salió corriendo despavorido hacía el bosque. Sami le caía detrás y terminó tumbándolo en el piso. Totalmente aterrado y con lágrimas en los ojos suplicó por su vida.
- Por favor no me mates. Te juro que digo la verdad. Nunca, pero nunca más voy a volver ni siquiera a estar cerca de ti. No voy a hablarte y tampoco a mirarte, pero por favor no me mates.
Sami miraba al precioso Caden allí tumbado en la tierra totalmente desnudo. Su cuerpo mojado. Tenía pegado tierra y hojas secas. Temblaba, pero no era de frío. Era de miedo. Estaba aterrado. Sami trató de tranquilizarlo.
- Cálmate. No estoy tratando de matarte. Solo quería salvarte. No podía permitir que te ahogaras en el río por mí. Caden, tu vida vale más que cualquier cosa. ¿Entiendes eso? No vuelvas a intentar hacer algo así. No tengas miedo de mí. Yo no quiero hacerte daño.
- Yo solo estaba bañándome. No estaba tratando de quitarme la vida ni nada de eso que dices. ¿Y si no quieres hacerme daño, por qué entonces me perseguías?
- Porque saliste corriendo desnudo. ¿Es que quieres que los demás te vean así?- Caden al darse cuenta de ese hecho quería que la tierra se lo tragara y lo escupiera en otro lugar. No sabía a dónde mirar y estaba convencido de que toda la sangre de su cuerpo había ido a parar a su cara. Sami que vio esto se sintió satisfecho. Así que Caden no era tan descarado después de todo. Para mofarse un poco más de él le dijo: - ¿Por qué la timidez? Total no es la primera vez que he visto todo de ti y aunque eres un imbécil la verdad es que no tienes desperdicio.
Dijo estas cosas mientras pasaba distraído su mano por la cara del chico. Caden le dio un manotazo y con la dignidad que le quedaba se paró y se fue a buscar su ropa. A sus espaldas sentía las carcajadas de Sami. En su mirada había un brillo de determinación. Se alejaría de Samuel Del Alba a como diera lugar. Ese sería su propósito en esta vida porque cuánto más se sube más frío hace. Y él subió hasta el pico más alto de esa montaña emocional. Ahora tocaba bajar.