Adrián Vega necesitaba una esposa falsa. Camila necesitaba dinero para salvar a su madre. El trato era simple: un año de matrimonio y millones de dólares. Sin amor. Sin preguntas. Sin romper el contrato. Pero cuando Camila entra al peligroso mundo de los Vega descubre algo aterrador… Las mujeres que se acercan demasiado a Adrián terminan desapareciendo. Y ahora ella podría ser la siguiente.
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Capítulo 20: Una advertencia demasiado tarde
El silencio en el vestíbulo de la mansión Vega fue absoluto.
Las palabras de Laura Mendoza parecían haber detenido el tiempo.
“Valeria Montenegro está con Daniel Rivas.”
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—Eso… eso no puede ser verdad —murmuró.
Adrián permanecía inmóvil.
Su mirada estaba fija en Laura.
—¿Estás segura de lo que dices?
Laura sostuvo su mirada.
—Completamente.
Sebastián frunció el ceño.
—Valeria siempre ha estado cerca de nuestra familia.
Laura respondió con calma.
—Exactamente por eso.
Lucas soltó una pequeña risa.
—Esto empieza a tomar sentido.
Camila lo miró con incredulidad.
—¿Te parece normal que alguien con quien convivimos esté involucrada en todo esto?
Lucas levantó ligeramente los hombros.
—En los negocios y en la traición… la cercanía siempre es una ventaja.
El silencio volvió a caer.
Camila recordó cada encuentro con Valeria.
Sus miradas.
Sus comentarios.
Su sonrisa.
Ahora todo parecía diferente.
—Entonces ella sabía todo desde el principio —dijo finalmente.
Laura inclinó ligeramente la cabeza.
—Es muy probable.
Adrián habló con voz fría.
—¿Por qué?
Laura respondió con calma.
—Porque su familia también tenía inversiones en algunas de las empresas involucradas.
Sebastián cruzó los brazos.
—Eso nunca apareció en los informes.
Laura soltó un pequeño suspiro.
—Muchas cosas fueron borradas de los informes.
Camila sintió un escalofrío.
—Entonces Valeria estaba ayudando a Rivas.
Laura negó lentamente.
—No necesariamente.
El silencio volvió a caer.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué quieres decir?
Laura habló con cuidado.
—Valeria no siempre trabaja para alguien.
Lucas levantó una ceja.
—¿Entonces trabaja para sí misma?
Laura respondió con calma.
—Exactamente.
Camila miró a Adrián.
—Eso significa que Valeria también quiere algo.
Adrián habló con voz baja.
—El control.
Sebastián levantó la mirada.
—Si Rivas está detrás del fraude…
—Y Valeria está con él…
Lucas terminó la frase.
—Entonces esta alianza es mucho más peligrosa de lo que pensábamos.
El silencio llenó nuevamente el vestíbulo.
Camila respiró profundamente.
—Laura dijo que están en el edificio ahora.
Adrián habló con voz firme.
—Entonces iremos.
Salazar observaba la escena con tranquilidad.
—Eso sería una decisión muy impulsiva.
Adrián lo miró con frialdad.
—No te pedí tu opinión.
Salazar sonrió ligeramente.
—Solo estoy señalando lo obvio.
Camila frunció el ceño.
—¿Qué cosa?
Salazar respondió con calma.
—Que alguien quiere que vayan allí.
El silencio volvió a caer.
Sebastián suspiró.
—Eso también lo sabemos.
Salazar continuó.
—Pero no saben por qué.
Lucas cruzó los brazos.
—¿Y tú sí?
Salazar respondió con una sonrisa leve.
—Tengo algunas ideas.
Adrián lo miró fijamente.
—Entonces habla.
Salazar dio unos pasos por el vestíbulo.
—Si Rivas realmente está en ese edificio…
Se detuvo.
—Entonces mañana no será el único que aparecerá.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Qué quieres decir?
Salazar respondió con voz baja.
—Ese lugar se convertirá en un campo de batalla.
El silencio se volvió pesado.
Sebastián frunció el ceño.
—¿Entre quiénes?
Salazar respondió con calma.
—Entre todos los que quieren esa verdad… y todos los que quieren enterrarla.
Camila miró a Adrián.
—Eso significa que habrá más personas involucradas.
Laura habló con tono serio.
—Muchos más.
Adrián guardó silencio unos segundos.
Luego habló con firmeza.
—Entonces tenemos que ir antes que ellos.
Sebastián levantó una ceja.
—¿Esta noche?
Adrián respondió:
—Sí.
Camila sintió una mezcla de miedo y determinación.
—Si Rivas está allí ahora…
—No podemos esperar hasta mañana.
Lucas sonrió ligeramente.
—Eso suena emocionante.
Salazar negó lentamente.
—Eso suena peligroso.
Adrián lo miró.
—Siempre lo ha sido.
Camila observó a Laura.
—¿Estás segura de que están allí?
Laura respondió con calma.
—Los vi entrar hace menos de una hora.
Sebastián habló con tono serio.
—Entonces debemos movernos ahora.
El silencio volvió a caer.
Camila miró alrededor del vestíbulo.
Todo estaba cambiando demasiado rápido.
Pero una cosa era clara.
El momento de la verdad se acercaba.
Adrián caminó hacia la puerta.
—Preparen el coche.
Uno de los guardias salió inmediatamente.
Lucas tomó su chaqueta.
—Esto se pone interesante.
Sebastián suspiró.
—Espero que sepamos lo que estamos haciendo.
Camila respiró profundamente.
—No tenemos otra opción.
Adrián abrió la puerta principal.
La noche era oscura.
El viento movía suavemente los árboles del jardín.
Pero algo no se sentía bien.
Camila dio un paso hacia afuera.
En ese momento Laura habló nuevamente.
—Esperen.
Todos se detuvieron.
Adrián giró la cabeza.
—¿Qué pasa?
Laura observó la puerta.
—Hay algo más que deben saber.
El silencio volvió a caer.
Camila la miró.
—¿Qué cosa?
Laura habló lentamente.
—Rivas no confía en nadie.
Sebastián frunció el ceño.
—Eso no es una sorpresa.
Laura continuó.
—Por eso siempre tiene un plan de escape.
Camila sintió un escalofrío.
—¿Qué tipo de plan?
Laura respondió con voz baja.
—Explosivos.
El silencio fue absoluto.
Camila sintió que el corazón le latía con fuerza.
—¿Estás diciendo que ese edificio podría explotar?
Laura inclinó ligeramente la cabeza.
—Sí.
Adrián frunció el ceño.
—Entonces tenemos aún menos tiempo.
Salazar habló con calma.
—O tal vez ya es demasiado tarde.
Camila lo miró.
—¿Por qué dices eso?
Salazar respondió con una frase que hizo que el aire se volviera frío.
—Porque si Rivas sospecha que ustedes van hacia allí…
Hizo una pausa.
—Entonces ese plan ya está en marcha.
El silencio se volvió aterrador.
Camila sintió que el miedo se apoderaba de su pecho.
—Tenemos que detenerlo.
Adrián habló con voz firme.
—Lo haremos.
Camila dio un paso hacia el coche que acababa de detenerse frente a la entrada.
El motor estaba encendido.
Las luces iluminaban el camino oscuro.
Sebastián abrió la puerta.
—Será mejor que nos movamos.
Lucas entró primero.
—Esto será interesante.
Camila subió al coche junto a Adrián.
El vehículo arrancó rápidamente.
La mansión quedó atrás mientras avanzaban por la carretera.
El silencio dentro del coche era pesado.
Camila miró a Adrián.
—¿Crees que llegaremos a tiempo?
Adrián sostuvo el volante con firmeza.
—Tenemos que hacerlo.
El coche aceleró en la oscuridad.
Pero a varios kilómetros de distancia…
En el edificio abandonado…
Una figura observaba la carretera desde una ventana rota.
Daniel Rivas.
A su lado estaba Valeria Montenegro.
Ella sonrió lentamente mientras miraba la pantalla de su teléfono.
—Van en camino.
Rivas respondió con voz tranquila.
—Perfecto.
Valeria levantó la mirada.
—¿Estás seguro de que esto funcionará?
Rivas sonrió.
—Claro que sí.
Luego presionó un botón pequeño en su mano.
—Porque la advertencia…
Hizo una pausa.
—Llegó demasiado tarde.
Y en ese momento…
Una luz roja comenzó a parpadear dentro del edificio.