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Dolores Del Pasado

Dolores Del Pasado

Status: Terminada
Genre:Malentendidos / Casos sin resolver / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:1.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Leandro Martin Diaz

Es verdad lo que dicen.No sabes lo que tienes asta que lo pierdes y así empieza esta historia

NovelToon tiene autorización de Leandro Martin Diaz para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 18: Lo que nadie veía

Con el paso de los días, Leonardo empezó a darse cuenta de algo que al principio no había notado con claridad: para los demás, todo estaba empezando a acomodarse. No de forma feliz, ni mucho menos, pero sí dentro de cierta lógica esperable. La gente volvía a sus rutinas, las conversaciones dejaban de girar constantemente en torno a lo que había pasado, y el tema empezaba a aparecer cada vez menos, como si lentamente fuera ocupando un lugar más lejano.

Pero para él no.

Para él no había nada que se estuviera acomodando.

Si algo cambiaba, era para volverse más evidente.

Más difícil de ignorar.

Su madre, por ejemplo, seguía triste, eso era claro, pero también seguía funcionando. Cocinaba, ordenaba, hablaba por teléfono, resolvía cosas del día a día. A veces se quedaba en silencio más de lo normal, a veces suspiraba sin decir nada, pero aun así seguía adelante. Había algo en ella que, aunque golpeado, seguía en movimiento.

Leonardo la observaba sin decir demasiado, tratando de entender cómo hacía. No desde la admiración, sino desde la confusión. Porque él no podía hacer lo mismo. No podía simplemente seguir.

Lo intentaba, sí.

Salía cuando tenía que salir.

Respondía cuando le hablaban.

Incluso sonreía en algunos momentos, casi por reflejo.

Pero todo eso era superficial.

Por dentro, la sensación era completamente distinta.

Era como si viviera en dos planos al mismo tiempo: uno externo, donde todo parecía más o menos normal, y otro interno, donde nada lo era.

Y ese segundo plano era el que más pesaba.

Una tarde, mientras estaba en la cocina con su madre, ella le habló de algo cotidiano, algo simple, sin demasiada importancia. Leonardo respondió, siguió la conversación, pero en medio de eso, sin aviso, su mente se fue a otro lugar. A la casa de Livia. A esa última vez. A ese momento exacto.

Y de repente, dejó de escuchar.

Su madre siguió hablando unos segundos hasta que se dio cuenta.

—¿Leo?

Él parpadeó, como si volviera de golpe.

—¿Qué?

—Te estoy hablando.

—Sí… perdón, me distraje.

La excusa salió automática.

Ella lo miró un segundo más, como evaluando algo que no terminaba de decir.

—¿Estás bien?

La pregunta era simple.

Directa.

Leonardo dudó apenas.

—Sí.

Mintió.

Y lo hizo sin esfuerzo.

Porque explicar la verdad implicaba algo que no sabía cómo hacer.

Su madre asintió, pero no pareció convencida del todo. Aun así, no insistió.

Y eso se repitió muchas veces.

Pequeños momentos en los que alguien notaba algo raro, en los que le preguntaban si estaba bien, en los que había un espacio mínimo para decir lo que realmente le pasaba.

Y en todos esos momentos, Leonardo hacía lo mismo.

Decía que sí.

Cerraba.

Seguía.

Pero lo que nadie veía —o lo que nadie entendía del todo— era lo que pasaba cuando se quedaba solo.

Ahí no había distracciones suficientes.

No había conversaciones que lo sacaran de su cabeza.

No había nada que interrumpiera ese ruido constante.

Y entonces volvía todo.

Con más claridad.

Con más fuerza.

Se sentaba, o se recostaba, o simplemente se quedaba quieto, y los pensamientos empezaban a ordenarse solos, como si ya no necesitaran que él los buscara.

Y siempre llegaban al mismo lugar.

A las mismas preguntas.

A las mismas escenas.

Había momentos en los que intentaba cambiar eso, forzarse a pensar en otra cosa, ponerse música, mirar algo, salir. Y a veces funcionaba por un rato. Pero siempre era temporal.

Porque el problema no era la falta de distracción.

Era lo que había detrás.

Una noche, mientras estaba solo en su habitación, pasó algo que marcó un cambio más claro. Estaba acostado, con la luz apagada, mirando el techo apenas iluminado por la calle. No estaba pensando en nada en particular cuando, sin aviso, la frase apareció completa en su cabeza.

“No hiciste nada.”

No era una pregunta.

No era una duda.

Era una afirmación.

Clara.

Directa.

Y no había forma de discutirla.

Leonardo apretó los ojos, como si eso pudiera hacer que desapareciera, pero no pasó. La frase se quedó, repitiéndose, conectándose con imágenes, con recuerdos, con momentos concretos.

Cada vez que podría haber ido.

Cada vez que eligió no hacerlo.

Cada vez que minimizó lo que pasaba.

“No hiciste nada.”

Se sentó de golpe, respirando más fuerte. Sentía una presión en el pecho que no sabía cómo manejar. No era solo tristeza. Era algo más cargado, más difícil de soltar.

—Ya está… —murmuró, en voz baja, como si intentara frenarlo.

Pero no funcionó.

Porque no “estaba”.

Eso era justamente lo que más pesaba.

Que no había un cierre.

No había una forma de decir “hasta acá”.

Porque lo que lo atormentaba no era solo lo que había pasado.

Era su propia parte en eso.

Se levantó, caminó unos pasos por la habitación, se pasó una mano por la cara, intentando ordenarse. Pero no había orden posible en ese momento.

Volvió a sentarse, esta vez en el borde de la cama, y se quedó ahí, en silencio.

Y fue en ese punto donde algo empezó a cambiar de forma más clara.

Hasta ahora, el dolor había sido algo que lo golpeaba, que aparecía, que lo invadía.

Pero en ese momento empezó a volverse algo más interno.

Más constante.

Más propio.

No era algo que venía de afuera.

Era algo que estaba dentro de él.

Y no se iba.

Mucho tiempo después, Leonardo entendería que este fue el momento en el que dejó de esperar sentirse mejor pronto.

Porque hasta ese punto, en algún lugar, había pensado que esto iba a pasar, que con el tiempo se iba a acomodar, que iba a encontrar una forma de dejarlo atrás.

Pero esa noche entendió que no era así.

Que algunas cosas no se acomodan.

No porque no haya tiempo.

Sino porque lo que las sostiene… no cambia.

Y lo que sostenía esto era él mismo.

Sus decisiones.

Sus silencios.

Todo lo que eligió no hacer.

Y contra eso… no había forma de escapar.

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Martin
Hola,no abandonaré la otra ya hay capítulos programados asta el 15 del otro mes y se subirán cada 5 días ahora el 20 estrena uno y así
Marialeonor Roqueocampo
aquí estoy esperando otra historia fascinante, espero no abandones la otra 🫶🤭
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