Nicolas Peltz, es un detective, que se convierte en el protector de Eva II, una creación genética, del científico Elias Vance, quien la creo con el fin de que sea un banco donante de órganos viviente para su hija biológica que sufre una enfermedad degenerativa. La existencia de Eva II sale a la luz después de que el laboratorio del doctor Vance, se incendiará. El detective Peltz se convertirá en el protector y defensor de Eva II, luchará para que la vean como humana y a la vez ella se convierte en una ayuda invisible para el detective para que no pierda la custodia de su hija de cinco años Clara. ¿Pelts conseguirá que se reconozca a Eva II como humana? ¿Eva II podrá vivir lo que es tener una familia? ¿Qué pasara cuando la verdadera Eva resurja? ¿La reconocerá como su gemela o la repudiará como fenómeno?
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Capitulo 18- Giro inesperado de los acontecimientos
#ALEJANDRO
Por mas que le mostre a mi hermano Nicolás que lo que pretendia con Eva era algo imposible, anulable, parecía no entrar en razón, por lo que decidi que el dia de la reunion familiar buscaria el apoyo de mis padres, a ver si a ellos puede oponerse.
El aroma a asado flotaba por la casa de mis padres.
Era domingo, día de almuerzo familiar, una tradición sagrada que ni siquiera la profesión de detective de Nicolás lograba romper por completo, aunque su ausencia, como hoy, ya no era una sorpresa.
Sin embargo, yo estaba presente, sentado frente a mis padres, Doña Elena y Don Ricardo, con una sonrisa forzada y un veneno burbujeante en mi interior. La imagen de Eva con el manual de anatomía aún me quemaba.
—¿Y cómo va la vida, hijo? —preguntó mi madre Elena, preocupada por el semblante tenso que tenia. —Tu hermano… No tiene tiempo para nada. Pero tú, ¿Todo bien en el bufete?
—Perfecto, madre —respondi, forzando una sonrisa. Esta era mi oportunidad. —Aunque me temo que Nicolás pronto tendrá aún menos tiempo. Está… Está planeando casarse.
La noticia cayó como un rayo en medio de la tranquila conversación. Elena dejó caer el tenedor sobre el plato con un tintineo metálico, y Ricardo levantó la vista de su copa de vino, sus cejas canosas alzándose hasta casi desaparecer en su frente.
—¿Casarse? —Exclamó mamá, incrédula. —¿Nicolás? ¿Y no nos ha dicho nada? ¿Con quién? ¿Una de sus… Clientas?
Indago al no imaginar que podia conocer una mujer de otro modo, como siempre trabajaba y no socializaba.
—Pues sí, madre. Una… Clienta muy especial —dije, regodeándome en el efecto de mis palabras. —Tan especial que vive con él. Y con Clara.
Los ojos de mi madre Elena, se abrieron como platos. Mi padre, Don Ricardo, dejó su copa en la mesa con un golpe seco. La noticia de que Nicolás ya convivía con alguien, y con Clara, era un golpe para su sentido de las buenas costumbres.
—¡Es inaudito! —Mi madre se puso de pie, la furia tiñéndole las mejillas. —¡Mi hijo! ¡Después de lo de Laura! ¡Y sin decirnos nada! Mañana mismo voy a su apartamento. ¡Esto hay que aclararlo!
Sonrei para mi mismo.
Perfecto. Mis padres, con su mentalidad tradicional y su arraigo a las normas, pondrían a Nicolás en su sitio. Con su negativa, lograrían que desistiera de su absurda idea de casarse con "Eva".
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#NICOLAS
Temprano a la mañana, mi cafe despues de una larga noche, porque acababa de regresar de un turno extenuante, fue interrumpido de manera abrupta.
El timbre sonaba con una insistencia inusual.
Imagine que era Laura, me prepare para el aluvión de preguntas, pero esa idea se me borro al recordar que ella golpeaba la puerta con la palma y no tocaba el timbre.
Extrañado, sin saber quien podia ser, abri la puerta y allí estaban: mis padres, con sus rostros severos y sus brazos cruzados.
—¡Madre! ¡Padre! —Los invite a pasar, imaginando lo que se avecinaba, de seguro Alejandro le fue con el chisme.
Apenas habían puesto un pie en la sala cuando Eva apareció desde la cocina, con un paño de cocina en la mano y una expresión de tranquila curiosidad. Al ver a dos personas mayores, su rostro se iluminó con una fascinación genuina.
—Oh —dijo Eva, sus ojos ámbar observando el cabello plateado de mi madre Elena y mi padre Ricardo. —Qué hermoso tono. Como… Como la nieve al sol. Brillante. Y sus ojos… Son amables.
Mi madre Elena, que venía preparada para la confrontación, se quedó muda. Nadie, nunca, la había halagado de esa manera, y menos por sus canas. Mi padre Ricardo, que siempre había sido más estoico, también sintió un rubor en sus mejillas.
—¿Son… Los padres de Nicolás? —Preguntó Eva, su voz suave, mirándolos con una dulzura desarmante. —Él me habló de ustedes. Dice que su madre cocina muy rico. Y que su padre… Es un hombre muy sabio.
Una vez le comente de paso, pero nunca crei que lo recordaria.
Los elogios, tan puros y sinceros, desarmaron completamente a mis padres. La predisposición y dulzura de Eva eran tan genuinas que el enojo que sentían empezó a disiparse como el humo. Mi madre Elena, que se ve había planeado una reprimenda épica, ppr el modo que me miro al inicio, se encontró sonriendo.
—Pues… Sí, querida —Dijo mamá, su voz más suave de lo que pretendía. —¿Y tú… Tú eres Eva?
—Sí. Soy Eva —respondió, tendiéndoles la mano con delicadeza. —Es un placer conocerlos. Nicolás les quiere mucho.
La conversación fluyó con una facilidad asombrosa. Eva, con su inocencia y su curiosidad sin límites, les preguntó sobre sus vidas, sobre sus recuerdos, sobre sus consejos para criar a Clara. Escuchó atentamente cada palabra, haciendo preguntas inteligentes y mostrando una empatía que los conmovió. Mientras les servia cafe y los invitaba a sentarse, fue atenta y cortes, cualidades que mis padres valoran en una persona.
-Alejandro habia mencionado que era muy joven... Pero nunca que era lo suficiente madura para su edad. Exclamo mi madre en un momento.
Asi que eso hizo Alejandro, había planeado usar en mi contra la juventud de Eva, pero al final pasó a un segundo plano. Su dulzura, su intelecto, su bondad… Todo eso brillaba con más fuerza. Y termino por conquistar a mis padres.
Cuando mis padres finalmente se despidieron, después de un par de horas, la actitud de mi madre Elena había cambiado radicalmente.
—Nicolás —Dijo mi madre, dándome un abrazo afectuoso. —Es una chica… Maravillosa. Tierna, inteligente. Y tan educada. Nos alegra mucho que la tengas en tu vida. Y si te hace feliz… Entonces estamos de acuerdo.
Mi padre Ricardo asintió con una sonrisa.
—Parece una buena chica. Una excelente compañía para Clara. Y si te casas con ella, hijo, solo asegúrate de cuidarla bien. Se ve que es un diamante en bruto.
Los vi partir, una sonrisa incrédula extendiéndose por mi rostro. El plan de Alejandro se había ido al garete de la manera más inesperada.
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#ALEJANDRO
Habia lanzado la bomba en el almuerzo familiar del domingo, me encontraba ansioso en mi departamento, esperando impaciente la llamada de mis padres, ansioso por escuchar cómo habían "razonado" con Nicolás. Cuando finalmente mi madre, Elena, me llamó, su voz sonaba extrañamente feliz.
—Alejandro, hijo, no sabes lo que te pierdes. Hemos estado con Nicolás y con Eva. ¡Y es un encanto! ¡Qué chica más dulce! Tu hermano tiene muy buen gusto. No podemos estar más felices por él.
Deje caer el teléfono, mi mandíbula apretada. El giro de los acontecimientos me había dejado sin palabras, y con una nueva capa de resentimiento. El plan que había ideado para separar a Nicolás y Eva se había vuelto en mi contra de la forma más dolorosa posible. Tenia la certeza que esto no terminaría bien, legalmente era algo imposible, mi hermano que era detective, se suponia sabia todos los reglamentos, sabia lo que estaba bien y lo que no. Pero ante la idea de proteger a Eva contra todo, se volvia ciego, sordo y mudo.