Ella fue condenada a muerte por el príncipe heredero, su propio esposo. Los dioses, apiadados de su destino, le dieron una segunda oportunidad. Ahora ha regresado con un solo propósito: cambiar su historia y lograr que él se enamore de ella.
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Cap17: El Consejo de Guerra
El regreso al palacio fue silencioso, pero cargado de tensión. Las calles de Normun quedaban atrás, y con ellas la esperanza de un pueblo que ahora dependía de nuestras decisiones. William no soltaba mi mano, sus ojos fijos en el horizonte, como si pudiera ver más allá de las montañas que separaban a Forth de Drakonia. Yo, en cambio, pensaba en cada palabra que había escuchado: espías, mercenarios, invasión. No era un rumor aislado, era una amenaza real que se extendía por todo el reino.
Al llegar al palacio, las campanas resonaron con fuerza. No era un llamado común, era la señal de que el Consejo de Guerra debía reunirse. Los nobles, generales y consejeros comenzaron a llenar el gran salón, sus rostros tensos, sus voces cargadas de preocupación. Me senté en el trono junto a William, mi mirada firme, mi corazón latiendo con fuerza.
—El reino entero está en peligro —dijo William, su voz grave y solemne—. Drakonia no busca solo Normun. Pretenden someter a Forth entero.
Un murmullo recorrió la sala. Algunos nobles palidecieron, otros apretaron los puños con rabia contenida. El duque Veyra se levantó, su bastón golpeando el suelo con fuerza.
—Entonces debemos prepararnos para la guerra. No podemos esperar a que ataquen. Debemos adelantarnos.
Yo asentí, mi voz clara y firme. —El pueblo está listo. Normun ya ha comenzado a organizarse, y las demás provincias deben seguir su ejemplo. No permitiremos que Drakonia nos arrodille.
El silencio se transformó en determinación. Los generales comenzaron a hablar de estrategias, de tropas, de provisiones. Los mensajeros fueron enviados a cada rincón del reino, llevando la orden de preparación. El palacio se convirtió en el centro de un torbellino de actividad: herreros trabajando día y noche, soldados entrenando sin descanso, nobles discutiendo alianzas y recursos.
Pero en medio de todo, yo sabía que la verdadera batalla no sería solo en los campos de guerra. Sería también en los corazones del pueblo, en la confianza que debían tener en su Reina. Los rumores me habían pintado como un monstruo, una villana, pero ahora debía demostrar que era más que eso. Que podía ser la fuerza que los guiara en la oscuridad.
Esa noche, William y yo caminamos por los pasillos del palacio. Su mano en la mía, su mirada fija en mí.
—Elara —dijo en voz baja—, esta guerra pondrá a prueba todo lo que somos. Nuestro amor, nuestro reinado, nuestra fuerza.
Lo miré con firmeza, mi corazón ardiendo con determinación. —Entonces no debemos temer. Porque juntos somos invencibles.
William sonrió, una sonrisa cargada de orgullo y amor. Me abrazó con fuerza, como si quisiera protegerme de todo lo que estaba por venir. Y en ese instante, supe que no importaba cuán grande fuera la tormenta. Mientras estuviéramos juntos, nada podría destruirnos.
Las campanas resonaron nuevamente, más fuertes que antes. El Consejo de Guerra había tomado su decisión: Forth se prepararía para enfrentar a Drakonia. No sería una batalla aislada, sería una guerra que decidiría el destino del reino entero.
Y yo, la Reina que todos llamaban villana, estaba lista para demostrar que podía ser la heroína que salvaría a su pueblo.