NovelToon NovelToon
UN CHILANGO EN TIERRAS SALVAJES

UN CHILANGO EN TIERRAS SALVAJES

Status: En proceso
Genre:Viaje a un mundo de fantasía / Grandes Curvas / Romance
Popularitas:224
Nilai: 5
nombre de autor: Anthony Helios

Alejandro pensó que tocar fondo era encontrar a su novia "reforzando la amistad" con un pendejo del tamaño de un refrigerador. Ternurita.
En un intento patético por encontrar consuelo, este Godínez promedio -de esos que piden perdón cuando los pisan- compra un libro viejo que promete curar su corazón. ¿El resultado? No recibe terapia, sino un boleto de ida (y sin retorno) a un mundo salvaje donde su tarjeta de puntos y su buena educación no valen nada.
Ahora, Alejandro está atrapado en una tierra hostil armado con lo único que tiene: unos tenis de tela que ya pasaron de moda, cero condición física y una ansiedad galopante.
Aquí no hay señal, no hay Oxxos en cada esquina y, lamentablemente, las bestias que lo acechan no entienden de "buenos modales". Si quiere volver a la comodidad del asfalto (y a sus tacos al pastor), tendrá que aprender a sobrevivir en un lugar donde todo lo ve con cara de snack.

NovelToon tiene autorización de Anthony Helios para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 19 Acero, cumbia y despedidas

El humo de los Acechadores de Podredumbre todavía se disolvía en el aire de la plaza de Vado Alto cuando el silencio sepulcral fue roto por el sonido de rodillas chocando contra el pavimento de piedra. Las cuatro doncellas que acompañaban a la joven de ojos esmeralda se arrodillaron al unísono, bajando sus espadas de plata con una sincronía perfecta.

—¡Comandante Kaia! —exclamaron las guerreras con una sola voz, cargada de una mezcla de alivio y devoción.— Las Rosas de Hierro saludan a su líder perdida.

Kaia, que todavía me tenía rodeado con un brazo posesivo mientras Briana e Iris hacían lo propio por los costados, se quedó estática. Su mirada ámbar, generalmente fría y calculadora, se llenó de un destello de reconocimiento que había intentado enterrar bajo capas de cinismo y mercenarismo. Soltó un suspiro largo, su melena negra agitándose mientras se separaba de nuestro abrazo grupal para dar un paso al frente.

—Levántense, muchachas —dijo Kaia, y su voz recuperó ese tono de autoridad absoluta que me ponía los pelos de punta—. Ya no soy su comandante. Dejé la Guardia Real hace tres inviernos.

La joven líder del séquito se bajó la capucha, revelando por completo su rostro de porcelana y su cabello castaño cobrizo. Se acercó a Kaia ignorando los restos de monstruos y la sangre negra que manchaba el suelo.

—Puedes dejar la Guardia, Kaia, pero la Guardia nunca te deja a ti —dijo la joven, y esta vez no había ni rastro del desprecio que me había mostrado antes—. Soy la Princesa Alizee de Valoria. Y estoy aquí porque mi reino se está desmoronando bajo los pies del Rey Sombra.

Ringo, sentado sobre mi cabeza, soltó un silbido largo.

—¡Ay, caray! ¡La "jefa" resultó ser la mera mera petatera! —gritó el mono—. ¡Flan, te lo dije! Esta morra olía a impuestos y a castillos desde que la vimos. ¿Qué sigue? ¿Nos vas a dar una medalla o nos vas a invitar los chilaquiles?

Alizee me miró, y por primera vez, sus ojos esmeralda mostraron una disculpa sincera.

—Caballero Alejandro... perdona mi arrogancia. Vi tus tatuajes y tu forma de hablar y pensé que el mundo se había vuelto loco. Pero después de ver cómo ese martillo tuyo aplastó a la Podredumbre, entiendo que eres el "Archivo Fuente" del que hablaba el Sabio.

—Cámara, Alteza, no hay falla —respondí, ajustando el anillo de hierro de mi pulgar—. En mi tierra decimos que "caras vemos, corazones no sabemos". Pero ahora que ya estamos en confianza, ¿qué onda con ese ataque?

La cara de Alizee se ensombreció.

—No fue casualidad. La Sombra está cercando los puntos clave. Tengo informes de que tu entrenador, Bastian, está rodeado en los Picos Negros. Está defendiendo el último repetidor de Maná que mantiene el velo del sur. Si cae, las Cascadas de Cristal se corromperán antes de que tú llegues. Necesita ayuda de élite. Ahora.

El equipo se tensó. El momento de alegría por habernos reunido se esfumó tan rápido como un like en una foto borrosa.

—Tenemos que ir —sentenció Kaia, mirando a Briana e Iris—. Bastian es la única razón por la que Alejandro tiene una oportunidad. No podemos dejarlo morir.

—Pero Alejandro no puede ir a los Picos Negros —intervino Caeris, ajustando sus dagas gemelas—. El camino es un suicidio táctico para alguien con el rastro de Maná tan alto como el suyo. Él tiene que seguir hacia las Cascadas de Cristal por la ruta del río. Es la única forma de que el sistema se estabilice.

Se hizo un silencio pesado. La separación era necesaria, pero dolía más que un hachazo de Gromm en las costillas.

—Entonces está decidido —dijo Briana, tomando mis manos con suavidad, sus ojos violetas brillando con una determinación triste—. Kaia, Iris y yo iremos con la Princesa hacia los Picos Negros para rescatar a Bastian. Alejandro, tú seguirás con Ringo y Caeris hacia las Cascadas.

Iris se pegó a mi pecho, sus orejas de loba gachas y sus ojos rosa fijos en los míos.

—No quiero dejarte, mi guerrero. Siento que si me voy, la manada se rompe.

—Es por el bien de todos, Iris —dije, acariciando su cabello blanco que le llegaba por debajo de las nalgas—. Además, ustedes tres juntas son más peligrosas que una huelga en el metro. Bastian estará a salvo con ustedes.

—Pero antes de que cada quien agarre su rumbo —anunció Ringo, saltando a la fuente—, ¡este triunfo se festeja! ¡No me voy a ir a pelear con sombras sin antes haber sacudido la polilla! ¡Alejandro, saca el espejo ruidoso!

La fiesta en Vado Alto esa noche fue algo que los historiadores de ese mundo nunca podrán explicar. El pueblo entero se reunió en la plaza, con barriles de cerveza de raíz y carne asada que olía a gloria.

Saqué mi celular. Sabía que la batería era sagrada, pero el momento lo valía. Me concentré en el flujo de Maná de mi brazo, ese que había estado practicando con Gromm para imbuir armas. Toqué la pantalla y visualicé el sonido no como ondas, sino como una explosión de luz dorada.

—¡Amplificación de Frecuencia Rúnica! —murmuré.

De pronto, del teléfono no salía un sonido de bocina pequeña. Alrededor de mis manos aparecieron dos proyecciones de Maná dorado que parecían bocinas masivas, cuadradas y vibrantes. El bajo se sintió en el suelo de piedra, haciendo que los vasos de los enanos temblaran.

—¡Échale, Alejandro! —gritó Ringo.

Busqué en mi playlist de "Fiesta en el Barrio Mágico".

Tan-tan-tan-tan-taran-tan-tan...

El Jarabe Tapatío retumbó en las montañas. Los habitantes de Vado Alto se quedaron pasmados. Era la música más alegre y extraña que habían escuchado jamás. Ringo, poseído por el espíritu del zapateado, se lanzó al centro. El mono, usando sus dotes de bailarín que ya había presumido con las hadas, empezó a dar vueltas y a golpear el suelo con sus patas de alambre con una rítmica perfecta.

—¡Ajúa! ¡Venga esa vuelta, Ringo! —gritaba yo, mientras las doncellas de la princesa Alizee intentaban seguir el ritmo con sus pesadas botas de guerreras.

Incluso la Princesa Alizee, después de un par de tragos de cerveza de raíz, terminó intentando zapatear con Kaia. Fue una escena surrealista: la antigua comandante de la Guardia Real, la princesa de un reino caído y una elfa de plata riendo y moviéndose al ritmo de la música de mi tierra.

Aproveché el caos para acercarme a las tres. Pusimos música más lenta, algo de cumbia rebajada que les permitía moverse más cerca de mí. La tensión erótica y romántica que habíamos estado acumulando durante todo el viaje explotó en esa pista de baile improvisada. Bailé con Briana, sintiendo su elegancia elfa; luego con Kaia, cuya fuerza se sentía como un fuego contenido; y finalmente con Iris, que se movía con una sensualidad animal que me dejaba las neuronas fritas.

—Te voy a extrañar, chilango —susurró Kaia en mi oído, su respiración caliente rozando mi cuello mientras nos movíamos al ritmo del bajo—. Asegúrate de no morir hasta que regrese para terminar nuestra "lección" de combate.

—Estaré esperándote, jefa —respondí, rodeando su cintura con mis brazos musculosos, sintiendo el respeto y algo más profundo que nos unía.

A la mañana siguiente, la realidad nos pegó con un balde de agua fría. Las tres chicas partieron con la Princesa Alizee y su séquito hacia el norte. Las vi alejarse desde la puerta del pueblo, con un nudo en la garganta que ni el aire de montaña podía quitar. Me quedé solo con Ringo y Caeris, sintiendo que el equipo Flanecitos estaba a la mitad de su capacidad, pero con el doble de responsabilidad.

—No pongas esa cara de perro abandonado, flan —dijo Ringo, rascándose la cabeza—. Todavía me tienes a mí para recordarte lo feo que eres. Y al pitufo guía para que no te caigas en un hoyo.

—Gromm te espera en la forja, Alejandro —interrumpió Caeris, señalando hacia el taller del enano—. Dice que no te puedes ir sin tu examen final.

Caminé hacia la forja. El enano estaba de pie junto al yunque, pero esta vez no tenía el martillo en la mano. Tenía una caja de madera reforzada con acero.

—Muchacho, has demostrado que tienes la fuerza de un buey y la cabeza más dura que una piedra de río —gruñó Gromm, mirándome con orgullo enano—. Has dominado la espada, el hacha y el martillo. Pero para el camino que te espera, necesitas algo que sea tan impredecible como tú.

Gromm abrió la caja. Dentro, descansaba un arma que me dejó con la boca abierta. Era un mangual. Una empuñadura de acero negro grabada con runas de tormenta, unida por una cadena de eslabones gruesos a una bola de metal llena de picos de obsidiana que parecían latir con una energía interna.

—Se llama "El Relámpago de Vado Alto" —dijo el enano, entregándomelo.

Al tomarlo, sentí una descarga ligera que me recorrió el brazo. Lo primero que noté fue que, a pesar de su aspecto masivo, era increíblemente ligero en mis manos.

—Tiene la misma propiedad que tu martillo, Alejandro —explicó Gromm—. Úsalo con el Maná de tu brazo. Puede encogerse hasta ser una pequeña cadena de bolsillo o crecer hasta que la bola de picos sea del tamaño de la cabeza de un golem. Pero eso no es todo.

Gromm señaló un poste de hierro al final del patio.

—¡Dale con ganas!

Hice girar el mangual sobre mi cabeza. Sentí cómo la inercia se acumulaba. El león de mi tatuaje empezó a brillar con un azul eléctrico. Lancé el golpe. En el momento en que la bola de picos chocó contra el poste, una descarga masiva de electricidad azul estalló, fundiendo el hierro al instante y dejando un olor a ozono que llenó la forja.

—¡Santo Dios del Rayo McQueen! —gritó Ringo, saltando tres metros hacia atrás—. ¡Flan, ahora sí eres un peligro para la sociedad! ¡Vas a freír a los enemigos como si fueran charales en el mercado!

—Es tuya, Alejandro —dijo Gromm, dándome un apretón de manos que me hizo crujir los huesos—. Es el arma de un guerrero que ya no tiene miedo de su propio poder. Úsala para limpiar el camino a las Cascadas.

Me colgué el mangual al cinturón, sintiendo su peso ligero y su energía vibrante. Me miré las manos, luego mi anillo de hierro y finalmente el camino que se extendía hacia el horizonte.

Ya no era el Pobre necesitado de amor que buscaba likes en Instagram. Era Alejandro, el portador del "Rompe-Sistemas" y el "Relámpago de Vado Alto". Tenía un mono sarcástico a mi lado, un guía elfo que no dejaba de quejarse y un corazón lleno de la promesa de volver a ver a mi familia.

—¡Cámara, banda! —grité, ajustándome la mochila—. Próxima parada: las Cascadas de Cristal. ¡Y pobre del monstruo que se nos cruce, porque hoy traigo ganas de repartir madrazos eléctricos!

Salimos de Vado Alto mientras el sol alcanzaba su punto más alto, dejando atrás la seguridad de los muros para adentrarnos en lo más profundo de las Tierras Salvajes. El viaje continuaba, y el Chilango estaba más listo que nunca.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play