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Anatomía De Un Criminal

Anatomía De Un Criminal

Status: Terminada
Genre:Síndrome de Estocolmo / Amor-odio / Médico-paciente / La mimada del jefe / Pareja destinada / Jefe en problemas / Completas
Popularitas:1.4M
Nilai: 4.9
nombre de autor: Lilith James

Una cirujana brillante. Un jefe mafioso herido. Una mansión que es jaula y campo de batalla.

Cuando Alejandra Rivas es secuestrada para salvar la vida del temido líder de la mafia inglesa, su mundo se transforma en una peligrosa prisión de lujo, secretos letales y deseo prohibido. Entre amenazas y besos que arden más que las balas, deberá elegir entre escapar… o quedarse con el único hombre que puede destruirla o protegerla del mundo entero.
¿Y si el verdadero peligro no es él… sino lo que ella empieza a sentir?

NovelToon tiene autorización de Lilith James para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17

DAMIAN

Todavía sentía el sabor de su boca. Ese calor, esa resistencia que ardía más que cualquier sumisión.

Con su boca entreabierta por la sorpresa, con las mejillas sonrojadas por una mezcla de rabia y deseo, con la mirada que quería odiarme pero no podía evitar mirarme de nuevo.

Me había empujado lejos. Me había dicho que no. Me había escupido una ética que en mi mundo no servía de escudo. Y, sin embargo, me había besado de vuelta.

Ese segundo en que sus labios se fundieron con los míos no fue solo un impulso. Fue un incendio. Fue una descarga directa a un corazón que llevaba demasiado tiempo anestesiado.

Con ella, no hay máscara que me sirva.

Caminé por los pasillos de la fortaleza como si el suelo ardiera bajo mis pies.

Mi cuerpo dolía, las heridas me gritaban con cada paso, pero no podía detenerme. No después de eso, no cuando cada fibra de mí estaba reclamando su cercanía como si fuese una necesidad primaria.

Entré en mi habitación y cerré la puerta tras de mí.

Pero no estaba solo.

—¿Te divertiste?

La voz de mi madre cortó el aire como una cuchilla.

Estaba de pie, cruzada de brazos frente a la chimenea, su silueta rígida y elegante como una estatua de hielo. La luz azulada del amanecer apenas rozaba su rostro, pero bastaba para ver el juicio en su mirada.

—Madre —dije, en tono neutro.

—No me hables con ese tono como si no supiera lo que está pasando —siseó—. He visto cómo la mirás. Y no me digas que no pasó nada, porque incluso un ciego podría haber visto lo que acaba de ocurrir.

Guardé silencio.

No porque quisiera mentirle, sino porque no me interesaba justificarme.

—¿Qué quieres saber exactamente?

—Quiero saber si estás perdiendo el foco —replicó con voz baja pero cargada de furia contenida—. Si esa mujer... esa doctora, está consiguiendo que bajes la guardia.

—No estoy bajando la guardia —dije.

—¿No? ¿Y besarla forma parte de tu plan estratégico?

La miré fijo, sin negar nada.

—No es parte de ningun plan.

María dio un paso hacia mí. El perfume de su ropa era el mismo de siempre: costoso y sin una pizca de calidez.

—Escuchame bien, Damián. Eres mi hijo, pero más que eso, eres el unico heredero de un imperio construido con sangre y decisiones crueles. No puedes darte el lujo de sentir. No ahora. No con alguien como ella.

—¿Alguien como ella?

—Una mujer con principios, con conciencia. Una mujer que no pertenece a este mundo, que nunca va a entender lo que se necesita para sobrevivir en él. La va a destruir y a ti también si la dejás entrar demasiado.

—Madre —dije despacio—. Alejandra no es débil.

—Quizás no, quizas me equivoque, pero tu sí lo estás empezando a ser.

Sus palabras me atravesaron.

No porque tuviera razón, sino porque sabía que para ella, el amor era una debilidad mortal.

—La debilidad —le dije— sería fingir que nada me importa. ¿Sabés qué me hizo sobrevivir ese día, con cuatro balas en el cuerpo?

María apretó los labios, como si odiara cada una de mis palabras.

—Por ella. Por ella estoy vivo, porque si hubiese sido por mi, me habria dejado ir hace mucho tiempo. Pero ahora, por ella, por lo que estoy sintiendo, por primera vez en mi vida tengo ganas de vivir, de sentir.

— Algún día la mataran por tu culpa— Susurró. —No solo vas a perderla. Vas a destruirte por dentro. Y cuando eso pase…Tus enemigos vendràn por ti.

Me giré, con los músculos en tensión.

—Entonces será mi ruina —le dije—. No la tuya.

Ella se quedó en silencio un segundo.

—Te enseñé a sobrevivir, Damián. No a enamorarte.

—Es cierto, de ti nunca recibi una pizca de amor. Es por ella que he aprendido a sentir —respondí sin mirarla—. Eso me lo enseñó ella.

Pensé que se marcharía.

Que dejaría la habitación en silencio, tal como lo hacía siempre cuando no podía controlarme.

Pero no.

María Reginald permaneció de pie, inmóvil, con la mano aún sobre el pomo de la puerta.

Luego se giró, más despacio esta vez, y su semblante cambió.

Sus brazos cruzados no eran una coraza esta vez.

Eran un escudo débil, casi... humano.

—No he venido para pelear contigo, Damián —dijo en voz baja, arrastrando las palabras como si le costara admitirlas—. He venido para decirte algo que… me ha tomado años poder poner en palabras.

La miré sin hablar.

Mi madre no era de los discursos emotivos. Ni siquiera en los funerales.

Algo dentro de mí se tensó, esperando una trampa, una lección velada.

Pero no fue eso lo que vino.

—Todo este caos —continuó, caminando hacia la ventana—. Las balas, las traiciones, las huidas. Saber que pude haberte perdido… me abrió los ojos.

Te vi sangrando en mis brazos y no pensé en poder ni en venganza. Solo pensé en ti. En mi hijo.

Tragué saliva. Nunca la había oído hablar así, no sin un propósito oculto.

—Sé que no he sido la madre perfecta —prosiguió—. Que este mundo en el que creciste… no es justo, ni limpio. Yo misma lo teñí de sangre para darte un lugar. No prioricé tu felicidad, Damián, priorizé que sobrevivieras, que fueras fuerte.

Sus palabras se quebraron apenas al final, una grieta fina, apenas audible. Pero real.

—Y aún así, sé que me odiás por eso —añadió, con la voz más baja—. Que piensas que nunca te he amado. Pero te juro por mi propia vida… que no hay nada en este mundo que no haría por protegerte.

No sabía qué decir.

Ella no era así. Nunca lo había sido.

Ese tipo de amor que confesaba ahora siempre lo disfrazó de órdenes, de disciplina, de dureza.

—Te escucho —dije, finalmente.

Mi madre asintió. Bajó la mirada y se acercó con pasos lentos.

Cuando estuvo a un metro de mí, se detuvo.

—He pasado las últimas noches pensando —confesó—. Así como yo casi te pierdo, tu también podrías quedarte solo y eso me aterra más que cualquier enemigo.

No quiero que mueras como tu padre: solo, odiado, sin nadie a su lado que lo llorara sinceramente.

La mención de él fue como un golpe en el estómago y mi mandíbula se endureció.

—¿A dónde vas con esto?

Ella sostuvo mi mirada.

—Quiero que te cases.

—¿Qué?

—Quiero que tengas a alguien. No solo por amor —dijo, alzando una mano antes de que yo pudiera protestar—. Sino por estabilidad. Por legado. Por futuro. Alguien que te acompañe, que te dé hijos, que te cuide como yo ya no podré hacerlo algún día.

—¿Estás diciendo que busque una esposa como si fuera un guardia más? —dije, con sarcasmo en la voz.

—Estoy diciendo —dijo ella, más seria ahora— que elijas a alguien que esté dispuesta a vivir en este mundo sin quebrarse.

Nos miramos largo rato.

Y entonces ella lo dijo.

—Pero no puede ser Alejandra.

El silencio me golpeó como un balde de agua fría.

—¿Vas a seguir con eso, Madre?

—Es una debilidad —declaró, sin un atisbo de duda—. Y lo sabés. La manera en la que la mirás… cómo te distraés por ella, cómo dejás de ser tu mismo. Esa mujer va a ser el final de todo si le das más poder sobre ti.

—Ella no me debilita —repliqué, con la voz más tensa de lo que planeaba.

—No aún —respondió ella—. Pero lo hará. Porque es como un espejo. Te muestra lo que podrías ser… y te aleja de lo que necesitás ser.

—¿Y qué necesitás que sea, mamá? ¿Un monstruo?

—Necesito que seas el hombre que va a mantener este imperio en pie cuando yo no esté. El que no tiembla cuando alguien le apunta a la cabeza. El que no se distrae con una caricia.

Sus palabras se clavaron como hielo. Ese habia sido yo todos estos años.

Ella dio un paso más, tocó mi rostro como hacía cuando era un niño.

—No me odies por advertírtelo. Pero tienes que elegir, el amor…o el poder.

Y con esa sentencia, salió de la habitación, dejándome con la sangre ardiendo y el corazón latiendo como un tambor de guerra.

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Sandra Bertinelli
me encantó !!! felicitaciones 👏👏👏
Sandra Bertinelli
me encantan !
Sandra Bertinelli
hacia mucho no leía una novela tan espectacular!! me tiene atrapada
Luisana Carmona
todos pensamos que el era feo .. el feo fue reed
LUIS ADRIAN SISCO MARIN
perdón doña María de verdad pensé que eras una serpiente come hijos 🤭🤭
LUIS ADRIAN SISCO MARIN
jajaja no puedo con tanto ☺️☺️
Luisana Carmona
huy esto está cada vez más bueno quien ganará el 🧠 oh el corazón
Sandra Bertinelli
ya me gustó!👌
Jipsianay Garcia
gracias autora
Sonia Carranza
Hermosa tiene risa lágrimas sexo peligro y mucha pasión felicitaciones
Nery Guerrero
me gustó porqué a pesar de q se trataba de la mafia no estubo latosa la felicito escritora
Nery Guerrero
esperemos q halla muerto porqué es tan capaz y está vivo
Nery Guerrero
será q Alejandra es quien mata a Reed podría ser
Nery Guerrero
me quedo con thaytus q hombre más hermoso wow
Nery Guerrero
q nombre tan horrible Pero gustos son gustos no pega ni con cola
Nery Guerrero
por fin escritora pensé q el bebé iba a nacer al lado de Reed
Nery Guerrero
pues dejo pasar muchos meses para encontrarla escritora dejaste a Damián como un pobre estúpido sin carácter eso no es un mafioso fue más mafioso el Reed
Nery Guerrero
así es Damián dale con todo lo q tienes no permitas q Reed se salga con la de el
Nery Guerrero
yo si creo q la rescatan ojalá y así sea ya es justo q regresen con Damián y nazca junto a ellos
Nery Guerrero
lastima q Damián se a perdido el crecimiento de la barriga y darle todo el amor q Damián le tenía preparado Reed Pero la vas a pagar con tú vida
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