"...En un mundo dónde la magia es posible, hadas, dragones, brujas y magos. Dónde las princesas con bellos vestidos son felices al cuidado de su príncipe azul, existió un reino gobernado por una pareja de reyes que se amaban mutuamente.
La paz reinaba hasta que un día un malvado brujo de cabellos de plata quiso hacerse del reino y de la bellísima primera princesa..."
Fue una novela que Nick leyó para transformar su mundo por completo.
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Ha perdido el orgullo
El trono no debe quedar vacío por más tiempo cariño. El pueblo te necesita.- Solana escuchaba a Nick atentamente. Él la había preparado por dos años para este momento, para liderar el reino que ya no deseaba habitar como soberano. Su padre Brante Suspiraba con orgullo y melancolía, tomó la mano de la chica y le dio un cálido beso, Nick se acerca y le entrega el anillo con el sello real, continuó hablando.
-No tomas el trono como una princesa rescatada, sino como la reina que Zenitia no pudo tener. Eres nuestro orgullo. Mi vida junto a este grandulón apenas comienza.-
-Te vas nuestra pequeña estrella y qué orgulloso me siento de ver en lo que te has convertido, si algún señor feudal te insulta, llámame, en un aleteo estaré allí.- Brante abrazó con delicadeza a su hija y Nick se unió a ellos.
En un extremo oscuro del salón estaba observando en silencio Obsidius. Sentía su corazón oprimiendose bajo sus gruesas escamas. La amaba, pero su deber como general lo anclaba en el palacio y no podía seguirla a Luna de Plata.
Fugazmente, cruzaron miradas cuando Solana se retiraba del salón privado. En silencio prometieron superar la prueba del tiempo y la distancia.
-Es increíble.- Argolux bufó. -He atravesado tormentas eléctricas, he derrotado bestias, pero este pequeño me ignora como si fuera el aire.- Se encontraba planeando sobre las nubes más altas con su mirada fija en el joven que se encontraba en una mesa en el jardín del palacio con varios pergaminos, y con una serenidad qué enloquecía al dragón.
-¿Será mi indiferencia el desafío más grande que has enfrentado?- Kallan, el hijo del diplomático sonrió cuando ve pasar la sombra de un gran dragón por las alturas.
Desde uno de los balcones Solana sonreía divertida con un pequeño toque de lástima. Sabía que Argolux estaba siendo desarmado pieza por pieza, por la silenciosa y armoniosa elegancia del joven Kallan.
La caravana real estaba lista para partir, Solana se encontraba con sus padres en la entrada cuando alguien que esperó jamás ver se hizo presente. Aelia caminaba hacia ellos arrastrando polvo sin el brillo solar de su pasado.
Con desesperación corrió hacia la Reina de Eclipse, llorando amargamente, dos soldados la interceptan para que no siga avanzando.
-¡Solana! Debes ayudarme. Eres mi sangre, heredera de mi fuego, mi hija. Los enemigos de Zenitia me persiguen y no tengo donde ir.-
El primero en hablar fue Nick, sintiendo el dolor de Kuu.
-La entregaste ni bien nació como si fuera un objeto. Pasó diecisiete malditos años en una habitación fría y humedad, oculta para propósitos aberrantes. Tuve que reducir a nada a tu hermano para liberarla.- El brujo soltaba rayos desde su báculo y su esposo soltaba humo como advertencia.
Argolux dejó escapar un rugido que hizo vibrar el suelo.
-No pidas auxilio aquí.- Brante caminó hasta Solana, le ajustó la capa y le acarició el cabello. -Si el sol de Zenitia se apaga sobre ti, es solo por el peso de tu propia sombra. Y mi fuego no olvida a quien hizo sufrir a mi hija.- Fulminó a Aelia con la mirada de brasas ardiendo.
-Aelia, el sol de Zenitia se apagó el día en que mis padres me rescataron. En mi hogar Luna de Plata no entran quienes abandonan a su sangre.- La princesa de Zenitia estaba rota, mientras la Reina de Eclipse estaba más fuerte que nunca rodeada de quienes la eligieron.
-Te daré un carruaje y provisiones para siete días.- Caminó dándole la espalda. -Es más de lo que mereces por abandonarme con tu hermano al nacer. Perdiste el derecho de llamarme hija. Vete antes de que mi padre te convierta en cenizas.- Llegó hasta Nick y lo tomó de la mano.
Con la partida de Solana, Argolux tenía tiempo de sobra. Se paseaba por las nubes con sus ojos puestos en cierto joven en el jardín. Siempre.
Aterrizó a unos metros de Kallan con un ruido innecesario, caminó hasta él emanando su aura de orgullo herido.
-¿De verdad seguirás con esta fachada de hielo?- Se paró delante del joven y cruzó sus brazos.
-Claro que noto tu presencia. Siempre tan ruidoso por llamar mi atención. Entiendo que el concepto de silencio sea muy difícil de procesar para un dragón.- Soltó la frase, sopló la tinta del pergamino y se levantó para marcharse.
Argolux nuevamente se quedó, con su corazón sonando como tambor de guerra y la boca abierta. Por un segundo cada átomo de su cuerpo se detuvo.
-Mierda...- Susurró viendo la elegancia con la que se marchaba Kallan.
En el balcón real Nick y Brante observaban la escena. El brujo tapó su cara por la vergüenza y Brante sólo bufó, le divirtió ver a su hijo en esa situación.
-No solo ha perdido el orgullo. Arrastra las alas y mira como lo sigue con la mirada...- La voz de Brante era tan gruesa y profunda que cualquiera saldría corriendo, pero al brujo le pareció tierno.
-Se ha enamorado de la lengua más afiliada de Luna de Plata.- Suspiraba el brujo. -Pobre mi pequeño lucero... se lo va a comer vivo, y él le dará las gracias.-
Era la despedida de la última comitiva de diplomáticos y la última oportunidad para Argolux.
El joven dragón emanaba su aura dorada y magnética, caminó hasta Kallan y con una elegancia que nadie sabía que tenía le ofreció al joven una escama tallada con símbolos de protección enargazada en platino.
-Sé que el fuego te puede parecer primitivo. Si alguna vez tienes frío en las bibliotecas de tu reino, esto te protegerá. Y no es una demanda de atención Kallan.-
El joven tomó la escama y pudo sentir el pulso vibrante en ella. Le sostuvo la mirada a Argolux por un segundo más mientras trataba de disimular su rubor.
-Te esmeraste en tallarla y lo acepto.- Guardó la pequeña joya en su túnica. -No creas que esta escama compensará todo el dolor de cabeza que me hiciste pasar.- Se levantó y se alejó, pero el joven dragón notó que Kallan apretaba la joya contra su pecho.
-Mira eso mi Brujo. Le ha dado la escama del corazón.- El emperador susurró muy cerca de la oreja de Nick.
-Ya lo perdimos.- Observando a su hijo suspiró. - Si lo impresionó, pero Kallan es orgulloso, tardará un siglo en darle el sí. Pobre de mi pequeño dragón.-
que le isieron ?