—¡Qué fastidio de historia! ¿Por qué dejarían morir al villano de esa forma? —fueron mis últimas palabras antes de tragar un puñado de palomitas… y atragantarme con una de ellas.
Cuando abrí los ojos, ya no estaba en mi sala, sino en el cuerpo del antagonista de esa misma historia. Un personaje destinado a morir antes incluso que el villano.
Ahora tengo una sola misión: sobrevivir.
Y si para lograrlo debo cambiar el destino, enamorar al villano no suena tan mala idea…
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Rafael y Nicolás llegaron a la subasta cuando esta recién comenzaba. Las luces cálidas del salón iluminaban las mesas redondas y el murmullo de los asistentes creaba un ambiente elegante, pero tenso. Ambos se sentaron junto a sus padres, esperando los siguientes productos a subastar.
—¿Crees que salga algo bueno de aquí? —preguntó Elena a Nicolás, inclinándose hacia él para hablarle en un susurro.
—No sabría decirte, mamá. Pero veamos qué más hay. Tal vez haya algo que podamos obtener —respondió Nicolás con la misma cautela.
{No recuerdo bien si fue aquí donde ocurrió lo del terreno de 50 dólares…} pensó. Rafael, sentado a su lado, escuchó el pensamiento y casi soltó una risa ahogada. Sabía que eso jamás ocurría: una subasta tan baja era casi imposible.
—Nico, tal vez deberíamos irnos a cenar —susurró Rafael, dándole un leve codazo.
—No es que no quiera ir, me encantaría, pero… quiero estar aquí —dijo Nicolás haciendo un puchero suave.
Rafael suspiró resignado.
—Está bien, tranquilo. Nos quedamos —murmuró.
El presentador golpeó el martillo, llamando la atención de todos.
—Damas y caballeros, el siguiente producto es un territorio de buena parte de la costa norte. Normalmente no se presentan este tipo de propiedades, pero debido a su ubicación estratégica se está subastando en siete millones. ¿Alguien ofrece más?
Una mano se levantó al fondo.
—Ocho millones.
—Por aquí tenemos nueve —continuó el subastador.
—¿Alguien ofrece diez?… vendido al señor Duarte por nueve millones.
Las miradas se giraron hacia el ganador. Un murmullo se extendió por el salón.
—Klaus Duarte… no puedo creer que haya venido —murmuró un hombre detrás de los Smith.
—Creí que no soportaba estar cerca de los Smith —agregó una mujer beta en voz baja.
—Escuché que el señor Leonel planeaba comprar ese territorio —susurró una omega al frente—, pero no pensé que no ofreciera nada.
Otro murmullo surgió cuando un hombre trajeado caminó directo hacia el presentador, interrumpiendo la subasta. Hablaron unos segundos.
—¿Está seguro? —preguntó el presentador, visiblemente tenso.
Luego miró hacia Duarte.
—Señor Duarte, ¿podría acompañar al personal, por favor? En un momento continuaremos.
El hombre, que segundos antes sonreía victorioso, palideció. Asintió y los acompañó. No habían avanzado mucho cuando un grito estremeció a todos.
—¡¿QUÉ?!
El salón entero enmudeció. Miradas de pánico, de morbo, de confusión.
{Lo más seguro es que ya descubrieron lo del terreno… pobre hombre, se va a quedar en la ruina por algo que él no hizo} pensó Nicolás con pesar.
Rafael lo escuchó y lo miró de reojo. Aun así, estaba sorprendido por lo acertado que parecía ser Nicolás en todo lo que decía últimamente.
El presentador regresó con el rostro pálido, como si hubiera estado a punto de ser golpeado.
—D-Disculpen… continuando con la subasta. Tenemos una propiedad más: un terreno ubicado fuera de la ciudad, el antiguo basurero. El alcalde ha decidido ponerlo en venta debido a que la ciudad ya no requiere su uso. Cabe aclarar que la basura ya fue desalojada por la nueva empresa Clean.Co, encargada de eliminar residuos para investigaciones energéticas.
Tragó saliva.
—Se está subastando en dos mil quinientos dólares… ¿alguien ofrece más? —preguntó con una sonrisa rígida.
Silencio.
—Dos mil… —insistió. Su voz temblaba.
Nada.
—Mil… —esta vez, incluso su respiración se escuchó nerviosa.
Nicolás miró a su madre.
—Mamá, ¿no es donde está la colina que se mantiene verde?
—Así es —respondió Elena—. A nadie se le ocurriría comprarlo. Esa tierra no sirve, ha estado en venta desde hace años, pero nadie lo quiere. No inspira confianza.
Nicolás miró a su padre.
—Papá…
—¿Sí, hijo?
—Cómpralo.
Leonel abrió los ojos, sorprendido.
—Claro que no. No podría encontrarle un uso. Esa tierra es inútil.
—Por favor —pidió Nicolás, sin bajar la mirada.
—Nicolás, no. No sé qué te pasa hoy, pero eso no tiene sentido.
El presentador respiró hondo y dijo:
—Cincuenta dólares… ¿alguien los ofrece?
Nicolás suspiró. Miró a su padre con una mezcla de frustración y determinación.
—Perdóname, papá —murmuró, y antes de que Leonel pudiera reaccionar, le arrebató la paleta y la levantó.
—¡Nicolás! —exclamó Leonel, enojado, poniéndose de pie.
Nicolás lo miró con lágrimas contenidas, aunque no de tristeza, sino de angustia por desobedecerlo.
—Confía en mí, por favor.
Un silencio pesado cayó sobre la mesa.
—Vendido por cincuenta dólares al señor Smith —anunció el presentador sin darse cuenta de la magnitud del acto.
El hombre bajó del escenario para agradecerle personalmente a Leonel. Pero Leonel apenas podía responder; estaba demasiado molesto… y confundido.
Mientras procesaban el pago, la pantalla del salón se encendió con un boletín de noticias urgente.
—Tenemos información de último minuto —anunció la conductora—. Como muchos saben, Clean.Co llegó recientemente a nuestra ciudad para encargarse del manejo de residuos. Hace pocas horas, el basurero fue clausurado por completo.
El salón guardó silencio.
—Y hace un momento, se confirmó que el terreno fue comprado por el CEO de Smith & Asociados, el señor Leonel Smith.
—¡Pero si solo costó cincuenta dólares! —susurró alguien, incrédulo.
La conductora continuó:
—Dos jóvenes que se aventuraron en la colina reportaron el hallazgo de un túnel natural. Tras el rescate de uno de ellos, se descubrió una enorme cueva de cristales debajo del terreno. Expertos confirman que solo existen cuatro similares en el mundo.
La sala entera exhaló un ¡oh! colectivo.
—Este hallazgo dispara su valor a millones de dólares. Felicidades al señor Smith por esta extraordinaria compra.
Nicolás tragó saliva. El salón se llenó de susurros.
—No puedo creerlo… —dijo Ramiro con los ojos brillando—. Eso significa que hay piedras raras ahí abajo. ¡Puras joyas naturales!
—No solo eso querido sobrino, esto atraerá a las joyerías más importantes del mundo, para poder obtener aunque sea una sola piedra— dijo Sara.
Leonel finalmente habló, con una sonrisa entre incrédula y orgullosa.
—Si no lo hubiera comprado… no habría podido disfrutar esta noticia.
Elena aún estaba en shock. Los Collins felicitaban emocionados al señor Smith, mientras Rafael no apartaba sus ojos de Nicolás.
{¿Cómo supiste que ese lugar valía tanto?} pensó, desconcertado.
Nicolás sintió la mirada y volteó.
—¿Qué sucede, Rafael? ¿Te sientes bien?
—Estoy bien… solo impresionado por la compra —respondió, aún dudoso.
—Es increíble, ¿no? Había escuchado que estos lugares a veces están protegidos y son muy difíciles de encontrar… pero no pensé que fuera real. Yo solo quería que papá lo comprara para ayudar a la ciudad —dijo Nicolás, inocente.
{En verdad no sabía que valía tanto, jamás pensé que algo así pasará, creo que papá ya no está tan molesto}, pensó con sinceridad.
Rafael dejó escapar el aire que había estado conteniendo. De alguna manera, eso lo tranquilizaba… pero no del todo.
—Vamos, nuestros padres nos esperan, pequeño cisne—dijo Rafael.
—Sí… vamos —sonrió Nicolás, aún sin saber que había cambiado el destino de todos.