Reencarné como un omega destinado a morir de hambre en una torre.
Para sobrevivir, huí de la historia que me condenaba.
Pero el niño que una vez me salvó… ahora es el emperador tirano destinado a morir por mi culpa.
¿Puedo cambiar nuestro destino?
NovelToon tiene autorización de Annyaeliza para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capítulo 19: El eco de la oscuridad
El viento soplaba con fuerza en la llanura desierta. Aelion caminaba junto a Kael, pero sentía que cada paso lo acercaba a un abismo invisible. Su corazón latía demasiado rápido, como si adivinara que algo estaba a punto de suceder.
—Kael… —susurró Aelion, apenas audible—. Siento que… nos siguen.
Kael giró levemente la cabeza. Sus ojos oscuros se entrecerraron.
—Lo hacen —respondió con calma, pero su mandíbula estaba tensa—. Desde que salimos de la posada, sus pasos nos persiguen. No pueden dejar escapar a un omega como tú.
El estómago de Aelion se encogió.
Otra vez… otra vez siento ese miedo que nunca se va.
El colgante sobre su pecho vibró suavemente, como si reconociera la presencia de los enemigos que acechaban en la distancia. Su tacto era frío, pero llenaba su corazón de algo extraño… una sensación de poder y conexión, de algo que no comprendía del todo.
—Aelion —dijo Kael, tocando suavemente su hombro—. Mantén la calma. No puedes dejar que el miedo te consuma.
Aelion asintió, aunque no estaba seguro de cómo contenerlo. Cada palabra de Kael le producía un extraño temblor: miedo, alivio… y algo más profundo, más prohibido.
¿Por qué siento que necesito estar cerca de él… aunque esto pueda matarme?
El primer ataque vino sin advertencia.
Un grupo de sombras emergió de entre los árboles. Hombres armados, rápidos, sincronizados. Kael reaccionó al instante, bloqueando un golpe que iba directo al pecho de Aelion. El choque de metal contra metal resonó como un trueno.
—¡Atrás! —gritó Kael mientras empujaba a Aelion fuera del camino.
Aelion tropezó, y en ese instante sintió el peligro de verdad. Los atacantes se movían como sombras líquidas, y su corazón gritaba por no saber qué hacer. Entonces, algo dentro de él se despertó: el colgante brilló con luz plateada, y un aura cálida y brillante surgió alrededor de Aelion, lanzando a los atacantes contra los árboles cercanos.
Kael lo miró con asombro y preocupación a partes iguales.
—Aelion… ¿qué hiciste?
—No lo sé… —jadeó, incapaz de entenderlo—. Fue… instinto.
El corazón de Kael se aceleró, pero su expresión no se suavizó. Se acercó y tomó las manos de Aelion con fuerza.
—Escúchame —dijo, mirándolo a los ojos—. No permitas que este poder te controle. No eres un arma… eres… tú.
El calor de su mirada atravesó a Aelion como un toque invisible. Su corazón latía como si quisiera escapar de su pecho, y por un instante, olvidó el peligro, el mundo… incluso el miedo.
Lejos de allí, Vhalderion Morthaine observaba desde su torre. Una sonrisa cruel se dibujó en su rostro.
—Finalmente empiezan a despertar —murmuró—. Así que el omega no es solo un niño indefenso. Interesante.
Su mano acarició un colgante idéntico al que Aelion llevaba al cuello.
—Muy interesante…
El duque se inclinó hacia adelante.
—Kael… quiero que lo veas sufrir. Que cada paso que dé sea una sombra que lo persiga. Y cuando lo atrape… su llanto será mi victoria.
Sus ojos brillaron con una oscuridad peligrosa.
Esa noche, Aelion no podía dormir. Se sentó junto a Kael, abrazando las rodillas. Su pecho seguía temblando, el colgante aún cálido contra su piel.
—Kael… —susurró—. Si este poder me controla… si pongo en peligro a alguien… ¿qué harías?
Kael lo miró fijamente. La luz de la luna caía sobre su rostro, revelando cada línea fuerte y marcada, cada cicatriz de batalla, pero también… suavidad, afecto.
—Entonces lucharía contigo —dijo—. Te sostendría, aunque me cueste todo. Aunque el mundo quiera rompernos.
Aelion sintió un calor que no podía explicar. No era solo seguridad. Era algo que lo hacía temblar de miedo… y de deseo.
El silencio que siguió fue intenso, casi tangible, lleno de promesas no dichas y emociones que se rozaban sin tocarse. Cada latido de sus corazones era un recordatorio de lo que estaba en juego: vida, muerte… y lo que empezaba a sentir el uno por el otro.
Al amanecer, mientras recogían sus cosas, Aelion miró el horizonte.
El mundo nos sigue… y no hay forma de detenerlo.
Kael se inclinó hacia él, rozando su oído al susurrar:
—Pero mientras estemos juntos, nadie puede arrebatarnos esto.
El colgante brilló una vez más, y Aelion supo, sin entender cómo, que estaba empezando un camino que no podía retroceder.
Y en la distancia, sombras se movían entre los árboles, observando. Esperando.
El eco de la oscuridad los perseguía… y Aelion sintió un escalofrío que le recorrió toda la espalda.