Amara es una mujer que durante su vida fue muy feliz, ya que tuvo una familia a la que amaba y que la amaban, por lo que, tras morir, se sorprende al encontrarse con Dios, quien le pide que lo ayude a salvar el alma de un hombre, así como las vidas de aquellos que lo rodean.
Amara, quien comprende la importancia de lo que le piden, acepta ayudar a aquel hombre y brindarle el amor que le han negado, y en el proceso la joven descubre una nueva faceta del amor que nunca había experimentado en su anterior vida al lado de Dargan, el hombre al que debe ayudar, a la vez que debe cuidarse de aquellos que desean destruir a Dargan o, peor aún, utilizarlo para sus nefastos propósitos.
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Capítulo 17
¿Acaso no deseas tener hijos conmigo? – le digo a Amara, mientras suelto su mano, y es que me dolió el hecho de que no desee tener a mis hijos.
Sé que en el reino se rumorea que mi estirpe está maldita; tal vez es por eso que ella no desea tener a mis hijos.
- No es eso, claro que quiero que tengamos hijos, tres o cuatro serían un buen número, pero debes de entenderme, aún soy muy joven, tener un hijo a esta edad sería muy riesgoso para mí. Además de que aún somos jóvenes, tenemos toda una vida por delante y creo que debemos disfrutar de nuestro matrimonio y conocernos mejor antes de decir tener hijos – me explica Amara mientras vuelve a tomar mis manos, y yo por alguna razón me siento avergonzado por haber pensado lo peor de ella.
Este sentimiento no es nuevo, y es que después de que ella dejara mi casa, usé la sombra que la vigila para escuchar su conversación con su hermana, y oírla defenderme me hizo sentirme como la peor persona del mundo por haber desconfiado de ella.
- Perdón por mi exabrupto – me disculpo de inmediato.
- Disculpas aceptadas, entonces, ¿pensarás en mi petición? – me dice, mientras me mira a la expectativa.
- No tengo nada que pensar, tienes razón, esperaremos hasta que te sientas lista – le digo muy seguro; la esperaría los años que ella quiera.
- Gracias por entenderme, eres el mejor – me dice mientras aprieta mis manos en un gesto afectuoso – eso me lleva al otro punto a tratar, debemos de buscar algún método anticonceptivo que sea eficiente, tanto para la noche de boda como para nuestra vida como pareja – me dice con total naturalidad, y al oírla yo siento como mi cara se tiñe de rojo.
- Haré una investigación – le digo, mientras siento que en cualquier momento me atragantaré con mi saliva.
- Yo haré lo mismo – me dice con una sonrisa y, sin que me lo espere, me toma de la camisa, poniéndome a su altura y besándome sin previo aviso.
Al principio no sé qué hacer, pero a pesar de eso, no quiero parar, y sé que, si no hago algo, Amara se alejará de mí, por lo que la rodeo con mis brazos y me dejo guiar por mi instinto.
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Se nota que nunca ha besado a nadie; su beso es algo torpe, por lo que sin dudarlo lo guío para que lo haga mejor. Debo decir que besarlo fue algo impulsivo, y es que verlo tan avergonzado al hablar de sexo lo hizo irresistible para mí, y al ver que no me rechazó, decido aprovechar para profundizar más el beso.
Este fue un beso exploratorio, en donde comenzamos a acostumbrarnos a la cercanía del otro, y al parecer ninguno de los dos tenía problema con eso, algo bueno, debido a que nos vamos a casar.
Solo nos separamos unos instantes, debido a la falta de aire, y volvemos a besarnos, pero este segundo beso es interrumpido por la sirvienta que se había quedado afuera de la habitación.
- Mi señorita, creo que usted y el vizconde deberían salir al jardín; hace un día precioso – nos dice la sirvienta, a lo que yo me separo de Dargan un poco avergonzada, pero si yo estaba avergonzada, Dargan parecía estar peor, y es que sus mejillas eran tan rojas como sus ojos.
- Tienes toda la razón, en un momento vamos – le digo, y sin perder tiempo tomo una bolsa que ya tenía preparada y en esta meto el suéter y las bufandas que hice para Dargan y se los extendí – vamos al jardín – le digo, esta vez a Dargan, mientras le entrego la bolsa.
Algo aturdido, Dargan toma la bolsa y ambos salimos de la habitación, y nos dirigimos al jardín, en donde comenzamos a caminar uno al lado del otro, al principio en silencio, ya que quería que Dargan se calmara un poco. Después de un rato, comencé a intentar entablar una conversación con él, algo que me tomó menos tiempo del que creí, y ambos comenzamos a tener una plática amena.
Estuvimos hablando por un buen tiempo, incluso lo invité a quedarse a comer, y es que no quería comer sola, y por lo que me había dicho mi hermana, ella llegaría muy tarde a casa, por lo que mi única esperanza era que Dargan aceptara mi invitación, algo que, para mi alegría, hizo.
Llegamos al comedor y los sirvientes comenzaron a atendernos, pero estos estaban tan asustados por Dargan, que comenzaron a temblar, y de seguir así, seguramente romperían algo.
- Este es el colmo, todos salgan, yo me encargaré de servir la comida, déjenla en la puerta – les digo, mientras volteo los ojos ante su actitud.
Todos hicieron de inmediato lo que les había pedido y salieron del comedor rápidamente.
- Perdón por hacerte pasar por eso; cuando te invité a comer, solo quería que pasáramos juntos un rato agradable – le pido disculpas a Dargan por la irracional actitud de los sirvientes de la casa.
- No debes de preocuparte, ya me he acostumbrado a que las personas actúen de esa manera cuando estoy cerca – me dice Dragan, con total naturalidad.
Sus palabras me ponen triste, y es que nadie debería acostumbrarse a ser despreciado como lo hizo Dargan.
- Que estés acostumbrado no significa que esté bien, y si yo puedo hacer, aunque sea una pequeña cosa, para que no pases por algo así, lo haré.
Dargan abre la boca para responderme, pero parece no encontrar las palabras; pero antes de que pueda hablar, alguien toca la puerta, a lo que yo me dirijo hasta esta, y al abrirla, allí está la comida, servida sobre un carrito, por lo que yo la meto y comienzo a repartir los platos sobre la mesa para que podamos comer.
Comimos en un silencio cómodo, y una vez que terminamos de comer, dimos otro paseo por el jardín en donde no mencionamos lo ocurrido con los sirvientes, y solo nos limitamos a hablar sobre nosotros y a disfrutar de la compañía mutua. Ya cerca del atardecer, Dargan anunció que debía irse.
- Ten mucho cuidado, y espero verte pronto – le digo Dargan y me pongo de puntillas para poder darle un beso. Este fue breve, apenas un roce de labios, pero no por eso fue menos especial; al fin y al cabo, estos eran nuestros primeros besos.
- Nos vemos pronto – me contesta, y nuevamente desaparece en las sombras, y yo solo puedo pensar en lo genial que sería poder viajar así, sin tener que usar el carruaje.
Y mientras entro a mi casa, comienzo a reflexionar sobre lo que Dargan está significando para mí. Lo considero un buen amigo, de eso no hay duda, le quiero, eso también está claro, pero hay algo más, algo que aún no sé distinguir; es algo muy pequeño, y para nada es desagradable, sino todo lo contrario, y espero que pasar más tiempo a su lado me ayude a descifrar este nuevo sentir que hay en mí.