Victoria Philips está a punto de casarse con quien cree es el hombre de sus sueños, tiene un increíble trabajo en la mejor firma de abogados y su vida no puede ser más perfecta, pero no todo es lo que parece. Tras enterarse de una terrible traición, su mundo se pondrá de cabeza y su vida dará un giro inesperado cuando en un viaje descubra que el amor y el tiempo pueden romper barreras.
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Cap. 16 Viaje
El camino hacia Perth fué largo, aunque la distancia era corta, viajar en carroza era lento. Ella iba acompañada por Fridda, en una segunda carroza viajaba Agnes, mientras que los hombres viajaban a caballo.
—Vic... —Dijo Fridda, llamando la atención de su amiga. —¿No te parece que Rory es muy guapo?
Victoria arqueó su ceja ante la pregunta. —Sí, es muy guapo pero no te enredes con él.
—¿A qué te refieres?
—Sabes muy bien a qué me refiero, Fridda. Los he visto. —Respondió Victoria con seriedad. —Pasan las tardes juntos y la forma cómo te mira... Es evidente que le gustas.
Fridda abrió mucho los ojos. —¿De verdad crees que yo le gusto? Nunca me ha insinuado nada.
Victoria rodó los ojos. —Es obvio que le gustas, se le nota a leguas pero, eso no está bien. Tú no eres para él.
—¿Por qué no? A mí también me gusta, es un caballero y además, muy apuesto.
—Fridda, ¿Ya se te olvidó de donde venimos? ¿Pretendes tener una relación llena de mentiras con él? —Preguntó Victoria. —Si un día nos vamos, lo dejarás con el corazón destruido. No se lo deseo a nadie...
—Tienes razón, es solo que, nunca nadie había tan especial conmigo. —Suspiró. —Es difícil conseguir un hombre que no solo quiera llevarte a la cama.
—Y lo entiendo, pero precisamente por eso, no lo lastimes. Él no se lo merece y tú tampoco. Es mejor no complicar las cosas.
Fridda asintió, entendiendo lo que su amiga quería decirle. Ambas tenían la esperanza de volver a su tiempo y Rory, tendría que quedarse en el suyo.
Cuando llegaron a Perth, se sorprendieron por lo pintoresco que lucía en esa época, había mucha gente y puestos donde vendían todo tipo de cosas.
—Ustedes consigan todo lo que necesitan, iré con el Lord y nos vemos más tarde. —Dijo Rory despidiedose de las mujeres.
Ellas se despidieron y agarraron por su lado, guiadas por Agnes.
—Necesitamos comprar telas e implementos para costura. —Le pidió Fridda a la joven.
—Si, las llevaré al mejor lugar. Pero es muy costoso mandar a elaborar vestidos. —Dijo Agnes.
—Oh, no te preocupes. Soy diseñadora. —quiso aclarar Fridda.
—La mejor, sus diseños son hermosos. —halagó Victoria a su amiga.
Agnes las miró confundida. —¿Diseñadora? ¿Eso qué significa?
—De donde venimos, se le llama así a las personas que crean y confeccionan vestidos. —Explicó Fridda de forma lacónica.
—Comprendo, es maravilloso que puedas hacer eso por tí misma. —Agnes le dió amplia sonrisa.
—Gracias, puedo hacer uno para tí también si quieres. —Ofreció Fridda.
—Eso me encantaría. —respondió la joven emocionada.
—No olvides mi línea de lencería. —recordó Victoria.
—¿Cómo podría olvidarla? Solo debemos hallar los materiales correctos y haré mi magia.
—¡Andando! —Las animó Victoria.
Las tres recorrieron el mercado con entusiasmo, comprando telas, cremas, accesorios y cosas que pudieran necesitar. Además, Agnes era la encargada de comprar lo necesario para el festejo en honor a Rory, por lo que Victoria y Fridda también la ayudaron.
Al final de la tarde, estaban exhaustas. Fueron en busca de los hombres, era hora de volver a Lochleven.
—¿Qué tal las compras? —Preguntó Rory amablemente.
—Fueron muy provechosas, gracias. —Victoria respondió con amabilidad.
—¿Encontraron todo lo que necesitaban?
—Así es, creo que estamos abastecidas, por ahora. —Esta vez fué Fridda quien habló.
Duncan se acercó al grupo, estaba muy serio, clavó sus ojos azules en Victoria escaneandola por un segundo casi imperceptible.
—Rory. —Llamó a su amigo y mano derecha. —Ya organicé todo, nos quedaremos esta noche y partiremos mañana, será más seguro.
—Es una buena decisión, sería riesgoso viajar de noche.
Sin poder evitarlo, Victoria preguntó. —¿Ocurre algo?
—Nos quedaremos aquí esta noche y mañana retornaremos al castillo. —Repitió Rory para luego agregar. —Es peligroso viajar de noche, hay un grupo de ladrones azotando la zona.
—¡Oh! Supongo que está bien quedarnos. —coincidió Fridda.
Duncan asintió y los dirigió a todos hasta la fonda donde se quedarían a dormir. No estaban tan lejos del lugar.
Justo antes de entrar, Rory detuvo a Fridda.
—Espera, quiero darte algo. —sacó una pequeña cadena de su pantalón. —Te compré este obsequio.
Los ojos de Fridda brillaron con emoción, la delicada joya llevaba un dije en forma de corazón.
—Está precioso, aunque no debiste molestarte.
—No es molestia, me gusta verte sonreir.
Fridda estaba derretida con aquel gigante de corazón noble.
Después de ponérselo en el cuello, siguieron su camino hasta dentro de la fonda, donde se le indicó cuál sería su habitación y con eso se despidieron.
Victoria observó y calló, no tenía ganas de hablar nuevamente sobre lo mismo, ella ya había expresado su punto de vista antes.
En la madrugada, Victoria se despertó agitada, esta vez no había soñado con la anciana sino con alguien peor, su ex prometido que la había engañado.
Tenía la garganta seca, era una sensación muy molesta, así que salió de la habitación sin hacer ruido y se dispuso a bajar hasta la primera planta por un poco de agua.
Estaba lloviendo a cántaros, y como casi siempre, relámpagos rompían el silencio de la noche pero eso no asustaba a Victoria.
Cuando entró en la cocina, se sorprendió al ver a Duncan allí sentado con lo que parecía un vaso entre sus manos.
Una vez más, el clavó en ella su mirada azul, que resaltaba incluso bajo la tenue luz producida por las llamas en la antorcha.
—Lo siento... —Victoria se disculpó sin saber por qué.
—¿Que necesitas, Victoria? —Dijo su nombre como una melodia.
—Solo quería un poco de agua. —ella avanzó con cautela, no quería causar su ira.
—Adelante, no te voy a morder. —el Lord sonrió sin ganas. —Ven y toma un trago conmigo.
Victoria arqueó su perfecta ceja, no sabía qué hacer. Lo pensó un poco y no le parecía buena idea aceptarle nada a Duncan, él siempre había sido grosero con ella.
—¿Vienes o tengo que ir a buscarte yo mismo? —Preguntó Duncan, su voz ronca. —Quiero que vengas aquí, es una orden.
¿En qué se había metido ahora? Preguntaba Victoria mentalmente para sí misma.