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En Las Redes Del Enigma

En Las Redes Del Enigma

Status: Terminada
Genre:Omegaverse / Mafia / Amor-odio / Completas
Popularitas:16k
Nilai: 5
nombre de autor: feliannys Jiménez

Keile es el hijo de un estricto general toda su vida fue criado entre régimen reglas y perfección su ojos verdes siempre alerta siempre fríos y distante no omite errores si piel blanca y su cabello dorado no van encanja dentro de los estándares de soldado para el que fue creado a sus 24 años no conoce el amor lo concidera un distracción de lo que realmente importa sengu el.

Su nemesis Brayan hijo del más temido mafioso fue criado de forma muy distinta sin reglas sin estándares

Lejos de la perfección extrema y rodeado no solo de lujos también de amor de pies impecable ojos grises y complexión musculosa a sus 25 años es listo escurridizo estratégico su mente es analítica cuando debe

ambos comienza una rivalidad desde el jardín de infancia cuando Brayan derramó sin queres sobre la mochila de Keile un juego de uva desde entonces Keile lo a visto como un ejecutivo pero mientras el va enserio en querer hundirlo Brayan se divierte viendolo intentar y fracasar tomado todo como un juego

NovelToon tiene autorización de feliannys Jiménez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El castigó de las manos entrelazadas

Keile

Me desperté de golpe, con los sentidos alerta antes de abrir los ojos. Por un segundo, la desorientación me golpeó: el aroma a lluvia, madera y café inundaba el aire. No estaba en mi cuartel. Estaba en el departamento de Brayan.

​Me levanté en silencio, moviéndome con la cautela de un soldado en territorio desconocido. Crucé el pasillo minimalista y me detuve antes de entrar a la cocina abierta. Lo que vi me dejó más paralizado que cualquier amenaza de muerte.

​Dante y Brayan ya estaban allí.

​No había guardias, ni armas a la vista, ni la tensión de dos Alfas compitiendo por el mando del espacio. Dante, el hombre que anoche irradiaba una autoridad peligrosa, estaba ahora de espaldas, silbando una melodía mientras manejaba una sartén con una habilidad experta. Brayan, con el cabello revuelto y una camiseta holgada, estaba sentado en la encimera de mármol, cortando frutas y riendo a carcajadas por algo que su hermano acababa de decir.

​—...y entonces papá le dijo que si volvía a traer un camión de ese color, lo usaría para decorar el fondo del puerto —decía Dante entre risas, agitando una espátula en el aire.

​—¡Pobre viejo! Casi le da un infarto —respondió Brayan, lanzándole un trozo de fresa a su hermano, quien lo atrapó en el aire con una agilidad asombrosa.

​Se movían con una sincronía perfecta, una coreografía de afecto que no conocía de jerarquías. Entre ellos no existía la lucha por el poder, ni la necesidad de demostrar quién era más fuerte. Solo había... paz. Un amor profundo y sencillo que contrastaba violentamente con la oscuridad del mundo que representaban.

​Me quedé oculto tras la pared, observándolos. En mi mundo, la mañana significaba disciplina, reportes de inteligencia y el olor metálico de las armas siendo limpiadas. Aquí, la mañana olía a pan tostado y a una felicidad que parecía imposible para hombres marcados por la mafia.

​—Buenos días, Soldadito. Sé que estás ahí, puedo oler tu confusión desde aquí —soltó Brayan sin siquiera girarse, con esa sonrisa burlona impregnada en su voz.

​Salí de mi escondite, sintiéndome ridículamente fuera de lugar con mi uniforme de la noche anterior, ahora arrugado. Dante se giró y me dedicó una de esas miradas que mezclaban nobleza y picardía.

​—Espero que tengas hambre, Keile. En esta familia, el que no desayuna fuerte no sobrevive a la siguiente broma de Brayan —dijo Dante, sirviendo un plato de huevos con una naturalidad que me hizo dudar de todo lo que sabía sobre los Alfas.

​Miré a Brayan. Estaba allí, saltando de la encimera con la ligereza de quien no tiene el peso del deber sobre los hombros. Me di cuenta de que su forma de ser, ese espíritu liberal y juguetón, no era una máscara para ocultar su maldad; era el resultado de haber sido amado en medio de la tormenta.

​Mi Alfa interior se removió, ya no con furia, sino con una punzada de anhelo. Verlos así, tan humanos y tan libres, me hizo sentir que mi vida entera había sido una operación en blanco y negro, mientras ellos vivían en un color que yo apenas empezaba a entender.

​—¿Por qué me miras así? —preguntó Brayan, acercándose y dejando que su aroma a lluvia chocara suavemente con mi aroma a menta cansada—. ¿Nunca habías visto a dos hermanos cocinar sin intentar matarse?

​Me quedé mudo ante la pregunta de Brayan. Él me miraba con esa chispa de diversión en los ojos, esperando una respuesta que yo apenas podía articular.

​—No —admití en un susurro—. En la academia, si dos Alfas estaban en una cocina, era para ver quién dominaba el espacio. El conflicto era... el estándar.

​Dante soltó una carcajada mientras servía el café, pero no era una risa de burla, sino una llena de nostalgia.

​—Ah, créeme, Soldadito, no siempre fue así de civilizado —dijo Dante, apoyándose en la encimera—. Eso es normal en nuestra familia ahora, pero nos costó sangre. Te cuento: una vez, cuando yo tenía quince años, Brayan tenía diez y nuestro hermano Sam tenía diecinueve. Tres Alfas jóvenes, con las hormonas a tope y el ego más grande que esta ciudad.

​Brayan soltó un gemido dramático y se cubrió la cara con las manos.

—Oh, no. No cuentes la historia de la lasaña, Dante. Por favor.

​—La voy a contar —insistió Dante, guiñándome un ojo—. Intentamos cocinar para el aniversario de mamá. Queríamos sorprenderla, pero lo que terminamos fue intentando matarnos. Sam quería mandar porque era el mayor, yo quería mandar porque decía que cocinaba mejor, y este pequeño demonio de aquí simplemente quería prenderle fuego a algo. En diez minutos, estábamos golpeándonos, rodando por el suelo, tres Alfas peleando por el "territorio" de la cocina y por quién tomaba el mando. Rompimos la vajilla de porcelana china de mi madre.

​Keile escuchaba con los ojos muy abiertos. Esa era la imagen que él entendía: Alfas chocando por poder.

​—Entonces —continuó Dante, su voz volviéndose suave y noble—, mi viejo entró. No gritó. No nos golpeó. Simplemente nos miró con esa decepción que duele más que un balazo. Ese día nos castigó a los tres. Nos obligó a limpiar cada rincón de la mansión con cepillos de dientes, pero eso no fue lo peor.

​—Lo peor vino después —intervino Brayan, bajando las manos y sonriendo con suavidad—. Nos obligó a sentarnos en el suelo del salón, uno al lado del otro, dándonos la mano. Sin soltarnos. Durante dos horas reloj.

​Me imaginé a tres futuros capos de la mafia, tres Alfas dominantes, sentados como niños en el suelo tomados de la mano. La imagen era absurda, pero poderosamente humana.

​—Papá nos dijo que si no podíamos sostener la mano de nuestro hermano en la paz, nunca podríamos cubrirle la espalda en la guerra —dijo Dante seriamente—. Estuvimos allí, furiosos, sudando, hasta que Sam, el más orgulloso de todos, dio el primer paso. Se disculpó. Luego yo, y luego el pequeño Brayan que estaba llorando porque quería ir a jugar. Desde entonces, no hemos vuelto a pelear por el mando. Porque a mi viejo no le gusta que desperdiciemos nuestra fuerza entre nosotros. El poder no es mandar al que tienes al lado, Keile, es saber que el que tienes al lado es parte de ti.

​Se hizo un silencio en la cocina. Dante le pasó un plato con pan tostado a Brayan y este le dio un golpe afectuoso en el hombro.

​Yo sentía un nudo en la garganta. En mi vida, el poder era una jerarquía vertical; para ellos, era una red horizontal de lealtad. Miré mis propias manos, las manos que solo sabían empuñar armas o teclear informes, y sentí una envidia profunda por esa conexión que nunca me permitieron tener.

​—Venga, Soldadito —dijo Brayan, empujando una silla hacia mí—. Siéntate y come. Aquí no hay que pelear por el territorio. Ya eres de la familia, aunque todavía no lo sepas.

​Esa frase me golpeó más fuerte que cualquier otra cosa. Me senté, y por primera vez en mi vida, el aroma a menta y metal de mi Alfa no se sentía como una armadura, sino como una invitación a ser parte de ese bosque bajo la lluvia.

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ary
hermoso historia 😍
ary
omg 😱 no esperaba este final 🤭
winter 609
demaciados prejuicios
winter 609
son destinados
winter 609
no lo atrapas por que no quieres si fueras más inteligente y no te dejaras llevar y controlar por tu ego ya lo tendrías tras las rejas
winter 609
amigo no tienes a tu r
equipo de adorno
pplda.pmppt😃
Me mató, tremenda historia 10/10...el final me hizo sentir horrible, fue hermoso.
Estoy muy agradecido con esta obra, la disfruté demasiado, muchas gracias.
Nathaly: hola me alegro que te gustará gracias por tu comentario y por leer hasta el final ☺️☺️
total 1 replies
pplda.pmppt😃
Dioss, q intenso🫦
Patyn
me gustó aunque en el camino se perdió la madre del enigma, por momentos los aromas se intercambiaron. final doloroso, lástima que no se fue con el
Nathaly: gracias por tu comentario en lo que tengas un tiempito lo arreglo
total 1 replies
Patyn
🤣toda la familia conoce al soldadito 🤣
Lina
me dolio horrible este final
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
Ameee😭
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
omggg 😱
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
amooooo
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
tienen q quedar juntos ellos se aman 😭
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
pobrecito 😭 ya sultenlo
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
😭
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
😭😭esta sufriendo mucho ya regresenle a su soldadito
𝑎𝑛𝑎𝑙𝑖𝑧૮ ․ ․ ྀིა
😭 pobrecito
Maru19 Sevilla
Pobre Alfa🤭
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