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Status: En proceso
Genre:Romance / CEO / Amor eterno
Popularitas:2.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Maggy Mouses

🚫 Novela en Emisión 🚫

Molly Dumont vive en un mundo de sombras donde nadie puede oírla. Tras un trágico accidente, todos creen que su mente se ha ido para siempre, pero ella está ahí, escuchando cada secreto, cada traición y cada suspiro.

​Axel Brunner, el CEO del Holding Arcane, se casó con ella por un pacto de poder, pero ahora se encuentra librando la batalla más importante de su vida: proteger a la mujer que todos llaman "un cuerpo vacío". Mientras la justicia intenta arrebatársela y un tío ambicioso busca destruirla, Axel descubrirá que el amor no necesita palabras, y que Molly está enviando señales que solo un corazón dispuesto a escuchar puede entender.

​¿Podrá Axel salvarla antes de que el tiempo se agote? ¿Logrará Molly romper las cadenas de su silencio antes de perderlo todo?

NovelToon tiene autorización de Maggy Mouses para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 3: El Hilo Invisible del Destino

El sol de Madrid se filtró por las pesadas cortinas de la suite, pero no trajo consigo la calidez habitual. Para Molly, la luz de la mañana se sentía como un foco inquisidor. No había pegado el ojo en toda la noche; el suave ronquido de Chloe en la cama de al lado era el único sonido que la anclaba a la realidad, mientras su mente seguía atrapada en la mirada gélida de Axel Brunner y el desplante que había dejado su carrera profesional pendiendo de un hilo.

—Molly... —la voz de Chloe sonó ronca por el sueño—, ¿sigues despierta?

Molly se incorporó lentamente, apartándose el cabello del rostro. Sus ojos estaban ligeramente hinchados, pero su determinación brillaba con una fuerza renovada.

—No puedo quedarme aquí, Chlo. Algo está pasando en Suiza y no voy a esperar a que me lo cuenten por una pantalla de cristal. Voy a viajar a casa ahora mismo.

Chloe se sentó de un salto, frotándose los ojos.

—¿A Suiza? Pero Molly, tenemos la reunión de seguimiento aquí en Madrid. Si te vas ahora, parecerá que estamos huyendo.

—No estamos huyendo, estamos buscando la verdad —Molly se levantó y empezó a meter su ropa en la maleta con movimientos erraticos—. Ese hombre, Axel, dijo que estábamos "atados". Necesito que mi padre me mire a los ojos y me diga qué clase de pacto hizo con el Holding Arcane. No soy una ficha de ajedrez, Chloe. Soy su hija y la Directora de Alianzas. Merezco respeto.

Chloe suspiró y se levantó para ayudarla. La complicidad entre ellas no necesitaba palabras.

—Sabes que te acompañaría hasta el fin del mundo, pero tengo esos contratos pendientes en Nueva York. Si falto, mi jefa me colgará del Empire State.

Molly se detuvo y tomó las manos de su mejor amiga. El respeto que se tenían era el pilar de su existencia.

—Lo sé, soy tu jefa boba. Ve a Nueva York. Conquista Manhattan como solo tú sabes hacerlo. Yo me encargaré de este gruñón en Suiza. Te prometo que estaré bien. En cuanto aterrice y sepa algo, te enviaré un mensaje.

—Prométeme que no dejarás que ese vikingo te intimide —dijo Chloe con una media sonrisa, intentando aligerar el ambiente—. Y dale un beso de mi parte a tu padre.

—Te lo prometo —respondió Molly, abrazándola con fuerza.

Se despidieron en la terminal del aeropuerto de Barajas. Un abrazo largo, cargado de una premonición que ninguna de las dos quiso admitir en voz alta. Cada una tomó un rumbo distinto: una hacia la selva de asfalto neoyorquina, la otra hacia el silencio gélido de los Alpes.

Ninguna de las dos imaginó, ni por un segundo, que esa sería la última vez que verían el brillo en los ojos de la otra en mucho tiempo.

Mientras tanto, en la mansión Brunner, el aire estaba cargado de una tensión eléctrica. Axel no había dormido. Había pasado la madrugada revisando archivos antiguos en el despacho de su padre, sintiendo cómo la frustración crecía en su pecho. Cuando el reloj marcó las nueve, se dirigió a la habitación principal.

Axel entró en la habitación de su padre, donde la penumbra solo era rota por la pequeña lámpara de la mesilla. Se acercó a la cama y observó al hombre que, hasta hace unas horas, parecía invencible.

Se sentó en el borde de la cama y, con una delicadeza que pocos conocían en él, puso su mano sobre la del viejo Brunner.

—Papá… —susurró, con la voz cargada de una preocupación genuina.

El hombre abrió los ojos lentamente, enfocando la figura de su hijo. Una pequeña sonrisa, algo cansada, asomó en su rostro.

—Has vuelto, Axel… —dijo con un hilo de voz—. Siento haberte dado este susto. Sé que tenías cosas importantes en Madrid.

—Eso es lo de menos ahora —respondió Axel, apretando suavemente su mano—. ¿Cómo te sientes? ¿Qué dicen los médicos? Me han dicho que has tenido un colapso, me tenías aterrado.

—Solo un aviso de este viejo motor, nada que un poco de reposo no arregle —su padre suspiró, acomodándose en las almohadas—. No debiste dejar la reunión por esto.

Axel guardó silencio un momento, sintiendo cómo el alivio de verlo consciente le permitía, finalmente, sacar el tema que le había dado vueltas durante todo el vuelo. Mantuvo el tono suave, sin agresividad, como una duda que necesitaba despejar para poder respirar tranquilo.

—Papá… me alegra que estés mejor, de verdad.

—dime la verdad —dijo Axel en voz baja, sentándose en el borde—. El mensaje que recibió Hans... esa cláusula que dice que Molly y yo estamos "atados". ¿Qué es?

Su padre suspiró, con una pequeña sonrisa nostálgica que Axel no esperaba ver en un momento así. Negó con la cabeza, como quien recuerda una anécdota de juventud que se le fue de las manos.

—Esa cláusula... es una reliquia, hijo —respondió el viejo Brunner con humor—. El viejo Dumont y yo la redactamos y la firmamos cuando ustedes apenas eran unos niños que jugaban en el jardín. En aquel entonces, nuestras familias eran una sola.

Axel frunció el ceño, confundido.

—¿Un papel de cuando éramos niños?

—Fue algo impulsivo, Axel. Estábamos celebrando un buen año, estábamos felices y queríamos que esa unión durara para siempre. Fue casi como una travesura entre amigos. Queríamos que, en el futuro, los Dumont y los Brunner nunca se separaran. Pero te aseguro que no tiene ninguna validez legal hoy en día.

Su padre hizo una pausa, buscando la mano de Axel.

—Se nos olvidó por completo que ese papel andaba por ahí. Pero al saltar ahora en el sistema por mi estado de salud, ha creado una confusión que no esperábamos. Los abogados son como perros de presa. Al colapsar yo, el sistema automático del Holding revisó todos los documentos históricos para el traspaso de poderes. Y esa "reliquia" saltó. No tiene ninguna validez legal hoy en día, Axel... a menos estés de acuerdo.

Lo que para nosotros fue una muestra de cariño y una promesa de amistad entre dos padres orgullosos, ahora te ha caído a ti encima como un problema.

Axel exhaló el aire que tenía contenido. No era un contrato de venta, no era una trampa legal oscura. Era simplemente una huella de una amistad que el tiempo y los registros no habían borrado.

—O sea, que solo es un cabo suelto —murmuró Axel, sintiendo que el peso en su pecho disminuía un poco.

—Exacto, hijo. Una tontería de dos viejos que te ha arruinado una cena —concluyó su padre con un gesto de arrepentimiento—. Siento que ese fantasma del pasado haya aparecido así.

—¿Me estás diciendo que no es vinculante? —preguntó, bajando el volumen de su voz.

—Crees que si fuese así, ¿ya no te habría obligado a cumplirla hace años? —replicó Erik con una ceja levantada—. Fue un gesto romántico de dos viejos amigos que querían asegurar el futuro. Nada más. El hecho de que se haya activado una notificación en tu sistema fue un error de los abogados al digitalizar los archivos antiguos tras mi ataque al corazón.

Axel se pasó una mano por el cabello, frustrado.

—¡Papá! ¡Me has hecho pasar la peor vergüenza de mi vida! Ni siquiera pagué la cuenta del restaurante porque salí disparado como un loco. La miré como si fuera una criminal. ¡Tu y tus cosas del pasado!

Erik soltó una carcajada débil que terminó en una tos seca.

—Bueno, lo importante es que el susto te sirvió para darte cuenta de que el Holding Arcane te importa más de lo que dices. ¿Y la chica? ¿Molly?

—Es... competente —respondió Axel, tratando de ocultar el impacto que Molly había causado en él—. He traído el contrato conmigo. Lo firmaré ahora mismo y haré que Hans lo lleve personalmente a las oficinas de los Dumont. Quiero cerrar este capítulo y olvidar este malentendido.

—Haz lo que debas, Axel —dijo Erik, cerrando los ojos con cansancio—. Pero recuerda que a veces, lo que escribimos como un juego cuando somos jóvenes, el destino decide tomárselo muy en serio.

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Sakura
más
Sakura
ya se terminó
Sakura: a ok ok ya había asustado por que me parece muy interesante
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