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Mi Ángel De La Guarda

Mi Ángel De La Guarda

Status: En proceso
Genre:Amor eterno
Popularitas:728
Nilai: 5
nombre de autor: Mile Vivero Rudas

Luciana era una joven de 17 años, con cabellos castaños y ojos que reflejaban una mezcla de melancolía y determinación. Desde pequeña, había sentido que no encajaba en el mundo que la rodeaba. Las risas de sus compañeros resonaban como ecos lejanos mientras ella lidiaba con inseguridades y un profundo anhelo de pertenencia.

Su vida se complicó aún más tras la muerte de su madre, un evento que dejó un vacío en su corazón. A menudo se perdía en sus pensamientos, buscando respuestas en los libros de fantasía que solía leer. Sin embargo, lo que no sabía era que su conexión con el mundo mágico era más real de lo que imaginaba.

El Consejo Celestial, al notar su vulnerabilidad y el peligro que la acechaba, decidió enviar a su ángel de la guarda,Axel . Su misión era protegerla de fuerzas oscuras que querían aprovechar su tristeza y debilidad. Pero Axel no solo debía protegerla ; también se vería atrapado en un dilema : podría intervenir emocionalmente sin violar las ley celestial.

NovelToon tiene autorización de Mile Vivero Rudas para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Luciana

Luciana se quedó de pie en medio de su habitación, con la espalda apoyada contra la puerta cerrada y el corazón martilleando contra sus costillas. El silencio de la casa era absoluto, solo interrumpido por el tic-tac rítmico del reloj de la sala, pero en sus oídos todavía resonaba el zumbido eléctrico que Axel dejaba tras de sí.

Se miró las manos. Estaban limpias, pero aún sentía el calor de los dedos de él cuando la sujetó para sacarla del club. Se dejó caer sobre la cama, sin siquiera quitarse los zapatos, y clavó la vista en el techo desconchado.

"Un ángel", pensó, y la palabra le supo a extraña, casi ridícula. "Me ha salvado la vida un ángel que usa una chaqueta de cuero que cuesta más que un coche y que tiene la boca más sucia que un marinero".

Luciana cerró los ojos y la imagen de Axel apareció de inmediato tras sus párpados. No era la imagen de un ser de luz etéreo y distante. Era la imagen de un chico que se pasaba la mano por el pelo con frustración porque un mechón no se quedaba en su sitio. Recordó su sonrisa, esa mueca ladeada que parecía burlarse de todo el universo, pero que al mismo tiempo gritaba: "Tranquila, yo me encargo".

Había algo profundamente irritante en su arrogancia. Axel se movía por el mundo como si fuera el dueño de las calles, como si las reglas de la física y de la lógica fueran simples sugerencias que él decidía ignorar cuando le apetecía. Era vanidoso, sarcástico y parecía disfrutar sacándola de quicio. Pero, por otro lado, Luciana no podía ignorar la calidez que sintió cuando él la llamó "pequeña guerrera". No era una burla; era como si él viera en ella algo que ni ella misma sabía que existía. Una fuerza que estaba ahí, enterrada bajo capas de facturas sin pagar, miedo y cansancio.

"¿Por qué yo?", se preguntó, girándose de lado y abrazando la almohada. "Hay miles de personas en este pueblo, gente mucho más fuerte, más santa... ¿Por qué un ángel rebelde elegiría a una camarera que apenas puede mantener su casa en pie?".

Recordó lo que él le había dicho sobre su padre. El nudo en su garganta se apretó. Axel estaba ahora mismo en el almacén, protegiendo a la única persona que le quedaba en el mundo. Esa idea le provocaba una mezcla extraña de gratitud y una curiosidad que la quemaba por dentro. Axel no era solo un guardaespaldas; era un enigma. Parecía un exiliado, alguien que pertenecía al cielo pero que se sentía extrañamente cómodo en la suciedad de los callejones humanos.

"Dijo que prefería los lugares donde la gente es real, donde muestran sus defectos", recordó Luciana. Eso la hacía sentir extrañamente aceptada. Con él no tenía que fingir que era fuerte. Él ya sabía que tenía miedo, y aun así, había decidido apostar por ella.

Se miró la muñeca. La marca del pacto brillaba con un pulso tenue, una luz dorada que parecía latir al mismo ritmo que su propio corazón. Era un vínculo real. Estaba atada a un ser celestial que prefería las fiestas en el Limbo a los coros de querubines.

"Es un idiota", murmuró para sí misma, sintiendo por primera vez en semanas que una pequeña sonrisa asomaba a sus labios. "Un idiota bien dotado y demasiado interesante".

Pero tras la sonrisa, llegó la comprensión de lo que vendría mañana. Axel no solo iba a protegerla; iba a transformarla. Iba a enseñarle a cazar monstruos. Luciana se acurrucó bajo las mantas, sintiendo que el rastro de olor a ozono y lluvia que Axel había dejado en su habitación era la única protección que necesitaba para, por fin, cerrar los ojos y dormir sin pesadillas.

Narradora;

Aquí, en el silencio de su pequeña habitación –donde el techo desconchado ha sido testigo de tantas noches de llanto y preocupación– comienza a cristalizar lo que hasta ahora había sido solo un torbellino de miedo y sorpresa en la vida de Luciana. Cuando cerró la puerta tras sí, no solo se alejó del club y del peligro que la acechaba en forma de sombras con ojos de hielo; cerró la puerta a una vida en la que se consideraba solo una víctima, a merced de las circunstancias y de las fuerzas oscuras que se ciernen sobre los rincones más olvidados de nuestro mundo.

Ella no lo sabe aún, pero ese pulso dorado en su muñeca –ese brillo tenue que late al compás de su propio corazón– no es solo un vínculo mágico con un ser celestial rebelde: es el latido de un nuevo comienzo, el sello de un pacto que cambiará el curso de su existencia para siempre. Axel llegó a su vida como un trueno en un día claro –ruidoso, impredecible y cargado de una energía que nadie espera encontrar en alguien que debería pertenecer al firmamento– y en cuestión de horas ha logrado hacerle ver que hay más en ella que las facturas amontonadas sobre la mesita de noche y el cansancio que llevaba acumulado como una manta pesada sobre los hombros.

Porque Axel no es el ángel de los libros de devoción, no es aquel ser distante y perfecto que observa desde las nubes con mirada serena. Es un ángel que ha elegido caminar por la tierra, que prefiere la sinceridad cruda de los defectos humanos a la falsa perfección del cielo. Ha vivido en los callejones oscuros, ha bebido en los bares donde la gente muestra su verdadera faz y ha aprendido que la bondad no siempre viene envuelta en blancas túnicas ni acompañada de coros de querubines. Y en esa elección, en esa forma de ver el mundo, ha visto en Luciana algo que ella misma había olvidado hace mucho tiempo: que ser fuerte no significa no tener miedo, sino encontrar la valentía de seguir adelante a pesar de él.

Mientras se acurruca bajo las mantas, con el olor a ozono y lluvia que Axel dejó en su habitación como un regalo invisible, Luciana duerme sin pesadillas por primera vez en semanas. No es porque el peligro haya desaparecido –al contrario, mañana traerá nuevos desafíos, nuevos secretos que revelar y la desafiante tarea de aprender a enfrentarse a las criaturas que habitan en el umbral entre nuestro mundo y el reino de las sombras– pero ahora sabe que no estará sola en esa lucha. Axel ha prometido protegerla, pero lo que realmente está haciendo es enseñarle a protegerse a sí misma, a descubrir la fuerza que yace enterrada bajo capas de miedo y resignación.

Y en ese instante, mientras el reloj de la sala sigue marcando el paso del tiempo y la casa permanece envuelta en un silencio que ya no se siente amenazante, comienza a germinar algo más que gratitud o curiosidad en el corazón de Luciana. Es un sentimiento extraño, prohibido y profundamente poderoso –un lazo que va más allá del pacto sellado en su muñeca, un vínculo que ni los cielos ni los infiernos podrán romper fácilmente. Porque entre el ángel que huye de su propio mundo y la camarera que lucha por mantener la suya a flote, está a punto de nacer un amor que desafiará todas las reglas, que enfrentará a los propios arcanos del universo y que dejará a todos los que lo sigan con una única ganancia: desear leer más para descubrir si dos almas destinadas a mundos opuestos pueden encontrar un hogar el una en el otro.

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Viviana Ranieri
Esto se está poniendo cada vez mejor!!Ya me estoy comiendo las uñas esperando la actualización. Por favor no tardes demasiado!!! Quiero seguir teniendo uñas🤣🤣🤣🤣🤭
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