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Sombras De Poder Y Dominio

Sombras De Poder Y Dominio

Status: Terminada
Genre:Fantasía LGBT / CEO / Posesivo / Completas
Popularitas:1.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Mateo Gómez

En un pequeño taller lleno de historia y sencillez vive Liam: un joven trabajador, responsable y honrado, que cuida de su madre enferma y lleva una vida alejada de los reflectores. Todo cambia cuando llega Demián: un hombre imponente, dueño de una gran corporación, poderoso, dominante y acostumbrado a conseguir lo que quiere.

Demián encarga que solo Liam repare su valioso coche antiguo y empieza a visitar el taller cada día. Se unen dos mundos opuestos: la humildad de Liam frente al control y la influencia de Demián. Nace una relación llena de tensión y sentimientos, donde el poder y la entrega se entrelazan en una historia que cambiará sus vidas para siempre.

NovelToon tiene autorización de Mateo Gómez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

El muro de silencio

El silencio que se instaló en la habitación no fue un respiro, sino una losa pesada que parecía aplastar cada rincón. Demián seguía de pie, inmóvil frente al sofá, y por primera vez desde que todo comenzó, no sentía ni rastro de esa falsa sensación de poder que Valentino le había hecho creer que era suya. Lo único que lo recorría era una mezcla de asco, rabia contra sí mismo y una certeza helada: él era el único culpable. Valentino había hablado, había sembrado mentiras en su cabeza, pero las manos que habían lastimado, la fuerza que había roto, la decisión de tomar lo que no le pertenecía habían sido exclusivamente suyas. No había excusas, no había nadie a quien culpar del todo. Él había destruido a la persona que decía amar.

Miró a Liam, encogido en el extremo más alejado del mueble, cubriéndose torpemente con una sábana que apenas alcanzaba para ocultar las marcas moradas y rojas que cubrían su piel. Sus ojos, antes vivos y confiados, ahora estaban vacíos, fijos en un punto indefinido, y cuando se posaron en Demián, no había rencor, ni siquiera dolor explícito: solo había un miedo profundo, instintivo, que se clavó en el pecho de Demián como una navaja. Pero no bajó la mirada, ni se echó al suelo suplicando de forma exagerada. Sabía que sus actos no se borraban con gestos teatrales.

—Tienes que limpiarte —dijo, y su voz sonó ronca, áspera, sin suavidad innecesaria—. Las heridas pueden infectarse. No voy a acercarme si no quieres, pero tampoco voy a dejar que te desangres o te enfermes por mi culpa.

No lo dijo con ternura, sino con la crudeza de quien reconoce que debe asumir las consecuencias de lo que ha hecho. Dio media vuelta sin esperar respuesta, fue hasta el baño y preparó agua tibia, toallas limpias y vendas que encontró en el botiquín. Regresó en silencio, dejó todo sobre la mesa auxiliar a una distancia prudente, lejos de donde estaba Liam, y se detuvo en la puerta, listo para irse.

—Todo está ahí. Límpiate tú mismo. Si necesitas algo, grita. Estaré fuera —dijo, y salió sin esperar ninguna reacción, cerrando la puerta con suavidad pero con firmeza.

Dentro de la habitación, Liam se quedó solo. Pasaron minutos, quizás horas, antes de que se atreviera a moverse. Cada movimiento le provocaba un dolor agudo, no solo físico, sino también una sensación de suciedad que parecía haberse adherido a cada centímetro de su piel. Con mucho esfuerzo, se arrastró hasta la mesa, tomó la toalla y la mojó. Comenzó a limpiarse con movimientos bruscos, casi violentos, frotando con tanta fuerza que pronto su piel se puso roja y comenzó a arder. Quería borrar la sangre, las marcas, cualquier rastro de lo que había pasado, pero por más que se frotaba, sentía que esa mancha estaba en su mente, en su memoria, algo que el agua no podía quitar. Cuando terminó, volvió a acurrucarse en el rincón más oscuro, envolviéndose bien, deseando desaparecer.

Los días siguientes transcurrieron con la misma pesadez. La casa se había vuelto un lugar frío, donde apenas se escuchaba un ruido. Demián no andaba por los pasillos con gestos arrepentidos ni palabras melosas que intentaran convencer a nadie de que ya era una persona distinta. Cuando entraba a la habitación, lo hacía brevemente: dejaba una bandeja con comida y agua, ropa limpia, o revisaba de lejos que no hubiera signos de infección, y se retiraba en silencio. No pedía perdón cada dos minutos, no buscaba tocarlo ni acercarse más de lo necesario. Sabía que no tenía derecho a ello, y que cualquier muestra de cariño por su parte sería solo una nueva agresión para Liam.

—He hablado con el médico —le dijo una mañana, parado en el umbral sin cruzar la línea—. Vendrá a revisarte en unos días. No es nadie que conozcas, mantendrá la discreción. Es lo mínimo que puedo hacer.

Liam no respondió. Ni siquiera lo miró. Se limitó a permanecer inmóvil, con la espalda contra la pared, como si intentara hacerse invisible. Había dejado de contestar mensajes, de atender llamadas, de preguntar por nada. Todo lo que antes le importaba —la música, los libros, salir con amigos— ahora le parecía lejano, sin sentido. Sentía que ya no era la misma persona, que algo fundamental dentro de él se había roto para siempre. Empezó a quedarse en la cama durante horas, con las cortinas cerradas, dejando que la oscuridad lo envolviera, porque en la oscuridad no veía sus propias manos, no veía su cuerpo, no recordaba tan intensamente lo que había ocurrido.

Demián notaba cómo se apagaba poco a poco. Veía que comía apenas lo indispensable, que sus mejillas se hundían, que la luz de sus ojos se iba desvaneciendo cada día. Pero no podía forzarlo, no podía obligarlo a hablar o a sentir algo que no sentía. Sabía que la culpa lo acompañaría por el resto de su vida, que no había forma de reparar el daño que había causado. Se limitaba a cumplir con lo estrictamente necesario, manteniendo la distancia, asumiendo su papel de responsable, sin intentar justificarse ni buscar consuelo para sí mismo.

En la soledad de su habitación, Liam comenzó a ser consumido por pensamientos oscuros. El silencio que al principio le había dado una falsa sensación de seguridad se convirtió poco a poco en su prisión. Empezó a creer que nunca volvería a sentirse limpio, que nadie podría mirarlo sin imaginar lo que había pasado, que siempre llevaría esa marca. Se sentía solo, incomprendido, convencido de que no había salida, de que el dolor y la vergüenza serían sus únicos compañeros para siempre. Esas ideas crecían en su mente día tras día, alimentadas por el aislamiento, hasta convertirse en una sombra que lo cubría todo, preparando el terreno para el momento más oscuro de todos.

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Dalia Lara
creo q va a tratar de suicidarse ,tiene q tener ayuda psicológica para poder superar ese trauma y el otro cretino no hace nada q sirva😭
Dalia Lara
he leído muchas violaciones es como un cliché en este tipo de historias pero esta es una de las más crudas,no se q decir ese tipo de cosas te marcan espero q Liam se recupere física y mentalmente 😭
Dalia Lara
me dolió en el almag,los odio ,ojalá q su sufrimiento sea mil veces peor, hacerle eso a una persona simplemente porque lastimo tu ego es horrible
Dalia Lara
asere este tipo es más fácil de manipular q un niño dio un giro 360 en su personalidad, ojalá q Liam se aleje de el
Dalia Lara
por un momento me engaño, pensé q por fin había un seme agradable,comprensivo y para nada posesivo,yo creo q tiene doble personalidad este tipo🤣🤣
KRYPT: ¡Gracias por tu comentario! Valoro mucho que compartas lo que te pareció el personaje. Espero que sigas acompañando la historia hasta el final.
total 1 replies
Maru19 Sevilla
Así me gusta más que el mecánico tenga la libertad de decidir
Maru19 Sevilla
A mí no me gusta su forma de " cortejarlo" parece únicamente dominacion
KRYPT: Gracias por tu comentario y por llegar hasta el capítulo 10. Significa mucho para mí. Espero que los próximos capítulos te sorprendan, pero si no es así, de igual manera valoro mucho que le hayas dado una oportunidad a mi historia.
total 1 replies
Meca 7_7
una buena historia sigue asi🤭👏
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