Dos personas marcadas por heridas del pasado se encuentran cuando menos lo esperan. Ella ha aprendido a esconder su dolor detrás de una sonrisa. Él carga con un pasado que no logra perdonarse. Ninguno busca enamorarse, pero el destino los une y descubrirán que, incluso en la oscuridad más profunda, una sola persona puede convertirse en la luz del otro.
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capítulo 19 - cartas que nunca llegaron
"Hay palabras que nunca se dijeron... y silencios que cambiaron una vida para siempre."
La noche después de tomar la mano de Rebeca, Efraín apenas pudo dormir.
Cada vez que cerraba los ojos, veía el rostro de aquella mujer y escuchaba sus últimas palabras.
"Espero que no sea demasiado tarde para reparar el daño que causé."
Se levantó antes del amanecer y salió al balcón de su departamento con una taza de café entre las manos.
El viento era frío.
Pero no tanto como los recuerdos que comenzaban a despertar.
Su teléfono vibró.
Era un mensaje de Daniel.
"Necesitamos hablar. Te noto diferente desde hace unos días."
Efraín respondió que pasaría por la oficina más temprano.
Mientras tanto, Rebeca iniciaba su jornada con una tranquilidad que hacía mucho tiempo no sentía.
Sin embargo, había algo que no dejaba de darle vueltas en la cabeza.
Los ojos de Efraín.
La noche anterior había visto en ellos una tristeza que nunca antes había notado.
Sabía que escondía un dolor muy grande.
Y también sabía que no podía obligarlo a hablar.
Confiar también significaba esperar.
Horas más tarde, Daniel encontró a Efraín sentado en silencio.
—¿Vas a contarme qué está pasando?
Efraín permaneció callado unos segundos.
Finalmente respondió.
—Alguien volvió.
Daniel frunció el ceño.
—¿Ella?
Efraín asintió lentamente.
—Pensé que nunca volvería a verla.
Daniel dejó escapar un largo suspiro.
—¿Y qué quiere?
—Dice que necesita contarme la verdad.
Durante unos instantes ninguno habló.
Daniel conocía toda la historia.
Había estado presente cuando la vida de Efraín cambió para siempre.
—¿Vas a escucharla?
Efraín observó por la ventana.
—No lo sé.
Tengo miedo de descubrir que todo este tiempo viví creyendo una mentira.
Aquellas palabras dejaron el ambiente en silencio.
Mientras tanto, la misteriosa mujer caminaba por una calle cercana sujetando con fuerza el sobre color café.
Entró en una pequeña cafetería y se sentó junto a la ventana.
Sacó lentamente una fotografía.
En ella aparecía un joven Efraín sonriendo junto a otra persona cuyo rostro estaba parcialmente cubierto por un doblez del papel.
La mujer acarició la imagen.
Una lágrima cayó sobre la fotografía.
—Perdóname... nunca quise que las cosas terminaran así.
Guardó nuevamente la fotografía y abrió el sobre.
Dentro había varias cartas.
Todas tenían el mismo destinatario.
Efraín Álvarez.
Ninguna había sido abierta.
Ninguna había llegado a sus manos.
En ese momento comprendió que ya no podía seguir ocultando la verdad.
Al caer la tarde, Rebeca recibió un mensaje inesperado.
"¿Podemos vernos? Hay algo importante que necesito decirte."
Era de Efraín.
Ella respondió de inmediato.
"Claro. ¿Dónde?"
Él escribió la dirección de un pequeño parque donde habían paseado semanas atrás.
Rebeca sintió una mezcla de emoción y nervios.
No sabía qué estaba ocurriendo.
Pero intuía que aquella conversación cambiaría muchas cosas.
Mientras caminaba hacia el lugar del encuentro, Efraín sostenía una antigua fotografía entre sus manos.
La observó por última vez antes de guardarla en el bolsillo de su chaqueta.
Respiró profundamente.
Había llegado el momento de dejar de esconderse.
Aunque eso significara arriesgar la felicidad que apenas comenzaba a construir junto a Rebeca.
Y, a pocos metros del parque, alguien los observaba desde el interior de un automóvil.
La misteriosa mujer bajó la mirada y murmuró con tristeza:
—Ojalá ella pueda comprender lo que tú nunca supiste... porque la verdad está a punto de cambiar sus vidas para siempre.