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BAJO TU SOMBRA

BAJO TU SOMBRA

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Posesivo / Mafia / Completas
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Delenis Valdés Cabrera

Ella era la única testigo. Él, la sentencia de muerte que terminó convirtiéndose en su dueño.
Elena Thomas vivía entre archivos y sombras, convencida de que su invisibilidad era su mayor escudo. Pero una noche, en un callejón donde el aire sabía a hierro y pólvora, vio lo que nadie debía ver: a Viktor Volkov, el heredero más despiadado de la Bratva, ejecutando a sangre fría.
Ella esperaba una bala. En su lugar, recibió unas manos de acero que la arrancaron del suelo y una voz que le prometió un infierno personal. "No te mataré, pequeña", le susurró él al oído, mientras el calor de su cuerpo la envolvía como una trampa de seda. "Pero a partir de hoy, tu nombre, tu cuerpo y hasta tu último suspiro me pertenecen".
Ahora, Elena es la prisionera de oro en una fortaleza de cristal. Viktor es un monstruo que no sabe amar, solo poseer; un hombre que la mira con una mezcla de odio y un deseo que amenaza con quemarlos a ambos.

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capítulo 18

La ciudad los recibió con una lluvia persistente que lavaba la sangre de los eventos pasados, pero no las sospechas. Viktor y Elena se movían como sombras, refugiados en un apartamento franco que olía a polvo y a planes olvidados. Mientras Viktor limpiaba sus armas con una precisión mecánica, Elena estaba sumergida en el mundo digital, con sus ojos café reflejando cascadas de códigos y extractos bancarios que databan de décadas atrás.

- Mi padre era meticuloso -susurró Elena, rompiendo el silencio-. Encontré un desvío de fondos que no iba a las cuentas de los Lombardi ni de los Castelli. Se movía a través de una cuenta fantasma llamada "Lirio Blanco".

Viktor se detuvo. El nombre hizo que sus músculos se tensaran bajo la camisa negra.

- El lirio blanco era la flor favorita de mi madre. Ella tenía una casa de verano en los acantilados de la costa norte. Mi padre la cerró después de que ella murió. Dijo que el aire del mar traía malos recuerdos.

- No eran recuerdos lo que quería ocultar, Viktor. Eran pruebas -Elena giró la pantalla hacia él-. La última transacción de esa cuenta se realizó desde una terminal en esa misma zona, días antes del incendio en la biblioteca.

Viktor se levantó, su imponente figura proyectando una sombra que envolvía a Elena. Los celos y la desconfianza seguían allí, pero ahora estaban teñidos de una necesidad posesiva de protegerla de una verdad que podría romperla.

- Esa casa es un mausoleo, Elena. Si vamos, entraremos en el corazón de los secretos de mi familia. Una vez que abras esa puerta, no habrá vuelta atrás. No podrás volver a ser la archivista que solo miraba el mundo a través de un estante.

- Ya dejé de ser esa mujer el día que me obligaste a subir a tu coche, Viktor -respondió ella, levantándose y enfrentándolo. Su cabeza apenas llegaba a la altura del esternón de él, pero su mirada era igual de afilada-. Tú me arrastraste a tu oscuridad. Ahora aguántate mientras enciendo las luces.

Viktor la tomó por los hombros, sus dedos hundiéndose levemente en su piel. No era un gesto de agresión, sino una forma de anclarse a ella.

- No te pongas desafiante conmigo hoy. Estamos yendo a territorio que mi padre juró que nadie pisaría. Si hay alguien vigilando esa casa, no dudarán en disparar a matar.

- ¿Y tú? -lo retó ella-. Si lo que encontramos allí destruye el legado de los Volkov, ¿me dispararás a mí también?

Viktor la atrajo hacia sí con un movimiento brusco, obligándola a sentir la dureza de su chaleco y el latido acelerado de su corazón herido. Se inclinó hasta que sus labios casi rozaron los de ella, una posición de dominio que solía usar para silenciarla.

- Te lo dije en el motel y te lo repito ahora: eres mi única debilidad. Preferiría quemar el imperio entero antes de ver un rasguño más en tu rostro -susurró, con una posesividad que bordeaba la locura-. Pero si intentas usar lo que encontremos para huir de mí... ahí es cuando conocerás al verdadero monstruo.

Elena no se amilanó. Puso sus manos sobre las de él, no para quitarlas, sino para apretarlas.

- Entonces deja de hablar y condúceme a esa casa. Tenemos un legado que incendiar.

El viaje hacia la costa fue silencioso. Al llegar, la casa de verano se alzaba sobre el acantilado como un centinela de piedra gris. Al entrar, el aire estaba viciado. Elena se dirigió directamente al estudio, donde un cuadro de la madre de Viktor presidía la habitación. Con sus dedos expertos, empezó a buscar mecanismos ocultos en las paredes.

- Aquí -dijo ella, presionando un relieve en el marco de madera.

Una pequeña caja fuerte de seguridad biométrica surgió de la pared. Elena miró a Viktor.

- Necesita el ADN de un Volkov.

Viktor presionó su pulgar sobre el sensor. Un clic metálico resonó en la habitación vacía. Dentro, no había dinero ni joyas. Solo un diario encuadernado en cuero y un dispositivo de almacenamiento antiguo.

Pero antes de que pudieran tocarlo, el sonido de una rama rompiéndose afuera los puso en alerta. Un rayo láser rojo apareció sobre el pecho de Elena.

- ¡Abajo! -rugió Viktor, lanzándose sobre ella para cubrirla con su cuerpo justo cuando una bala atravesaba el ventanal.

El cristal estalló en mil pedazos, bañando el suelo de vidrios rotos. Viktor no esperó a que el francotirador ajustara la mira; con un movimiento violento y protector, envolvió a Elena por la cintura y la lanzó tras el pesado escritorio de roble. Él aterrizó sobre ella, usándose como un escudo de carne y hueso.

— ¡No te muevas! —rugió Viktor, con su respiración golpeando la mejilla de ella. Estaban tan pegados que Elena podía sentir cada músculo tenso de su pecho y el frío del metal de su arma rozándole el brazo.

— ¡Viktor, el dispositivo! —gritó ella, señalando el pequeño aparato que había caído cerca de la ventana—. ¡Si lo destruyen, nunca sabremos la verdad!

— ¡Al diablo la verdad si te vuelan la cabeza! —respondió él, con sus ojos de acero encendidos por una furia posesiva—. Quédate aquí. Si asomas ese pelo castaño hermoso, te juro que yo mismo te encerraré en una celda de por vida para que no vuelvas a ver la luz del sol.

Viktor se deslizó por el suelo como un depredador, sacando una granada de humo de su cinturón. La lanzó hacia el centro de la habitación, y en segundos, una densa nube gris ocultó su posición. En medio de la niebla, se escuchó el rugido de su pistola automática. Viktor disparaba con una precisión quirúrgica, devolviendo el fuego hacia los arbustos del acantilado.

Elena, aprovechando el humo, se arrastró por el suelo de madera. Su corazón martilleaba contra sus costillas mientras sus dedos alcanzaban el dispositivo. Logró volver al escritorio justo cuando una ráfaga de ametralladora destrozaba la silla donde estaba sentada segundos antes.

— ¡Lo tengo! —exclamó, abriendo su laptop portátil con manos temblorosas.

Viktor regresó a su lado, jadeando, con una herida de roce en la mejilla que lo hacía ver aún más peligroso. Se arrodilló sobre ella, atrapándola contra el escritorio. La tensión entre ambos era insoportable; el peligro de muerte solo parecía alimentar la chispa eléctrica que los unía.

— Eres una terca, pequeña —siseó él, su rostro a milímetros del de ella—. Te di una orden.

— Y yo te dije que no soy uno de tus soldados —lo retó ella, sosteniéndole la mirada de sus ojos café—. Ahora cállate y vigila la puerta mientras rompo la encriptación.

Mientras Viktor disparaba desde la esquina de la ventana, Elena se sumergió en el código. Sus dedos volaban, pero la encriptación era una pesadilla de algoritmos antiguos. De repente, una ventana de video se abrió. Era una grabación de seguridad de la oficina de su padre, fechada el día de su muerte.

En el video, se veía al padre de Elena entregando un sobre a un hombre cuya espalda resultaba familiar. Cuando el hombre se giró, Elena ahogó un grito. Era el tío de Viktor, Sergei, el hombre que supuestamente había muerto hace años y a quien Viktor idolatraba.

— Viktor... mira esto —susurró ella.

Viktor se inclinó, su cuerpo rodeándola por completo para ver la pantalla. Al ver a Sergei, su mandíbula se tensó tanto que pareció que iba a romperse.

— Sergei... él me dijo que tu padre había robado dinero. Él fue quien me llevó a la biblioteca esa noche...

— ¡Te usaron, Viktor! —dijo Elena, dándose cuenta de la magnitud del engaño—. Te usaron para que fueras el testigo de "la traición" de mi padre, asegurándose de que nunca cuestionaras su muerte.

Viktor la tomó por la barbilla, obligándola a mirarlo. Sus celos por la verdad y su rabia por haber sido un peón se mezclaron en una mirada devoradora.

— Si esto es cierto, Elena, toda mi vida ha sido una mentira. Pero hay algo que no es mentira: ahora mismo, Sergei o quien sea que lo envíe, te quiere muerta porque eres la única que puede unir las piezas.

— Y tú eres el único que puede sacarme de aquí —respondió ella, sintiendo por primera vez una extraña vulnerabilidad ante él.

Viktor la atrajo hacia su pecho en un abrazo brusco y posesivo, como si quisiera fundirla con su propia piel.

— No dejaré que te toquen. Pero después de esto, Elena, ya no habrá escapatoria. Serás mi sombra, mi reina o mi prisionera, pero nunca, nunca, estarás lejos de mí de nuevo.

Una granada de gas lacrimógeno rodó por el suelo. El tiempo se agotaba.

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Carmen Ramos
Esta bonita su novela pero cuando la termine comienzo a leer estaré al pendiente ☺️🥰
Delenis: Por supuesto mi corazón 🤭, no te preocupes yo actualizo seguido , la otra que estoy escribiendo "La contadora del mafioso" también, por si le apetece leer . Besos 😘
total 1 replies
Marbe Majano
más capitulos
Delenis: A la orden 👌
total 1 replies
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