El día de nuestra boda había llegado, ahora era la señora Lennox, a Travis Lennox no le importaba que su madre la gran señora Renata Lennox no me aceptara para ser la esposa de su único hijo, y el heredero del imperio INNÓVATE SOLUTIONS, heredado por su padre, pero para guardar toda apariencia quedó en acuerdo, la peor pesadilla que pude tener durante poco más de cinco años, después de que Travis tenía que irse al extranjero, ahí empezó mi verdadero calvario.
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Evidencias
Los días pasaban como agua del grifo, Salomé ya instalada, invitó a los chicos a una cena, por supuesto también a su inquilina.
— ¡Que delicioso huele! - exhaló Matheo disfrutando del aroma del estofado.
Salomé sonrió, había pasado las últimas tres horas sofisticando la cena.
— Ya se que te encanta. — respondió riendo su madre. Pero tienes que esperar un poco más para disfrutarla.
— Ya se mamá, vienen los chicos que son novios. - expresó su hijo sin el menor escándalo.
Salomé se sorprendió de que su hijo fuera tan maduro para entender que la vida no se distribuye en la oposición de la sociedad.
— ¿No te alarma que sean del mismo sexo? - le dedicó una breve pausa.
— Vamos mamá, vivimos en el siglo XXI, la sociedad vive según sus propios estándares. Tengo catorce, pero en realidad conozco mucho más de lo que tú crees, en los colegios se ve de todo…y no, no me causa ninguna molestia, todo lo contrario, admiro su talento y su fortaleza.
— El detective descubrió algo más. - dijo de pronto Andrew entrando hasta donde ellos, estaban.
Salomé se puso de pie, su hijo se quedó a la expectativa.
— Nuestra hija fue atacada por la madre de su esposo, al parecer no la aceptó por ser huérfana. - exclamó con una reacción de dolor y furia.
— Dios, cuanto habrá sufrido mi niña.
— Dice que después de eso nuestra hija desapareció. El esposo tuvo que irse del país para afirmar sus estudios de CEO.
Hubo un silencio incómodo, hasta que se escuchó el timbre.
— ¡Fuera tristeza! - ánimo Andrew, esforzando una sonrisa. — Hoy debemos dar buena impresión a nuestros invitados, mañana seguiremos, con nuestra búsqueda.
Salomé asintió, pero una tristeza se reflejaba en sus ojos, los mismos que se quedaron observando cuando sus invitados entraron acompañados por su ama de llaves. Andrew también se quedó como piedra al mirar a la chica que entró junto con sus amigos. Era idéntica a su esposa cuando de recién se casaron.
También Salomé y aún su hijo Matheo se percataron del asombroso parecido. Pero cuando Salomé estiró su mano para saludarla, sintió una emoción sin igual. La llevó con suavidad hasta la silla más cercana.
— Me contaron que estas embarazada.
Aunque Kenda estaba nerviosa por la reacción de la mujer, le sonrió asintiendo.
— De diez semanas, y serán trillizos.
— ¡Oh por Dios! ¡tres! - repitió emocionada. ¿Y ya sabes que sexo son? - preguntó maravillada.
— Están aún demasiado chiquitos.
— En un mes más lo sabremos. - se apresuró a responder Nico.
— ¿Porque eres tan parecida a mi mamá? — finalmente habló Matheo lo que estaban omitiendo todos. — Enseñó una foto de Salomé cuando era joven.
Todos se quedaron sorprendidos.
— No puede ser coincidencia, ¿verdad? - volvió a preguntar, el adolescente.
— Dicen que eres huérfana nos platicó Sergio, y Nico. - añadió Andrew, completando.
Salomé sintió una esperanza en su corazón.
— Nuestra hija se nos fue arrancada prácticamente de los brazos en el hospital.
Kenda se quedó atónita.
— ¿Hospital?
— Cuándo me llevaron al orfanato, alguien de ahí me contó que me encontraron en las afueras de un hospital. — continuó Kenda
Salomé soltó a llorar.
Mientras los demás continuaban callados y sorprendidos.
— ¿Podría ser coincidencia? ¿como te llamas? - indagó, Andrew. Antes de casarte.
— La manta que tenía envuelta tenía una letra K por eso decidieron ponerme como nombre Kenda Dixon.
— ¡Mi hija es mi adorada hija! - lloró con impulso Salomé.
— Yo le puse una manta dónde le había bordado una K porque te había nombrado Keyla Dixon.
La pareja se cubrió la boca para no gritar.
— ¡Son cosas del destino! No puedo creer. - dijo Nico soltando una lágrima.
— ¿Nos dejarías hacerte una prueba de ADN para salir de dudas? - preguntó Andrew visiblemente nervioso.
— Claro que sí. - respondió Kenda emocionada, ella siempre había pensado, ya que la habían abandonado, y si en realidad eran sus verdaderos padres, resulta que nunca habían dejado de buscarla.
— Entonces vamos a cenar, - si eres mi hermanita estás esperando a mis sobrinos, y yo tengo hambre. - añadió Matheo haciéndolos reír.
Mientras les servían la cena, Andrew se comunicó con su asistente para que hiciera que cualquier laboratorio pudiera hacer una prueba a esa hora, apesar que ya era tarde.
— Supimos que te casaste, pero pasó algo supongo.
La expresión de Kenda se volvió triste.
— Si, me casé hace seis meses. - suspiró pesadamente, pero mi esposo tenía que realizarse y yo no quería ser su obstáculo, así que yo misma lo animé a que fuera, el no quería dejarme sola, pero le insistí.
Sus lágrimas se asomaron en sus ojos.
— Pero después empezaron a pasar cosas. - guardo silencio por unos segundos. Nunca le agrade a mi suegra.
Entonces la chica no soporto más, se cubrió el rostro empezando a llorar.
Salomé le rodeó con sus brazos.
— Esa mujer debe estar ciega y muy podrida, - dijo con un tono más fuerte, su rostro estaba marcado por el coraje.
— No te preocupes, tengo la sensación de que en realidad eres nuestra hija. Y esa mujer se tendrá que retractar, si no, la voy hacer arrepentirse.
Nico terminó platicándoles cómo la encontró, mientras contaba, Andrew tenía los puños apretados y su entrecejo fruncido.
Antes de eso, ya habían pasado muchas cosas raras, accidentes, al parecer querían volverme loca.
Kenda empezó a platicar lo que sucedió después de que Travis se fuera, la serpiente el accidente de Ray hasta como le había salvado Nico su ángel.
— Notamos que alguien nos seguía. - ese fue el motivo de mudarnos.
Muchachos de algo estoy seguro, Dios le puso ángeles a nuestra hija, porque creo que lo es.
— Señor Dixon. Hay un laboratorio cerca que le hará el examen que necesita, y solo se tardará el resultado una hora.
— Entonces acabemos de cenar para irnos. - ¿estas de acuerdo mi niña? - le preguntó Andrew a Kenda.
La joven asintió, desde ese momento la familia no se quería separar de ella.
— No puedo creer que voy hacer abuela. - Salomé ya daba por hecho que era su hija.
Faltaba poco para salir de dudas, pero ya no tenía miedo estaban seguros que era su hija.
— Las coincidencias de la vida. - soltó de repente Sergio.
— Que suerte que se hubiera topado con estos chicos, estaremos en deuda por siempre con ustedes.
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