Está historia trata de una joven hermosa y muy humilde,su principal objetivo es superarse para ayudar a su mamá.
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Cap.18
— El día que te conocí, me trataste como una basura. La noche que intentaste abusar de mí… Me dijiste pobre diabla, poca cosa, que yo no era nadie, me jalaste del cabello, me insultaste. Lo único que pasó por mi mente fue vengarme de ti. El simple hecho de ser pobre, no te daba derecho a tratarme como una mierda. Soy un ser humano.
Lo único que inventé de esa noche fue sobre la penetración, porque de alguna manera me hiciste mucho daño. Tus palabras se repetían en mi cabeza, una y otra vez. Yo no elegí ser pobre, pero si elegí hacerte ver que soy un ser humano, igual que tú.
— ¿Ahora quieres que cambies de opinión?
— No, David, solo quería que supieras por qué hice lo que hice. Ahora estoy tranquila conmigo misma. Y otra cosa, te voy a dar el divorcio, ¿sabes por qué? Porque tú no me mereces. Si bien, yo fallé, pero tú me hiciste entender en estos días, que el amor verdadero no existe.
Él se entristeció, pero disimuló muy bien. — ¿Estás segura de que me vas a dar el divorcio? Estoy de acuerdo, debemos de acabar con esta falsa lo antes posible.
— Has lo que tenga que hacer, mi mamá y yo nos iremos de la casa, ya no me interesa vivir aquí.
Anais se sintió aliviada, no iba a seguir aguantando humillaciones. Estaba decidida a olvidarse de él. Iba a terminar de estudiar, y se iba a superar por sí sola. Más que todo, ella tenía dignidad, y dejarse pisotear por alguien, no era una opción.
Entre eventos, trabajos, estudios, boda, relaciones fallidas, decepciones, y un amor latente, pasaron dos años.
Anaís había logrado todas sus metas, terminó de estudiar, y estaba ejerciendo su carrera. A pesar de llevar poco tiempo de emplear su profesión, entró al renglón de mejores arquitectos del país.
Uno de sus compañeros de trabajo, muy emotivo, le dijo. — Señora Ferrer, logramos firmar el contrato millonario, todo gracias a usted.
— Señor, me da mucho gusto. Vamos a hacer lo mejor como en cada proyecto. Sabía que ese contrato sería nuestro.
— Nunca antes habíamos logrado algo así, con ese contrato estamos por encima de los arquitectos de los Peyles.— dijo el señor.
— Bien. Por eso vamos a hacer un excelente trabajo, ¿Cuándo vienen los inversionistas?
— De ese tema quería hablar con usted. Los inversionistas tienen exclusividad con la constructora Peyles. Todo el material del proyecto será de esa contractura. Como usted es la encargada de dicho proyecto, tiene que trabajar directamente con ellos.
— ¡Maldición! No puede ser.— exclamó ella.
— ¿Creé no poder trabajar con ellos?
— No se preocupe, es mi trabajo y lo voy a hacer.
Maldita sea, voy a tener que volver a esa constructora, tengo dos años que no veo a David. Me juré no mendigar más, y hacer mi vida, ahora tengo que trabajar con él, joder.— pensó Anais.
David y Margaret se casaron, y ambos vivían un verdadero infierno.
— Margaret, déjame tranquilo, estoy cansado. No logramos obtener un contrato que queríamos, no sé cómo siendo los mejores, alguien más nos ganó.— dijo David molesto.
— Nos casamos, ¿y para qué? Llegas tardes, nunca está disponible para mí, te dije que quiero tener hijos, y pareces que no importa. ¿Por qué me trata así? ¿Acaso tienes esperanza de volver con esa mujer? Ya olvídala.— gritó Margaret.
Logró casarse con él, pero de qué le valió, su vida era miserable a su lado. Nunca estaba para ella, dormían en habitaciones separadas, y el sexo era prácticamente una obligación, una o dos veces al mes.
— Mejor me voy a mi habitación, estás insoportable.— dijo David. Él nunca iba a olvidar a Anais, cada día al despertar la recordaba. No sabía nada de ella, nunca se iba a enterar de que la buscó como un loco, pero ella ya se había ido.
Anais vivía con su mamá, aún no tenía pareja. Logró todo lo que soñó un día. Tener que volver a ver a David la hacía flaquear, y la ponía nerviosa. A pesar de todo, lo seguía amando.
A la mañana siguiente, Anais se despertó un tanto emocionada, había llegado el día de ver a David. En la constructora donde trabaja actualmente, la esperaban sus compañeros.
— Señora Ferrer, ¿estás lista?
Ella asintió con la cabeza, ciertamente estaba nerviosa.
— Pues vamos.— dijo el señor.
Llegaron a la constructora Peyles, la secretaria al ver Anais, se emocionó, pues ella se llevaban bien. El señor le pidió que le informara al señor Peyles, de sus visitas. Ella amablemente le informó a David.
— Señor, ya están aquí los arquitectos del proyecto Falcón.
— Ok. Que me esperen en la sala de juntas, por favor.
Al fin David iba a conocer a las personas que lograron quitarme ese contrato de las manos. Eso lo tenía muy intrigado.
Los cuatro arquitectos estaban en la sala de juntas, esperando a David. De pronto, se abrió la puerta del lujoso espacio. — Buen día, señores. Bienvenidos.
Como si de un milagro se tratara, o quizás de magia. La primera persona que visualizo David, fue Anais. Sus hermosos ojos hicieron contactos directos con él.
Los arquitectos se dirigieron al señor Peyles con respeto. El mayor de ellos tenía la dicha de conocerlo, y procedió a presentar sus compañeros. Así lo hizo con cada uno, hasta que llegó el turno de Anais.
— Señor Peyles, ella es la encargada del nuevo proyecto. Trabajará con usted hasta que termine la obra.