Takumi, un joven de 16 años alegre, honesto y fanático de la justicia, muere en un accidente menor, pero cuando abre los ojos… se encuentra dentro de su videojuego otome favorito. Para su sorpresa, no es la heroína, sino el omega villano, condenado a un final trágico y odiado por todos los personajes. Pero lo que Takumi no esperaba era que su destino en el juego empezara a desviarse… gracias al protagonista secundario, un alfa amable y torpe que parece destinado a sufrir, pero que termina atrayéndolo de formas inesperadas y muy cómicas.
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Capítulo 13: Cuando hacer lo correcto incomoda
El reconocimiento del pueblo no tardó en llegar.
Tampoco la incomodidad de los nobles.
Takumi lo notó incluso antes de que alguien se atreviera a decirlo en voz alta. En los pasillos del palacio, las conversaciones se detenían cuando él pasaba. En el consejo, las miradas se cruzaban más de lo habitual. Las sonrisas eran más rígidas. Las palabras, más cuidadosas.
Así empieza la resistencia, pensó.
Durante la sesión del consejo ampliado, el ambiente era tenso. Takumi ocupaba su lugar junto al rey Leonard Darlight, con la espalda recta y la mente clara. No estaba nervioso, pero sí atento.
—Las medidas implementadas en los barrios exteriores han generado… inquietud —dijo finalmente uno de los nobles mayores—. El gasto es considerable.
—El gasto es una inversión —respondió Takumi con calma—. En estabilidad y en personas.
—Con todo respeto, Su Alteza —intervino otro—, el pueblo se está acostumbrando demasiado a su presencia directa. Eso no es prudente.
Takumi alzó la vista.
—¿No es prudente que un heredero conozca a su reino?
El silencio fue incómodo.
—Lo que no es prudente —continuó el noble— es que un omega se exponga sin la protección adecuada. Ha creado expectativas difíciles de sostener.
Ahí estaba.
No era economía.
No era logística.
Era prejuicio.
Takumi respiró hondo.
—Las expectativas no las crea mi condición —respondió—. Las crean las acciones. Y no pienso retroceder.
Algunos nobles fruncieron el ceño. Otros bajaron la mirada. Leonard observó a su hijo con atención silenciosa.
—El consejo ha tomado una decisión provisional —anunció finalmente uno de ellos—. Se recomienda que Su Alteza limite sus salidas públicas hasta que la situación se estabilice.
Takumi apretó los dedos contra la mesa.
—Eso sería abandonar a quienes ya confiaron en mí.
—Sería prudencia —corrigieron.
Leonard habló entonces, con voz firme.
—No —dijo—. Sería cobardía.
Las miradas se giraron hacia el rey.
—Mi hijo ha actuado donde otros miraron a otro lado —continuó—. Si eso incomoda, entonces el problema no es él.
El murmullo se extendió por la sala.
—Sin embargo —añadió Leonard—, reforzaremos su seguridad. No permitiré que nadie confunda cercanía con debilidad.
Takumi supo lo que eso significaba incluso antes de escucharlo.
—El capitán Hikaru Valen volverá a estar asignado a su protección directa.
El aire pareció detenerse.
Takumi no giró la cabeza.
No reaccionó.
Pero su corazón sí lo hizo.
Horas más tarde, Hikaru recibió la orden en el cuartel.
—Asignación directa al príncipe heredero —leyó su superior—. Con efecto inmediato.
Hikaru cerró los ojos un segundo.
Así que este es el resultado, pensó.
Cuando volvió a verlo, fue en uno de los patios interiores del palacio.
Takumi estaba de pie, observando una fuente, con las manos entrelazadas detrás de la espalda. No se giró al escuchar los pasos.
—Capitán Valen —dijo—. Veo que el consejo no aceptó mi intento de distancia.
Hikaru se detuvo a unos pasos.
—No fue una sugerencia —respondió—. Fue una orden.
Takumi soltó una pequeña risa sin humor.
—Siempre lo es.
Hubo un silencio breve.
—No pedí que volvieras —añadió Takumi, sin mirarlo—. Pero tampoco… me alegra que te hayas ido.
Hikaru frunció ligeramente el ceño.
—Entonces estamos iguales.
Takumi giró finalmente.
Sus miradas se encontraron.
No había reproche.
No había alivio completo.
Solo una certeza compartida:
la distancia ya no era una opción sencilla.
—Las cosas van a ponerse difíciles —dijo Takumi—. Para mí… y para ti.
—Siempre lo son —respondió Hikaru—. No es motivo para retroceder.
Takumi lo observó un segundo más de lo necesario.
—Gracias por volver —dijo en voz baja.
Hikaru inclinó la cabeza.
—No me fui del todo.
Desde las galerías superiores, algunos nobles los observaban con atención.
No veían a un príncipe y a su guardia.
Veían una alianza que no podían controlar.
Y eso…
era exactamente lo que más les preocupaba.
Sigue así 🥰🥰🥰🥰