Renace en un mundo mágico con una misión, pero ella no dejará la pasión de su primera vida.
* Esta novela es parte de un mundo mágico *
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Ryan 2
Agnes siguió sentada frente a Ryan, girando lentamente la copa entre los dedos. La conversación se alargó de forma natural, como si ambos supieran que esa noche no era para silencios incómodos, sino para decisiones difíciles.
—Debemos pensar bien cómo manejar lo del intento de robo.. Y, sobre todo, cómo enfrentar la reacción de Abby cuando lo sepa.
Suspiró, cansada.
—Sinceramente… preferiría arreglar un carruaje destrozado antes que lidiar con mi prima furiosa.
Ryan dejó escapar una breve sonrisa, casi imperceptible.
—En eso no puedo ayudarla mucho, mi lady.. Uno no elige a la familia.
Agnes alzó la vista de inmediato. Algo en el tono de su voz, en esa frase tan simple, llevaba peso. No era una opinión ligera.. era una verdad aprendida a golpes.
—Eso sonó… vivido.. ¿Tiene un pasado complicado?
Ryan no se tensó ni esquivó la pregunta. Bebió un pequeño sorbo antes de hablar, con una calma que no ocultaba, pero tampoco exageraba, lo que había detrás.
—Mi padre era un conde respetado en Deira.. Un hombre admirado fuera de casa. Dentro de la mansión… nunca nos amó. Ni a mi madre, ni a mi hermana, ni a mí.
Agnes no dijo nada. Se inclinó levemente hacia adelante, atenta, dándole espacio.
—Nunca fue violento.. pero era frío. Distante. Vivíamos con todo… excepto afecto.
Hizo una pausa breve.
—Una vez, cuando yo ya era mayor, él bebió más de la cuenta y habló de más. Contó algo que jamás había dicho.
Agnes lo miró con curiosidad sincera.
—Dijo que cuando era joven.. se había enamorado en una boda. No de la novia, sino de la hermana de la novia. Una mujer hermosa, según él. Pero creyó que era una madre soltera… y la despreció. Se alejó de ella con orgullo herido y prejuicio.
Agnes frunció el ceño.
—¿Y su madre?
—A mi madre la conoció poco después.. Fue un matrimonio arreglado. Correcto. Conveniente. Sin amor.
Ryan bajó la mirada un instante, luego la volvió a alzar.
—Años después supo la verdad. Aquella mujer no era madre soltera. Cuidaba a su hermana menor. Cuando lo descubrió… ya era tarde.
Agnes contuvo el aliento.
—Vivió el resto de su vida arrepentido.. No la buscó. No intentó arreglar nada. Solo se encerró en lo que pudo haber sido. Y ese resentimiento… lo pagamos nosotros.
El silencio llenó la oficina.
Agnes apoyó la copa en el escritorio, despacio.
—Eso explica muchas cosas.. A veces el dolor no resuelto se convierte en crueldad.
Ryan asintió.
—Por eso digo que uno no elige a la familia. Pero sí puede elegir no repetir los mismos errores.
Agnes lo miró con respeto renovado. Ya no veía solo al hombre eficiente y disciplinado que había contratado, sino a alguien que entendía demasiado bien lo que significaba cargar con otros… y aun así seguir adelante.
—Gracias por contármelo..
Ryan inclinó la cabeza, en gesto sobrio.
La noche avanzaba, y aunque los problemas seguían ahí.. Abby, el intento de robo, los Wolfson.. Agnes sintió algo distinto.. claridad. Y, por primera vez en días, la certeza de no estar sola frente a todo aquello.
Las copas comenzaron a pasarle la cuenta a Agnes de una manera peligrosa… y deliciosa.
El licor le calentaba el pecho, le aflojaba los pensamientos y, sobre todo, le quitaba ese control férreo que solía llevar como una segunda piel. Frente a ella, Ryan seguía sentado con la misma postura correcta, el mismo porte sobrio… y esa maldita calma que lo hacía aún más atractivo.
Agnes lo observó sin pudor.
Alto.
Hombros anchos.
Mandíbula firme.
Esos ojos oscuros que no evitaban los suyos, pero tampoco se atrevían a sostenerlos demasiado tiempo.
—Dígame una cosa, señor Dewish.. Antes de que esta conversación siga avanzando… ¿tiene novia?
Ryan parpadeó, sorprendido por el cambio de tono. Tardó un segundo en responder.
—No, mi lady.. No la tengo.
Agnes sonrió. Una sonrisa lenta, ladeada, peligrosa.
—Ah… Qué dato tan… tranquilizador.
Levantó la copa y bebió otro sorbo. Cada trago parecía darle más valor, más descaro. Ya no fingía indiferencia.. ahora lo miraba de arriba abajo sin ningún esfuerzo por disimularlo.
—¿Sabe? Es curioso. Siempre soy tan prudente, tan correcta… y esta noche estoy siendo terriblemente imprudente.
Ryan aclaró la garganta.
—Tal vez el alcohol..
—Tal vez.. O tal vez sea otra cosa.
Por dentro, Agnes se dijo a sí misma que aquello no era normal. Ella no era así. No solía coquetear de forma tan abierta, tan directa… y mucho menos con un hombre que trabajaba para ella.
[Debo estar ovulando]
Se inclinó un poco más hacia él.
—Prometo que mañana volveré a ser una dama respetable.. Pero esta noche… esta noche me siento peligrosamente valiente.
Ryan la miró entonces con más atención, como si recién ahora estuviera procesando que no era solo su imaginación. Había algo distinto en Agnes.. una chispa en los ojos, una risa más suelta, una cercanía que desafiaba cualquier protocolo.
—Mi lady… Está jugando con fuego.
Agnes alzó la ceja, divertida.
—Lo sé.. Y, sorprendentemente, no me importa.
La noche siguió avanzando entre miradas largas, risas suaves y un coqueteo cada vez menos inocente… mientras, muy en el fondo, ambos sabían que esa línea que comenzaba a desdibujarse ya no sería tan fácil de volver a trazar.
Agnes lo miró fijamente, con esa mezcla peligrosa de desafío y vulnerabilidad que solo aparece cuando alguien ya ha tomado una decisión.
—Dígame algo, Ryan ¿Qué haría si yo lo besara?
Él sonrió, una sonrisa breve, contenida, como si intentara no cruzar una línea invisible.
—No lo sé.. Usted es una mujer preciosa… pero también sé que ese valor que tiene ahora se lo debe en parte al licor.
Agnes rió suavemente.
—Tal vez.. Pero dígame una cosa más… ¿me rechazaría?
Ryan negó despacio.
—No.
Ella ladeó la cabeza, observándolo con atención.
—¿No me rechazaría solo porque soy su jefa?
Él soltó una pequeña risa, más relajada.
—Dentro de mis servicios no están incluidas las caricias.. Así que no, no la vería como mi jefa.
La sonrisa de Agnes se volvió lenta, decidida. Se levantó, acortando la distancia entre ambos. El alcohol la había desinhibido, sí… pero su mente estaba clara. Sabía exactamente lo que hacía.
Se detuvo frente a él, tan cerca que podía sentir su respiración.
—Entonces… estoy esperando a que me rechace.
Ryan apenas tuvo tiempo de reaccionar. Agnes lo tomó de la camisa con firmeza, sin vacilar, y lo atrajo hacia ella.
El beso no fue tierno.
No fue cuidadoso.
No fue correcto.
Fue fuego.
Fue la urgencia de una mujer que ya había contenido demasiado, que estaba cansada de pensar, de calcular, de sostenerlo todo sola. Sus labios se encontraron con los de él con intensidad, con hambre, con una decisión que no pedía permiso.
Ryan respondió casi de inmediato, sorprendido pero no reacio, sosteniéndola por la cintura como si el mundo pudiera desmoronarse si no lo hacía. No hubo palabras, no hubo dudas, solo ese instante cargado de calor y pulso acelerado.
Cuando se separaron, apenas unos segundos después, el aire parecía más denso.
Agnes lo miró a los ojos, con la respiración agitada y una media sonrisa peligrosa.
Ya no había marcha atrás.