Kael, el rey de los lobos, huye de un destino impuesto… pero no puede escapar de su propia oscuridad.
En el mundo humano conoce a Lía, la única capaz de activar un vínculo prohibido por la diosa de la luna.
Cuando la sombra del pasado, el consejo y una guerra ancestral los persiguen, el amor se vuelve una amenaza.
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CAPÍTULO 15: LA PRUEBA DE SANGRE
El primer alfa cayó sobre ellos como una sombra viva.
No hubo advertencia.
No hubo duda.
Solo violencia.
Kael reaccionó primero.
Siempre lo hacía.
Se lanzó hacia adelante, interceptando el ataque en el aire. El impacto entre ambos fue brutal. Sus cuerpos chocaron contra la baranda del muelle con un estruendo seco que hizo vibrar toda la estructura.
La madera crujió peligrosamente bajo el peso. El mar rugió debajo, oscuro e implacable.
Lía retrocedió instintivamente. Su respiración se volvió irregular. Su mente intentaba procesar todo… pero no había tiempo.
Nunca había tiempo.
Los otros cuatro alfas comenzaron a moverse.
No atacaron de inmediato.
La rodearon.
Lentamente.
Calculando.
Cazando.
La lluvia caía con fuerza, volviendo cada paso más peligroso. El agua se filtraba entre las tablas del muelle, formando pequeñas corrientes que desaparecían en la oscuridad del mar.
Era una trampa perfecta.
Un escenario diseñado para una sola cosa:
Verla caer.
Selene observaba desde el fondo.
Inmóvil.
Elegante.
Con la madre de Lía atada a la silla, como una pieza más del tablero.
Su sonrisa era sutil. Pero cargada de intención.
No estaba nerviosa.
No estaba preocupada.
Estaba… esperando.
—¡Lía, no te distraigas! —rugió Kael.
Pero el aviso llegó tarde. Uno de los alfas atacó por la izquierda.
Rápido.
Silencioso.
Lía giró por instinto.
La garra rozó su brazo.
El dolor fue inmediato.
Agudo.
Caliente.
La tela se abrió.
La sangre apareció.
Roja.
Intensa.
Real.
Lía apretó los dientes.
No gritó.
No iba a darles ese gusto.
El alfa sonrió.
Una sonrisa torcida.
—Así que la reina también sangra.
La frase encendió algo dentro de ella.
La rabia subió.
Rápida.
Violenta.
Imparable.
La marca ardió.
La media luna bajo su piel comenzó a brillar con intensidad.
Una descarga recorrió su cuerpo.
El atacante lo vio. Y su sonrisa creció.
—Eso quería ver.
Se lanzó otra vez.
Pero esta vez…
Lía no retrocedió.
Levantó la mano.
Y la energía respondió.
No dudó.
No tembló.
Salió disparada como una explosión controlada. Impactó directo en el pecho del alfa.
El sonido fue seco.
El cuerpo del hombre salió despedido varios metros.
Chocó contra uno de los pilares del muelle. El impacto hizo temblar toda la estructura. Un crujido profundo recorrió la madera.
El mar respondió con una ola violenta. Silencio por un segundo.
Los otros tres alfas se miraron.
Algo había cambiado. Ya no la veían como una presa fácil.
Ahora había cautela.
Respeto.
Y algo más peligroso: Interés.
Kael derribó al enemigo que enfrentaba con un golpe brutal.
El alfa cayó de rodillas.
Kael no se detuvo.
Otro golpe.
El cuerpo quedó inmóvil.
Giró hacia Lía.
—¡Lía, al suelo!
Ella obedeció.
Sin pensar.
Un segundo alfa saltó justo por donde ella estaba.
Kael lo interceptó en el aire.
Su puño impactó directamente en la mandíbula del atacante. El sonido fue tan fuerte que se mezcló con el rugido del mar.
El cuerpo cayó con violencia.
Rodó sobre la madera mojada.
La pelea explotó por completo.
Ya no era una emboscada. Era una guerra abierta.
Golpes.
Garras.
Rugidos.
Madera rompiéndose. El muelle comenzaba a ceder.
Lía retrocedió unos pasos.
Respirando rápido.
Su brazo herido ardía.
Pero no importaba.
Nada importaba excepto una cosa.
Su madre.
Selene no se movía.
Seguía observando.
Y eso…
Eso era lo más inquietante.
Lía lo entendió en ese instante.
Esto no era un ataque cualquiera.
Era una prueba.
Todo había sido preparado.
Cada movimiento.
Cada enemigo.
Cada riesgo.
Para verla reaccionar.
Para medirla.
Uno de los alfas avanzó lentamente.
No atacó.
No tenía prisa.
La observaba como si fuera algo raro.
—Si realmente eres la elegida —gruñó—, demuestra que puedes proteger lo que amas.
Su mirada se desvió.
Directo hacia la madre de Lía.
El mundo se detuvo.
El corazón de Lía también.
—No…
El alfa corrió.
Rápido.
Directo.
Letal.
Hacia la silla.
Hacia su madre.
Hacia lo único que no podía perder.
Lía no pensó.
No dudó.
Corrió.
El sonido de sus pasos se perdió entre la lluvia.
El muelle crujía.
La distancia parecía eterna.
El alfa levantó la garra.
Listo para atacar.
—¡NO!
La marca explotó.
No fue un destello.
No fue una descarga.
Fue una liberación.
Una onda de energía salió de su cuerpo en todas direcciones.
Blanca.
Plateada.
Pura.
Golpeó el aire.
Golpeó el muelle.
Golpeó el mar.
Los alfas fueron lanzados hacia atrás como si una fuerza invisible los hubiera golpeado.
Kael se cubrió el rostro.
Incluso él sintió el impacto.
Selene entrecerró los ojos.
Por primera vez…Interesada de verdad.
La energía chocó contra el agua. Las olas se levantaron violentamente. El muelle tembló. Las luces parpadearon. El mundo pareció romperse por un segundo.
Luego…
Silencio.
Lía respiraba con dificultad.
Su cuerpo temblaba.
La energía desaparecía lentamente. Pero algo había cambiado. Ya no era solo reacción.
Había intención.
Control.
Su madre seguía viva.
El alfa que iba a atacarla estaba en el suelo.
Inmóvil.
Derrotado.
Selene sonrió.
Lentamente.
Satisfecha.
—Ahora sí.
Kael giró hacia ella.
Furioso.
—¿Ahora sí qué?
Selene avanzó.
La lluvia resbalaba por su rostro.
Pero su expresión era perfecta.
—Ahora sí despertó el verdadero poder.
Lía la miró.
El miedo se había transformado.
Ahora era rabia.
—¡Basta de juegos!
Selene ladeó la cabeza.
—No son juegos.
Miró a los alfas caídos.
—Necesitaba saber si la luna realmente te había elegido.
Kael avanzó.
Cada paso cargado de amenaza.
—Usaste a su madre como carnada.
Selene no se inmutó.
—Y funcionó.
Eso fue suficiente.
Lía corrió hacia su madre.
Se arrodilló. Sus manos temblaban mientras soltaba las ataduras.
—Mamá… mamá, mírame…
La mujer levantó el rostro.
Llorando.
—Pensé que no volvería a verte…
Lía la abrazó.
Fuerte.
Desesperadamente.
Ese abrazo rompió algo dentro de ella. Todo lo que había contenido. Todo lo que había resistido. Ahí estaba.
Real.
Su madre.
Viva.
Kael se acercó. Miró alrededor.
El peligro no había terminado.
—Tenemos que irnos. Ahora.
Selene habló.
—No tan rápido.
El aire cambió.
Otra vez.
Pero esta vez fue diferente.
Más pesado.
Más oscuro.
Más antiguo.
Kael giró.
Su cuerpo se tensó.
Por completo.
—No…
Un rugido emergió desde la oscuridad. No era como los otros. No era animal. No era humano. Era algo más. Algo que imponía.
Que aplastaba.
Que dominaba.
Los alfas sobrevivientes bajaron la mirada.
Instinto puro.
Respeto.
Miedo.
Una figura apareció entre las sombras.
Alta.
Masiva.
Imponente.
Sus ojos brillaban…Pero no dorados.
Rojos.
Encendidos.
Peligrosos.
El aire se volvió denso.
Respirar se hizo difícil.
Lía sintió el peso de su presencia en el pecho.
Kael dio un paso al frente.
Protector.
Instintivo.
Su voz salió como un gruñido contenido.
—Ragnar.
La figura sonrió.
Lentamente.
Como si hubiera esperado ese momento.
—Hermano.
El mundo volvió a cambiar.
Y Lía entendió…
Que lo peor aún no había comenzado.