Ella fue condenada a muerte por el príncipe heredero, su propio esposo. Los dioses, apiadados de su destino, le dieron una segunda oportunidad. Ahora ha regresado con un solo propósito: cambiar su historia y lograr que él se enamore de ella.
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Cap3: La boda
Los días pasaron volando, pero para mi eran cada vez más estresantes pues en pocas horas ya no sería Elara Veyra ahora sería Elara Forth, la nueva reina. Mi destino se acercaba lento pero decisivo dispuesto a acabar conmigo.
—Señorita se ve hermosa —Lore me elogió como siempre.
Esta vez ella venía conmigo ya lo había conversado unos días antes con mis suegros, no podía quedarme sola en esa casa no lo iba a permitir.
—Gracias Lore
Mire mi reflejo en el espejo y verdaderamente era hermosa, no se como William no lo notaba. Mi cabello marrón y ondulado me llegaba por las rodillas y mis ojos color miel me daban un aire de amabilidad y sencillez. La verdad no entiendo como un hombre me pudo hacer dudar de mi misma a tal punto de morir por él.
*_*
La capilla se encontraba justo delante de mi y a mi izquierda estaba mi querido padre extendiendo la mano para que yo la tomara con una enorme sonrisa. Sin embargo yo estaba dudando, me había prometido a mi misma enamorar a William pero me daba miedo volver a cometer los mismos erros que en el pasado.
—Hija...¿vamos? —la dulce voz de mi padre me sacó de mis pensamientos, lo observé cuidadosamente y luego sonreí.
—Claro —agarré su mano y entramos juntos a la capilla.
Y justo enfrente estaba él, William Forth el hombre más bello de este mundo. Con ese traje que le quedaba muy ajustado y su cabello negro como la noche, con solo mirarlo me volví a enamorar.
—Lastima que tú no me quieres —susurré para mi misma
Mi padre me entregó en los brazos de Will y este ni se inmutó en darle una pequeña sonrisa, ni siquiera quiso tocarme. Pero esta vez nada iba a ser igual.
El cura nos casó y antes de que mi querido esposo me dejase en ridículo frente a todos salí caminando con la frente en alto y lo dejé atrás, confundido y seguramente enfadado.
Mi rostro parecía un témpano de hielo ya que todos los que me miraban apartaban la vista en segundos. Me dirigí al carruaje, luego de todo este show había una fiesta en el castillo y ni loca me iba a ir en el mismo carruaje que William, todavía no era el momento de acercarme a él.
*_*
La fiesta estaba siendo aburrida, hasta que vi llegar a mi querido esposo con el rostro más frío que jamás había visto dirigiéndose hacia mi.
*Tengo que escapar de esta -pensé-
Me levanté de la silla y me dirigí a la pista de baile agarrando a uno de los invitados de la mano, ni siquiera sabía quién era. Esto fue lo único que sé me ocurrió. La canción empezó a sonar y todos se detuvieron a verme y chismorrear sonre por que no estaba bailando con mi marido.
El chico que bailaba conmigo se puso rojo y muy nervioso y sin darme cuenta se acercó un poco más a mi.
—¿Qué haces? —pregunté confusa
—Nada mi reina, usted fue quien me sacó a bailar —dijo ladeando la cabeza y con una sonrisa pícara. —yo solo estoy aprovechando la ocasión. Es usted muy bella ¿lo sabía?
De pronto el chico me soltó y palidesió. —¿Cómo te atreves a bailar con mi esposa? —La voz de William lleno todo el lugar e inmediatamente todo quedó en un silencio absoluto.
—Lo siento, l-lo siento su majestad —el chico se fue aterrado y la verdad hasta yo lo estaba, esa voz suya me dejó inmóbil.
Me giré lentamente para observar su rosto y me arrepentí al momento, William tenía ganas de matar a alguien su rostro lo reflejaba claramente.
*Solo arma este espectáculo para no quedar mal, menudo imbécil-pensé-
—¿Qué crees que estás haciendo? —me agarró del batazo y me sacó de aquel lugar.
—Bailar o acaso no sabes como es —respondo desafiante y me solté de su agarre.
—Lo que haces es dejarnos en ridículo, que no se te olvide que eres la nueva reina no puedes estar dejandonos en ridículo. —su mirada se clavo en mis ojos y por un momento me dio miedo desafiarlo.
—Yo no dejo en ridículo a nadie, solo estaba aburrida y quise bailar. Y qué no se te olvide que nuestro matrimonio fue acuerdo de nuestros padres —di media vuelta y caminé unos pasos para luego detenerme y mirarlo. —no te debo explicaciones.