He aquí la historia de la cenicienta que no tuvo su final feliz. Elizabeth Castilla era aquella chica inocente que confiaba ciegamente en los demás, esa confianza imprudente que tenía por personas que no lo merecían la llevo a tener una muerte trágica, traicionada por las personas a las que amaba, ella solo quiere venganza, en su lecho de muerte una extraña oferta le fue otorgada.
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Propuesta
Tal vez este era el inicio de una gran amistad o el fin de lo que alguna vez pudimos ser. No sabía con certeza si el joven Samuel estaría dispuesto a aceptar mi propuesta, quizás cuando escuché lo que tengo que decir me podrá tratar como una loca, pero, no quería continuar así, sin rumbo alguno en esta nueva oportunidad que llamaba vida.
Las cosas se me iban de las manos, algunas situaciones estaban cambiando, el futuro no era tal como el que conocía, por eso debía aprovechar los conocimientos que tenía.
Pero...
Pedirle ayuda a una persona que apenas y había conocido, de la que no tenía conocimiento alguno más que mis propias deducciones me era difícil de aceptar. Sin embargo, tenía que hacerlo porque solo así podría enfrentar el futuro que me esperaba.
Yo era alguien sin poder, sin fortuna, no tenía las cualificaciones para luchar contra mis enemigos, no podía hacerlo sola, no ahora.
El joven Samuel Benalcazar, me miraba con aquellos ojos aterradores, sin embargo, estos se veían expectantes, en ellos se reflejaba una curiosidad sin fin.
— Dígame, señorita Elizabeth — dijo con aquella voz profunda que en este momento hacía que mi corazón dejará de latir.
— Yo tengo un secreto — susurré en voz baja — Sé que pensarás que estoy algo loca, quizás puede que no me creas, pero, solo escúchame.
Alice se había adelantado debido a la inauguración de sus clases, en este momento, solo estábamos él y yo. Aunque no era apropiado que me quedará en un lugar oculto de los ojos de las personas con otro hombre que no sea mi prometido, esta situación lo ameritaba.
Además mi prometido me valía un kilo de popo de pájaro, su opinión no me importaba.
— No de tanto rodeos, señorita — comentó Samuel mientras trataba de darme una sonrisa alentadora pero parecía que me estaba amenazando.
Él definitivamente era alguien demasiado amenazante.
— Yo tuve un sueño, soñé con mi futuro, con todo lo que me sucedería en los próximos cinco años — dije, aunque no fue un sueño, nunca lo fue — Sé que suena loco, pero, algunas situaciones que he soñado han sucedido en la realidad.
El joven Samuel me miraba de una manera que no podía leer, no quería que él fuera la primera persona a la que le iba a contar sobre mi sueño. Pero, necesito un aliado, necesito a alguien que esté a mi lado.
Él se había atribuido el papel de guardia personal por algunas circunstancias, él era la única persona que conocía de alguna manera, él tenía secretos así que sabía guardarlos.
— ¿Qué significa aquello? — cuestionó dudoso — ¿Qué pasa en su futuro?
— Solo hay oscuridad — respondí escuetamente — Solo hay oscuridad — repetí más para mi misma que para él.
El árbol alto y frondoso que estaba a nuestro alrededor era el único testigo de esta amarga confesión.
— ¿Por qué me dice esto? — preguntó el joven Samuel con algo de duda.
— Porque quiero que me ayudes — dije — Sé que recién nos conocemos y puedo parecer algo loca ...
— Aquella vez que me salvó prometí recompensar su buena voluntad, así que solo dígame que necesita y la ayudaré — dijo con una expresión amable.
Bueno...
Samuel Benalcazar, el joven de aspecto aterrador era mucho más consciente de lo que esperaba. Alguna otra persona en su lugar hubiese hecho preguntas sobre lo que había en mi sueño, pero, él no lo hizo, él se lo tomó de la mejor manera y no me vio como una loca. Parecía que tome una buena decisión al confiar en él.
— No te quiero pedir nada más que una colaboración — mencioné — Hay algo que quiero que compres por mí, es un terreno deshabitado que en un futuro será próspero. Yo al ser la hija del conde no puedo hacerlo abiertamente por eso te pido que lo hagas por mí.
El joven Samuel escuchó mi explicación con expectación. Lo que quería que él compre era una tierra a las afueras de la capital que se encontraba en venta, como era un lugar desolado, en mi anterior vida, aunque el dueño la quiso vender por una cantidad superior solo obtuvo la mitad de aquello y la persona que la compró fue el príncipe Antonio, su cuarta alteza, este pedazo desolado de tierra que lo uso como tapadera para sus reuniones clandestinas poseía una mina de plata, al obtener tremenda fortuna su poder se consolidó y al donar la mitad de las ganancias al reino obtuvo el favor del rey haciendo que su título como heredero se consolidará, pero, en esta vida no será así, no permitiré que el obtenga ningún beneficio, porque seré la dueña de esas tierras junto al joven que estaba delante de mis ojos.
Le pedí a él que las comprara en mi nombre debido a que como era mujer tenía muchas más restricciones en cuanto a lo que podía hacer, sin embargo, él no.
— Eso es todo lo que desea señorita — mencionó Samuel con una sonrisa — No se preocupe déjelo en mis manos.
— Sí — respondí — Tengo el dinero en mi habitación, más tarde, en la reunión de Alice podemos encontrarnos y te lo daré.
— Listo — accedió mientras se iba.
— Samuel — lo llame por primera vez por su nombre — Todo lo que te dije acerca de mi sueño, es un secreto — susurré a su espalda.
— Sé muy bien como guardar un secreto — dijo con un tono melancólico.
— Otra cosa.
— ¿Sí?
— Llámame Elizabeth — pedí con gentileza.
Samuel después de escuchar aquello se marchó, aunque no podía ver su rostro, pero, supe que se sintió avergonzado por sus orejas rojas.
Pero...
Al terminar de hablar con Samuel sentí que un peso desaparecía de mis hombros. Después de todo mis problemas financieros estaban a punto de solucionarse.
Tenía tres años para construir mi poder, ese era mi tiempo límite para terminar con todo.
Aunque estaba arriesgando demasiado al comprar aquel terreno cuando aun soy menor de edad, pero, confiaba en que Samuel podría hacer que quede mi nombre en el anonimato.
No quería que todo lo que estaba haciendo le traiga beneficios a mi no tan feliz familia. Lancé un suspiro mientras tocaba el collar que tenía debajo de mi uniforme.
Quería descubrir todos los misterios que envuelven mi vida, deseaba saber porque yo, porque nadie más.
Con pasos ligeros me dirigí hacia mi habitación en donde me esperaba Alice. Después de todo le había dicho que iría a su inauguración.