Es un mundo de fantasía medieval mezclado con elementos de mitología oriental y épica clásica, existe una fuerza primordial llamada Ether, la “Esencia de la Creación”. El Ether otorgó poder a un grupo antiguo de guerreros supremos conocidos como los Semidioses, capaces de cambiar el curso de la historia con una sola voluntad. Los Semidioses ocultaron la ubicación del Ether para evitar que cayera en manos de reyes, imperios y criaturas ambiciosas. Esto desató la legendaria Guerra Primordial, un conflicto que destruyó reinos y terminó con la muerte de todos los Semidioses. Con su desaparición, también se perdió el secreto del Ether.
A partir de entonces, las razas del mundo, humanos, elfos, orcos, enanos, bestias espirituales, se lanzaron a una búsqueda desesperada. La aventura se convirtió en profesión.
Nacieron los Aventureros. Se formaron los Gremios. Y comenzó la Era de la Aventura. En este escenario surge un chico llamado Kael , debil… hasta que el destino intervie
NovelToon tiene autorización de Alejandro Romero Robles para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
CAPÍTULO 20: EL MÁS FUERTE, Y EL ECO DEL ETHER.
El Coliseo ya no rugía. No porque la multitud hubiera perdido interés, sino porque el aire mismo parecía contener la respiración. Las gradas estaban llenas, los estandartes ondeaban, los jueces aguardaban… y aun así, había una sensación incómoda, casi primitiva, recorriendo la piel de todos los presentes.
El Battle Royale final del Torneo de Guerreros Junior estaba llegando a su clímax.
Y algo —o alguien— hacía sentir que no sería un final común.
En la arena aún se veían las cicatrices de los combates anteriores. Cráteres en la piedra, marcas de espada, fragmentos de energía disipándose lentamente como brasas invisibles. Cada rincón del coliseo era un testimonio del esfuerzo, del orgullo y del dolor acumulado.
Layra contra Cali. La fuerza encarnada contra la técnica llevada al límite. Muchos aún recordaban el momento exacto en que Layra, en ese estado extraño —su séptimo sentido— había comenzado a moverse como si el futuro le susurrara al oído. Cali, portadora del poder del semidiós Bhor, había luchado como un titán, sonriendo incluso ante el castigo… hasta que por primera vez, su fuerza no fue suficiente. La imagen de Cali arrodillada, jadeando, con la arena cayendo lentamente tras el impacto final, había quedado grabada en la memoria colectiva.
Luego estaba Kael contra Hilias. La velocidad invisible del Golpe de Relámpago contra la percepción absoluta del Ojo de Madruk. Hilias había sido un destello, una sombra imposible de seguir. Kael, en cambio, había sido calma. Mirada firme. Toque curativo activándose en medio del combate, rehaciendo su cuerpo mientras leía cada movimiento del rayo humano frente a él. No fue una victoria aplastante. Fue una victoria inevitable. Y ahora… Solo quedaban unos pocos en pie. Entre ellos, tres nombres pesaban más que el resto. Kael. Layra. Shinro. Y, por encima de todos, como una presencia silenciosa que no necesitaba demostrar nada… Jaralson.
El origen del más fuerte
Antes de que la batalla comenzara, antes de que las armas se alzaran, la historia de Jaralson debía ser contada. No por gloria. No por justificación.
Sino porque su existencia rompía las reglas mismas del mundo.
Jaralson nació en una familia común. Sin linaje legendario. Sin herencia espiritual conocida. Su padre fue un soldado de frontera, duro, severo, marcado por guerras que nunca se atrevió a relatar. Su madre, una mujer silenciosa, de mirada cansada, que parecía vivir siempre con el miedo de perder algo que ya sabía que no podía proteger. Desde pequeño, Jaralson fue… distinto. A los seis años, levantaba pesos que otros niños apenas podían mover. A los ocho, corría más rápido que los mensajeros adultos. A los diez, rompió accidentalmente el brazo de un instructor que intentó corregir su postura. No había orgullo en él. Solo incomprensión. Su padre lo miraba con dureza, como si viera un error que no sabía cómo arreglar. Cada entrenamiento terminaba igual: más exigencia, más presión, más silencio.
—No seas débil —le repetía—. Alguien como tú no tiene derecho a fallar.
Aquellas palabras se clavaron profundo. Jaralson aprendió a no hablar. A no destacar más de lo necesario. A contenerse. Cuando su padre murió en una escaramuza menor —una guerra que nadie recordaría—, Jaralson no lloró. No porque no doliera, sino porque nunca había aprendido cómo hacerlo.
Su madre enfermó poco después. Y él, con apenas trece años, se convirtió en su sostén. Trabajó. Entrenó. Sobrevivió. Y cada día, sin darse cuenta, se volvía más fuerte.
Hasta que los examinadores lo encontraron. Hasta que el ejército quiso reclutarlo. Hasta que la Academia comprendió que tenían ante sí algo que no podían clasificar. Jaralson no buscaba ser el mejor.
Simplemente… lo era.
⚔️ El inicio del combate
La arena quedó despejada. Solo dos figuras permanecían frente a frente. Shinro, con la espada firmemente empuñada, respiración controlada, ojos cargados de arrogancia y furia contenida. Jaralson, con la lanza a la mano, postura relajada, mirada fría, casi distante. La explosión resonó. Shinro fue el primero en moverse. Su espada cortó el aire en una sucesión de estocadas rápidas, precisas, dirigidas a puntos vitales. Cada paso estaba calculado. Cada golpe, ejecutado con técnica impecable.
Jaralson esquivó. No retrocediendo. No bloqueando.
Simplemente… moviéndose lo justo. Cuando finalmente movió su lanza, lo hizo con una sola mano. Y entonces atacó. Un barrido simple.
Sin energía visible. Sin técnica llamativa. Shinro apenas logró bloquear, siendo empujado varios metros atrás, dejando surcos profundos en la arena.
Los murmullos comenzaron. No era poder bruto. Era superioridad absoluta. La mandíbula de Shinro se tensó. No podía aceptar aquello. No otra vez.
—¡No voy a perder contra ti! —rugió.
La Marca del Guardián del Caos se activó. Su cuerpo se fortaleció. Músculos tensándose, aura distorsionándose, la espada vibrando con energía inestable. Shinro atacó de nuevo, esta vez con una ferocidad brutal. Golpes más rápidos. Más pesados. Jaralson respondió… con la misma calma. Bloqueó. Desvió. Contraatacó. Incluso así, seguía conteniéndose. La desesperación se filtró en la mirada de Shinro.
💥 Fragmentación
—¡Entonces rompe! —gritó.
La Fragmentación se activó. El espacio mismo parecía quebrarse alrededor de Shinro. Sus ataques se multiplicaron, apareciendo desde ángulos imposibles, como si la realidad se resquebrajara para obedecerle..Por primera vez, Jaralson dio un paso atrás. Uno solo..El coliseo enmudeció. Pero entonces… Jaralson suspiró.
—Ya veo. Y dejó de contenerse.
La presión cambió. No hubo explosión. No hubo aura desbordante. Solo… peso. Un peso tan abrumador que algunos guerreros en las gradas sintieron dificultad para respirar. Los jueces se pusieron de pie. Los maestros se miraron, pálidos.
—No puede ser… —susurró uno.
—Ese nivel… —dijo otro.
Jaralson estaba en el rango Acero. Nivel bajo. Un rango que ningún humano había alcanzado antes de la adultez..Mucho menos a los quince años.
Era imposible. Y, sin embargo, allí estaba. La Fragmentación se rompió. Shinro fue golpeado una vez. Luego otra. Luego muchas veces. Cada impacto lo lanzaba como un muñeco, su cuerpo resistiendo solo por pura voluntad. Se levantaba. Caía. Volvía a levantarse..Hasta que ya no pudo más. Fue entonces cuando Kael y Layra entraron en el combate.
—¡Basta! —gritó Kael.
Layra se colocó a su lado, espada abajo , mirando alrededor calculadolo todo. Shinro quiso protestar, pero no tenía fuerzas, recuperó el aliento y es abotonó nuevamente la camisa, habían recuperado la cordura. Jaralson los observó. Tres contra uno.
No mostró miedo. Apoyó la lanza en el suelo. Miró a los tres. No con desprecio. No con soberbia. Sino con una calma absoluta.
—No peleo para demostrar nada —dijo—.
—No busco ser un héroe.
—Ni un villano.
Sus ojos se clavaron en ellos.
—Solo camino hacia adelante.
Y si alguien está en mi camino…
Una pausa.
—…lo aplastare.
El Coliseo volvió a rugir. No como antes. No con gritos dispersos ni con emoción caótica. Esta vez era un clamor unificado, una vibración que recorría la piedra, los estandartes y los corazones de todos los presentes. El Torneo de Guerreros Junior había llegado a su último instante… y lo que estaba a punto de ocurrir no sería solo una pelea. Sería un acontecimiento. En la arena central, cuatro figuras permanecían en pie.
Jaralson. Kael. Layra. Shinro. El polvo flotaba lentamente, suspendido en el aire como si el tiempo mismo dudara en avanzar. Los jueces habían retrocedido. Los sanadores estaban en alerta máxima. Los maestros observaban con una tensión que rozaba el miedo. Porque ya no se trataba de rangos. Ni de edades. Ni siquiera de victoria.
Era una confrontación entre límites de rango… y algo que los superaba.
El Acero despierta
Jaralson avanzó un paso. Y entonces, por primera vez desde el inicio del torneo, liberó su elemento.
El suelo bajo sus pies se oscureció. Una energía pesada, densa, se extendió como una marea invisible. El aire se volvió espeso. Cada respiración costaba más. La arena comenzó a crujir, compactándose, endureciéndose.
—Elemento Acero —murmuró uno de los jueces, con la voz rota—.
—No… no solo eso —corrigió otro—. Es Dominio de Forja.
El cuerpo de Jaralson se cubrió de vetas metálicas, no como armadura, sino como si su propia carne se hubiera vuelto acero vivo. Cada movimiento suyo resonaba con un eco grave, profundo, como un martillo golpeando un yunque invisible.
Su habilidad se manifestó con claridad brutal: Forja Absoluta. Todo lo que tocaba su aura era reforzado, endurecido, elevado a su máxima resistencia… o quebrado si no podía soportarlo.
—No retrocedan —dijo Kael, activando el Ojo de Madruk.
Sus pupilas se tornaron antinaturales. Vio líneas de fuerza. Flujos de maná. El núcleo de Jaralson era como una estrella comprimida, estable, imposible de romper de frente.
—Entonces lo rodeamos —dijo Layra, cerrando los ojos.
Su séptimo sentido despertó. El mundo se fragmentó en posibilidades. Vio futuros que no ocurrieron, golpes que aún no existían, errores que todavía no habían sido cometidos. Shinro escupió sangre y sonrió.
—Je… ahora sí.
La Marca del Guardián del Caos siguio ardiendo cada vez más.
💥 El choque final
Atacaron juntos. Kael avanzó primero, su cuerpo envuelto en Ether puro. Utilizó el Toque Curativo de forma inversa, acelerando su regeneración mientras forzaba su cuerpo más allá del dolor. Cada golpe suyo estaba guiado por la visión absoluta del Ojo de Madruk. Layra apareció a la espalda de Jaralson en un instante que no existía. Su espada descendió imbuidas en su nuevo estado, cortando no solo materia, sino intención. Shinro fragmentó el espacio.
Golpes simultáneos desde tres direcciones imposibles. Jaralson respondió. Un golpe de lanza bastó para levantar un muro de acero desde el suelo, desviando a Kael. Un giro de torso endurecido repelió la espada de Layra con una lluvia de chispas. Su aura aplastó la Fragmentación de Shinro, rompiendo la distorsión como vidrio. Pero… Retrocedió. Solo un paso. El Coliseo estalló.
—Ahora —dijo Kael.
Entendieron sin palabras. Kael cerró el Ojo de Madruk. Por primera vez desde que lo había despertado.
—Si sigo mirando… no podré soltarlo —susurró.
Layra tomó su mano un instante. Shinro rugió, forzando la Marca del Caos más allá de su límite.
Los tres liberaron todo. No para vencer. Sino para expulsar. El Ether reaccionó.
El Coliseo tembló como si una entidad ancestral hubiera abierto los ojos. La energía de Kael se convirtió en un canal puro. Layra cortó contadas su fuerza. Shinro se desintegró todo en fragmentos
Jaralson fue empujado. Por primera vez. Fuera del círculo. El gong resonó. Todo había acabado con los 4 fuera de la arena.
Silencio. Luego…
—¿Eh?
Una figura emergió lentamente de un cráter lateral, cubierto de polvo, con cara confundida.
—¿Ya… ya terminó?
Era Ryn. Había estado escondido desde más de la mitad del torneo, atrapado en una zona colapsada del campo de combate… técnicamente sin ser derrotado. El Coliseo explotó en carcajadas, gritos, incredulidad.
—¡¿QUÉ?!
—¡¿ES BROMA?!
—¡¿GANÓ ASÍ?!
Los jueces se miraron. Las reglas eran claras. Ryn era el último en pie. La Academia de Aren había ganado. Finalmente, los 4 más fuertes del torneo habían salido del coliseo y se encontron cara a cara
—La próxima vez acabaré contigo Jaralson —le dijo Shinro conteniendo.
—Puedes intentarlo su quieres, Nadie de mi edad nunca me a empujado tan al límite. Ustedes pudieron, yo les reconozco eso , pero háganse fuertes como para derrotarme por si solos.
Entonces Kael habló.
—Fue un gran honor y una gran oportunidad haber luchado contra ti , aunque sea en trío. Espero algún día poder luchar solos los dos.
—Me parece bien "Chico de la marca" , ¿Kael te llamabas? . Tras lo cual se dieron un apretón de manos.
Mientras Layra observaba todo impresionada. Cuando la gente se dio cuenta de que los 4 estaban en ese luchar rápidamente fueron rodeados por muchas personas. Eran la mejor generación de Aventureros. Kael afrontó eso con una cara de felicidad y asombro. Shirno no paraba de sonreír falsamente diferencia de Jaralson que no pudo evitar hacerlo de verdad Layra estaba al centro.
Los premios fueron entregados. Oro. Recursos de entrenamiento. Y la Carta de Admisión a un Gremio de Aventureros de Élite. Los nombres resonaron. Pero las miradas seguían a otros cuatro. A los que cayeron… para que el torneo terminara.
En su tierra natal, fueron recibidos como héroes.
Abrazos. Lágrimas. Risas. El profesor Aren los escuchó en silencio cuando le contaron todo. Jaralson. Orion. El Ether. Su rostro se tornó serio.
—Esto… apenas comienza.
Esa noche, Kael habló con sus padres. Rió. Recordó. Dudó. Y luego dijo la verdad.
—Me uniré a un Gremio de Aventureros.
Silencio.
—Necesito saber quién soy —continuó—.
—Qué es esta marca.
—Y qué quiere el Ether de mí.
Sus padres asintieron. Orgullosos. Muy lejos, algo observó. El Ether fluyó . Y una voz antigua susurró:
—El Guardián… ha despertado.
El arco había terminado. La leyenda… apenas comenzaba.
FIN DEL SEGUNDO ARCO.