La venganza hacia su hermana estaba hecha, pero ahora debía cobrar al Templo el cruel destino con el que nació. Diannel sabe que solo estuvo jugando todo el tiempo, ahora deberá ser seria, pues vengarse de los sacerdotes no es tarea fácil. Las dificultades aumentan ahora que no puede evitar el despertar de su esposo, el Lobo Blanco nuevamente tomara las riendas de Verlur.
La pregunta es ¿será él, su esposo, un estorbo o beneficio para sus planes? Sea cual sea la respuesta, Diannel no puede ir macha atrás, menos teniendo a Abraham a su lado, bajo la atenta mirada de Joharel, lidiando con la desesperación de Vladimir y conviviendo con la presencia de Oliver, su esposo. Ya probó las delicias de las libertades del odio, ahora nadara en las libertades de la venganza para hundir a Yodiveira, el Supremo Sacerdote.
Inicia la venganza más cruel y sanguinaria contra un pilar del imperio.
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CAPÍTULO 18
Diannel comenzó a levantarse, su cabeza estaba hundida en la almohada, sintió el aire en su espalda descubierta, pero no le molesto. Al abrir los ojos, lo primero que vio fue la ventana sin cortinas, los cielos despejados y la nieve aún intacta afuera.
—Buenos días —sintió una mano deslizarse por su espalda—, o más bien buenas tardes.
Volteo su cabeza y se encontró con Abraham, aun desnudo, apoyando su cabeza con su mano y mirándola con una sonrisa traviesa. Las caricias bajaron hasta su espalda baja, ella gimió de dolor por tal contacto. Ella nunca imaginó que el precio por una gran noche fuera una mañana adolorida. Eso no detuvo al príncipe, quien siguió acariciando y recordando cada momento de anoche al ver los chupetones que dejó en sus hombros, espalda y más abajo.
—¿Buenas tardes? ¿Qué hora es?
—Dormimos toda la mañana, al menos tú —Abraham se recostó y la abrazó con cuidado—. Tus doncellas corrieron por toda la cabaña buscándote. Se les unió tu escolta y poco después tú oso. Dormías tan bien que me levanté y les dije que se callaran.
—¿Y qué pasó después?
—Tu escolta, tu doncella más joven y tu “encantador” oso comenzaron a escandalizar todo cuando te vieron en mi cama. Al menos la mayor de tus doncellas era lo suficientemente madura para callarlos. Me pidió que la llamara cuando despertaras.
—¿Cómo es que no me desperté con los escándalos de Maydi? Y eso que Giovanni y Alder se unieron —Diannel se dio la vuelta sin darse cuenta de que la sábana no cubría la parte superior de su cuerpo. Abraham comenzó a besarle el cuello sin esperar más— ¿Qué haces…?
—¿Qué hago? —sus manos comenzaron a acariciar todo su cuerpo— ¿Qué haces tú seduciéndome cuando apenas te despiertas? Me dormí luego de callar a tus subordinados cuando solo quería despertarte y hacerlo de nuevo. O… ¿acaso no quieres?
Diannel iba a decir que no, aun le dolía la espalda y sentía las piernas entumecidas. Sin embargo, el rostro ansioso de Abraham junto a su desnudez al día, fue algo imposible de rechazar. Esos ojos rojos la miraban con una pasión que amenazaba ahogarla. “¿Quién podría rechazar a un hombre como él?” Sonrió un poco por cómo cayó ante la seducción del príncipe y dio su respuesta:
—Solo una vez más, pero con cuidado… aún duele un poco.
Abraham no creyó ver a Diannel con un rostro tan expresivo y sonrojado. “Ella me enloquece. Realmente me tiene loco…” Comenzó a besarla con cuidado, no había prisa si solo podía hacerlo una vez.
Luego de que terminaran el acto pasional, la duquesa tocó la campana para llamar a sus doncellas. Susan y Maydi tuvieron que apartar la mirada ante la desnudez del príncipe. Su señora pidió que les prepararan un baño, Maydi corrió con su hermana y volvieron más antes de lo esperado. Resulta que la joven doncella preparó el agua desde temprano.
—El baño está listo, mi señora —dijo Susan— ¿Le ayudamos?
—Retírense —ordenó Abraham—, yo la ayudaré.
—Obedecemos órdenes de nuestra señora, no de su alteza —dijo Maydi.
—Está bien… —dijo Diannel—, bajaré luego a desayunar… ah, no… almorzar ¿cierto?
—Sí, mi señora… —a Susan se le escapó una sonrisa pequeña. Luego arrastró a su hermana fuera de la habitación—, disculpen.
Abraham señaló la valentía y lealtad de las doncellas de Diannel, pero también su torpeza. Le aconsejo que sus subordinados más cercanos no fueran tan tontos para lanzarle al peligro. Luego se levantó completamente desnudo. Camino hasta rodear la cama sonriendo ante la atenta mirada de su amante. Se acercó a ella para levantarla en brazos con cuidado y sin dejar que alguna sábana la cubriera. Fueron juntos a bañarse, aunque primero disfrutaron del calor del agua. Al terminar, se vistieron y luego almorzaron juntos en el comedor principal.
—Mis hombres están listos para llevarse al marqués Helshen mañana y comenzar el “rescate” de los crueles mercenarios —dijo Abraham—. Claro que puedes pedir un momento con él.
—No, gracias. Ya me desquite mucho antes.
—Como quieras. Pero espero que entiendas que ciertas personas deben desaparecer. No todos los mercenarios se vuelven tan leales como tú escolta.
—Claro que le entiendo. Puedes encargarte de los mercenarios como quieras.
Susan entró al comedor con una carta para su señora, cuando la leyó estuvo satisfecha, firmó y le pidió que la enviará a Arank con el halcón que trajo. El ave no tenía problemas de volar cuando no había tormentas. Al final, Diannel lo llamó Syrium y este respondió a su nuevo nombre.
—¿Qué es eso? —le preguntó Abraham.
—Es para mi hermano. Le pediré que haga caballero de Arank a Giovanni.
—¿Crees que eso hará que el duque lo acepte sin sospechas?
—Por eso vendrá en compañía de otros tres caballeros.
—Si tu hermano envía caballeros para ti, el duque no podrá rechazarlos.
—Exacto. Mi hermano realmente hace todo por mí. Pero no es tan tonto como para jurarte lealtad si yo se lo pidiera.
—Que lastima, pero está bien. Mientras Joharel no obtenga su lealtad, no importara lo que el nuevo duque de Arank haga.
Terminaron su almuerzo compartiendo sonrisas traviesas, comentarios de cualquier asunto y chistes para seguir con ese ambiente. Esa misma tarde, el carruaje para Issac y Elías terminó de prepararse. Maydi vio lo poco que faltaba para despedirse de su amigo.
—Es increíble que estarás a nada de ver a los caballos salvajes —dijo la doncella emocionada—. Cuando los vi dibujados en el libro realmente eran hermosos.
—Me preocupa que te quedes sola y más con una tarea peligrosa —Elías ni siquiera ocultó su preocupación—. A veces eres algo torpe…
—¡No soy torpe! Si fuera así, mi señora ni siquiera me confiaría un papel tan importante.
—Es cierto, no eres torpe, eres lista, Maydi… —la sonrisa de Elías terminó por sonrojar las mejillas de la joven doncella. Se volteó avergonzada para calmarse.
—Bueno, seguro estarás mejor en Lershe. No habrá peligro, podrás estudiar y practicar tu poder sin interrupciones.
—¿Interrupciones? —Elías notó que no era el único preocupado—. Nunca fuiste una interrupción, me habría vuelto loco si nunca me hubieras hablado.
—Me ayudaste a mejorar bastante. Ya sé muchas cosas y no temo avergonzar a mi señora, menos sentirme tonta. Ahora sé más que las burras sirvientas del castillo.
—Claro… —se sonrieron entre sí—, espero que nos volvamos a ver lo más pronto posible.
—Cuando llegue ese día, seré más alta que tú —dijo Maydi.
—Claro que no, tontita —Elías le sacudió la cabeza— yo soy mayor, siempre seré alto.
Se molestaron entre sí un rato más hasta que la sirvienta de la cabaña les dijo que era momento de partir. Al salir, Issac hablaba con la duquesa antes de que se subiera al carruaje. Elías se preocupó de viajar con ese loco por casi dos semanas.
—Elías… —la duquesa se acercó para despedirse—. Irán escoltados por hombres leales al 2° príncipe. Su seguridad está garantizada, la duquesa de Lershe llegará a su castillo antes que ustedes, pero estoy segura de que no los rechazará. Aprovecha bien todo el tiempo de seguridad y comodidad para mejorar. Y no olvides nada de lo que te dije: tú serás el siguiente Supremo Sacerdote, así que prepárate para tomar ese lugar.
—Sí, mi señora.
—Los planes pueden cambiar mucho estos días. Ahora que mi esposo despertará, no sé en cuánto tiempo podremos comenzar. Pero algo es seguro: las cosas no pueden detenerse. Aun si yo no libero la peste, esta terminará apareciendo.
—¿Cómo puede saber eso? —Elías estaba ansioso por su respuesta.
—No me creerías, así que solo quédate con lo que dije. Varios elementos pueden alterar nuestros planes, hasta tú. Si tu poder creciera, no habría que llegar tan lejos.
“Si mejoro mi poder ¿no habrá que usar la peste?” Elías mantuvo esa idea.
Maydi se quedó afuera de la cabaña hasta que los carruajes se perdieron de su vista. Sabía que Elías volvería, pero no cuando. El tiempo pasará y él podría cambiar bastante. “Tiene un futuro grandioso, será el Supremo Sacerdote y cambiará las cosas para todos”. La joven doncella se sintió un poco patética al ver que pronto habrá un gran muro que lo separaría de su amigo. Pero no tuvo tiempo de estar tan desanimada, un cuervo llegó a la villa y noto el papel atado a su pata.
—¿Otro mensaje? Descansa amiguito, en esta estación, ustedes sí que son héroes.
Entró a la cabaña buscando a su señora, la encontró en el jardín mirando a Alder. El oso sin duda crecía rápido y estaba feliz de tener cerca de su ama. Maydi se acercó y le entregó el mensaje. Se quedó a su lado esperando alguna orden, por eso vio como la expresión alegre de la duquesa cambió a una sorprendida y luego a una enojada.
—¡¿Cómo puede ser…?! —Diannel arrojó la nota y recordó las palabras de Issac cuando le dio el antídoto al duque: “Podría despertar antes, pero es una baja probabilidad, aunque es difícil saberlo. Su esposo no es un hombre normal ¿lo sabe, cierto?”
—¿Mi señora…? ¿Ocurre algo?
—Despertó más antes… —Diannel arrojo la mesa— ¡Maldición!
Justo cuando la doncella iba a preguntar si podía hacer algo por ella, el príncipe apareció y le dijo que mejor se retirara. Maydi no quería obedecerlo, pero lo hizo al ver lo alterada que estaba la duquesa. Entró a la cabaña para contarle lo sucedido a su hermana.
—¿Qué ocurre? —le preguntó Abraham.
—Despertó ayer en la noche… no…
“No estoy lista aún. Debo recibir el informe de la mina de oro sobre las cargas que se movieron. No puedo recibir esa carta en el castillo. Si envió a Giovanni y Maydi a Garsha ahora podrían ser descubiertos…”
El enorme mar de recuerdos venía como una gran ola oscura que amenazaba con ahogarla por la eternidad. Diannel tembló, arrojó más cosas a pesar de que solo hubo una diferencia de un día con el despertar de su esposo. Fue cuando se dio cuenta que no estaba enojada, sino asustada. Era el temor de volver a ser como antes por tan solo unas frías palabras.
—Por favor, ¿podría escucharme? Yo no hice nada malo…
—Me informaron que hiciste un escándalo por el vestido de esta noche. Debes responsabilizarte de tus acciones. No es necesario que asistas al banquete. Aylin, acompaña a mi esposa a su cuarto y que no haga más escándalos por estas cosas absurdas.
—Sí, su excelencia, sabe que siempre puede contar conmigo. Vamos, duquesa, ya ocasionó demasiados problemas esta noche.
“¡¿Por qué debo enfrentarte de nuevo?! ¡Nunca quise ser tu esposa! ¡Maldición!”
—¡Diannel…! —Abraham la tomó por los hombres y detuvo su escándalo—. Esto es inesperado, pero deja de pensar en los problemas y comienza a idear las soluciones. No dejes que su nombre te altere de esta forma. ¿Acaso olvidaste tu enorme pasión contra tus enemigos? Yo no, así que reacciona y no te dejes dominar por el miedo.