El Hospital Bernet siempre ha sido un lugar de segundas oportunidades… pero también de secretos que nunca sanaron.
Después de años lejos, Claudia Borges regresa para trabajar como interina, acompañada de su pequeña hija. Todos creen que la niña es hija de Agustín Murillo, su novio fallecido en un accidente.
Todos… menos alguien.
El doctor Osmán Bernet, hermano gemelo de Agustín, carga con un estigma que no merece: fue señalado como el villano de la historia, el que “arruinó” la relación de su hermano, el que siempre estuvo un paso detrás. Pero solo él conoce la verdad… o parte de ella.
Porque aquella noche en que Agustín la abandonó enferma, fue Osmán quien la cuidó.
Fue Osmán quien la sostuvo bajo el agua tibia.
Fue Osmán quien escuchó su llanto, su fiebre, su ruego…
Y fue a él a quien Claudia entregó su cuerpo sin saber que no era Agustín.
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Lo hizo por ella. 20
En ese momento, Claudia comprendió por qué ella estaba ahí: era por petición de Osmán. él la había dejado ahí.
—Claro, los dejaré solos, pero te devuelvo tus palabras —dijo Silvia—. Piensa en ti, ve a descansar.
Al decirlo, miró a Claudia, como pidiéndole que hiciera lo mismo. Que lo enviara a descansar.
—Claudia…
—Osmán…
Ambos hablaron al mismo tiempo. Cuando Silvia cerró la puerta.
—Dime… —Osmán le cedió la palabra.
—Gracias por todo.
—No es nada —se acercó y se sentó a su lado
—. Yo quería decirte que lo que dijo ese abogado no es cierto… No sé si puedes creerme o no, pero yo no maté a nadie, y menos a mi primo. Yo lo quería mucho, era la persona más cercana a mí.
Claudia lo miró en silencio.
—Mi tío siempre creyó que yo lo hice… y se fue creyéndolo.
En ese instante, Claudia recordó la cláusula que había dejado el señor Manrique.
—¿Por qué me das explicaciones?
—No lo sé… —admitió—. Quería hacerlo para que no tuvieras una mala impresión de mí.
—¿Solo por eso? Claudia no le creyó.
—Claro. Recuerda que Nati es mi sobrina, me parece una niña encantadora. Si tú crees eso de mí, podrías alejarme de ella.
Osmán mintió. Lo hizo porque es su hija.
—Claudia, hay algo más… mi padre…
—El señor Patrick. Lo vi, y me amenazó nuevamente. Claudia se adelantó a contestar.
—No lo sabía… — Osmán desvió la mirada hacia la puerta.
—Mi padre va querer sacarte de aquí.
—Lo supuse, pero necesito este empleo. Además, necesito encontrar las pruebas… Me urge terminar con ese misterio.
—Ya deja eso… olvida lo de mi hermano. Pero si quieres un consejo, acepta…
Sus miradas se encontraron.
—Acepta lo que el viejo te dejó. Mi tío tenía bastante dinero, no sé qué tanto te heredó ni si te dejó acciones, solo tú lo sabes. Pero con eso tienes una carta bajo la manga. Mi padre no podrá sacarte si también eres accionista.
La doctora Borges lo miró desconcertada, Osmán no parece sorprendido, por ser ella quien heredó al viejo Manrique.
—No creo que el señor Patrick lo apruebe.
—Ya veremos qué sucede cuando llegue ese día. Ahora vete, quiero descansar.
Borges fue un tanto descortés, pero lo hizo porque notó el cansancio en el rostro de Osmán… y porque no quería quedarse sola con él. Las palabras de Amber aún resuenan en su cabeza.
Diez días después…
—¡Buen día, chicos!
La doctora Borges llegó sonriendo, llena de ganas de volver a darlo todo.
—Claudia…
Osmán revisaba un expediente, el cual le entregó a Erick.
—Encárgate de esto.
Luego se acercó a ella.
—¿Cómo sigues? Desde que te di de alta no me contestas el teléfono.
—Gracias por la preocupación, doctor Osmán. Estoy muy bien, lista para comenzar de nuevo.
No muy lejos, Manuel los vio y también se acercó.
—Clau… qué bueno verte por aquí.
Al parecer la habían extrañado.
—Bienvenida nuevamente.
—Qué bueno verte.
—Gracias, me hacen sentir muy bien —respondió ella, sincera—. Yo también los extrañé.
Todos estaban de buen humor… hasta que apareció el prepotente CEO del hospital.
—¿Qué hace esta mujer en mi hospital? —la voz de Patrick cortó el ambiente—. ¿Por qué continúa aquí?
Su autoridad hizo que todos volvieran a sus puestos. Todos, excepto Osmán. Hasta Manuel dió la vuelta y se marchó.
—Papá, no grites. Podemos tratar esto en privado.
—¿En privado? ¿Qué tan privada puede ser tu vida cuando esta mujer me arrebató a mi querido Agustín?
La mirada ardiente de Patrick se clavó en Claudia. Y Ella la sostuvo, con arrogancia.
—No le he arrebatado a nadie. Usted más que nadie lo sabe. No me culpe cuando fue usted quien puso nervioso a Agustín. Fueron sus gritos los que no le permitieron concentrarse en la carretera.
—¿Quién crees que eres para culparme? —rugió—. Salga de mi hospital ahora mismo. Aquí no es bienvenida.
—No me voy a quedar donde no soy bienvenida.
Claudia no permitiría que Patrick volviera a pisotearla, pero tampoco se quedaría para recibir humillaciones. Es inteligente y todo llegará a su debido tiempo.
—Tú no te vas —intervino Osmán—. Papá, la doctora Borges no irá a ningún lado. Yo también tengo derecho a opinar.
—¿Derecho? —se burló Patrick—. ¿De qué derecho me hablas, si ni siquiera has firmado para recibir tus acciones? No deseas nada de los Bernet.
—He cambiado de parecer.
Osmán estaba entre la espada y la pared. Nunca pensó aceptar nada… pero por Claudia lo hizo.
—¿Qué…?
Silvia escuchaba todo desde su consultorio. Ella sabía cuánto se resistía Osmán a su destino. Y ahora lo hacía por ella.
—¿Lo estás haciendo por ella? —Patrick también lo notó.
—No —mintió con firmeza—. Te lo dije, no me retes. La doctora Claudia es una pieza valiosa en mi equipo. No te metas con mi gente.
—¿Cómo puedes ponerte de su parte? Agustín…
—Agustín me vale una… —Osmán se tragó la palabra.
Estaban en un hospital. Con pacientes cerca. No podía permitirse manchar su trabajo… ni mostrar lo que realmente sentía.
los padres nunca deben tener favoritos 😭😭😭😭😭😭