logrará viollet enamorar al amor de su vida Nicolas preston, cuales serán las jugadas que utilizará para cumplir lo que ella llama mi pequeña obsesión .
obligando a Nicolas que este a su lado utilizando su posición económica para retenerlo con ella sin importarle las consecuenciasque llevaria su capricho. descubre que sucederá en esta trama.
NovelToon tiene autorización de yenith Machado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
juegos de niños
Mis ojos se posan sobre la vista más hermosa que jamás haya contemplado: un campo repleto de orquídeas violetas, vibrantes, perfectas, como salidas de un sueño. Es tan hermoso que, sin pensarlo, deposito un beso suave en la comisura de sus labios. Él sonríe, visiblemente emocionado.
—Aún hay más —dice con un brillo infantil en los ojos—. ¡Esto no es todo!
—¿Más sorpresas, Nicolás? —pregunto con tono juguetón.
Lo observo moverse entre las flores, y entonces lo veo: un pequeño picnic bajo un árbol, rodeado por ese mar púrpura. Todo es simplemente mágico.
—Pensé que estabas molesto por lo que le hice anoche al coche —confieso mientras comienzo a mordisquear mis dedos, demasiado nerviosa.
—Debería, Violett… pero no lo estoy.
—Entonces dime, ¿por qué haces todo esto?
—Porque estoy buscando mi felicidad —responde, sin vacilar—. Y sé cuánto te gustan las orquídeas violetas. Quiero que compartamos este atardecer juntos.
El sol se filtra entre las montañas, tiñendo el cielo de dorado. El paisaje es magnífico. Perfecto, diría yo.
Nos sentamos sobre la manta. Nicolás comienza a disfrutar los bocadillos, mientras me observa.
—¿Por qué no comes, Violett? ¿No te gustan las frutas?
—Aaah —sonrío de lado—. Ya sé… no te preocupes, esta vez no he puesto nada raro.
Le extiendo el meñique con una sonrisa traviesa.
—Prométemelo.
—No voy a jugar juegos de niños —responde, alzando una ceja, negándose a corresponderme.
—Si no lo prometes, no probaré ni un bocado.
Vacila unos segundos. Finalmente, suspira y entrelaza su meñique con el mío.
—Está bien. Ganaste. Lo prometo.
Una semana después…
—¡Rcharlotte! ¡Charlotter!
—Sí, señorita, ¿me estaba llamando?
Le doy un abrazo cálido, lleno de afecto, de esos que reconfortan hasta el alma.
—Charlotte, ya te he dicho que me llames Violett —le recuerdo con dulzura.
Ella hace una pequeña reverencia, tocando la punta de su nariz en señal de juego.
—Está bien, Violett —dice entre risas—. Te llamé para que veas las orquídeas… están todas floreciendo. ¡Son hermosas! Me preguntaba si podrías ayudarme a hacer algunos ramitos.
Nos sentamos entre las flores, el aire impregnado de su fragancia dulce. con delicadeza, empezamos a formar varios ramos de orquídeas, envolviendo cada uno con lazos de tela suave. Mientras estamos en ello, suena mi iPhone. Miro la pantalla. Jannet.
—¡Por fin contestas, Violett! Pensé que habías cambiado de número —dice con alivio.
—Me alegra escuchar tu voz, Jannet. Pensé que me habías olvidado…
—Sabes que eso nunca pasaría —responde con sinceridad.
La conversación se extiende. Hablamos durante al menos cuarenta minutos, poniéndonos al día, compartiendo risas, confesiones y silencios que también dicen mucho.
Al colgar, decido ir a casa de mis padres. Al entrar, saludo a mamá con un beso suave en la mejilla.
—Hola, mamá.
—Mi princesa, ¿cómo has estado?
—Bien, mamá.
Charlotte aparece justo en ese momento, sosteniendo dos ramos exuberantes de flores. Me entrega ambos con una sonrisa. Le doy uno a Noat, quien lo toma con admiración.
—Están preciosas, Violett. ¿Dónde está papá?
—En tu antigua habitación… la está remodelando para sus futuros nietos —dice mamá, con una chispa de emoción en la voz.
Las tres reímos con complicidad. Camino hacia mi vieja habitación, deseando ver a papá.
—¡Papá! ¿Qué haces?
Se sobresalta al escuchar mi entrada tan repentina. al mirar alrededor, me quedo sin aliento. La habitación ya no es la que recuerdo. Las paredes, antes neutras, ahora lucen un azul celeste vibrante, decoradas con trenes y vagones que serpentean en un recorrido mágico. mis recuerdos infantiles me golpean de golpe, trayendo consigo una oleada de nostalgia. un nudo se forma en mi garganta. Se me escapan unas lágrimas… y un suspiro largo.
Papá me mira y sonríe con ternura, mientras yo, en silencio, me abrazo a todo lo que un día fui.
Le extiendo a Elliot las frondosas orquídeas con una mezcla de entusiasmo y sentimientos encontrados. Mis dedos tiemblan ligeramente al entregárselas.
—Te amo, papi —le digo con una sonrisa suave, aunque mis palabras llevan una carga de duda—. Pero… ¿no crees que es un poco pronto para pensar en nietos?
Elliot me mira con ternura, sus ojos llenos de certeza.
—Violett, gracias por esto… pero estoy seguro de que pronto tendré muchos nietos. Sé que tu matrimonio comenzó como un contrato, pero dime, hija… ¿quién no podría enamorarse de una niña tan maravillosa como tú? Eres mi ángel. Ven, ven a los brazos de tu padre.
Sus palabras me estremecen. Camino hacia él, dejando caer mis miedos, y nos damos un abrazo tan cálido que parece detener el tiempo. me aferro a él como cuando era niña, como si ese gesto pudiera protegerme del mundo entero.
Mientras Elliot continúa pintando la habitación, decido acercarme a mamá. Le cuento lo mucho que he avanzado con Nicolás, los pequeños detalles que me hacen pensar que, quizás, lo que comenzó como un acuerdo frío… se está transformando en algo más.
Más tarde, de camino a visitar a la familia Preston, no puedo evitar detenerme antes en casa de mis suegros. No sería correcto irme sin verlos.
Llamo varias veces a la puerta hasta que escucho pasos apresurados. entonces, Eleonor aparece como un torbellino, lanzándose sobre mí con tanto entusiasmo que casi me desestabiliza.
—Querida —dice con emoción, rodeándome con los brazos.
—Estas orquídeas son para ti —le digo, sonriendo mientras le extiendo el ramo—. ¿A que están hermosas?
—¡Divinas! ¿Las has plantado tú misma?
—Con ayuda de Charlotte —respondo, aún entusiasmada—. Hemos creado un jardín precioso.
Le ofrezco otro ramo.
—¿Podrías entregarle este a Alexander?
—Por supuesto, cariño —responde con dulzura.
Le doy un abrazo fuerte, uno que encierra gratitud y respeto, y me despido de ella a la salida de la majestuosa mansión Preston. al regresar, busco con la mirada a mis acompañantes, quienes aún permanecen en casa de mis padres.